Ayer la noticia dramática del día fue la muerte de 4 mujeres a manos de quienes una vez dijeron amarlas. No quise enterarme de los detalles morbosos: si todavía eran pareja, matrimonio, se habían separado o estaban en proceso de divorcio; si habían denunciado anteriormente a sus futuros asesinos, si no lo habían hecho o si habían retirado las denuncias; si trabajaban fuera de casa y tenían autonomía financiera, o se dedicaban a sus labores de amas de casa y con la pata quebrada; si tenían hijos pequeños, adolescentes o adultos que vivieran en la casa familiar, o no tenían hijos a su cargo; si los maltratadores habían padecido a su vez malos tratos o no, si procedían de familias desestructuradas o de familias tradicionales; si las víctimas eran inmigrantes o españolas, o si sus presuntos asesinos eran autóctonos o sobrevenidos…
No quiero saber nada de esto, porque da igual, porque cada una tendrá sus propias circunstancias personales, como cada muerte, como cada mujer maltratada, y me deja el regusto amargo de saber que no hay circunstancias propias que nos protejan y nos pongan a salvo. Ni tener formación universitaria, ni pensar a mí nunca me pasaría una cosa así. Todas estamos igual de expuestas, en un momento u otro de nuestra vida, a ser víctimas de un maltratador, solo tiene que tocar las teclas adecuadas en el momento adecuado, y protegernos depende de nosotras mismas y de nuestra gente, principalmente familia, pero todas pasamos por momentos de nuestra vida en los que somos especialmente vulnerables, y si tenemos la mala pata de dar con un malnacido en una época en la que estamos emocionalmente sensibles… Bueno, que todas tenemos más o menos papeletas para encontrarnos envueltas en una situación así, para nuestra desgracia ninguna está inmunizada, y que salgamos bien o mal paradas de ella depende de nosotras mismas, de nuestros recursos (económicos, intelectuales, sociales) , y de los apoyos con los que podamos contar (familia, amigos, compañeros de trabajo, etc.).
¿Nunca te has preguntado por qué una mujer maltratada tarda tanto tiempo, años, en salir de una situación que la destruye? ¿Por qué llegan incluso hasta el final, a ser asesinadas, sin tratar de escapar de ese círculo vicioso que las anula? ¿Por qué algunas no denuncian nunca, o retiran la denuncia? ¿Por amor, por miedo? Yo me he hecho estas preguntas miles de veces, sin llegar a una respuesta satisfactoria. Pero la pregunta que más me he repetido es por qué aguantan la primera bofetada. Cuando era adolescente, con esa superioridad que nos da el creernos más listos que nadie, me preguntaba por qué las mujeres maltratadas aguantaban la primera bofetada, y solía decir que si alguna vez mi pareja me levantaba la mano no me volvería a ver el pelo en su vida. Hasta que me enteré de
la parábola de la rana hervida, que (entre otras cosas) sirve para explicar el comportamiento de las mujeres maltratadas, y por qué no huyen inmediatamente a la primera agresión física. En pocas palabras, la parábola de la rana hervida se puede resumir así:
Si tú tiras una rana en una cacerola con agua hirviendo, la rana pegará un salto, saldrá disparada lo más lejos posible de la olla y, a poco que la rana pueda, no le vuelves a ver las ancas. La rana se ha salvado.
En cambio, si pones una rana en una olla con agua fría, la rana nada tan feliz. Si subes la temperatura poco a poco, la rana sigue nadando e incluso chapotea en agua templada, y su cuerpo se va acomodando poco a poco a la nueva temperatura. Cuando el agua empieza a estar más caliente que templada, la rana empieza a descolocarse un poco, no entiende qué ocurre, nada desconcertada, ya no chapotea alegremente y se encuentra aturdida. Sigue subiendo la temperatura, y la rana se siente fatigada y somnolienta. Cuando la temperatura del agua está ya realmente caliente, la rana no está en condiciones de huir, no puede saltar, el agua caliente la tiene agarrotada. Y para cuando el agua empieza a hervir, la rana ya no tiene escapatoria posible, y muere cocinada en agua hirviendo.
Su aparato interno para detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en su medio pero no para cambios lentos y graduales. Los cambios a corto plazo de los modelos mentales rutinarios y diarios, se acumulan a lo largo del tiempo y se convierten en cambios en las creencias a largo plazo, profundamente arraizadas. Llegan a creer que lo que les ocurre es normal, que es así como funcionan las cosas y siempre lo ha sido.
De ahí que las mujeres maltratadas no “salten de la olla” al primer guantazo, porque este nunca se produce de forma súbita, sino que se llega a este punto tras muchos meses o incluso años de maltrato psicológico previo, de menosprecio deliberado hasta acabar con cualquier atisbo de autoestima, de sumir a la mujer en un estado de angustia y desesperación del que cree no tener salida, de aislarla de cualquiera que pueda representar un apoyo en su vida, de hacerle creer que no sirve para nada, que es culpa suya y que incluso se lo merece. Es un trabajo constante, a largo plazo, que destroza a la persona psicológicamente, y llega a destruirla físicamente cuando decide que ya está bien de someterse.
En la mente machista, se justifica este proceso de destrucción en la necesidad de una reeducación de la mujer, que cada vez es menos sumisa y más rebelde, respondona y reacia a asumir el verdadero papel que le corresponde a la mujer en una relación, por culpa de la educación feminista que domina el mundo. Puede sonar conspiranoico, pero es cierto.
¿Y cómo logramos salir de esto? Me gustaría tener la respuesta, pero me temo que no es algo que se pueda solucionar de un día para otro. ¿Se puede erradicar el machismo, auténtico germen de la violencia de género? Lo dudo mucho, sinceramente. Si ni siquiera más de medio siglo después de la muerte de Hitler se ha podido erradicar completamente el nazismo como ideología, ¿se puede suprimir una ideología tan difusa como el machismo, que ni siquiera es reconocida como una ideología, y que además muchos padecen y ni siquiera admiten? No creo que sea tan fácil como algunos creen, y para poder proteger a las víctimas, lo principal es que ellas mismas admitan su condición de víctimas y se dejen ayudar, algo que ya de por sí no es nada fácil, pues si la rana está aturdida, fatigada y somnolienta, es difícil que grite pidiendo ayuda.
Y en eso es cuando me pregunto, tras ver las concretaciones de ayer, los pueblos de las asesinadas en pleno de manifestación en la calle, coreando consignas en contra de la violencia machista… ¿dónde estaban mientras esas mujeres vivían un calvario diario? ¿Dónde estaba la familia, por qué no la ayudaron a salir de ese infierno? ¿Es que no se daban cuenta de nada? ¿Dónde tenían los ojos las madres, los padres, los hermanos, las hermanas, las
cuñadas, las amigas, incluso las compañeras de trabajo de las víctimas? ¿Dónde estaban cuando más los necesitaba, cuando la vida de estas mujeres dependía de una mano amiga que las sacaras del pozo de la angustia en que vivían sumidas? Podrán manifestarse ahora tras una pancarta todo lo que quieran, pero espero que en sus conciencias siempre quede la señal de que pudieron haber hecho algo, pudieron haber ayudado a esas mujeres, y prefirieron esconderse y engañarse a sí mismos, dejarse engañar pensando que no ocurría nada, que no era asunto suyo, que en conflictos de pareja es mejor no meterse y que el matrimonio consiste en aguantarlo todo, incluso lo intolerable. No es así. No es eso.
En esta entrada hablo de: celos, feminismo, idiotas, mujer, odio, Sociedad, tristeza, videos
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