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Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que pertenece al señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
En esta entrada hablo de: amor, blogs, cabreo, celos, convivencia, familia, feminismo, idiotas, Ifoxe, independencia, luna de miel, matrimonio, mi madre, mujer, Sociedad
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Vivimos en una comunidad de vecinos que está completamente cerrada a cal y canto del exterior, a la que no se puede acceder si no es con llave o picando a algún vecino para que abra, y aún así es posible que la puerta que comunica la escalera con el interior de la comunidad (la zona común, donde están la piscina, la zona ajardinada, el parque infantil y demás) también esté cerrada con llave.
Y lo que es peor: una vez dentro, en la zona comunitaria, no hay forma de salir si no es con llave, porque en los portales interiores no hay ni portero automático ni maneta en las puertas, así que o tienes suerte y te encuentras alguna abierta, o no sales de ahí dentro si no es con llave o bien pegando cuatro gritos y que algún alma caritativa se digne a salir de casa y abrirte desde dentro del portal. Además, las viviendas tienen vídeo portero, por lo que podemos ver quien intenta colarse con la típica cantinela de “correo comercial“.
 
Pues con todo y con eso, ayer a medio día llamaron a la puerta de mi casa dos policías urbanos. Al parecer, el presidente de la escalera había llamado a la policía para denunciar que varios rumanos se habían colado y se estaban bañando en la piscina.
De entrada, una se queda patidifusa
¿Cómo se han podido colar?
Abrimos la puerta de acceso a la zona comunitaria a los policías, y yo me asomo a ver si podía enterarme de algo, para el disgusto de Ifo. Solo consigo ver a los urbanos hablando con tres o cuatro chicos, que están sentados en uno de los bancos y con unas bolsas de deporte a sus pies. Muy discretos no parece que son, los chicos, por cierto.
Vuelvo a meterme en casa, decepcionada por la poca información que he podido obtener (si por eso yo prefería un ático con terraza en vez de un bajo con patio… . Al poco rato vuelve a llamar a nuestro timbre la pareja de urbanos, para tranquilizarnos: no se trataba de rumanos, sino de amigos de uno de los vecinos.
¿Perdón? Ahora sí que lo flipo.
Está bien ser precavidos, pero me pregunto: ¿el presidente de nuestra escalera ha llamado a la policía porque los amigos de un vecino de otra escalera (junto con el propio vecino, imagino) se estaban bañando en la piscina? ¿Pero esto que es? Evidentemente que cada vecino tiene derecho a que sus invitados disfruten de la piscina en su compañía (en cambio, el gimnasio y la sauna son instalaciones que las visitas tienen vetadas), de hecho mi familia y mis amigos han venido a casa un montón de veces y están hartos de bañarse en la piscina (que esa es otra: mi madre no hace más que decirles a _sus_ amigas que, si están aburridas, como _yo_ estoy de vacaciones, que se vengan a mi casa a bañarse en la piscina… tengo que tener una seria conversación con ella, está claro).
Así que me imagino la cara de gilipollas, y el consiguiente cabreo, del vecino y sus amigos al enterarse de que los han confundido con rumanos-jetas que se habían colado en la urbanización por todo el morro. Vamos, me pasa a mí y lo más probable es que pillara por banda a ese presidente de escalera y tuviera con él unas palabritas…
Por no hablar del racismo implícito en toda la escena: ¿cómo coño sabe el presidente que se trata de rumanos? Es evidente que no ha hablado con los chicos. Y no me digáis que por las pintas, porque estaban en bañador en la piscina… ¿Entonces? Que alguien me lo explique, porque no lo entiendo.
En esta entrada hablo de: cabreo, fotos, idiotas, mi madre, piso, Sociedad, vacaciones
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Tengo una duda importante: me caso por la Iglesia el 28 de junio de este año, es decir, dentro de poco más de 3 meses, y no sé si después de haber pasado por el altar me estará permitido apostatar o no.
Sí, ya sé lo que me váis a preguntar: si quieres apostatar, ¿por qué cxxo te casas por la iglesia? De hecho, Mireia fue la primera en decirme que eso es perpetuar una instituación en la que no crees y que además es altamente perjudicial para la independencia de la mujer, y lo tengo muy presente.
Pero casarse es cosa de dos, como todo en pareja, y en ocasiones cede una parte y en ocasiones cede la otra, y en otras ceden ambos para llegar a un punto intermedio. Sobre la boda, él no contemplaba otra alternativa que por la Iglesia (supongo que porque asociaba casarse por lo civil a hacerlo en un despacho gris del ayuntamiento o del registro civil, y en eso tiene razón, a mí tampoco me hace gracia, pero ¿y en el jardín del restaurante, al aire libre? eso ya es otra cosa…), y tengo que admitir que a mí toda la parafernalia del asunto me hace gracia, así que ¿por qué no? La verdad es que me lo estoy tomando con mucho humor, no consigo disociarlo de la preparación de un carnaval o una gran fiesta, y me lo estoy pasando bomba.
Pero las consecuencias que tendrá esto para los que viven del negocio de la fé me preocupan. Consolarme pensando que un grano no hace granero no oculta la profunda incoherencia de lo que voy a hacer, partiendo ya de la base de lo asimétrico de los planteamientos de ambas partes: para el cura que me casa, es una muestra de mi fe que le permitirá engordar el censo de cristianos católicos del que pervive la idea de que la religión católica es la más numerosa en España; para mí, es una especie de carnaval, una fiesta con una parafernalia curiosa, y también un convencionalismo social y una forma de darle una alegría a mi madre, que se emocionó al verme vestida de blanco por primera vez.
Me cabrea que se aprovechen de mí para obtener beneficios, que presupongan por qué hago algo (vale, sí, ya lo sé, no es excusa), así que estoy planteándome dejar claro que NO comulgo con la Iglesia católica y sus postulados reaccionarios, apostatando. Pero, eso sí, después de la boda, para poder darles el capricho a mi novio, a mi familia y a la suya. ¿Incoherente? En parte sí, para ser coherente conmigo misma no debería prestarme a ese juego y directamente decir que NO, que no me caso por la Iglesia porque me parece una institución retrógrada que discrimina y humilla a la mujer (y ya veremos cuando nos toque pasar por el cursillo prematrimonial…). Pero como dije más arriba, la pareja es cosa de dos, y en ocasiones toca que ceder, y ser razonablemente coherente. A ver cómo me las apaño para cuadrar ambas cosas.
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Esta mañana han operado a mi hermano de apendicitis. Suena a operación chorra para quien no ha tenido que pasar por ello, pero representa, entre pitos y flautas, dos horas de quirófano (en realidad, media hora de operación), anestesia general y abrirle en canal. Nunca había visto a mi hermano tan hecho polvo, cuando hemos pasado a verle en el post-operatorio, recién pasado el efecto de la anesteisa, con los puntos calientes todavía, con la boca pastosa todavía por la anestesia y casi sin poder hablar, conectado a una botella de suero, pidiéndonos que no le hiciéramos reír porque le tiraban los puntos y le dolía horrores.
Teóricamente no podía comer, y dicen que uno de los primeros síntomas de la apendicitis es que te quita el hambre… Pues el tío se ha pasado toda la noche pidiendo en sueños un bocata de lomo con queso. Genio y figura.
Estaba acojonado perdido, antes y después de la operación. Era la primera vez que tenía que pasar por un quirófano, y estaba muerto de miedo. Mi madre también, y encima ha pasado la noche sola, porque en la habitación no dejaban más que un acompañante y sin sofá siquiera donde poder descansar. No ha dormido en toda la noche, en parte por los nervios, en parte por la situación. Mi madre también lo ha pasado horriblemente mal, también estaba muerta de miedo. Cuando la doctora nos ha explicado que ha ido todo bien pero que aún estaba atontado por la anestesia y que en un rato lo subirían a la habitación, no ha podido aguantar más y se ha echado a llorar. Se me partía el alma de verla así. Y ver a mi hermano con los ojos llorosos y roto de dolor me ha destrozado por dentro.
El personal tampoco ayudaba. Al terminar la operación, le dejaron en una sala con varios recién operados más, donde solo nos dejaban entrar de dos en dos (estábamos allí 8 personas en total por él: mis tres abuelos, mis padres, mi novio, mi cuñada y yo, y la doctora nos ha puesto mala cara por querer estar con él en ese momento, ¡bruja!), no nos ha dejado estar allí más que unos minutos, con bata de un solo uso y después de habernos desinfectado las manos. Le dijeron que en media hora lo subían a la habitación, y una vez le habíamos visto todos y habíamos hablado unos minutos con él, la doctora no nos permitió volver a entrar, ni siquiera a su madre y a su novia, y acompañarle hasta que le subieran a la habitación. La media hora prometida hasta que le trasladaran a un sitio algo más apacible finalmente se convirtió en 5 horas, sin información, sin compañía, sin saber por qué tardaban tanto, sin que nadie le dijera si todo iba bien o había ocurrido algo para que le tuvieran allí mientras al resto de compañeros sí los iban trasladando a sus respectivas habitaciones… Terrible. Finalmente “lo único” que ocurría era que no tenían camas libres, pero no me quiero ni imaginar el mal rato que ha debido pasar allí, solo y sin información, recién operado, todavía atontado por la anestesia, muerto de dolor y sin saber si había ido algo mal. Para trabajar con personas, parece que no tienen la más mínima empatía.
Mañana volveré al hospital a verle, espero encontrarle algo mejor. Él es fuerte, siempre está de cachondeo, no le había visto llorar desde que le dejó aquél zorrón, y de eso hace ya mucho tiempo. De hecho, ha sido él quien me ha consolado a mí en los momentos malos, a pesar de ser mi hermano pequeño, así que no me acabo de acostumbrar a este nuevo papel de hermana mayor, y ser yo quien le anime a él. Le he comprado una revista que sé que le gusta, y le he dado a mi padre la consola portatil para que se entretenga, pero salvo esto y alguna que otra broma chorra, no se me ocurre qué más puedo hacer para animarle.
Creo que nunca antes le había visto asustado, y no ha sido hasta que le he tenido delante, recién operado, que he sido consciente de la magnitud de su miedo, de lo acojonado que estaba. Se me ha encogido el corazón y he tenido que esforzarme para no ponerme a llorar. Es lo último que necesitaba en ese momento, ya bastante asustado estaba. Le he visto como un niño pequeño deseando que le abracen. Y he deseado abrazarle y acunarle para que se le pase el miedo, pero no me he atrevido por no hacerle daño y porque estaba intubado y entumecido y apenas se podía mover.
Diox, como odio los hospitales.
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¿Alguna vez te has planteado qué les pasaría por la cabeza a las 5 Spice Girls el día que van a acompa ñar a una de ellas a probarse vestidos de novia? Yo tengo una idea más o menos aproximada:
Yo misma:
Diría que cuando he salido de casa esta mañana no tenía este cuerpazo…
Mi cuñi:
Yo también quiero probarme vestidos de novia para que me hagan un tipazo como ese…
Mi madre:
Al final me he salido con la mía. Si es que esta hija mía si me hiciera caso más a menudo…
Mi abuela:
Después de 50 años de matrimonio, yo, lo tengo claro: Si volviera a nacer ni me casaba, ni tenía hijos, ni ná de ná…
Mi suegra:
Anda que la pasta que me voy a tener que gastar en el vestido de madrina, total, para ponérmelo una sola vez, por el capricho de estos dos…
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Se acerca la rebetlla de Sant Joan (la verbena san Juan para los de habla castellana), la noche más corta del año; noche de petardos, fuego y pasión desatada durante la que (dicen) los deseos se hacen realidad si saltas descalza por encima de las brasas. Yo el tema de las hogueras y los deseos, bien, pero lo de los petardos lo llevo bastante peor: demasiado ruido para mi gusto, por no hablar de lo peligroso que es que niños atabalados manejen artefactos incendiarios como se cócteles molotv se tratasen sin la supervisión de sus padres (en el hipotético e improbable caso de que en algún momento de las vidas de los críos, a sus padres les haya dado por supervisarles alguna vez, lo que ya es mucho suponer tal y como está el patio).
Como es de sobras conocido que mi niño y yo somos un par de golosos impeninentes, mañana vamos a hacer la primera prueba de una de las tradiciones de Sant Joan que más me gustan: la tradicional coca artesana de Sant Joan, receta especial de mi madre que tiene el éxito asegurado. Para quien quiera quiera aventurarse y probar también, aquí os dejo la receta, y quien se anime pues ya me contará qué tal le ha ido:
Ingredientes:
1 Yogur (preferentemente de limón, que no sea de los del recipiente de cristal, sino de los otros porque se utilizará como medida para el resto de ingredientes).
3 Huevos
3 Harina (la medida es el envase del yogur que hemos utilizado)
2 Azúcar (Idem)
1 Aceite (Idem)
1 sobre levadura
1 tarrina de fruta confitada
Mogollón de piñones. Sí, ya sé que “mogollón” no es una medida demasiado exacta, pero tenéis que tener en cuenta que depende de lo alargado que sea el molde: no es lo mismo que sea un molde profundo y pequeño (no os lo recomiendo, porque notaréis demasiado bizcocho y pocos piñones y fruta), que un molde grande y de poca profundidad (como mejor quedan, que si no empalaga demasiado)
Mientras preparamos la masa, precalentar el horno a 250º, con el fuego de la parte inferior.
Cuando tengamos la masa preparada, la meteremos en el horno, tomando la precaución de poner una bandeja de horno debajo del recipiente donde hornearemos la masa, para que no le dé el calor directo. Al poner la coca, bajar la temperatura del horno a 180º. Hornear durante unos 10-12 minutos, o hasta que la masa esté esponjosa y no la notemos cruda por dentro (un truco es introducir un palillo en la masa para comprobar que no sale líquido). Pasado este tiempo, pondremos los piñones y la fruta confitada por encima, y volveremos a meter la coca en el horno unos 2 o 3 minutos más, para que se tuesten junto con la masa los piñones y la fruta confitada. Ya podemos sacarla, esperaremos a que se enfríe un poco y ¡ya está lista para comer!
¡Que la disfrutéis!
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¿Has sentido alguna vez un dolor de cabeza tan salvaje que parecería que te has estado dando de cabezazos contra el parachoques de un camión? Si estás pensando en ese dolor de cabeza que produce la resaca de whisky de garrafón, déjame decirte que de lo que te estoy hablando es 40 veces peor. Si consigues hacerte a la idea, te acercarás por un momento a algo parecido a lo que siente una persona que sufre ataques de migraña. La migraña es una enfermedad crónica de tipo neurológico, de causa no conocida, que se manifiesta por crisis o ataques repetitivos de un fuerte dolor de cabeza originado en uno de los lados del cerebro (más o menos, como si una garra con las uñas larguísimas te apretara el lado izquierdo de la cabeza clavándote las uñas en el cerebro), que suelen tener una duración de entre unas horas y varios días, acompañado de náuseas, mucosidad, fotofobia (molestia a la luz) y fonofobia (molestia al ruido), y que empeora con la actividad física. No puedes leer, no puedes pensar con claridad, sientes molestias al tratar de mantener los ojos abiertos, te molesta la luz, te cuesta hablar, te cuesta moverte, se te quitan las ganas de comer, tienes ganas de vomitar, no te deja dormir (con lo cual, la falta de sueño también repercute negativamente sobre el cuerpo intensificando los síntomas de la propia migraña), incluso cualquier movimiento de tu compañero de cama te hace gritar de dolor…
Como es evidente, una crisis de migraña te deja para el arrastre, postrándote en cama casi sin poder moverte y sufriendo unos dolores terribles de cabeza. Según la Organización Mundial de la Salud, la migraña está considerada una de las enfermedades más discapacitantes, ¡junto a la tetraplejia y la demencia! No en vano, es una de las principales causas de absentismo laboral: según un estudio presentado en el IX Congreso de la Federación Europea de Sociedades Neurológicas que se celebra en Atenas, los pacientes pierden en promedio un día de trabajo al mes, y según los datos del Programa PALM, repreenta alrededor de 9 días perdidos al año y un coste de 642 millones de euros anuales.
Si la migraña no es bien tratada puede convertirse en un infierno. Además de perturbar las relaciones familiares y amistosas, se resienten la vida profesional y hasta la propia autoestima. Sólo un 19% de los afectados consigue no perder ni una jornada de trabajo o de estudios, pero un 55% falta hasta diez días al año; un 15% entre 11 y 20; un 9% entre 21 y 50, y un 2% más de 50. En cuanto a los sentimientos personales, un 87% reconoce que pierde vitalidad y capacidad de concentración, mientras que un 80% admite que su carácter empeora y confiesa su hastío y frustración.
Y lo que es peor: por el momento no tiene cura (es una enfermedad crónica) ni remedio que lo alivie. No hay NADA que alivie los dolores de cabeza producidos por la migraña, por lo que lo único que los médicos pueden recomendar en estos casos son cosas que no se pueden adquirir en farmacias: silencio, oscuridad, tranquilidad (sobre todo, mucha tranquilidad), y evitar el chocolate, el café, el alcohol, etc.
La migraña es una enfermedad mayoritariamente femenina (se calcula que 3 millones y medio de españoles sufren migrañas, de los que el 70% son mujeres) y suele estar asociada a episodios de estress y a la menstruación. Suele aparecer en la adolescencia, y se prolonga hasta alrededor de los 45 años. ¿Puedes hacerte a la idea de lo que significa vivir durante 30 años de tu vida con intensos dolores de cabeza que aparecen cuando menos te lo esperas y prácticamente te dejan incapacitada durante varios días?
A pesar de todo esto, existe un gran desconocimiento en general sobre todo lo que rodea esta enfermedad neurológica. Baste mencionar una única cifra: el 20% de las mujeres que padecen migrañas no visita al médico. Una cifra sorprendente, teniendo en cuenta que estamos hablando de una enfermedad neurológica, y no de un simple dolor de cabeza. La incomprensión en el entorno de la afectada retrasa en la práctica la consulta al médico y el adecuado diagnóstico del síndrome. Un 42% de los europeos (38% en el caso de los españoles) tarda más de tres años en acudir al doctor por primera vez.
Otro aspecto relacionado con el desconocimiento que dificulta la vida de las personas que padecen migrañas es la incomprensión social relacionada con esta enfermedad. Es común que en su entorno laboral sus propios compañeros no comprendan el alcance de la situación y se refieran a la persona en tono despectivo, minimizando la gravedad de la enfermedad por puro desconocimiento, con frases del estilo de “está de baja por un dolor de cabeza”. Más aún, en el propio entorno familiar de la persona afectada son corrientes frases del estilo “no puede ser que estés así por un simple dolor de cabeza“, o “anda ya, que te quejas de vicio“, o “mira que eres blanda y tienes poco aguante” o “tómate una aspirina, levántate de la cama y deja ya de quejarte“… Así, al dolor crónico hay que sumarle la incomprensión social.
Por esas causalidades que tiene la vida, el 12 de mayo, día de mi cumpleaños, es el día mundial de la Fibromialgia y el Síndrome de Fatiga Crónica, una enfermedad que me ha tocado sufrir de cerca debido a que mi madre está afectada. Se cree que las migrañas pueden ser hereditarias, y están íntimamente relacionadas con las enfermedades del grupo del dolor crónico. Entre ellas, la fibromialgia provoca dolor crónico y es difícil de detectar debido a la vaguedad de los síntomas; el dolor crónico cambia la vida, causa depresión, imposibilita a los que lo padecen de hacer actividades cotidianas e incluso puede conllevar la pérdida del trabajo, según el último estudio Pain in Europe de 2005, una encuesta a nivel europeo que en España está avalada por la Sociedad Española del Dolor. Las migrañas, con todo lo que conllevan, son sólo una versión ligera de esta otra enfermedad, de la que escribiré en breve.
Yo sufro de migrañas. Por suerte para mí, no son demasiado frecuentes (3 ó 4 veces al año, a lo sumo), pero estoy en una edad en la que el ciclo del dolor es ascendente. No logro imaginarme cómo será mi vida conviviendo con este dolor más a menudo (ni consigo imaginarme la fortaleza que tiene mi madre al convivir A DIARIO con un dolor que le recorre todo el cuerpo). Hoy es uno de esos días en los que gustosamente me habría quedado en casa con la luz apagada y las ventanas cerradas. El último ataque de migraña que estoy padeciendo no me ha dejado dormir en toda la noche; a las 3 de madrugada, tras horas de intentar superar las náuseas, estaba intentando vomitar sin ningún éxito (¿qué podía quedarme en el estómago a esas horas de la noche?); la consecuencia obvia es que hoy, además del terrible dolor de cabeza, me duele todo el cuerpo, las cervicales me están haciendo polvo, casi no me tengo en pie y no puedo tirar de cafeína para suplir la falta de horas de sueño porque acentuaría la intensidad el dolor de cabeza, ya de por sí inaguantable.
Hoy he venido a trabajar tras vencer la resistencia opuesta por mi pareja, que no quería dejarme venir a trabajar en estas condiciones, y tras hacerme a mí misma la promesa de volver a casa si la situación se me hacía insoportable. De momento, aquí estamos, al pie del cañón y resistiendo como una campeona. Le he comentado la situación a mi jefa, y no sólo lo ha entendido sino que ha tenido el detalle de encomendarme una serie de tareas mecánicas que no requieren demasiado esfuerzo mental por mi parte. Hoy no estoy en condiciones de hacer otra cosa.
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Durante esta semana y la que viene, las niñas me cumplen añitos: Campanilla y Carolina pasan al feliz estado de las treinteañeras estupendas.
Me ha recordado cuando yo era una cría, y mi madre pasó de los 30: empezó un estado distinto, cuando le preguntaban la edad durante muuuucho tiempo estuvo diciendo que tenía “veintionce“, “veintidoce“, “veintitrece“, “veinticatorce” años (lo digo por si queréis coger ideas, chicas… . Y me enfadaba con ella diciéndole:”¡mamá, a este paso voy a cumplir yo los treinta antes que tú!” (la adolescencia, que es muy mala, qué queréis… .
Mi difunto, en cambio, tenía la feliz teoría de que la crisis de los treinta realmente llega a los veinticinco, porque si hasta los 25 podías decir “tengo 22“, “tengo 23“, “tengo 24“, a partir de los 25 en cambio ya empiezas a pensar “me quedan 4“, “me quedan 3“, “me quedan 2“… Don Agobios. Él, desde luego, se agarró una crisis de los 30 desde que cumplió los 25 y aún le dura. Coherente sí que es el hombre, eso no se lo puedo negar.
En cualquier caso, reinvindico nuestra capacidad de mandar a hacer gárgaras todos los tópicos habidos y por haber, incluidos el de la crisis de los treinta, el de que se nos pasa el arroz, y todos los derivados que se os ocurran. Porque, vamos a ver: ¿quien controla nuestras vidas? ¿Nosotras, los tópicos, o el qué dirán? Pues eso.
Claro, que con 25 años a medio estrenar, y sin haber conocido qué es eso de la crisis del cuarto de siglo, supongo que es muy fácil hablar, ¿no? Y es que todos queremos vivir cien años, pero nadie quiere envejecer.
¡¡A disfrutarlo mientras dure!! Como dice mi amiga Zorri: “A vivir que son dos días, ¡¡y a follar, que son tres noches!!”
¡¡FELICIDADES!!
Abro el correo esta tarde, y me encuentro un mail que me envía mi amiga Soraya (a ver si me dejas algún comentario de vez en cuando, xoxo!!), que a veces se pone filosófica. Para todas las veinteañeras a las que les queda poquito para dejar de serlo:
La llaman la crisis del cuarto de vida; te empiezas a sentir inseguro y te preguntas dónde estarás en un año o dos, pero luego te asustas al darte cuenta que apenas sabes donde estás ahora.
Te empiezas a dar cuenta de que hay un montón de cosas sobre ti mismo de las que no sabías y que quizás no te gusten.
Te empiezas a dar cuenta que tu círculo de amigos; es más pequeño que hace unos años atrás…
Te das cuenta que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios… por diferentes cuestiones: trabajo, estudio, pareja, etc…y cada vez disfrutas más de esa cervecita que sirve como excusa para charlar un rato.
Las multitudes ya no son “tan divertidas”… hasta a veces te incomodan. Y extrañas la comodidad de la escuela, de los grupos, de socializar con la misma gente de forma constante. Pero te empiezas a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos, otros no eran tan especiales después de todo.
Te empiezas a dar cuenta que algunas personas son egoístas y que a lo mejor, esos amigos que creías cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido y que la gente con las que has perdido contacto resultan ser amigos de los mas importantes para ti.
Ríes con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor. Te rompen el corazón y te preguntas como esa persona que amaste tanto te pudo hacer tanto mal.
O quizás te acuestes por las noches y te preguntes por qué no puedes conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor.
Y pareciera como si todos los que conoces ya llevan años de novios y algunos empiezan a casarse. Quizás tú también amas realmente a alguien, pero simplemente no estás seguro si te sientes preparado para comprometerte por el resto de tu vida.
Atraviesas por las mismas emociones y preguntas una y otra vez, y hablas con tus amigos sobre los mismos temas porque no terminas de tomar una decisión.
Los ligues y las citas de una noche te empiezan a parecer baratos y emborracharte y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente estupido.
Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu pequeño sueldo. Miras tu trabajo y quizás no estés ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo.
O quizás estés buscando algún trabajo y piensas que tienes que comenzar desde abajo y te da un poco de miedo.
Tratas día a día de empezar a entenderte a ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no. Tus opiniones se vuelven mas fuertes.
Ves lo que los demás están haciendo y te encuentras a ti mismo juzgando un poco mas de lo usual porque de repente tienes ciertos lazos en tu vida y adicionas cosas a tu lista de lo que es aceptable y de lo que no lo es.
A veces te sientes genial e invencible y otras… solo, con miedo y confundido. De repente tratas de aferrarte al pasado, pero te das cuenta que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando.
Te preocupas por el futuro, préstamos, dinero… y por hacer una vida para ti. Y mientras ganar la carrera seria grandioso, ahora tan solo quisieras estar compitiendo en ella. De lo que puede que no te des cuenta es de que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con ello.
Todos nosotros tenemos “veintitantos” y nos gustaría volver a los 17-18 algunas veces. Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza… pero TODOS dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla por culpa de nuestros miedos… Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro.
Parece que fue ayer que teníamos 18… ¿¡Entonces mañana tendremos 30!? ¿¿¿¡¡¡Así de rápido!!!??? HAGAMOS VALER NUESTRO TIEMPO… ¡QUE NO SE NOS PASE!
La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento…
Un abrazo a todos los veinteañeros…
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