Es curioso cómo la mente humana, con el tiempo, selecciona los recuerdos de aquéllo que hemos vivido y les da forma en función de vete a saber qué criterios. ¿No te ha pasado nunca eso de echar la vista atrás, recordar algún momento especial de tu vida, y llegar a la conclusión de que cuando lo viviste no lo sentiste de la misma forma en que ahora lo recuerdas?
Hace casi tres años, cuando mi ex me dejó, tenía una idea determinada de cómo habían sido nuestros casi 8 años de relación y cómo había sido la ruptura; tiempo después, cuando me enteré de todo lo que había ocurrido con la tarada de su novia y todas las movidas que tuvimos, empecé a ver mi pasada relación con él bajo un prisma muy diferente, y cambió la perspectiva sobre la manera en que me había dejado y cómo habíamos quedado desde entonces (empezar a descubrir mentiras y más mentiras hacen que te plantees muchas cosas de tu vida, y que te surjan dudas inevitablemente). Hoy, en cambio, veo todo aquéllo de una forma muy diferente, no solo por todas las cosas de las que me he ido enterando con posterioridad, sino también por el hecho de poder pensar fríamente en lo que ocurrió, y poderlo mirar de forma desapasionada siempre aporta nuevos puntos de vista que en caliente una es incapaz de abordar.
Por no hablar de la “memoria selectiva”, es decir, quedarte con una parte de lo que realmente pasó y olvidar el resto, que pueden ser incluso detalles importantes pero que por algún motivo tu mente bloquea. A veces Ifo me pregunta por cosas de mi anterior relación, que yo misma le conté en su momento, y que ahora ya no recuerdo. A veces incluso se me queda cara de tonta, preguntándole
¿En serio te conté yo eso? pues la verdad es que no me acuerdo…
Queda fatal, no me extrañaría que el pobre mío pensara que o bien le mentí cuando se lo conté, o bien le estoy mintiendo ahora cuando me pregunta, pero lo cierto es que hay cosas que he olvidado completamente. Sobre todo las que se refieren a los malos momentos. Si hago un esfuerzo, puedo revivir el rechazo y la soledad, incluso cuando estábamos juntos y se suponía que todo iba bien… pero si no me paro a pensar en profundidad, la sensación que me ha quedado y el recuerdo que más persiste de la relación que tuve con mi anterior novio, es la de un aburrimiento tremendo.
Sin embargo, según tenga mi estado de ánimo, puede pasar que todas las ideas que tenía tan claras se desmoronen y empiece a pensar en explicaciones “alternativas”. Claro que ayudaría que mi ex me hubiera dado una explicación clara de por qué me dejó, pero como es tan mierda que es incapaz de hablar claro (y no solo por su dificultad para vocalizar, que debería haber sido estudiada por algún logopeda hace mucho tiempo), pues es lógico que ante el desconocimiento de los motivos auténticos y la gran cantidad de tópicos que me tocó aguantar, mis especulaciones se disparen.
Y hace unos días tuve un bajón monumental, provocado probablemente por el síndrome premenstrual más las dudas y los nervios pre-boda habituales, más un bajoncillo momentáneo… agítese bien, y tienes un cóctel corrosivo. Me dio por pensar que mi ex me había dejado por borde, porque ya no me aguantaba más, y que antes o después con Ifo me pasaría lo mismo pero peor, porque la situación sería mucho más grave si hablamos de un divorcio, y más con hijos de por medio, y también porque Ifo es el hombre de mi vida (y en cambio con mi ex me aburría como una seta, solo que eso no se me ocurrió pensarlo en ese momento de bajón).
Así que en pleno bajón estaba yo, llorando como una Magdalena, con la autoestima en paradero desconocido y muerta de miedo porque Ifo me dejara dentro de unos años, aburrido de mí y de mis tonterías. Suerte que este tipo de bajones duran poco, pero mientras duran es horroroso.
Ifo me ha confesado que él también tiene dudas, pero ¿y quien no las tiene, antes de dar un paso tan importante en nuestras vidas?
Lo que sí tenemos muy claro los dos es que nos hace una ilusión tremenda dar este paso juntos, los dos estamos deseando ponernos el uno al otro el anillo en el dedo ante el altar y decirnos el Sí, Quiero. De hecho, cada uno ha escrito sus votos personalmente y los leeremos el día de la boda. ¡Me muero de ganas!
Queridas lectoras, os propongo una apuesta cuyo resultado sabremos exactamente el día 28 de junio. ¿Vendrá mi amiga Zorri a mi boda?
Ella dice que sí.
Yo digo que no me lo creo.
Ella me promete que vendrá.
Yo le digo que no me falle, que ese día es muy importante para mí.
Ella jura y perjura que vendrá. Que a la despedida de soltera no vendrá, por temas de dinero (para variar), pero que a la boda seguro que viene.
Yo no se lo digo, pero estoy viendo el futuro que nos espera:
La llamaré una semana antes de la boda, para recordarle la fecha y asegurarme de que vendrá.
Ella volverá a repetir por activa y por pasiva que vendrá.
El día de la boda, no se presentará. No llamará para dar una mínima explicación.
En el restaurante, tendré una mesa con dos sillas vacías.
En mi cuenta bancaria, tendré 300 euros menos, que no me sobran precisamente.
En mi casa, tendré una bronca monumental con mi madre por culpa de la impresentable de mi amiga.
No sabré de ella durante semanas, hasta que sea _YO_ quien se decida a llamarla.
Me pondrá alguna excusa estúpida que no quiero oír y mucho menos estoy dispuesta a creer.
En la factura telefónica, tendré una llamada de casi una hora, total, para escuchar soplapolleces que no me interesan.
Y, finalmente, tendré una amiga menos.
La historia tiene que ser _exactamente_ tal como la cuento para que gane la apuesta. Es decir, para que _yo_ gane la apuesta, no me conformo solo con que mi “amiga” no se presente sin dar explicaciones, sino que toda la historia tiene que ser exactamente así. Triple o nada. Si me equivoco, aunque sea en un punto de lo expuesto, tú ganas.
¿Qué me dices? ¿Vendrá o no vendrá? ¿Avisará de que no vendrá, o se comportará como la impresentable que es? ¿Me tendrá una hora al teléfono para explicarle una gilipollez como la catedral de Burgos, o tendrá una excusa mínimamente creíble? ¿La mandaré definitivamente a la mierda y no nos volveremos a ver más? ¿Qué nos apostamos?
Ya es duro estar completamente segura de que tu mejor amiga (sí, yo también me pregunto por qué) desde hace más de 12 años te dejará colgada y no se presentará el día de tu boda, te hará pagar su cubierto y el del Yerno Perfecto por no tener la decencia de decirte que no vendrá, y que encima no llamará tampoco después a menos que tú la llames, y solo entonces se dignará a inventarse alguna excusa chusca. Pero más duro es mantener viva la ilusión hasta el último momento, cruzar los dedos y soñar con que quizá no sea tan zorra como para dejarte colgada ese día, porque ella sabe perfectamente lo importante que es para tí. Pero, ¿sabe que nunca le perdonarías que te fallara ese día? No lo sé, creo que su confianza en mis tragaderas es ilimitada. No creo que tenga en cuenta que estoy hasta las narices y que esta sí que no se la voy a tolerar, ya sería demasiado.
La verdad es que no sé cómo la he aguantado hasta hoy. Desde hace un par de años (concretamente desde que empezó a salir con el Yerno Perfecto) nunca ha estado cuando la he necesitado, y ella tampoco ha dejado que yo estuviera cuando me ha necesitado a mí, a pesar de haberme ofrecido incondicionalmente; he perdido la cuenta de las veces que me ha dejado colgada sin una explicación, sin una llamada posterior (ni mucho menos previa) y con una excusa ridícula cuando la llamo yo. Así que esta es la última oportunidad que le doy a la que ha sido mi amiga de adolescencia y (quiero creer) primeros años de la edad adulta.
Sí, esta es la última oportunidad que le doy. ¿Y tú, qué opinas? ¿Fallará Zorri el día de mi boda, o se presentará como una buena amiga? Puedes votar por la opción que quieras aquí. La que más se aproxime, gana. Mi apuesta, ya sabéis cual es. ¿Y la vuestra?
Ya tengo los zapatos que llevaré el día de mi boda. Ifo me ha llevado a Barcelona esta mañana a comprarlos en El Tocador de la Novia, una tienda encantadora que hay en Barcelona en la calle Roger de Lluria nº 161, y está especializada en zapatos, tocados y ropa interior de novia.
El personal es un cielo, unos profesionales con muchos años de experiencia, que saben cómo tratar a las futuras novias y aconsejar, y eso se nota y se agradece. Te dan una tranquilidad absoluta, si les llevas una foto del vestido de novia, saben aconsejarte sobre lo que mejor le va, colores, texturas, estilo… Y al mismo tiempo, que se adapte a tu personalidad y que te veas cómoda.
Yo lo tuve claro prácticamente desde el primer momento. A pesar de que en un primer momento había pensado en unas sandalias, el chico que me atendió me dijo que me lo quitara de la cabeza, que mi vestido es muy clásico y no le van nada unas sandalias, porque solo se me verá la puntita y no quedaría nada bien unos dedos desnudos saliendo por debajo de la falda. Tenía toda la razón, así que me decidí por unos descubiertos en el talón y cerrados por delante.
Olisqueé por toda la tienda, tienen más de 100 modelos en exposición y me probé varios, unos sugeridos por el propio vendedor y otros elegidos por mí. Tengo un ojo clínico que es demasiado: al final me quedé los primeros que me elegí. Probé con unos de punta afilada y tacón bajo, pero no me acabaron de convencer, la punta me parecía excesivamente agresiva, así que me quedé con unos con puntita redondeada y, en mi opinión, mucho más monos.
He colgado varias fotos en mi flickr, y a continuación si pincháis en SEGUIR LEYENDO podréis ver cuatro fotos más en grande. No las ha puesto directamente aquí porque Ifo no quiere ver los zapatos, de hecho no quiere ver nada de mi vestuario. Ha pillado por error el liguero que me han regalado en El Tocador de la Novia, y ya me ha dicho que lo tengo que cambiar por otro. Suerte que me lo está haciendo mi abuela a mano con todo su cariño (del gusto, ya os contaré). Y me ha advertido que, si pilla algo más, me lo hará cambiar, porque quiere que absolutamente todo sea a la vez un misterio y una sorpresa para él ese día.
Por cierto, como tenía que llevar la foto del vestido a la tienda, la llevaba guardada en la mochila. Y como esta tarde hemos quedado con mis padres, les he enseñado los zapatos, y la foto del vestido a mi cuñada, la hermana de Ifo, que aún no lo había visto. Mi padre ha pillado la foto y ha visto el vestido también. Diga lo que diga, se moría de la curiosidad, porque para que él haga eso, le tenía que estar picando el gusanillo desde hace tiempo. Mi madre se ha quedado la foto, me imagino que para enseñársela a sus compañeras de trabajo: está deseando presumir. Me decía incluso que el día de la prueba con el vestido (la tengo el día 28 de marzo, en tres semanitas) se iba a llevar la cámara para hacer fotos. Me habían dicho que eso da mala suerte, y se ha quedado un poco desilusionada. Lo que yo te diga, está deseando presumir.
La parte decepcionante de la historia ha sido cuando me he dado cuenta de que mi suegra, a 16 semanas para la boda, aún no le ha dicho nada a nadie de su familia, ni siquiera los más cercanos lo sabían, y eso que viven en el mismo edificio. Ella dice que no le ha dicho nada a nadie todavía por el tema de la operación (por cierto, le darán el alta el lunes o el martes y todo ha ido bien), pero lo cierto es que que había posibilidad de que la operaran lo sabíamos desde finales diciembre, y que nos casamos lo saben desde hace bastante más tiempo (de hecho, a mediados de noviembre vino con mi madre, mi abuela y mi cuñi a probarme vestidos de novia, y a finales de octubre ya sabían que habíamos dado la paga y señal en el restaurante), así que como excusa no me cuadra demasiado. Más bien me da la sensación de que hasta ahora no tenían del todo claro que la boda fuese a tirar para adelante, esperaban que nos arrepintiéramos en cualquier momento y lo anuláramos todo, y por eso no le han dicho nada aún a la familia. Me dolería mucho que fuese así, aunque solo es un pálpito personal y, claro, no lo puedo demostrar. Llamadme desconfiada si queréis.
Al final la familia más directa de Ifo se ha enterado esta tarde y todavía lo están flipando, claro, porque no tenían ni la más remota idea. La situación ha sido un poco violenta, porque digamos que se han enterado un poco forzados por las circunstancias (yo allí, enseñándole a mi madre, abuela y cuñada, los zapatos de la boda y el vestido, y la mitad de los presentes no sabían nada de boda, así que os podéis imaginar el cuadro). A principios del mes que viene tendremos ya las invitaciones, así que mi suegra tampoco podía esperar mucho más a decirlo, pero vamos, ella se lo gestiona como le da la gana.
Aún falta el traje y los zapatos de Ifo, que todavía no ha empezado a mirar nada aunque dice que lo tiene bastante claro. Seguramente la semana que viene vaya a mirar algo. Y el viaje de novios lo terminaremos de rematar este lunes. Se nos echa el tiempo encima, pero vamos cerrando cositas. Os sigo contando. Si queréis ver las fotos de los zapatos, clickad en SEGUIR LEYENDO.
El desayuno de este sábado con mi ex ha sido terrible. Emocionalmente corrosivo, pero necesario. Cierto que para que él explote de esta manera tiene que estar realmente hecho polvo. De hecho, nunca le había visto así, tan hundido…
Intenta contener sus emociones, explicar de forma racional cómo se siente. Me quedo con la idea de que se ha dado cuenta de que se ha comportado como un auténtico capullo, ha ido a la suya sin darse cuenta del daño que hacía a los demás (principalmente, a mí), y ahora que se ha dado cuenta está dolido consigo mismo, arrepentido y con ganas de corregir todos los errores que ha cometido en el pasado. Está hecho polvo, pero es un gesto que le honra.
Por supuesto, además de hablar, de dar rienda suelta a sus sentimientos y a sus emociones, además de desahogarse, también buscaba la absolución. Que le perdone, claro. Es sincero, está arrepentido y quiere arreglarlo. Me inspira mucha ternura y le perdono. No quiero que sufra. Claro que tampoco quiero sufrir yo. Supongo que esto es lo más parecido al síndrome de Estocolmo que sentiré nunca (con suerte….
En un momento de la conversación, no puedo reprimir las lágrimas. Intento secarme los ojos como puedo sin emborronarme la cara de rímel. A él le hace gracia el gesto, me mira divertido, sonríe y me dice bajito: “Estás muy guapa“. Su sonrisa, su voz, todavía me desarman.
Cuando nos despedimos, con un abrazo, un beso de más en la mejilla que se le escapa con ternura y la promesa de llamarme él esta semana (”el lunes o el martes“, en un tono que no sé si es para tranquilizarme a mí o para tranquilizarse él), ya tengo el corazón en los zapatos.
Me voy a casa y sólo tengo ganas de darme un baño caliente y llorar hasta cansarme. Pero mientras me preparo el baño, me descalzo, meto los calcetines en los zapatos, dejo los zapatos en la habitación para que no se estropeen por la humedad, limpio la bañera de pelos que ha dejado mi padre, caliento el agua, busco el champú baño de espuma con olor a frutas del bosque que escondí en el rincón más profundo del armario de baño antes de irme (no pongáis esa cara, que no conocéis a mi madre)… Vamos, que para cuando pongo el culo en remojo, ya se me han pasado las ganas de llorar.
Se me pasa rápido el disgusto, que ni siquiera es disgusto sino una sensación de bajón en el cuerpo y en el alma. Últimamente, todo se me pasa rápido. Supongo que cuando una tiene la sensación de haberse cargado su vida a base de tonterías grandes y pequeñas, los disgustos no tienen más remedio que pasar rápido.
Perdonadme, hoy estoy algo depre. Pero se me pasará enseguida.
[Nota: Esto lo escribí el sábado por la tarde, después del famoso desayuno ¡y del baño! Dos días después, estoy mucho mejor de ánimo y compruebo que el síndrome premenstrual tenía mucho que ver en esa sensación de bajón... Y también que casi darme de morros con un tío cañón en el tren de camino al trabajo, mientras en el mp3 suena "vamos juntos hasta Italia, quiero comprarme un jersey a rayas, pasaremos de la mafia, nos bañaremos en la playa" hace que se te pase el bajón del lunes de golpe... No me miréis así: todos hemos tenido una época hortera, ¿o es que vosotr@s no?]
Sabemos de antemano que el canalla nos hará sufrir; y también sabemos que es mucho más probable que el chico bueno nos trate como una reina (a no ser que sea un soso redomado, pero estos merecen una categoría aparte). Pero aún sabiéndolo, nos lanzamos de cabeza a una relación que nos dará un disgusto tras otro. ¿Porqué? En el fondo, aunque nos cueste admitirlo, porque tenemos la intención de domesticar al animal salvaje, porque creemos que el golfo cambiará por nosotras. Tremendo error. Empezar una relación con un canalla con esta intención es ir directa al sufrimiento. Y encima, en cuanto el golfo se dé cuenta de nuestras intenciones (porque es golfo, pero no tonto) , desaparecerá y no le volveremos a ver el pelo. Apagado o fuera de cobertura permanentemente.
Pero esto no es un manual de uso para canallas, porque el manual que traen de serie sólo contiene un par de instrucciones: “Sólo para uso recreativo. Evita implicarte sentimentalmente.” En definitiva: hay chicos para divertirse y chicos para casarse. Y el canalla es un chico para divertirse, porque es la vida que él mismo ha elegido llevar.
Ahora bien, existe una nueva especie, un híbrido entre los buenos chicos y los canallas, con la que hay que tener cuidado. Me refiero a esa especie compuesta por chicos-buenos-jodidos por alguna bruja, que deciden convertirse en canallas. Esta especie es venenosa, hay que tener mucho cuidado con ellos porque son como medusas: si te tocan, inoculan su veneno y escuece horrores. ¿Porqué? Porque quieren ser canallas y no saben cómo, porque ser canalla es un arte. Para esos chicos que quieren ser canallas y no saben cómo está pensada esta guía.
Para empezar, el canalla no se implica NUNCA sentimentalmente. Como decía aquélla canción de Sabina, “me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón“. En cambio, al chico bueno que quiere ser un canalla le cuesta mucho no implicarse sentimentalmente cuando la chica le gusta. No quiere hacerlo porque teme sufrir, pero no puede evitar empezar a sentir cariño por esa chica que comparte con él momentos especiales.
Para el canalla, una mujer es, simplemente, su oscuro objeto de deseo; para el aspirante a canalla es una compañera, ocasional (es cierto), pero compañera al fin y al cabo, aunque sólo sea compañera de juegos eróticos. Y cuando el aspirante a canalla se da cuenta de que está empezando a sentir “algo más” que simple morbo, se asusta, teme volver a sufrir y recula. En ocasiones incluso desaparece definitivamente con explicaciones sacadas del Manual Para Solteros que no te dicen nada y te dejan más desconcertada que antes. Y lo que es peor: pasados unos días ni siquiera se acordará de las explicaciones que te dio y te preguntará ofendidísimo que “qué te has creído”. Una especie peculiar.
Un canalla nunca te mentirá, nunca te hará falsas promesas para engatusarte, nunca te dará motivos para que te hagas ilusiones. Si empiezas a soñarte vestida de blanco y con un canalla frente al altar (háztelo mirar), es sólo porque tú solita te has montado una película de amor, no porque él te haya dado motivos. Y si te montas películas de amor con un canalla de protagonista, es porque aspiras a CAMBIARLE, en el fondo crees que se reformará por tí. Momento de despertar, amiga, porque lo llevas crudo: vas de cabeza al matadero sentimental. Si quieres evitarlo a tiempo, desengánchate rápido, porque cuanto más tardes en hacerte a la idea de que un canalla es, por definición, incorregible, más profunda será la desilusión. Se han dado casos de chicas que, tras un desengaño así, se refugian en el archifamoso “todos los hombres son iguales” y no lo superan nunca.
En cambio, el aspirante a canalla o bien miente con frecuencia para conseguir lo que quiere (cree que los canallas se comportan así), o bien no tiene ni puta idea de lo que quiere, está hecho un lío y te acaba liando a tí. Un ejemplo: un canalla auténtico nunca se le pasaría por la cabeza una locura como “a mí me gusta levantarme cada mañana junto a la misma mujer“, y si alguna vez se le ocurre semejante tontería, jamás de los jamases se lo confesaría a su actual compañera de cama, no vaya a hacerse ilusiones y quiera echarle el lazo (¡¡horror de los horrores!!). En cambio, un aspirante a canalla sí puede decirte tal cosa y quedarse tan ancho, porque lo siente de verdad; lo que no significa necesariamente que seas TÚ esa mujer junto a la que aspira a levantarse cada mañana… Pero él te lo suelta y ahí queda. Y tú lo entiendes como te da la gana o como buenamente puedes. Lo mismo puede significar que eres la mujer de su vida como que eres un zorrón desorejado, pero en ese preciso momento ni tú estás para pedir explicaciones, ni él para darlas. En definitiva: el aspirante a canalla es capaz de prometerte la luna para acostarse contigo y cuando el compromiso le supere o sus sentimientos le desborden, no recordará nada de lo prometido. Un canalla únicamente te prometerá noches de placer inolvidables, porque es realmente lo único que está dispuesto a dar.
Un canalla sólo apelará a placeres físicos. El aspirante a canalla no maneja bien los sentimientos, ni propios ni ajenos, y termina rompiendo corazones a pesar de que no pretende hacerlo. Un canalla te pedirá que seas su amante. Un aspirante a canalla te hará creer que podría casarse contigo. Un canalla te dirá cosas como “tu cuerpo es droga dura“, “estar contigo es jugar con fuego, pero estoy dispuesto a quemarme“, “quiero disfrutar de tí” y derivados (encima tienen labia, los jodíos…. Un aspirante a canalla te dirá cosas como “no puedo mirarte a los ojos, porque me ponen tontorrón” o “cuando estoy contigo siento placer, y cuando me voy y lo recuerdo me siento FELIZ“, o rizando el rizo:
ÉL: - Lo he hablado a un amigo* y le he dicho que eres a, b, c, d (lista de piropos) -y también e, pero eso no se lo he dicho-. ¿Qué más puedo pedir?
TÚ: - Que te quiera…
ÉL: - Eso es pedir demasiado…
* Nota a pie de página: un canalla nunca le hablará DE TÍ a sus amigos. Como mucho, les contará el pivón que se ligó el otro día, que no es lo mismo.
Cuando un canalla quiere dejarte, te lo dice a la cara y abiertamente. “Te estás poniendo pesada“, “No estoy preparado para el compromiso” o frases similares suelen dejar bien clarito qué es lo que ocurre entre los dos. Cuando un aspirante a canalla quiere dejarte, no suele dejarte las cosas claras: “No es por tí, es por mí” suele ser una de sus frases más socorridas, lo que es tanto como no decir nada. Otra muy típica “Quizá más adelante, ahora no estoy preparado“. Una muy peculiar es “Las prisas, para los ladrones y los malos toreros“, que te hace pensar “vale, bien, todo esto está iendo demasiado rápido, bajemos el ritmo entonces.” Pero noooo. No hay que bajar el ritmo: él se ha encargado de pisar el freno, y tú sin enterarte. Pero de todas mi preferida es “Eres perfecta, no te encuentro ningún defecto, y eso me asusta.” El aspirante a canalla, pasados unos días, no se acordará, claro, de haber dicho tal cosa, y encima se enfadará y te dirá que él nunca dijo eso: eres tú, que eres una creída. Como os decía, son una especie peculiar. También se han dado casos de aspirantes a canallas que, una vez todo ha terminado, te sueltan algo así como “¿pero es que habíamos empezado algo?” y claro, todo lo que te había dicho días antes, todo eso de “tú eres especial“, “contigo es diferente” ¡¡¡¡”me da miedo enarmorarme de tí“!!!!, todo eso… ¿qué? Nadie lo sabe. No lo sabe ni él.
Con el canalla siempre tendrás claro lo que hay: una relación puramente física, sin compromisos por ninguna de las dos partes. Con el aspirante a canalla nunca sabes qué va a ocurrir, porque lo mismo va que viene.
En fin, resumiendo:
Un canalla nunca te engañará, siempre te dejará claro qué es lo que quiere de tí.
Un aspirante a canalla no tiene claro ni él qué es lo que quiere
Un canalla nunca se implicará sentimentalmente: quiere sexo, y punto
Un aspirante a canalla evitará implicarse sentimentalmente, pero no siempre puede evitarlo. Cuando le ocurra, se apartará con excusas tontas.
Con un canalla siempre sabrás porqué te deja (habitualmente: porque te estás poniendo muy pesada)
Con un aspirante a canalla nunca sabrás si lo habéis dejado, ni porqué. Y en ocasiones, ni siquiera si había algo que dejar…
Un canalla será siempre sincero aunque te duela
Un aspirante a canalla te mentirá para no hacerte daño, y acabará haciéndote daño dos veces (como mínimo).
La conclusión, triste pero objetiva, es que habitualmente cuando un chico bueno pretende convertirse en un canalla, no suele conseguirlo; más bien suele convertirse en UN CABRÓN.
P.D.: Supongo que te referías a esto cuando me dijiste que “menos politiqueo y más psicoanálisis“, ¿no, querido?
Hay días en los que toca pararse y recapitular, revisar el historial de lo que ha ocurrido durante los últimos x meses, y hacer balance. Hoy es día de inventario para Pimkie.
Veamos:
Noviembre del 2005: Joan me deja. Lo acepto de mala gana. Pienso que las cosas ya no estaban bien, y que mejor dejarlo ahora, tomarnos un descanso, y volver después con nuevas energías, que ir directos al divorcio 5 años más tarde. Por supuesto, ni por un momento se me pasa por la cabeza que esto pueda significar una ruptura definitiva.
Febrero del 2006, día de los enamorados: Joan y Pimkie se acuestan juntos por última vez. A la mañana siguiente, Joan no quiere ni cogerle la mano a Pimkie de camino al parking.
Marzo del 2006: Joan le dice a Pimkie las dos palabras que más daño le han hecho hasta ahora: “Búscate la vida“. Joan dice que superar la ruptura (curioso, cuando fue él quien me dejó… si seguimos viviendo juntos. Pimkie tiene que buscarse otro sitio al que irse a vivir. ¿La casa de mis padres? Ni por un momento contemplo esa posibilidad: fracasada, tal vez, pero humillada ¡nunca! (eso creía, ingenua de mí…
Abril del 2006: Joan y la tarada ya salen juntos en secreto (como amigos, me dijo después)
Abril del 2006: Pimkie se va a vivir a Terrassa. Aún no sabía nada de la relación de Joan y la tarada, aunque ahora, visto con perspectiva, me planteo de quien fue la idea de que para que Joan “pudiera superar la ruptura”, yo tenía que irme de casa…
Abril intenso del 2006: Pimkie conoce a un golfo que le hace olvidar a Joan.
Julio del 2006: Pol tal como entra en mi vida vuelve a salir. Mi corazón parece tener puertas giratorias.
Julio del 2006: La novia del golfo pilla un mensajito de cumpleaños y se pilla un rebote de mil pares. El golfo que ya es un poco menos golfo me llama en plena bronca con su novia para que confirme su versión de los hechos. Tiene tela. La que acaba saliendo peor parada, como siempre, Pimkie: la novia del golfo le obliga a borrar mi número, a borrar mis mensajes, a que no le llame, a que no me llame… Y él hace lo que le da la gana, como siempre, pero son unos meses bastante raros a partir de entonces.
Julio del 2006: la tarada entra en mi vida, haciéndose pasar por Joan, y me hace creer que Joan y yo podemos volver a estar juntos. Pone patas arriba todos mis sentimientos. La ilusión me dura sólo un día, porque al día siguiente confiesa el engaño. Joan me dice que son “sólo amigos”, que NO la considera su NOVIA, y que no me lo ha dicho antes porque no le daba importancia.
Agosto del 2006: Joan y yo nos vemos por última vez. Él me pide que no le llame, que ya me llamará él. Me pide tiempo para reflexionar, para asimilar “todo lo que se le ha venido encima“. Lo respeto y no le llamo en un mes.
Septiembre del 2006: Joan por fin da señales de vida: me manda un mensajito para saber cómo estoy. Hablamos durante un rato, y la conclusión a la que llegamos es que me volverá a llamar ÉL, la próxima vez para quedar. Quiere que sigamos siendo amigos.
Octubre del 2006: Lunes de explicaciones. Me quedo con la frase “Si hasta ahora no he arreglado nada -tema papeles- es porque tenía miedo de que, una vez arreglado, te perdiera. Me da miedo que no nos volvamos a ver.” ¿No es encantador?
Octubre del 2006: La tarada golpea de nuevo. Si el lunes tenía miedo de que no nos volvamos a ver, el jueves por la noche habla con la tarada y el viernes por la mañana ya ha perdido el miedo, no quiere volverme a ver y “tenemos que rehacer nuestra vida cada uno por su lado“. ¿No es encantador? Lleva 6 meses saliendo con la tarada y ahora descubre que si somos amigos no podemos rehacer nuestra vida cada uno por su lado. Un cielo de hombre.
¿Sabéis qué? Me he cansado de luchar por algo que no sé si vale la pena. Me he cansado de recibir un disgusto tras otro cuando creo que empiezo a levantar cabeza. Me he cansado de sufrir. Estoy taaaaaaannnnnn cansada…
¿Quieres recibir en tu e-mail cada día la última entrada de Diario Personal? Pues suscríbete aquí.
Te llegará un correo para confirmar. Revisa también la carpeta de "Spam" o "Correo no deseado", ya que si no confirmas, no podrás recibir Diario Personal en tu e-mail.
Cites la fuente poniendo un enlace, que no te cuesta nada. Si tú quieres que tus lectores reconozcan tu trabajo, yo también.
Que sea para uso no comercial. Si quieres ganar pasta utilizando mi trabajo, vamos a medias, ¿no te parece?
Y que lo compartas bajo la misma licencia ¡Qué menos! Si tú te beneficias de una licencia CC, que se beneficien también tus lectores de lo mismo, ¿no?
Que me pidas permiso antes de publicarlo. Quiero saber exactamente dónde van a aparecer publicados mis textos. No quiero sorpresas. El menoscaba o la restricción de los derechos morales deribados de mi autoría, no está amparado en esta licencia.