Recen para que llueva, saquen a la Virgen de su pueblo de procesión o bailen la danza de la lluvia (yo ya lo dejo a la elección de cada cual), pero me vendrían muy bien unos cuantos litros por metro cuadrado. ¿Porqué? Porque se me han caído las estanterías del comedor. Antes de que piensen que me he vuelto rematadamente loca (¿qué cojxxxx tiene que ver la lluvia con las estanterías? os estaréis preguntando…), dejadme que me explique.
Para empezar, se me da fatal el bricolage, siempre he sido una patosa. Ya desde cría, la clase de plástica, con los odiosos trabajos manuales incluidos, era una tortura, y de mayor la cosa no ha mejorado. Y claro, como se me han caído las estanterías del comedor, y soy una patosa del bricolage, recurro a la solución de emergencia habitual para marujas patosas como yo: tirar del hombre que esté más a mano. En mi caso, hoy por hoy, las alternativas se reducen a padre o hermano. Así que tiré de padre, que (no es por nada) es bastante más apañado para estas cosas.
Ayer, mientras hablaba con mi madre, le dije que a ver cuándo vienen a visitarme, que me tiene que colgar las estanterías que se me han caído (!!!!) escuché una voz gutural, supuestamente la de mi padre, que gritaba al fondo: “¡¡dile que se busque un hombre!!“. Ojo que no dijo “que se busque un carpintero” para que me cuelgue las estanterías, sino un hombre, así, en general, cualquiera vale… mmmm… Papá, ¡eso sale mucho más caro!*
Bueno, ¿y qué tiene todo esto que ver con la lluvia? Os estaréis preguntando. Pues es que el gamberro de mi padre, en lugar de venir a colgarle las estanterías a su-niña-querida, resulta que los fines de semana, mira por donde, tiene cosas más interesantes que hacer. ¿Puede tolerarse esto? ¡Por supuesto que no! Pero me ha dicho con todo el morro que hasta que no empiece a hacer mal tiempo, pasa ampliamente de mí, de mis estanterías y de mi mismidad. Así que mientras pongo a unos a rezar y a otros a bailar la danza de la lluvia, yo estoy aprendiendo a echar maldiciones gitanas para que este finde caigan chuzos de punta, y venga a colgarme las estanterías de una puñetera vez, hombre-ya!
Ahora, que si hay algún otro voluntario que se preste, invito a merienda… Ahí lo dejo.
(*) A quienes vean un machismo recalcitrante en este post, les diré que si hubiera sido cualquier otra persona, independientemente de su sexo, probablemente le hubiera enviado a comprarse la colección completa de Bricomanía. Pero en mi caso, ya me dan por perdida definitivamente.
En esta entrada hablo de:
apartamento de soltera,
familia,
hermanos,
independencia,
ligues,
mi padre,
piso
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