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Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que pertenece al señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
En esta entrada hablo de: amor, blogs, cabreo, celos, convivencia, familia, feminismo, idiotas, Ifoxe, independencia, luna de miel, matrimonio, mi madre, mujer, Sociedad
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Esta es mi moto, mi niña, mi pequeña. Esta tarde, al ir a buscarla, no estaba donde la había aparcado.

He buscado, desesperada, las pegatinas triangulares que deja la grúa pegadas en el suelo si se lleva algún vehículo, aunque estaba bien aparcada en la zona de motos de la estación de Sabadell Norte, pero no había ni rastro de ninguna pegatina ni nada parecido.
He llamado al 091, pero nadie cogía el teléfono. ¿No funciona en Catalunya? No tengo ni idea, pruebo suerte con el 092. Allí sí me atienden, les explico la situación y me pasan con el depósito municipal, por si acaso. Allí me dicen que en el ordenador no les consta, pero que me pase de todas formas, también por si acaso.
Nos acercamos primero a la comisaría de la Policía Nacional para denunciar el robo. Nos dicen:
Aquí no, tenéis que a la de los Mossos d’Esquadra.
Pues vale. Más de una hora y unos cuantos rifi-rafes con un mosso bastante borde después, salimos de can mossos con la denuncia en la mano, aunque sé que para lo que me va a servir… No obstante, el agente me ha hecho firmar un folio donde se me informa de mis derechos. Uno de esos derechos me resulta curioso. Dice así:
Tiene derecho a reclamar la restitución de la cosa, la reparación de los daños o la indemnización por los perjuicios que el delito le haya causado.
Lo que no dice es _a quien_ tengo derecho a reclamarle, claro. Pues mira qué bien.
Siguiente parada, depósito municipal de Sabadell, más que nada a ver si suena la flauta. Aquéllo es para echarse a llorar y no parar: motos apelotonadas, unas encima de otras, tiradas de cualquier manera, al aire libre en una especie de descampado, en un suelo de tierra ideal para hacer motocross. ¡Qué ironía! Pero ni rastro de mi moto allí tampoco.
Cunde el desamparo. La última opción es preguntar a la funcionaria del mostrador, en el interior de la comisaría de la urbana, a ver si hay suerte… Pero tampoco. Le pregunto a la funcionaria, aferrándome a un hilo de esperanza, si quizá la grúa se ha llevado mi moto y todavía no ha llegado al depósito… Pero no: solo hay una grúa municipal en Sabadell, y está estropeada. Cojonudo, gracias por la información: ahora ya sé que en los próximos días podré aparcar en los vados sin miramientos, ¡qué guay! Hay que joderse.
En fin, que me vuelvo a casa cabreada como una mona. Siento una profunda tristeza, porque no es solo una moto, es el símbolo de mi independencia personal, es lo que me permitía no depender de nadie para ir a donde me diera la gana cuando quisiera. La compré hace 10 años, al poco de cumplir los 18 y casi a escondidas porque mi madre no quería. Tuve que ahorrar mucho para pagar casi la mitad en efectivo, y el resto lo financié en La Caixa, fue mi primer crédito y sudé tinta el primer año para pagarla. Con ella iba cada día a trabajar, y después a la universidad. Volvía a casa a las 11 de la noche y salía a las 8 de la mañana. Me ha acompañado durante todo lo poco que llevo de vida adulta. Para una persona que no tiene carnet de conducir, mi moto era mucho más que una moto. Era mi niña, y ahora siento que me han arrancado una parte de mí. De hecho, me siento en carne viva, como si me hubieran arrancado la piel a tiras. Frustrada, impotente, con una rabia que me quema por dentro… y sin poder hacer nada. 
Me siento gilipollas, muy gilipollas. Porque llevaba un mes aparcada en Sabadell, y no la había ido a recoger por pereza, porque la tuve que dejar al no conseguir arrancarla. Llamé al RACC para que me enviaran una grúa, pero como me dijeron que tardaban una hora, eran casi las 4 de la tarde y hacía un calor horroroso, decidí irme a casa, dejarla allí y pasar a recogerla otro día. Este martes la íbamos a ir a recoger, a ver si había suerte y esta vez podía arrancarla, o en su defecto esperar a la grúa, pero nos olvidamos los cascos en casa, y como teníamos que volver igualmente al día siguiente, pues tampoco le dimos mayor importancia. Hoy hemos vuelto, dos días después, y ya no estaba. Y me estoy tirando de los pelos por lo gilipollas y lo descuidada que he sido, porque estaba cantado que algo así sucedería, así que me siento la persona más idiota sobre la faz de la tierra.
Tengo la sensación de que Ifo no entiende cómo me siento. Cuando he visto que no estaba aparcada donde la había dejado, se me ha escapado un grito, y él me ha dicho que tampoco era para ponerse así… Si alguna vez sientes este dolor lacerante, esta desesperación, esta impotencia, me lo cuentas, y entonces veremos si yo te digo que tampoco es para tanto y que no hace falta ponerse así. He intentado que se ponga en mi piel, pensando en cómo se sentiría él si le robaran el coche. Pero me ha contestado que él el coche lo usa a diario para ir a trabajar y que lo usamos los dos, lo que me ha parecido un golpe bajo: por el mismo precio me podría haber dicho que para mí mi moto no es más que un capricho y que tampoco es para tanto; me habría dolido igual. Cualquiera diría que él tiene un Opel Trigra que deseaba desde que iba al instituto, y que cuando le digo que para mí el coche solo es una máquina que me lleva y me trae, y que no hace falta que sea un modelo determinado, que con que no me deje tirada tengo bastante, se pilla unos cabreos de no te menees. Una vez le cayó una especie de líquido corrosivo en una esquina del alerón que le estropeó un poco la pintura, y por poco se echa a llorar. Y ahora que me han robado la moto, que no es que se haya hecho un rallajo, es que me la han robado, él no entiende cómo me siento.
Ha estado muy frío y distante durante toda la tarde, cuando más necesitaba que estuviera junto a mí, sentirle más cerca que nunca, y he sido yo la que no ha entendido ese comportamiento, cuando normalmente es tan cariñoso. Hemos acabado peleándonos, no entiende que yo ya no tengo ganas de hablar y que quiera estar sola y llorar. Llorar por la pérdida de mi moto, de mi independencia y por lo gilipolllas que me siento. Se ha enfadado y hace horas que no entra en mi habitación ni me dice nada.
Pienso que a estas horas, mi moto debe estar ya desguazada y alguien se debe estar forrando vendiéndola a piezas a los quinquis del barrio. Tiene narices la cosa, que cuando estaba nueva en mi barrio, que era de lo peorcito de Barcelona, ni se la miraran, y ahora que vivo en Pijolandia, me la roben cuando la pobrecita tiene 10 años y está para el arrastre. Sé que no va a ocurrir, pero si me encuentro al hijoputa que me ha robado la moto, lo desguazo yo a él. 
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O eso me temo, al menos. Y es que mi suegra, supongo que como todas las suegras, es una mujer bastante especial… Todas las suegras tienen lo suyo, y la mía es que habla como las cotorras, cuando se arranca no hay forma de hacerla callar y no deja meter baza en la conversación a nadie más, y además tiene una fijación con el dinero que me resulta insoportable, concretamente con cómo gastamos nuestro dinero, que me pone enferma. Estoy hasta las narices de que me haga una ruta turística completa por tres pueblos diferentes para hacer la compra, que si los huevos están más baratos en el D.I.A., la leche en el Consum, los yogures en el Mercadona y la fruta en el Lidl. Vale, sí, muy bien, pero ¿se te ha ocurrido pensar en la de kilómetros que tendría que recorrer, y la de horas que tendría que invertir, en hacer la compra cada semana en cuatro o cinco sitios diferentes? Por no hablar de que lo que me ahorraría al hacer la compra me lo dejaría, y con creces, en gasolina… Y todo esto, aderezado con un parloteo incansable. No hay quien le lleve la contraria, en serio, es agotador, imposible. Acabas dándole la razón, solo para que pare, para que lo deje ya. Porque encima es incansable: o le das la razón, o no para, es un dale que te pego constante que puede durar hoooooras.
La última movida que protagonizó mi suegra fue hace una semana. Ifo había quedado con los amigos para salir a cenar el sábado por la noche; yo no me encontraba bien y decidí quedarme en casa. Por lo visto, se había dejado las luces del coche encendidas y cuando quiso salir no tenía batería. ¿Mi solución? Llamar al RACC, que para algo pagamos la cuota de socios, que nos envíen un mecánico sin que tengamos que poner un duro extra (de eso se trata), que mire si realmente el motivo de que el coche no arranque está en que tiene la batería descargada y, si se trata de eso, que nos dé carga de batería con las pinzas. Lógico, ¿no? Pues no, porque según mi suegra, (versión abreviada) los mecánicos del RACC se dedican a secuestrar coches, llevarlos a talleres a escondidas, y después pedir rescate por ellos.
O, en la versión extendida: mi marido llamó a su padre para preguntarle si había alguna forma de arrancar un coche que no tuviera batería (me lo podía haber preguntado a mí: empujándolo), y su padre le dijo que sin pinzas no. A los 5 minutos me llama mi suegra: que a qué hora estaremos despiertos al día siguiente, domingo. ¿Perdón? ¡Yo qué sé a qué hora nos despertaremos un domingo! ¿Para qué lo quieres saber? Para venir a arreglarnos el coche, porque entre las muchas habilidades de mi suegro, parece ser que también está la de mecánico. Le expliqué como pude entre su parloteo que no hacía falta que vinieran, que ya llamábamos nosotros al RACC, pero mi suegra empezó a explicarme que a lo mejor no es que se hayan quedado las luces encendidas sino que igual es que falla la batería (intento explicarle sin éxito que por eso nos envían un mecánico, para que lo compruebe), pero ella insiste en que si llamamos al RACC se llevarán el coche a un taller (no, si nosotros no queremos, pero intentar explicarle algo a mi suegra cuando se lanza es gastar energías inútilmente), y es tontería que nos gastemos el dinero en un taller cuando mi suegro puede cambiarnos la batería (pienso, porque ya no me atrevo a abrir la boca: vale, muy bien, si el mecánico del RACC nos dice que la batería está cascada llamaremos a mi suegro, gracias por el ofrecimiento… . Pero es imposible convencer a mi suegra, le da igual lo que diga y la decisión que NOSOTROS hayamos tomado: la suya es la única válida, y no se callará hasta que no le demos la razón. ¿Resultado? Al día siguiente, domingo, a las 11 de la mañana nos estaba llamando por teléfono para saber si estábamos despiertos y podían venir a mirar la batería del coche.
Pagamos un seguro para nada. ¡Anda que si lo llego a saber! 
Reconozco que su intención es buena, que solo quiere ayudar, pero lo que me encabrona de verdad es que la decisión que ya habíamos tomado, de avisar al RACC, no sirve de nada cuando a mi suegra se le mete entre ceja y ceja. Y no es la única vez que nos contradice para acabar saliéndose con la suya, es sólo la última. Empiezo a estar ya un poquito hasta las narices de que nos trate como a críos, incapaces incluso de comparar dos precios, que se dejan timar por un mecánico diabólico para que nos robe el coche y nos pida un rescate después… Y así suma y sigue.
A esto hay que añadirle otra cosa, y es que yo no tolero bien los consejos. Lo admito. Es algo que llevo francamente mal. Admito que me cuenten su experiencia propia, lo que te pasó a tí en una situación semejante y lo que hiciste para resolverlo, y yo con eso tomaré nota mental y después haré lo que me plazca. Pero imposiciones del estilo lo que TIENES QUE HACER es… lo siento, pero no, por ahí no paso, eso lo llevo fatal. Y, como habéis podido ver, mi suegra es aficionada a llevarme la contraria y a obligarme por el método del acoso y derribo a hacer su santa voluntad. Y me jode. Me jode mucho.
Así que cuando me quede embarazada y ella quiera meter baza sobre el embarazo, o respecto al bebé, o cualquier otra cuestión en la que me imponga su criterio (más aún teniendo en cuenta que mi madre está lejos, y me temo que cuando nazca el bebé vamos a tener a mi suegra encima mucho más de lo que a mí me gustaría) la vamos a tener. Y la vamos a tener gorda.
Al tiempo.
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Hoy la jefa está de vacaciones en “London”. Y yo estoy aprovechando estos momentos de descanso (sí, me toca trabajar -o, mejor dicho: me toca venir al trabajo-, vale, pero descanso de la petarda de la jefa, que ya es mucho… para ponerme al día leyendo vuestros blogs. Y tengo tanto pendiente por leer que igual me quedo a hacer horas extras xDDD.
Va siendo hora de plantearme ponerme intresnés en casa. Y de no dejar las gafas en cualquier parte, que ya empiezan a picarme los ojos (no me las he puesto en toda la semana, y claro, pasa lo que pasa…
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Hay días en los que toca pararse y recapitular, revisar el historial de lo que ha ocurrido durante los últimos x meses, y hacer balance. Hoy es día de inventario para Pimkie.
Veamos:
- Noviembre del 2005: Joan me deja. Lo acepto de mala gana. Pienso que las cosas ya no estaban bien, y que mejor dejarlo ahora, tomarnos un descanso, y volver después con nuevas energías, que ir directos al divorcio 5 años más tarde. Por supuesto, ni por un momento se me pasa por la cabeza que esto pueda significar una ruptura definitiva.
- Febrero del 2006, día de los enamorados: Joan y Pimkie se acuestan juntos por última vez. A la mañana siguiente, Joan no quiere ni cogerle la mano a Pimkie de camino al parking.
- Marzo del 2006: Joan le dice a Pimkie las dos palabras que más daño le han hecho hasta ahora: “Búscate la vida“. Joan dice que superar la ruptura (curioso, cuando fue él quien me dejó…
si seguimos viviendo juntos. Pimkie tiene que buscarse otro sitio al que irse a vivir. ¿La casa de mis padres? Ni por un momento contemplo esa posibilidad: fracasada, tal vez, pero humillada ¡nunca! (eso creía, ingenua de mí…
- Abril del 2006: Joan y la tarada ya salen juntos en secreto (como amigos, me dijo después)
- Abril del 2006: Pimkie se va a vivir a Terrassa. Aún no sabía nada de la relación de Joan y la tarada, aunque ahora, visto con perspectiva, me planteo de quien fue la idea de que para que Joan “pudiera superar la ruptura”, yo tenía que irme de casa…
- Abril intenso del 2006: Pimkie conoce a un golfo que le hace olvidar a Joan.
- Junio del 2006: El golfo tiene que irse para no volver, por motivos de trabajo.
- Julio del 2006: Pol tal como entra en mi vida vuelve a salir. Mi corazón parece tener puertas giratorias.
- Julio del 2006: La novia del golfo pilla un mensajito de cumpleaños y se pilla un rebote de mil pares. El golfo que ya es un poco menos golfo me llama en plena bronca con su novia para que confirme su versión de los hechos. Tiene tela. La que acaba saliendo peor parada, como siempre, Pimkie: la novia del golfo le obliga a borrar mi número, a borrar mis mensajes, a que no le llame, a que no me llame… Y él hace lo que le da la gana, como siempre, pero son unos meses bastante raros a partir de entonces.
- Julio del 2006: la tarada entra en mi vida, haciéndose pasar por Joan, y me hace creer que Joan y yo podemos volver a estar juntos. Pone patas arriba todos mis sentimientos. La ilusión me dura sólo un día, porque al día siguiente confiesa el engaño. Joan me dice que son “sólo amigos”, que NO la considera su NOVIA, y que no me lo ha dicho antes porque no le daba importancia.
- Agosto del 2006: Joan y yo nos vemos por última vez. Él me pide que no le llame, que ya me llamará él. Me pide tiempo para reflexionar, para asimilar “todo lo que se le ha venido encima“. Lo respeto y no le llamo en un mes.
- Septiembre del 2006: David, otro que ha descubierto la puerta giratoria, entra en mi vida y sale asustado. Según él, soy demasiado perfecta y también, no está preparado para tener una relación. Pues con viento fresco, querido.
- Septiembre del 2006: Joan por fin da señales de vida: me manda un mensajito para saber cómo estoy. Hablamos durante un rato, y la conclusión a la que llegamos es que me volverá a llamar ÉL, la próxima vez para quedar. Quiere que sigamos siendo amigos.
- Octubre del 2006: Lunes de explicaciones. Me quedo con la frase “Si hasta ahora no he arreglado nada -tema papeles- es porque tenía miedo de que, una vez arreglado, te perdiera. Me da miedo que no nos volvamos a ver.” ¿No es encantador?
- Octubre del 2006: La tarada golpea de nuevo. Si el lunes tenía miedo de que no nos volvamos a ver, el jueves por la noche habla con la tarada y el viernes por la mañana ya ha perdido el miedo, no quiere volverme a ver y “tenemos que rehacer nuestra vida cada uno por su lado“. ¿No es encantador? Lleva 6 meses saliendo con la tarada y ahora descubre que si somos amigos no podemos rehacer nuestra vida cada uno por su lado. Un cielo de hombre.
¿Sabéis qué? Me he cansado de luchar por algo que no sé si vale la pena. Me he cansado de recibir un disgusto tras otro cuando creo que empiezo a levantar cabeza. Me he cansado de sufrir. Estoy taaaaaaannnnnn cansada…
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Yo aprendí que en la vida todo es un fracaso hasta que empiezas a desear que Flanders se muera (Homer Simpson)
O bien… La vida es una aplastante derrota tras otra hasta que acabas deseando que muera Flanders. (Homer Simpson)
Si quieres mantener una relación civilizada, incluso de amistad, con un ex con el que has compartido casi 8 años de tu vida, lo peor que te puede pasar no es que él se empiece a comportar como un capullo después de dejarte. No. Lo peor que te puede pasar es que la primera tía con la que se líe sea una tarada como la que a mí me ha tocado padecer.
Mi ex está liado con una niñata celosa e inaguantable que no confía en él y, evidentemente, menos aún se fía de mí. Por algún motivo que sólo su perversa y retorcida mente conoce, la tarada está convencida de que Joan intentará meterse en mis bragas en cuanto ella se descuide, cosa que él no tiene la menor intención de hacer (muy a mi pesar… .
Dentro de 10 días se cumplirá el primer año desde que Joan y yo lo dejamos. Hace más de 6 meses desde que no vivimos juntos, y hace 8 meses y unos días desde la última vez que nos acostamos.
Y ahora, de repente, me llama esta mañana y para decirme que ha decidido, unilateralmente, que no nos veamos más y que tenemos que seguir nuestras vidas cada uno por su lado… Al parecer ayer estuvieron hablando, y la conclusión a la que han llegado (la conclusión a la que ha llegado ella y de la que le ha conseguido convencer) es que Joan y yo debemos seguir nuestras vidas, cada uno por su lado. Lo que en el idioma de la tarada significa que lo que Joan tiene que hacer es dejar de verme, para que a ella no la devoren los celos. (A todo esto, ¿quien se ha creído que es? ¡Ni siquiera tiene statuts oficial! No es su novia, no es su “amiga especial”, no es nada, NA-DA. O al menos eso es lo que él me dice…
A ver, querido: nuestras vidas han continuado cada una por su lado, no necesitábamos permiso para eso. Tú te has liado con una tarada, y por mi vida han pasado un golfo, un cobarde, y un número indeterminado de capullos. Creo que eso significa que cada uno ha seguido con su vida, cada uno por su lado, que es lo que a ella tanto le preocupa… ¿no?
Lo que le molesta a la tarada es que podamos seguir siendo amigos después de todo. Lo que le molesta a la tarada es que me has querido y todavía me quieres como nunca podrás quererla a ella. Y lo que a mí me molesta es que lleves un año diciéndome que quieres que seamos amigos, que no me quieres perder, que he sido lo más importante en tu vida durante mucho tiempo… Y ahora, de repente, en una tarde, ella consiga convencerte de que renuncies a todo lo que nos habíamos propuesto durante todo este tiempo.
Lo que me molesta es que me digas que no es una relación como para casarte con ella. Lo que me molesta es que me digas que tienes una relación “casta y pura” con ella, pero en cambio le resulte tan sencillo comerte la cabeza.
Lo que a mí me molesta es que ME MIENTAS cuando no tienes ningún motivo. ¿No habíamos quedado en que seríamos amigos? ¿Pues entonces porqué me mientes?
No voy a renunciar, no voy a dejar de ver a la persona que más he querido en toda mi vida. Podemos ser amigos, aunque a la tarada le pese. Va a tener que acostumbrarse.

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¡Chicos, zafarrancho de combate!
- ¡David, S.O.S! ¡Llámame, porfa! Ahora soy yo quien te necesita. Nadíe podría entenderme en este momento mejor que tú. Llévame a cenar al mexicano, andaaaaaa…
- Alfonso, este finde nos vemos en el Prat y nos consolamos las penas mútuamente. ¡Qué planazo! Rallada II parte - partida de billar - y beber cerveza hasta perder el conocimiento… Oye, ¿y si nos tiramos a la bebida directamente y sin preliminares?
- Laure, ¡todo esto es culpa tuya! Si hubieras venido el finde como dijiste y hubieras cumplido tu promesa, no habría estado de bajón todo el fin de semana, el domingo no habría hecho esa maldita llamada buscando consuelo, y no se habría liado todo como se ha liado. ¡Todo es culpa tuya!
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Desde el sábado pasado vivo sola. Me he mudado del Prat a Terrassa, y estoy en plena etapa Redecora tu vida. Desde que estoy buscando piso de alquiler (sí, tuve una fase ilusa en la que pensé que quizá podría comprarme un piso yo solita, pero las inmobiliarias se encargaron de hacerme bajar de la nuve) me estoy dando cuenta de lo complicado que está el sector inmobiliario, en el que el precio de la vivienda es sólo la punta del iceberg. Durante estas semanas en que he dejado las keli-finders sin dibujo en la suela me he visto en algunos momentos que podrían los pelos de punta. A saber:
- Coger el Segonamà y buscar piso de alquiler en Barcelona. Misión imposible: todo está copado por las “asociaciones de propietarios”, o lo que es lo mismo: oficinas que tienen el monopolio del mercado inmobiliario de alquiler en la Ciudad Condal, que te cobran por darte un listado de propietarios de pisos en alquiler con unas determinadas características, a los que tienes que llamar por tu cuenta; y cuando lo haces o bien el piso no reúne las características que decía el anuncio, o bien es el precio lo que no se corresponde (el consabido error de imprenta, ya se sabe…
, o bien está alquilado desde hace meses, o bien nadie conoce a la persona de contacto y aquí no se alquila ningún piso… Total: un timo.
- Descartada la opción del Segonamà, tiro de las inmobiliarias de la zona. Otra misión imposible: termino por descartar también esta opción, harta de que me respondan “Pues buena suerte” cuando les explico las características del piso que busco y el presupuesto que tengo. Llego a la conclusión de que ambas variables deben ser incompatibles y tengo que bajar el nivel de mis exigencias…
- Tras bajar el listón, me encuentro a mí misma visitando auténticos cuchitriles por 450€ al mes, en los que no me metería ni aunque me pagaran a mí.
- Descubro que en más ocasiones de las que me gustaría, “piso de una habitación” significa realmente “sofá-cama en la cocina-comedor”. Y algo que probablemente los que ya hayáis pasado por la experiencia de buscar piso ya sabíais pero que para mí ha sido todo un descubrimiento: “cocina americana” significa realmente “cocina en el comedor”. “Vistas panorámicas” significa que es, por lo menos, un cuarto sin ascensor. “Bombonera” es el adjetivo que utilizan las inmobiliarias cuando quieren decir “caja de cerillas”. “Ideal parejas” significa que está todo por hacer pero tenéis toda la vida por delante y mucho amor para hacerlas juntos. En Barcelona, “Casco antiguo” significa que el portal olerá cada mañana a meada de borracho, y si en toda la escalera encuentras a dos vecinos que hablen tu idioma te puedes dar con un canto en los dientes. Y así un largo etcétera.
- Decidido: tendré que buscar en las rodalías, en el extraradio de toda la vida, a ver si encuentro algo decente…
- Una anécdota que podría ser más bien una historia de terror es la vez en que fui a visitar un piso en Masquefa. Tenía sólo una vaga idea de dónde está Masquefa, cerca de Martorell, pensé. El anuncio decía que estaba bien comunicado, cerca de la Renfe y de los Ferrocarriles de la Generalitat; un piso de una habitación, estilo rústico, con piscina comunitaria en una finca con pocos vecinos. La realidad es que aquel piso era un auténtico horror. “Bien comunicado, cerca de la Renfe y de los ferrocarriles”, significaba a 20 minutos en coche. Piso de una habitación significaba que todo el piso estaba dentro de una sola habitación (cocina, comedor y habitación, todo en uno). “Finca con pocos vecinos y estilo rústico”, significaba realmente que era una casa de agricultor, perdida en mitad de la nada, reconvertida en viviendas. Mientras me enseñaba toda la masía, la dueña me iba diciendo “este vale 700 euros, aquel de allí 800 porque tiene jardín...” Cuando ví el jardín pensé, “¿jardín? La idea que yo tengo de un jardín es un lugar donde los niños pueden jugar, cosa que justifica que el piso sea más caro, ¿pero esto? Esto no es un jardín: ¡esto es un huertecillo para plantar marihuana!” Me enseñó dos pisos, a cual más pequeño, y encima la jefa al ver la cara de espanto que ponía servidora, todavía tuvo la desfachatez de decirme “¡Uy! Pues aquí vivía antes una pareja con una niña pequeña…” Y tan pequeña, señora: si el “piso” (entre comillas) es una caja de zapatos, espero que la niña pudiera dormir en una caja de cerillas… Y la piscina, ni os cuento: más que piscina era una charca. Y todo esto por el módico precio de 400 euros… Toda una ganga, oiga, me lo quitan de las manos.
Al final creo que he tenido suerte: he alquilado por 500 euros un piso que no tendrá más de 40 metros cuadrados, pero con cada cosa en su sitio: con una habitación, pero de verdad, una habitación; la cocina con sus paredes y su puerta; el cuarto de baño con una minibañera (suerte que soy pequeñita); un comedor bastante amplio, unas vistas panorámicas al polideportivo, al campo de fútbol del Terrassa y a la montaña de Sant Francesc que dejan entrar un sol que es una alegría… Es un piso prácticamente nuevo, en una finca de un año, con suelo de parket y cocina eléctrica, un cuarto pero con ascensor… Y 500 euros al mes de alquiler. Seamos sinceros: es caro, pero es lo que hay.
Pero el precio al mes es sólo un detalle más dentro de todos los gastos que existen para alquilar una vivienda: Aval bancario por x meses (normalmente 6, lo que significa que si el piso cuesta al mes 500 euros, tienes que tener el banco 3.000 euros bloqueados sin poder tocarlos), la fianza (2 meses por un piso equipado, un mes por un piso sin equipar, y llevamos ya 4.000 euros), el mes en curso (4.500), el mes para la inmobiliaria (ya llevamos 5.000) y en ocasiones 100 euros más para la formalización del contrato (5.100), más los gatos notariales y las comisiones bancarias para el aval (100 euros más). Total, que para alquilar un piso de 500€ al mes, necesitas disponer de 5.200 euros en efectivo que no necesites de forma inmediata, más el dinero suficiente para los gastos propios del mes. Todo esto, contando que no tengas que dar de alta los suministros, porque entonces añádele 300 euros más…
Suerte que mis padres me han ayudado, porque si no hubiera tenido que volver a la casa familiar y, la verdad, no me apetece demasiado… No obstante, el peaje que tengo que pagar es llamar a mamá cada mañana cuando llego al trabajo y cada noche cuando llego a casa para que no se preocupe. Y cada domingo por la tarde contar con la visita familiar de rigor. Nadie dijo que la libertad fuese gratuita.
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