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Finalmente llegó el día de la boda, y todo salió genial. La boda fue preciosa, encantadora, muy emocionante, las dos familias estaban como locas, nuestros padres se aguantaban la emoción y las ganas de llorar como podían aunque sin mucho éxito… Todo el mundo se divirtió muchísimo, nos lo pasamos genial y fue todo de lo más bonito y muy romántico.
Al final, por suerte, no llovió, que era una de las cosas que más miedo me daban, sino que nos hizo un día radiante.
Algunos momentos empañaron el día, como por ejemplo que el cura no nos dejara leer los textos que habíamos preparado previamente, y casi al final de la ceremonia, aunque habíamos hablado con él antes y le habíamos advertido de mis recelos, nos coló en su discurso una referencia insoportablemente machista. El cura dijo:
Tú, Ifoxe, cuida de Pimkie; y tú, Pimkie, cuida de la familia…
Aún no he visto el vídeo, pero es probable que en ese punto se oiga un agudo “Quéééééééé???!!!!” Durante ese momento, Ifo tuvo que agarrarme la mano con fuerza, como diciéndome:
Tranquila, no le saltes al cuello al cura ahora, que esto ya casi se ha acabado…
Tampoco nos gustó cuando el encargado del restaurante, en el momento en que estábamos repartiendo los regalos, quisiera hacernos un comentario sobre algo que no estaba previsto en un momento en el que íbamos bastante apurados de tiempo y no tocaba abrir una discusión al respecto; o el puñetero vestido de Pronovias, que me dejaron tan estrecho que apenas podía moverme, ni siquiera darle un abrazo en condiciones a mi marido, y los tirantes del vestido me hicieron unas heridas que me han durado toda la luna de miel y de las que todavía tengo marcas (así no se hacen las cosas, he quedado bastante decepcionada con ellos). O el vestido blanco y cortito de mi cuñada… es que es para matarla.
Por lo demás, todo genial. Mi hermano intentó ligarse a la fotógrafa desde el momento en que entró por la puerta. Mi padre no sabía cómo aguantarse las lágrimas de la emoción. Durante la lectura del poema que había escrito Ifo para mí, Toni me arrancó las primeras lágrimas, y una de las primeras carcajadas con aquéllo de “pero chiquilla, ¡espabila! que el novio esperando está…“. La fotógrafa, al llegar a la Iglesia, le dijo al novio, “¡esa casa es un caos!” y con toda la razón, porque en mi casa habían más de 20 personas, la mitad de las cuales se cambiaron de ropa directamente allí (tenían más de una hora en coche desde el pueblo de mi familia hasta mi casa, y no quisieron salir vestidos de su casa para no llegar con los trajes arrugados), todo el mundo quería intervenir, salir en todas las fotos (sobre todo mi hermano), cotillear a ver qué pasaba, ver cómo me maquillaban, me vestían, me peinaban, me hacían las fotos en mi habitación… bueno, un auténtico caos, pero divertidísimo.
Mi hermano se comportó de una forma muy emotiva, estuvo muy cariñoso, quería salir en todas las fotos, participar en todo, no quería quedarse al margen de nada. Me dijo un montón de veces lo guapa que estaba, que parecía una princesa, se puso nerviosísimo cuando le tocó leer a él su texto en la Iglesia (después me dijo que estuvo a punto de hacer “Testigo a la fuga“, de los mismos nervios … , lloró en el restaurante…
Al final de la ceremonia acabamos todos dando rienda suelta a todas las emociones contenidas, llorando y abrazándonos. Genial la peluquera y maquilladora, que nos maquilló a mi madre y a mí con maquillaje resistente al agua, porque si no antes de la una del mediodía habríamos tenido las dos la cara negra como un tizón.
 
Dos momentos muy emocionantes fueron cuando mi padre me dejó junto al altar, al lado de Ifo, y le dijo:
Aquí te la dejo, cuídala bien.
O cuando mi suegro, justo al acabar la ceremonia, entre besos y abrazos, me miró con los ojos en lágrimas y me dijo:
Bienvenida a la familia.
Mi suegra compró dos ramos adicionales para la Iglesia, enormes, aunque si os soy sincera, sé como son por las fotos, porque desde luego una vez allí ni me fijé en ellos. Mi suegra me preguntó por ellos, me dijo que si me habían gustado, y le dije que sí, que eran preciosos, ¿qué le iba a decir, si ni los había visto, pero ella lo había hecho de corazón? Ifo me confesó después que él había le había dicho lo mismo porque ni se había fijado… También contrató a un violinista sin decirnos nada, para que nos tocaran música de violines durante la ceremonia, y a la salida tocara el Virolai. Si os soy sincera, esta es la única parte que no me hizo gracia del todo, porque aunque se trataba de una sorpresa, la música de salida de los novios nos la podía haber consultado, ¿no? Bueno, en cualquier caso, se lo agradezco muchísimo, fue un detallazo por su parte y la verdad es que la música ponía los pelos de punta de la emoción dentro del templo.
Tanto a su madre como a la mía les debe haber costado horrores mantenerse al margen y no organizar más cosas, porque lo cierto es que ambas nos han dejado hacer a nuestro antojo, nos han dado consejos e ideas pero no se han metido más que para lo que nosotros las hemos llamado.
Mi madre nos puso un nudo en la garganta a todos los invitados en el restaurante y a mí me hizo llorar como una Magdalena con la canción que nos dedicó, una de Pimpinela titulada “Aquí estoy yo“ con una letra que todavía me hace llorar de la emoción.
 
 
 
Al llegar al restaurante, me cambié de zapatos y me quité el cancán, que me había puesto demasiado bajo y llevaba todo el día pisándomelo al caminar con los zapatos, y además daba un calor horroroso. Por cierto, ¡¡el libro de firmas tuvo su éxito!!
Mi padre, mi abuelo y mi hermano me hicieron la única medio-crítica-medio-guiño: y es que para las mamás les regalamos un ramo de rosas y unos muñequitos de porcelana con forma de novios; a las abuelas, les regalamos unas flores blancas en macetero y también una pareja de novios de porcelana a cada abuela; a mi cuñada y a mi prima les regalamos la mitad del ramo a cada una; a las amigas les regalamos las rosas rojas del centro de mesa… Pero ni a padres, abuelos ni hermanos les hicimos ningún detalle especial. ¡Será posible! ¿Cómo se nos habrá podido pasar por alto? Así que estaban enfurruñados, porque también querían ser especiales, y es que mi hermano hizo de chófer, mi padre me llevó al altar y bailó conmigo el segundo baile (Y nos dieron las diez, de Sabina), pero ellos querían más, querían un recuerdo especial, un detalle. ¡Cachis, qué fallo!
Un detalle importante fue llevar zapatos de recambio planos, porque los de tacón me estaban matando, y cuando llegamos al restaurante pude cambiármelos por unas bailarinas blancas que no me amargaran el día (por cierto, había comprado antiinflamatorio en crema para ponérmelo en los pies antes de ponerme los zapatos y que no se me inflamaran… pero con los nervios me olvidé, y al llegar al restaurante los zapatos me estaban destrozando). Y es que en la entrada del restaurante, donde se hacía el aperitivo al aire libre, el suelo era de grabilla y me estaba haciendo polvo los pies.
Durante el aperitivo, y mientras nos hacíamos fotos con los invitados, pude darme cuenta de lo diferentes que son nuestras dos familias. Mientras los invitados de Ifo eran correctos, educados, y cada “núcleo familiar” se mantenía separado en grupitos pequeños, en mi familia somos folloneros, escandalosos, y todo el grupo se mantenía compacto y unido. ¿Consecuencia? Mientras en cada mesa del aperitivo para los invitados de Ifo había una mesa con 4, 6, o en ocasiones hasta 8 invitados por mesa, en mi familia había una sola mesa con más de 25 personas. Claro, los camareros ponían lo mismo en todas las mesas, independientemente del número de personas que hubieran en cada una… así que cuando traían los aperitivos a la mesa de mi familia, los platos no llegaban a tocar la mesa, se quedaban vacíos antes. En un momento determinado, cuando los amigos de Ifo vinieron a hacerse la foto de grupo con nosotros bajo la palmera, mis tíos y mis primas aprovecharon para saquear su mesa, que claro, estaba mucho más completa que la de mi familia… ¡y los pillaron con las manos en la masa! Qué panda…
Una vez en el restaurante, es cierto que todo fue tan rápido que casi ni me enteré. No nos dio tiempo de probar el aperitivo, porque mientras los invitados se ponían las botas, nosotros nos hacíamos fotos con los grupos de familias a la sombra de una palmera. De hecho, aunque Ifo y yo cortamos la tarta, es ahora gracias a las fotos que me estoy enterando de cómo era nuestra tarta matrimonial… Y es que algunas fotos de la boda revelan secretos que quizá hubieras preferido que quedaran en la espesura del alcohol, los nervios y la emoción del día… como por ejemplo el padre de Ifoxe bailando el Aserejé (fijaros al hombre de la camisa blanca y corbata azul, al fondo a la derecha…

O cuando Soraya me dio el regalo que me había traído de Punta Cana, donde había estado hacía dos semanas. Me emocionó que mientras ella estaba tomando el sol en la hamaca y poniéndose ciega de piña colada, se hubiera acordado de mí y me hubiera traído una figura tallada en madera que representa a una especie de dios de la suerte. Yo la miraba por el lado que no era, toda emocionada, y le daba las gracias diciéndome que me encantaba… a lo que ella, sin inmutarse, le dio la vuelta a la figura (ahora ya sí tenía cara y ojos) y siguió explicándome la historia… Tierra, trágame. Tía, ¿cómo me dejas meter la pata de esa manera y hacer un ridículo tan espantoso? ¡Párame, hombre!
Otros momentos, en cambio, merecen un recuerdo imborrable, con o sin foto, como ver a mi abuela bailando descalza, a pesar del dolor de rodillas, por primera vez en los últimos 47 años que mi madre puede acreditar…

Al día siguiente, domingo, salíamos de Luna de Miel, y claro, con todo el jaleo, nuestra casa quedó hecha un desastre. Más aún porque después del banquete volvimos a casa y nos bañamos en la piscina, con lo que tuvimos que deshacer las maletas para sacar toallas de playa, bañadores y bikinis para algunos invitados. Total, que la casa estaba patas arriba, y a Ifo por poco le da un ataque de pensar que al día siguiente teníamos que salir pitando. Así que nuestros padres, que se habían puesto de acuerdo unos días antes, nos taparon los ojos, no nos dejaron coger ni una muda, y vestidos de boda nos llevaron en coche hasta un hotel de 4 estrellas en el centro de Sabadell para que descansáramos, pero sin decirnos a dónde íbamos ni dónde estábamos, y una vez allí los empleados del hotel nos trajeron champán y una cesta de frutas (un plato de frutas, más bien), y el desayuno a la cama al día siguiente. Nos vinieron a recoger al hotel a las 12 como habíamos quedado, con las maletas hechas y nuestra casa recogida y limpia como una patena, para llevarnos al puerto de Barcelona… Pero esa es otra historia.
Por cierto, mi ex-cuñi no vino a la boda (llamó una semana antes para avisar), y a Zorri no la eché de menos ni un segundo.
  
  
  
  


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Ya tengo los zapatos que llevaré el día de mi boda. Ifo me ha llevado a Barcelona esta mañana a comprarlos en El Tocador de la Novia, una tienda encantadora que hay en Barcelona en la calle Roger de Lluria nº 161, y está especializada en zapatos, tocados y ropa interior de novia.
El personal es un cielo, unos profesionales con muchos años de experiencia, que saben cómo tratar a las futuras novias y aconsejar, y eso se nota y se agradece. Te dan una tranquilidad absoluta, si les llevas una foto del vestido de novia, saben aconsejarte sobre lo que mejor le va, colores, texturas, estilo… Y al mismo tiempo, que se adapte a tu personalidad y que te veas cómoda.
Yo lo tuve claro prácticamente desde el primer momento. A pesar de que en un primer momento había pensado en unas sandalias, el chico que me atendió me dijo que me lo quitara de la cabeza, que mi vestido es muy clásico y no le van nada unas sandalias, porque solo se me verá la puntita y no quedaría nada bien unos dedos desnudos saliendo por debajo de la falda. Tenía toda la razón, así que me decidí por unos descubiertos en el talón y cerrados por delante.
Olisqueé por toda la tienda, tienen más de 100 modelos en exposición y me probé varios, unos sugeridos por el propio vendedor y otros elegidos por mí. Tengo un ojo clínico que es demasiado: al final me quedé los primeros que me elegí. Probé con unos de punta afilada y tacón bajo, pero no me acabaron de convencer, la punta me parecía excesivamente agresiva, así que me quedé con unos con puntita redondeada y, en mi opinión, mucho más monos.
He colgado varias fotos en mi flickr, y a continuación si pincháis en SEGUIR LEYENDO podréis ver cuatro fotos más en grande. No las ha puesto directamente aquí porque Ifo no quiere ver los zapatos, de hecho no quiere ver nada de mi vestuario. Ha pillado por error el liguero que me han regalado en El Tocador de la Novia, y ya me ha dicho que lo tengo que cambiar por otro. Suerte que me lo está haciendo mi abuela a mano con todo su cariño (del gusto, ya os contaré). Y me ha advertido que, si pilla algo más, me lo hará cambiar, porque quiere que absolutamente todo sea a la vez un misterio y una sorpresa para él ese día.
Por cierto, como tenía que llevar la foto del vestido a la tienda, la llevaba guardada en la mochila. Y como esta tarde hemos quedado con mis padres, les he enseñado los zapatos, y la foto del vestido a mi cuñada, la hermana de Ifo, que aún no lo había visto. Mi padre ha pillado la foto y ha visto el vestido también. Diga lo que diga, se moría de la curiosidad, porque para que él haga eso, le tenía que estar picando el gusanillo desde hace tiempo. Mi madre se ha quedado la foto, me imagino que para enseñársela a sus compañeras de trabajo: está deseando presumir. Me decía incluso que el día de la prueba con el vestido (la tengo el día 28 de marzo, en tres semanitas) se iba a llevar la cámara para hacer fotos. Me habían dicho que eso da mala suerte, y se ha quedado un poco desilusionada. Lo que yo te diga, está deseando presumir.
La parte decepcionante de la historia ha sido cuando me he dado cuenta de que mi suegra, a 16 semanas para la boda, aún no le ha dicho nada a nadie de su familia, ni siquiera los más cercanos lo sabían, y eso que viven en el mismo edificio. Ella dice que no le ha dicho nada a nadie todavía por el tema de la operación (por cierto, le darán el alta el lunes o el martes y todo ha ido bien), pero lo cierto es que que había posibilidad de que la operaran lo sabíamos desde finales diciembre, y que nos casamos lo saben desde hace bastante más tiempo (de hecho, a mediados de noviembre vino con mi madre, mi abuela y mi cuñi a probarme vestidos de novia, y a finales de octubre ya sabían que habíamos dado la paga y señal en el restaurante), así que como excusa no me cuadra demasiado. Más bien me da la sensación de que hasta ahora no tenían del todo claro que la boda fuese a tirar para adelante, esperaban que nos arrepintiéramos en cualquier momento y lo anuláramos todo, y por eso no le han dicho nada aún a la familia. Me dolería mucho que fuese así, aunque solo es un pálpito personal y, claro, no lo puedo demostrar. Llamadme desconfiada si queréis.
Al final la familia más directa de Ifo se ha enterado esta tarde y todavía lo están flipando, claro, porque no tenían ni la más remota idea. La situación ha sido un poco violenta, porque digamos que se han enterado un poco forzados por las circunstancias (yo allí, enseñándole a mi madre, abuela y cuñada, los zapatos de la boda y el vestido, y la mitad de los presentes no sabían nada de boda, así que os podéis imaginar el cuadro). A principios del mes que viene tendremos ya las invitaciones, así que mi suegra tampoco podía esperar mucho más a decirlo, pero vamos, ella se lo gestiona como le da la gana.
Aún falta el traje y los zapatos de Ifo, que todavía no ha empezado a mirar nada aunque dice que lo tiene bastante claro. Seguramente la semana que viene vaya a mirar algo. Y el viaje de novios lo terminaremos de rematar este lunes. Se nos echa el tiempo encima, pero vamos cerrando cositas. Os sigo contando. Si queréis ver las fotos de los zapatos, clickad en SEGUIR LEYENDO.
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Jéssika está embarazada de 9 semanas (diría que se quedó casi casi en la noche de bodas); el concuñado y la concuñada se casaron en mayo y ella está ya de algo más de dos meses; a Jordi y Sonia los Reyes Magos les traerán una niña y se llamará Alba; Straja está a punto de ser tía, si no lo ha sido ya, porque cuando escribo este post nos cuenta que es cuestión de horas; Querida E. se lo pasa en grande con su sobrinito el risitas, y yo cada vez que veo un carrito de bebé por la calle se me van los ojos detrás, y babeo cuando un peque me sonríe.
¡Yo quiero también un rubito! Un bebé, un ifo en pequeñito, rubito como él, con la sonrisa y los ojazos verdes de su papi, y la naricilla de su mami.
Deseo desesperadamente tener un bebé, pero sé que económicamente no es el momento, y además a tan pocos meses de la boda tampoco sería lo mejor (de hecho, no dejo de insistirle con que quiero un rubito y él intenta calmarme como puede, pero al mismo tiempo le he dicho que como se le ocurra hacerme un bombo antes de junio, lo capo… .
Pero tengo unas ganas terribles de ser mamá, de disfrutar del embarazo al máximo, de tener a nuestro bebé entre los brazos, de acunarle y hacerle mimos… de tener un hijo suyo. ¡¡Lo deseo tanto…!!
Y por lo que parece, no soy la única. No sé lo que opinará mi suegra (conociéndola, que un crío es mucho gasto, seguro… , pero sé que mis padres y mi hermano estarían encantados. Mi hermano ya lleva tiempo diciéndome que quiere un sobrinito, que es mucho más divertido que un hijo, mucho más práctico (cuando te cansas de él lo envías con sus padres, y no te molesta por las noches) y más barato, dónde va a parar. Y ahora que la Cristina está embarazada, está celosón y dice que él también quiere un sobrino, que a ver cuando nos ponemos manos a la obra… A mi padre también le haría gracia ser abuelo, aunque lo niegue: hace unos días pilló a mi madre y a mi cuñada hablando del embarazo de la concuñada, pensó que era Marta quien estaba embarazada y por poco babea. Y mi madre también estaría encantada, de hecho más incluso de lo que yo me esperaba: este verano estuvimos comentando que cuando tuviéramos hijos, Ifo y yo tendríamos que coger vacaciones separados (uno en julio y otro en agosto) para no tener que cargar a nadie con la responsabilidad de que nos cuide a los niños un mes entero… Y mi madre me respondió que el primer año no se lo podríamos dejar, porque ella no puede coger peso, pero en cuanto camine… Vamos, que nos pidió que se lo dejáramos todo el verano si queríamos, que por ella no había problema. Alucinada me quedé, porque yo me esperaba una respuesta más bien del tipo “a mí no me cargues con críos ni me pongas a cambiar pañales, que yo eso ya lo he pasado y no quiero más” o similar.
Qué curioso, esto del instinto maternal, parece que es contagioso!! 
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De vez en cuando, mi novio siente la necesidad de hacer una de esas demostraciones de fuerza masculina a las que son tan aficionados algunos hombres: llevarme en brazos desde el sofá hasta la cama cuando me muero de sueño, levantar la cama-canapé (¡sin vaciar su contenido!), con una sola mano mientras hace el tonto, para que yo pueda barrer debajo (si tuviera que mover yo la cama, ya se podría acumular pelusa ahí debajo por los siglos de los siglos…). Le encanta demostrar su fuerza masculina invirtiéndola en cosas prácticas: por ejemplo, dejarme dormir toda la noche recostada sobre su pecho y brazo sin una protesta.
En ocasiones, algunas situaciones me hacen recordar cosas que ya he vivido antes, y recordar cómo era mi ex en la misma situación… Por norma general, llego a la conclusión de que he salido ganando. Por ejemplo, a mi ex le encantaba hacer alarde de su fuerza bruta arreándole a un punchin-ball en la feria o echándole un pulso a Robocop en el New Park. Muy útil. Sí, de todo el grupo, mi ex era el que más fuerza tenía pero, ¿de qué sirve? No me cabe en la cabeza cómo un tío que ha trabajado en la construcción (y no precisamente de arquitecto), que ha trabajado descargando camiones, que levanta sacos de cemento de 50 kilos de dos en dos… ¿cómo un tío así, me dice que se le duerme el brazo a los 10 minutos de que hubiera recostado la cabeza sobre su hombro? Algo no me cuadra…
En cambio, mi novio no se limita simplemente a demostrar su fuerza “porque sí”: Si los zapatos nuevos me están haciendo heridas en los talones, él me lleva en brazos hasta el coche para que no tenga que caminar.
Le tengo dicho que mi padre es un “jefe indio”, y mi novio quiere ser merecedor también del rango de “jefe indio”, apto para formar su propia tribu 
En realidad, estas demostraciones de fuerza masculina no son tan “gratuitas”, porque a mí me encantan y él lo sabe: me hacen sentirme querida, cuidada y especial; nada que ver con aquéllas veces en que mie ex le arreaba un puñetazo a un punchin-ball, que en el mejor de los casos me quedaba fría, y en el peor me asustaba… Nunca fue violento, pero alguna vez algún objeto de su tamaño (pared, armario, árbol… sí aque se llevó un puñetazo…
Me encanta cuando se pasea por casa en tejanos y sin camiseta. Es la cosa más sexy que he visto en mi vida. Y es que la parte del cuerpo de un hombre que más me pone son sus brazos musculosos, su torso fibroso, su espalda fornida… mmmmm… En un par de ocasiones me ha ocurrido sentirme atraída por un tío, y en cuanto se quita la camiseta sentir ganas de salir corriendo. Y es que la barriga cervecera me supera, es superior a mis fuerzas, no puedo. En cambio, cuando mi niño se quita la camiseta, es que me lo comería a besos.
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- Mamá, ¿cómo te pidió papá que te casaras con él?
- Pues verás, Júlia, fue un momento muy romántico. Ya habíamos hablado antes del tema, incluso de los detalles, pero la confirmación “oficial” llegó cuatro días antes del Día de los Enamorados. Él no podía esperar, estaba impaciente porque llegara ese momento aunque “el plan original ” imponía esperar hasta el 14 de febrero. Yo también le había estado pinchando durante días porque también estaba ansiosa por recibir mi regalo de San Valentín, aunque ni por asomo me imaginaba la sorpresa que me tenía preparada.
Y llegó el momento: estábamos en Canet, era un sábado por la noche, habíamos pasado toda la tarde con unos amigos. Eran las dos de la madrugada, acabábamos de llegar al camping y estábamos ya casi llegando al bungalow, y yo me había pasado la mitad del “viaje” durmiendo en el coche de lo cansada que estaba. Él me detuvo y me dijo que me iba a dar mi regalo en ese momento.
Escondió algo detrás de su espalda, se oyó crujir de papel que se rompe, hincó una rodilla en el suelo y me dio una rosa artificial. Te parecerá una tontería, pero sólo la rosa ya me pareció un regalo maravilloso y le quise hacer levantarse para darle un abrazo. No se dejó y me dijo que la abriera. Mi sorpresa fue enorme: “¿que abra la rosa? ¿por dónde? “, pensé todavía adormilada, y empecé a buscar la manera de abrirla rebuscando entre los pétalos. Al ver que no tenía éxito, él me ayudó: la rosa en realidad era la caja de un anillo de oro blanco con 12 diamantes incrustados.
- ¿Quieres casarte conmigo?
Me dijo mirándome a los ojos. La emoción me dejó sin palabras.
- SÍ, claro que sí.
Conseguí articular en un susurro. Y sólo entonces se puso de pie y nos fundimos en un abrazo emocionados.
- ¿Y cómo se lo contásteis a tus padres?
Esa es una historia divertida. Entramos en el bungalow y mi madre nos esperaba despierta, viendo la tele. Yo llevaba todavía en la mano la rosa que mi madre reconoció al instante como la caja de un anillo (según me dijo al día siguiente, ella ha recibido también alguna similar). Yo no quería decírselo a mi madre todavía, me daba nosequé, porque llevamos muy poco tiempo saliendo juntos y quería esperar a tener la fecha de la boda confirmada antes de hacerlo oficial, así que en cierta manera intentaba ocultar la mano en la que llevaba puesto el anillo, aunque sin mucho éxito. En un gesto determinado, mi madre descubrió el anillo en un dedo habitualmente desnudo y abrió unos ojos como platos, una sonrisa impresionante se pintó en su cara, aunque discreta y con buen criterio decidió no hacer ningún comentario hasta que yo lo dijera. Me reservó ese momento tan especial. Nos fuimos a la cama planeando cómo decírselo a mis padres al día siguiente. Con un anillo en el dedo, se hacía obligada la explicación, si más no, de cómo ha llegado hasta ahí.
Hora del desayuno, las 9 de la mañana en el bungalow de la Pimkie Family.
- ¡Pimkie, levántate, que se te enfría el desayuno!
- Pero si son galletas…
- Que se te enfrían las galletas
Durante el desayuno, mi madre no hacía más que lanzarme miradas a la mano derecha, concretamente sobre el dedo anular. Así que le dije que sí, que me había dado cuenta de que no hacía más que mirar el anillo, y que “es de él “, sin más. Mi madre, que esperaba una explicación algo más elaborada, me preguntó la muy puñetera: “¿Es de los enamorados? “, “Sí, por adelantado “, le dije, sin añadir nada más y ahí quedó.
Al subir al bungalow, Ifo me puso la cara de pez globo que pone cuando quiere hacerme ver que tiene motivos para estar enfadado aunque en realidad no lo esté. Él esperaba que lo hubiéramos hecho oficial en ese momento ante mis padres, pero yo todavía no había conseguido reunir el valor suficiente.
Aproveché cuando mi padre salió a buscar el coche, que mi madre estaba sola, la hicimos sentarse y entonces se lo contamos. No sabía cómo decírselo a mi padre cuando volvió, pero mi madre me ahorró el trago:
- Rafa, ¿qué tienes que hacer para junio de dentro de dos años?
- Uuuuffff… ¿y yo qué sé?
- Pues te vas a tener que comprar un traje
- Ay, diox…
- Que vas a ser el padrino….
- Ay, diox…
Pensaba que mi madre se llevaría las manos a la cabeza, pero en realidad está ilusionadísima (”Que te sientes y te calles, coxx, que no se habla de boda todos los días “, le soltó a mi padre, que empezaba a incordiar con que nos fuéramos al club náutico y lo habláramos en la terraza mientras él estaba a la suya con la barca). Ya hasta está organizando la lista de boda (se permite el lujo de decidir a quien ELLA no va a invitar, faltaría más), y estoy segura de que ha llamado a toda su agenda para contar la buena noticia.
Desde el sábado por la noche, Pimkie es oficialmente una mujer prometida.
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Pues sí, este domingo lo pasamos pescando en Canet de Mar. El sábado por la tarde nos llamó mi hermano para preguntarnos si nos apuntábamos a pasar lo que quedaba del fin de semana en el bungalow que tienen mis padres en un camping de Canet. Le dijimos que sí inmediatamente y salimos disparados para allá.
Así que hoy, para romper la costumbre, acompaño post con fotos REALES del día. Lo que me recuerda que Tako nos tiene que pasar la foto de la quedada bloguera potochopeada como corresponde…
De estos dos chicos tan guapos de la primera foto, el rubio es mi niño y el moreno, mi hermano. ¿Verdad que son los dos hombres más guapos que han visto nunca? (Nota: cualquier comentario que me contradiga será eliminado sin compasión-hombre-ya). Y en la segunda foto, esas canas y esa camisa azul corresponden a mi padre, el jefe indio de la tribu mientras no se demuestre lo contrario.
Casi cada fin de semana mi padre se marcha a Canet para salir de pesca con sus amigos en la lancha a motor que tiene allí. Pero este fin de semana lo pasamos en familia. Tenían pensado arreglar los asientos de la lancha, que estaban ya viejos, ponerle unos nuevos, y salir a pescar.
Mi hermano, que es aficionado al wake board y al kitesurf, propuso aprovechar la lancha para hacer wake. Y a Ifoxe, que es un loco del surf y del body-board, le faltó tiempo para apuntarse. Lástima que hacía un frío que pelaba y no aparecieron los huevos por ninguna parte para meterse en el agua, ni con traje de neopremo con calefacción incorporada.
Así que pasamos el día de pesca, según los planes previstos. Ifoxe, mi hermano y yo nos lo pasamos en grande conduciendo la lancha a toda velocidad; Marta acabó con un tirón en el cuello por mi culpa porque de regreso a la costa íbamos demasiado rápido y habían demasiadas olas (cuñi, lo siento mucho!!!); pescamos unos cuantos peces (¡Pimkie pescó uno! que fue inmediatamente bautizado como Nemo, aunque para lo que duró vivo, mejor ni me hubiera molestado); descubrí que los bichos esos que se usan para pescar me dan mucho asco (miento, no lo descubrí: lo constaté); y también descubrí que me da mucha pena que maten a los peces cuando les quitan el anzuelo y prefiero que los tiren al cubo vivos… Menos unos con rayas atigradas, ¡que tienen pinta de mala leche…!
Lo remarcable del día:
- Lo bien que se llevan mi novio y mi hermano. Me encanta ver que los dos hombres más importantes de mi vida se llevan tan bien.
- Lo relajado que estaba Ifoxe. Para mí es muy importante que el hombre de mi vida esté cómodo y relajado cuando está con mi familia, y que mi familia le acepte tal y como es y que no se metan en nuestra vida.
- La cara que se le quedó a mi hermano cuando se lo conté. Que nos casamos, le sorprendió; pero aún le sorprendió más saber que me caso ¡por la Iglesia!
- Su mirada, que me decía sin palabras “no tengo ojos para ninguna otra“.
- Su sonrisa porque se lo estaba pasando en grande.
- Sus abrazos, porque no nos importa lo que digan los demás.

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