Venir a trabajar con unas anginas de la hostia es genial.
Además de sentirte bien contigo misma porque:
1. La jefa te ha hecho ver que puedes venir a trabajar sin problemas, porque hay unos proyectos importantes que dependen de tí para su puesta en marcha, y si no salen le costarían a la jefa unos cuantos miles de leuros, que tú no verás ni por Navidad (¿no habíamos hablado ya del concepto “timing”? Parece que no quedó muy claro…). Total, al fin y al cabo, el único SÍNTOMA que TÚ tienes es el que ELLA puede detectar por teléfono: una ligera afonía. La tos seca que no te deja dormir por las noches y que te ha puesto unas agujetas terribles en el estómago, el picor de garganta, las toneladas de kleenex que gasto al cabo del día, la nariz irritada, el hecho de que mi dieta se componga casi exclusivamente de mocos… Todo eso no son más que tonterías. “Aunque estés así con la voz afónica, tú vente a la oficina y terminas lo que tienes pendiente.” me ha soltado con todo su morro. ¿Hola? ¿Pelochos? El teléfono del sindicato más cercano, por favor.
2. Tu compañera de trabajo, ¿qué digo tu compañera? ¡tu subordinada! ha tenido el morro de decir a grito pelado “¡¡Más le vale a Pimkie estar aquí mañana a las 9 de la mañana para solucionar esto!!” Y tú, claro, te sientes bien por aceptar órdenes de una petarda que lo que tendría que hacer es ¡cumplir las tuyas y no dártelas! Porque, a ver, para empezar, petarda: ¿QUIEN te crees que eres TÚ para decirle A TU JEFA a qué hora tiene que entrar? ¿Cuándo fue la última vez que me viste llegar a las 9 en punto de la mañana? ¿Y más me vale, de qué, imbécil?
3. Tienes la oportunidad de mandar a la mierda a aquélla personita tan dicharachera que tuvo el valor de decirle a mi futuro marido, mientras yo estaba en cama con fiebre: “Tú ahora te estás comiendo este marrón porque Pimkie en su momento no hizo su trabajo“. Ole, ole y ole. ¿Quien quiere analizar los motivos de los fallos cuando puedes cargarle el muerto a alguien que no está presente? Como diría MalaPuta: Los compañeros de trabajo, esa fauna.
4. Con un poco de suerte, consigues infectar de virus la oficina, poner a todo el personal en cuarentena griposa, tu compañera se siente tan asquerosamente mal físicamente como tú, la jefa se abre las venas y todos felices.
Además de sentirte bien contigo misma por todo lo anterior, lo mejor de venir a trabajar con gripe es cuando te enteras de casualidad de algo que no tendrías que saber.
Me he enterado de que van a contratar al que fue mi jefe en la empresa en la que trabajé anteriormente, un cabrón que me puteó durante meses hasta el punto de tener que dejar la empresa porque la situación se hacía insostenible. Aquí expliqué en su momento la liberación que sentí cuando me largué de allí. Bueno, pues este personaje ahora va a ser contratado por mi jefa, en mi mismo puesto, cobrando EL DOBLE de lo que yo gano, con su categoría laboral reconocida (no como yo, que en mi contrato dice pringada a jornada completa), con plaza de parking, móvil de empresa y los viernes a las 3 de la tarde a casa (yo no he conseguido, en un año, salir una triste hora antes el viernes, ¡y eso que lo marca mi contrato!).
Si a eso le añado que la jefa de la que llevo despotricando durante meses trabajaba con los dos en aquélla compañía de la que tuve que irme harta de este personaje, y que además mi actual jefa estaba al corriente de la situación en mi departamento… entenderéis que mi situación es, cuanto menos, delicada en este momento.
Así que me largo. Tenía otra oferta y la he aceptado. Ya no la aguanto más. El día 5 de marzo, Pimkie perderá de vista definitivamente a la pedorra de mi jefa… Y probablemente empezaré a despotricar sobre otr@ jef@ más obtus@ todavía si cabe. El principio de Peter, ya sabéis: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia“. ¡Ay de mis subordinados el día que llegue yo a ese nivel! Porque pienso vengarme …
En esta entrada hablo de: idiotas, trabajo


