| |
|
|
|
|
|
|
|
Pimkie, cabezota a más no poder, al final ayer pasó de todo.
Nada más llegar (ella) a la oficina, entré en su despacho y le solté a bocajarro que tenía que decirle una cosa importante: “Me he liado con Caramelito. Estamos saliendo. Tenía que decírtelo.”
Se le cambió la cara, se le iluminó el rostro y una enorme sonrisa se pintó en su boca: “¡¡No me digas!! ¡Me alegro un montón!“. Y no te imaginas lo tranquila que me deja oír eso. ¡Las dos dábamos saltos de alegría! Y es que después de un año totalmente down, ya me tocaba, ¿no?
Entre otras cosas, me dijo que le cuide mucho y no le agobie, que este chico realmente vale la pena y que sería para darme de hostias si le dejara escapar… No te preocupes, ¡que pienso hacerte caso!
Caramelitu meu, titimu!!
En esta entrada hablo de: amor, Ifoxe, ligues, trabajo
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Desde que es oficial que Caramelito y yo estamos saliendo, se ha desatado la locura entre los amigos: ¿Debo contárselo a mi jefa, o debo callarlo hasta que resulte evidente? Porque dejarlo con él queda totalmente descartado, y és algo que antes o después se acbará sabiendo. Así que analicemos la situación con calma:
Después de “la jefa” (la gerente de la empresa), yo soy la segunda de a bordo en la compañía. La Pequeña Jefa India en la empresa.
Caramelito está en el departamento de sistemas (de informática, vamos), y es el único en el departamento (además de mí misma, que soy como diox: estoy en todas partes), por lo que no creo que hayan suspicacias de favoritismo, como podría ser si (por ejemplo) fuera uno más del departamento de producción. Entonces sí podrían darse rivalidades, mirarían con lupa si a él le trato diferente o recibe un trato de favor, pero tal y como estamos organizados no le veo motivo a ese tipo de riñas, porque Caramelito no entra en abierta competencia con nadie.
La confianza que tengo con mi jefa es un factor muy importante. Es una bruja mandona e insoportable, pero sabe (más o menos) todo lo que ha ocurrido con mi difunto, lo cual ya es un precedente importante en cuanto a confianza. No creo que lo entendiera si esta vez no se lo cuento, más aún teniendo en cuenta que se trata de un compañero de trabajo y que puede afectar a todos los implicados.
Vale, es mi vida privada y puedo hacer con ella lo que quiera sin tener que dar explicaciones, sí, es cierto. Pero también una tiene que ser responsable con lo que hace en su vida privada, y tomar las medidas adecuadas para que no afecte al rendimiento laboral, ni propio ni ajeno. Quizá tenía que haberle hecho caso a Toxcatl cuando me dijo que “donde tengas la lenteja no metas la almeja” (más o menos… , pero no quiero hacerlo, Caramelito me gusta mucho y creo que esto tiene futuro, así que ahora toca asumir las consecuencias de nuestros actos.
CASO 1: No se lo digo. Creo que se lo diré, no me queda más remedio. Tarde o temprano se enterará, y si no es por mí será peor. Si se entera por otra persona me perderá totalmente la confianza, empezará a comerse la cabeza, a preguntarse porqué no se lo he dicho y blablabla… Y la tenemos liada.
CASO 2: Se lo digo. En cambio, si se lo digo, tal vez empiece a cuestionarse si el rendimiento de Caramelito es el adecuado, o si le protejo más de lo que debería… Lo que significa que también me habrá perdido la confianza.
En el primer caso, si no se lo digo y se entera, me perderá definitivamente toda la confianza. En el caso 2, si se lo digo, es sólo posible que me pierda parte de la confianza. Estamos jodidos haga lo que haga, pero el segundo caso minimiza el riesgo.
¿Vosotr@s qué pensáis?
¡Ah! Por cierto, se me olvidaba decir que él no es partidario de llevarlo en secreto, pero entiende mi situación y me apoyará haga lo que haga. Lo hemos hablado y hemos decidido que lo contaremos, pero lo haremos a mi manera, cuando yo considere que es el momento adecuado. Y por él tampoco quiero alargarlo demasiado.
En esta entrada hablo de: amor, Ifoxe, ligues, trabajo
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Pues sí, ya es oficial: Caramelito y yo estamos liados.
En la cena de la empresa ya hubo feeling, me las ingenié para que me llevara a casa (aunque él estaba dispuesto a ofrecerse, pero de eso me enteré después), nos despedimos en la puerta y los dos nos quedamos con ganas de más, pero yo había bebido algo más de la cuenta (para mí, la segunda copa ya es “más de la cuenta” y él prefirió esperar a que estuviera serena. ¿No es un encanto?
El sábado por la tarde, sin plan y espachurrada en el sofá sin ganas de nada más que de zapear, suena mi móvil: es un mensaje de Caramelito ¡invitándome a cenar! Calma, no te hagas ilusiones que tal vez no es lo que parece… pero… ¡¡¡uuuuyyyyy!!!
¿Qué me pongo? Estupenda pero informal, por si acaso.
Muchas risas, unas cuantas meteduras de pata y… ¿qué me ha dado este niño, que me tiene loquita? Me encanta cuando se ríe, me desarma. Me mira y tiemblo como una hoja.
Me dijo cosas que no me esperaba y que me hacen sentir la mujer más especial del planeta.
Aún no lo sabe nadie en la oficina (aunque Laura lo sabrá cuando lea esto, y espero que me guarde el secreto hasta que yo decida hacerlo público, porque es una situación delicada). Nadie ha comentado nada aún, nadie ha preguntado nada, aunque me temo que más de una y más de dos se lo vienen oliendo desde la cena.
Hoy es un día complicado para decir nada, porque arranca oficialmente el proyecto en el que él está asignado y no quiero que la jefa empiece a dudar de su capacidad o de mis motivos al contratarle (en primer lugar, porque él no se lo merece; y en segundo lugar, porque si la jefa empieza a dudar, a mí me hará la vida imposible). Pero es algo que no se puede ocultar durante mucho tiempo, y además niguno de los dos quiere hacerlo. Voy a tener que manejar la situación con mucho tacto. ¿Alguna idea?
Antes no creía en el destino;
ahora, tengo mis dudas…
Actualización: en la oficina ya lo saben casi todas. Mucho estaban tardando en preguntar… Me guardarán el secreto hasta que decida decírselo a la jefa, cosa que haré sin falta en unos días.
En esta entrada hablo de: amor, Ifoxe, ilusión, ligues, trabajo
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Es lo que pasa cuando le das la dirección de tu blog a una compañera de trabajo, y te dedicas a rajar en el blog de otro compañero de trabajo…
Laura, que sepas que la revelación de información confidencial
es motivo de despido. Y el que avisa…
Y sí, el modelito para la cena va a ser de auténtico zorrón, las pinturas serán las de guerra y las uñas afiladas… Y te vas a descojonar de la risa al verme entrar en el restaurante en plan “divina de la muerte”, porque tú sabes porqué…
¡Y lo que nos vamos a reír! Pero sssttttssss… Guárdame el secreto…
En esta entrada hablo de: amor, Ifoxe, ligues, trabajo
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Desde el lunes tengo un nuevo compañero de trabajo. Seguro que os acordaréis de la que se montó cuando os conté que estaba buscando una persona para cubrir el puesto de auxiliar de sistemas. Bueno, pues esa persona ya se ha incorporado a su puesto de trabajo (y no, no es la filósofa, lo siento).
Es una cosita muy linda: rubio, con los ojos verdes (¡qué fijación he cogido últimamente con los ojos verdes!), alto, guapo, inteligente, educado, simpático, con un punto tímido… Vamos, es un caramelito de niño. Sólo tiene una pega: ¡que voy a tener que ir maquillada al trabajo todos los días! Además, me parece que ahora se le llama acoso, ¿no?
En cualquier caso, ya se empiezan a notar las influencias de tener un bípedo del género masculino en la oficina, entre tanta feromona despendolada. Este no sabe donde se ha metido… ¡La competencia va a ser dura! Pero yo cuento con una ventaja con la que no cuentan el resto de mis compañeras: ¡que yo soy la jefa!
El viernes tenemos cena de empresa, y después de dos copas de vino las fotos pueden salir un poco borrosas… Pero si sale alguna medio aceptable, subo foto de grupo con el caramelito para el disfrute de la audiencia.
[Nota]: Dos personas me han dicho ya que tienen problemas para dejar comentarios en el blog. ¿Será que aún no os habéis pasado a blogger beta? No sé, pregunto… De todas formas, recordad que se pueden dejar comentarios sin necesidad de estar registrados, así que si tenéis problemas mandadme un mail 
En esta entrada hablo de: amor, Ifoxe, ilusión, ligues, trabajo
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Me preguntaste qué espero de tí y qué quiero de tí.
Y te contesté que no espero nada, ni de tí ni del mundo en general, porque siempre consigo lo que quiero sin esperar a que sea el otro quien dé el primer paso. No es por chulería, es que estoy acostumbrada a salir adelante yo solita, a currarme lo que quiero, a ponerme metas y luchar para alcanzarlas. No espero que nadie me regale nada, no espero que nadie haga nada por mí: cuando quiero algo, ya me preocuparé de enterarme de qué es lo que tengo que hacer para conseguirlo. Por eso no espero nada, ni de tí ni de nadie: porque si me quedo esperando a que suceda lo que deseo, por sí sólo, me pueden salir plumas mientras tanto…
Ahora bien, ¿qué es lo que quiero? No de tí, sino en general: ¿qué quiero yo, de la vida, del mundo, de tí, de mí, del futuro? Buena pregunta. Ayer no le encontraba respuesta (estaba más ocupada en mantenerte a ralla que en hacerme pajas mentales… , pero esta mañana, por una tontería, escuchando una de las canciones de la banda sonora de anoche que me quitó tres puntos (digas tú lo que digas), recordé qué es lo que quiero, lo que siempre he querido.
Hoy, sin que sirva de precedente, me voy a permitir copiar la letra de la canción Juntos, de Paloma San Basilio, porque eso es justamente lo que quiero. Lo peor de todo es que eso, desde que mi ex me dejó, lo he encontrado, ¡y dos veces! (¿qué posibilidades hay de que eso ocurra en un periodo tan corto de tiempo?) Y dos veces lo he perdido. La primera vez se lo llevó el Ministerio del Interior; y la segunda, se lo llevaron sus miedos, o ves a saber el qué. Wen me decía que he tenido mucha suerte en mi vida. No sé si se le puede llamar suerte a enamorarse de la persona que menos te conviene, y que se tenga que ir irremediablemente, o que no se atreva a enamorarse. Aunque, quizá, visto en perspectiva, sí pueda considerarse suerte, ya que lo único que podía esperar de hombres así es un viaje al sufrimiento sólo de ida…
En definitiva, yo lo que quiero es encontrar a alguien que me haga sentir así, con quien compartir momentos como estos:
Te quiero mucho,
aunque te suene a lo de siempre.
Más que un amigo,
eres un mago diferente.
Andar a saltos entre el tráfico
Leer a medias el periódico
Colarnos juntos en el autobús
Cantar hasta quedar afónicos.
Viviendo juntos
Juntos, un día entre dos,
parece mucho más que un día
Juntos, amor para dos,
amor en buena compañía.
Si tú eres así,
que suerte que ahora estés junto a a mi.
Juntos, café para dos,
fumando un cigarrillo a medias
Juntos, cualquier situación
de broma entre las cosas serias.
El mundo entre dos,
diciendo a los problemas adiós.
Figúrate,
dos locos sueltos en plena calle
La misma cama
y un bocadillo a media tarde
Hacer del lunes otro sábado
Cruzar en rojo los semáforos.
Viviendo juntos
Juntos, un día entre dos,
parece mucho más que un día
Juntos, amor para dos,
amor en buena compañía.
Si tú eres así,
que suerte que ahora estés junto a a mi.
Juntos, café para dos,
fumando un cigarrillo a medias
Juntos, cualquier situación
de broma entre las cosas serias.
El mundo entre dos,
diciendo a los problemas adiós.
Hacer del lunes otro sábado
Cruzar en rojo los semáforos.
Viviendo juntos
Juntos, un día entre dos,
parece mucho más que un día
Juntos, amor para dos,
amor en buena compañía
Si tú eres así,
que suerte que ahora estés junto a a mi.
Juntos, café para dos,
fumando un cigarrillo a medias
Juntos, cualquier situación
de broma entre las cosas serias.
El mundo entre dos,
diciendo a los problemas adiós.
Si es que en el fondo soy asquerosamente romántica…
En esta entrada hablo de: amor, dudas, idiotas, ligues, sexo
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Que a las mujeres nos tiran los canallas es un hecho tan incuestionable como difícil de entender (sobre todo para ellos). Tendemos a aburrirnos con facilidad del chico bueno, al que sólo recurrimos cuando la necesidad de estabilidad emocional y familiar es más fuerte que el morbo del canalla para seducirnos.
Sabemos de antemano que el canalla nos hará sufrir; y también sabemos que es mucho más probable que el chico bueno nos trate como una reina (a no ser que sea un soso redomado, pero estos merecen una categoría aparte). Pero aún sabiéndolo, nos lanzamos de cabeza a una relación que nos dará un disgusto tras otro. ¿Porqué? En el fondo, aunque nos cueste admitirlo, porque tenemos la intención de domesticar al animal salvaje, porque creemos que el golfo cambiará por nosotras. Tremendo error. Empezar una relación con un canalla con esta intención es ir directa al sufrimiento. Y encima, en cuanto el golfo se dé cuenta de nuestras intenciones (porque es golfo, pero no tonto) , desaparecerá y no le volveremos a ver el pelo. Apagado o fuera de cobertura permanentemente.
Pero esto no es un manual de uso para canallas, porque el manual que traen de serie sólo contiene un par de instrucciones: “Sólo para uso recreativo. Evita implicarte sentimentalmente.” En definitiva: hay chicos para divertirse y chicos para casarse. Y el canalla es un chico para divertirse, porque es la vida que él mismo ha elegido llevar.
Ahora bien, existe una nueva especie, un híbrido entre los buenos chicos y los canallas, con la que hay que tener cuidado. Me refiero a esa especie compuesta por chicos-buenos-jodidos por alguna bruja, que deciden convertirse en canallas. Esta especie es venenosa, hay que tener mucho cuidado con ellos porque son como medusas: si te tocan, inoculan su veneno y escuece horrores. ¿Porqué? Porque quieren ser canallas y no saben cómo, porque ser canalla es un arte. Para esos chicos que quieren ser canallas y no saben cómo está pensada esta guía.
Para empezar, el canalla no se implica NUNCA sentimentalmente. Como decía aquélla canción de Sabina, “me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón“. En cambio, al chico bueno que quiere ser un canalla le cuesta mucho no implicarse sentimentalmente cuando la chica le gusta. No quiere hacerlo porque teme sufrir, pero no puede evitar empezar a sentir cariño por esa chica que comparte con él momentos especiales.
Para el canalla, una mujer es, simplemente, su oscuro objeto de deseo; para el aspirante a canalla es una compañera, ocasional (es cierto), pero compañera al fin y al cabo, aunque sólo sea compañera de juegos eróticos. Y cuando el aspirante a canalla se da cuenta de que está empezando a sentir “algo más” que simple morbo, se asusta, teme volver a sufrir y recula. En ocasiones incluso desaparece definitivamente con explicaciones sacadas del Manual Para Solteros que no te dicen nada y te dejan más desconcertada que antes. Y lo que es peor: pasados unos días ni siquiera se acordará de las explicaciones que te dio y te preguntará ofendidísimo que “qué te has creído”. Una especie peculiar.
Un canalla nunca te mentirá, nunca te hará falsas promesas para engatusarte, nunca te dará motivos para que te hagas ilusiones. Si empiezas a soñarte vestida de blanco y con un canalla frente al altar (háztelo mirar), es sólo porque tú solita te has montado una película de amor, no porque él te haya dado motivos. Y si te montas películas de amor con un canalla de protagonista, es porque aspiras a CAMBIARLE, en el fondo crees que se reformará por tí. Momento de despertar, amiga, porque lo llevas crudo: vas de cabeza al matadero sentimental. Si quieres evitarlo a tiempo, desengánchate rápido, porque cuanto más tardes en hacerte a la idea de que un canalla es, por definición, incorregible, más profunda será la desilusión. Se han dado casos de chicas que, tras un desengaño así, se refugian en el archifamoso “todos los hombres son iguales” y no lo superan nunca.
En cambio, el aspirante a canalla o bien miente con frecuencia para conseguir lo que quiere (cree que los canallas se comportan así), o bien no tiene ni puta idea de lo que quiere, está hecho un lío y te acaba liando a tí. Un ejemplo: un canalla auténtico nunca se le pasaría por la cabeza una locura como “a mí me gusta levantarme cada mañana junto a la misma mujer“, y si alguna vez se le ocurre semejante tontería, jamás de los jamases se lo confesaría a su actual compañera de cama, no vaya a hacerse ilusiones y quiera echarle el lazo (¡¡horror de los horrores!!). En cambio, un aspirante a canalla sí puede decirte tal cosa y quedarse tan ancho, porque lo siente de verdad; lo que no significa necesariamente que seas TÚ esa mujer junto a la que aspira a levantarse cada mañana… Pero él te lo suelta y ahí queda. Y tú lo entiendes como te da la gana o como buenamente puedes. Lo mismo puede significar que eres la mujer de su vida como que eres un zorrón desorejado, pero en ese preciso momento ni tú estás para pedir explicaciones, ni él para darlas. En definitiva: el aspirante a canalla es capaz de prometerte la luna para acostarse contigo y cuando el compromiso le supere o sus sentimientos le desborden, no recordará nada de lo prometido. Un canalla únicamente te prometerá noches de placer inolvidables, porque es realmente lo único que está dispuesto a dar.
Un canalla sólo apelará a placeres físicos. El aspirante a canalla no maneja bien los sentimientos, ni propios ni ajenos, y termina rompiendo corazones a pesar de que no pretende hacerlo. Un canalla te pedirá que seas su amante. Un aspirante a canalla te hará creer que podría casarse contigo. Un canalla te dirá cosas como “tu cuerpo es droga dura“, “estar contigo es jugar con fuego, pero estoy dispuesto a quemarme“, “quiero disfrutar de tí” y derivados (encima tienen labia, los jodíos… . Un aspirante a canalla te dirá cosas como “no puedo mirarte a los ojos, porque me ponen tontorrón” o “cuando estoy contigo siento placer, y cuando me voy y lo recuerdo me siento FELIZ“, o rizando el rizo:
ÉL: - Lo he hablado a un amigo* y le he dicho que eres a, b, c, d (lista de piropos) -y también e, pero eso no se lo he dicho-. ¿Qué más puedo pedir?
TÚ: - Que te quiera…
ÉL: - Eso es pedir demasiado…
* Nota a pie de página: un canalla nunca le hablará DE TÍ a sus amigos. Como mucho, les contará el pivón que se ligó el otro día, que no es lo mismo.
Cuando un canalla quiere dejarte, te lo dice a la cara y abiertamente. “Te estás poniendo pesada“, “No estoy preparado para el compromiso” o frases similares suelen dejar bien clarito qué es lo que ocurre entre los dos. Cuando un aspirante a canalla quiere dejarte, no suele dejarte las cosas claras: “No es por tí, es por mí” suele ser una de sus frases más socorridas, lo que es tanto como no decir nada. Otra muy típica “Quizá más adelante, ahora no estoy preparado“. Una muy peculiar es “Las prisas, para los ladrones y los malos toreros“, que te hace pensar “vale, bien, todo esto está iendo demasiado rápido, bajemos el ritmo entonces.” Pero noooo. No hay que bajar el ritmo: él se ha encargado de pisar el freno, y tú sin enterarte. Pero de todas mi preferida es “Eres perfecta, no te encuentro ningún defecto, y eso me asusta.” El aspirante a canalla, pasados unos días, no se acordará, claro, de haber dicho tal cosa, y encima se enfadará y te dirá que él nunca dijo eso: eres tú, que eres una creída. Como os decía, son una especie peculiar. También se han dado casos de aspirantes a canallas que, una vez todo ha terminado, te sueltan algo así como “¿pero es que habíamos empezado algo?” y claro, todo lo que te había dicho días antes, todo eso de “tú eres especial“, “contigo es diferente” ¡¡¡¡”me da miedo enarmorarme de tí“!!!!, todo eso… ¿qué? Nadie lo sabe. No lo sabe ni él.
Con el canalla siempre tendrás claro lo que hay: una relación puramente física, sin compromisos por ninguna de las dos partes. Con el aspirante a canalla nunca sabes qué va a ocurrir, porque lo mismo va que viene.
En fin, resumiendo:
- Un canalla nunca te engañará, siempre te dejará claro qué es lo que quiere de tí.
- Un aspirante a canalla no tiene claro ni él qué es lo que quiere
- Un canalla nunca se implicará sentimentalmente: quiere sexo, y punto
- Un aspirante a canalla evitará implicarse sentimentalmente, pero no siempre puede evitarlo. Cuando le ocurra, se apartará con excusas tontas.
- Con un canalla siempre sabrás porqué te deja (habitualmente: porque te estás poniendo muy pesada)
- Con un aspirante a canalla nunca sabrás si lo habéis dejado, ni porqué. Y en ocasiones, ni siquiera si había algo que dejar…
- Un canalla será siempre sincero aunque te duela
- Un aspirante a canalla te mentirá para no hacerte daño, y acabará haciéndote daño dos veces (como mínimo).
La conclusión, triste pero objetiva, es que habitualmente cuando un chico bueno pretende convertirse en un canalla, no suele conseguirlo; más bien suele convertirse en UN CABRÓN.
P.D.: Supongo que te referías a esto cuando me dijiste que “menos politiqueo y más psicoanálisis“, ¿no, querido?
En esta entrada hablo de: amor, cobarde, decepción, golfo, idiotas, ilusión, ligues, mentiras, sexo, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Hubo un tiempo en el que me preocupaba no saber qué estaba haciendo con mi vida, no tener claro a dónde voy ni a donde quiero ir (que no tiene por qué coincidir).
Hoy ya no me preocupa el destino de mis pasos, porque he aprendido que lo importante no es dónde llegamos, sino el camino que recorremos. ¡Y los que nos acompañan durante el viaje!
He descubierto que no tengo que perder el tiempo buscando a mi media naranja, porque no lo necesito: he descubierto que soy una naranja completa.
He decidido que prefiero que me odien por lo que soy
a que me amen por lo que no soy.
En esta entrada hablo de: amor, feminismo, independencia, ligues, mujer
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
Página 1 de 11
|
|