| |
|
|
|
|
|
|
|
Ya llevamos un tiempo pensando en nombres de bebés, de hecho antes incluso de decidirnos a tener uno propio. En un primer momento, como hablamos de tener dos hijos, acordar el nombre del segundo fue lo más fácil: si teníamos dos niñas, la segunda se llamaría Laura, como su hermana; y si teníamos dos niños, el segundo se llamaría David, como mi hermano.
Pero ahora que nos hemos metido en faena y hablamos de realidades y no de posibilidades, Ifo ha llegado a la conclusión de que mejor un solo hijo y bien cuidado y atendido, que dos con carencias. Yo sigo prefiriendo dos, y a ser posible que se lleven poco tiempo entre ellos, pero después de tener el primero ya hablaremos.
Así que ahora estamos pensando en nombres para el bebé. Hemos acordado que si es niña, le pondría yo el nombre, y si es niño se lo pondrá él. A mí me gustan nombres que no estén demasiado sobados, como Leire, Nerea, Arantza o Júlia (en su versión catalana, pronunciado como SYúlia). Ariadna también me gusta mucho, pero prefiero ponerle a mis hijos un nombre que mis abuelos puedan pronunciar.
Él, en cambio, me sorprendió el domingo con el nombre que había decidido, porque hasta ahora teníamos claro que si es niño se llamaría Marc. Ha cambiado de idea, o quizá era la idea que tenía desde el principio, no lo sé. El caso es que me ha dicho que si tenemos un niño, le gustaría llamarle David. Y a pesar de la teoría de mi madre de que todos los David son muy traviesos de pequeñajos, a mí me gusta la idea.
Así que todavía no está concebido (creo, a final de mes sabremos si ya estamos embarazados o tendremos que seguir esperando), pero ya tenemos casi casi casi decidido el nombre. Si es niño, está claro que se llamará David (salvo que Ifo cambie de idea), y si es niña me debato entre Júlia (aunque a mi madre no le guste nada el nombre) y Nerea (que a mí cada vez me parece más soso).
En esta entrada hablo de: dudas, embarazo, hermanos, hijos, Ifoxe, mi madre
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Yo pensaba que eso de que cuando los padres se divorcian, utilicen a los hijos como arma arrojadiza es más de épocas en las que hay algo que ganar o perder: custodia, piso, pensión alimenticia, etc. Pero que con veintitantos mis padres nos utilicen a mi hermano y a mí como arma, me resulta extraño.
Y ahora me encuentro nadando entre dos aguas porque primero mi padre me metió de lleno en el conflicto al “auto-invitarse” a vivir en mi casa mientras encontraba piso, y ahora mi madre se ha lanzado en plancha al decirle a mi padre que yo creo que su comportamiento es el de un capullo impresentable (lo cual es cierto, pero también creo que mi padre puede vivir perfectamente sin esa información), y que no quiero que venga a vivir con Ifo y conmigo (lo cual también es cierto, creo que debería asumir las consecuencias de sus propias decisiones, pero eso no significa que vaya a dejar tirado a mi padre sin un sitio donde dormir), con lo que ahora mi padre, orgulloso como él solo, no quiere venir a mi casa.
Así que ahora estoy entre dos aguas:
- Si acojo a mi padre en nuestra casa, soy una ZORRA por ponerme de su parte a pesar de todo lo que ha hecho.
- Y si no le dejo venir mientras encuentra otro sitio, soy una ZORRA por dejarle en la calle.
¿Hay alguna forma de salir bien parada de una situación así?
En esta entrada hablo de: discusión, divorcio, dudas, familia, idiotas, mi madre, mi padre
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Tengo una duda importante: me caso por la Iglesia el 28 de junio de este año, es decir, dentro de poco más de 3 meses, y no sé si después de haber pasado por el altar me estará permitido apostatar o no.
Sí, ya sé lo que me váis a preguntar: si quieres apostatar, ¿por qué cxxo te casas por la iglesia? De hecho, Mireia fue la primera en decirme que eso es perpetuar una instituación en la que no crees y que además es altamente perjudicial para la independencia de la mujer, y lo tengo muy presente.
Pero casarse es cosa de dos, como todo en pareja, y en ocasiones cede una parte y en ocasiones cede la otra, y en otras ceden ambos para llegar a un punto intermedio. Sobre la boda, él no contemplaba otra alternativa que por la Iglesia (supongo que porque asociaba casarse por lo civil a hacerlo en un despacho gris del ayuntamiento o del registro civil, y en eso tiene razón, a mí tampoco me hace gracia, pero ¿y en el jardín del restaurante, al aire libre? eso ya es otra cosa…), y tengo que admitir que a mí toda la parafernalia del asunto me hace gracia, así que ¿por qué no? La verdad es que me lo estoy tomando con mucho humor, no consigo disociarlo de la preparación de un carnaval o una gran fiesta, y me lo estoy pasando bomba.
Pero las consecuencias que tendrá esto para los que viven del negocio de la fé me preocupan. Consolarme pensando que un grano no hace granero no oculta la profunda incoherencia de lo que voy a hacer, partiendo ya de la base de lo asimétrico de los planteamientos de ambas partes: para el cura que me casa, es una muestra de mi fe que le permitirá engordar el censo de cristianos católicos del que pervive la idea de que la religión católica es la más numerosa en España; para mí, es una especie de carnaval, una fiesta con una parafernalia curiosa, y también un convencionalismo social y una forma de darle una alegría a mi madre, que se emocionó al verme vestida de blanco por primera vez.
Me cabrea que se aprovechen de mí para obtener beneficios, que presupongan por qué hago algo (vale, sí, ya lo sé, no es excusa), así que estoy planteándome dejar claro que NO comulgo con la Iglesia católica y sus postulados reaccionarios, apostatando. Pero, eso sí, después de la boda, para poder darles el capricho a mi novio, a mi familia y a la suya. ¿Incoherente? En parte sí, para ser coherente conmigo misma no debería prestarme a ese juego y directamente decir que NO, que no me caso por la Iglesia porque me parece una institución retrógrada que discrimina y humilla a la mujer (y ya veremos cuando nos toque pasar por el cursillo prematrimonial…). Pero como dije más arriba, la pareja es cosa de dos, y en ocasiones toca que ceder, y ser razonablemente coherente. A ver cómo me las apaño para cuadrar ambas cosas.
En esta entrada hablo de: boda, convivencia, dudas, feminismo, mi madre, mujer, Sociedad
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
Página 1 de 11
|
|