| |
|
|
|
|
|
|
|
Últimamente me he dejado algunos cabos sueltos, así que vamos a recapitular:
Plan alternativo de San Valentín: ya que no podemos ir a cenar esta noche a La Posada Maldita, iremos esta noche o mañana a cenar fuera y después a la bolera, que a Ifo le encanta.
Sorpresa de San Valentín: Ifo me ha regalado un reproductor de mp3 Sony, ultra-slim, ¡de color rosa! Me va genial para cuando empiece a ir al gimnasio, porque pesa poquito y me lo puedo colgar del cuello o guardármelo en un bolsillo sin que moleste. Y como es rosa, Ifo no se lo llevará como hace con el que me regaló el año pasado en navidades, ¡que ya se lo ha hecho suyo! 
Sobre los 1.200 leuros que nos robaron: nos los han vuelto a ingresar en nuestra cuenta (¡uf! menos mal… , pero no hemos podido ver el vídeo. Me han dicho en La Caixa si la policía todavía no nos ha llamado, probablemente se deba a que la persona que entró en el cajero a robarnos probablemente llevaba puesto un casco o algo así que no permiten que se le identifique correctamente. Seguimos a la espera de noticias por parte de la policía.
El programa: la cosa fue bien, nos cargamos casi todas las burradas que detectamos, me parece que no quedó ni una medida polémica en pie. Ahora tengo otro pollo que resolver, pero ya os contaré si puedo.
Sobre la boda, tenemos pendiente llamar al cura de Castellar para pedirle permiso para casarnos en Sabadell. Lo que me recuerda que tengo un post pendiente sobre cosas absurdas de casarse por la Iglesia. Este finde vamos a elegir los bombones para los regalitos de agradecimiento a los invitados. ¡Mmmmm! Y yo estoy con la regla, con lo que me pide el cuerpo chocolate estos días… ¡Me parece que me va a costar decidirme!
Y creo que eso es todo. Tengo deberes pendientes, de parte de Straja y de Palito, que me han pasado dos memes que aún no he respondido. ¡Si es que soy una impresentable!
Y este sábado, a currar otra vez. ¡Qué trote!
En esta entrada hablo de: amor, idiotas, Ifoxe, ilusión, San Valentín
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Pues sí, ¿qué pasa? Me gusta el día de San Valentín y no me importa lo que digáis. Ya está, ya lo he dicho.
Ya. Ya sé que lo guay es escribir hoy en vuestros blogs yo paso kilos de eso, o despotricar sobre un día dedicado más al consumo que al amor, y que vamos como borregos todos a hacer lo mismo. Ya.
Supongo que mola mucho más hacerse la pasota, pero lo siento, no me voy a poner en plan fashion a decir que San Valentín es una miexxa, porque de lo que tengo ganas es de llegar a casa para saber en qué habrá pensado Ifo para sorprenderme. Llámame superficial si te da la gana, no me importa, pero estoy deseando saber qué regalito ha preparado.
Oye, que a nadie la amarga un dulce de vez en cuando y, seamos sinceras, si no hubiera una excusa para tener un detallito con tu pareja (tipo San Valentín, aniversarios o, en otra línea, cumpleaños), la mayoría de los hombres no tendría un detalle con su pareja en décadas. Y no me da la gana. Quiero seguir manteniendo la chispa, quiero tener una excusa al menos 4 veces al año para ponerme cursi y para tener un detallito especial con mi chico, y para que él lo tenga conmigo. No porque toque, sino porque nos apetece celebrarlo, porque nos apetece tener un día especial cada pocos meses, un motivo para salir de la rutina. Que sí, que también podríamos escoger nosotros un día cualquiera, al azar, y celebrar algo especial, porque nos apetece y punto, pero ¿y por qué no este día, por ejemplo? ¿Por qué no hoy? Si es tan bueno como cualquier otro, ¿qué tiene de malo? ¿En qué se diferencia de ayer, o de mañana, si a los dos nos apetece celebrarlo de una forma especial?
Es el día de los enamorados. Lo dice el calendario. Pero también es nuestro día, porque lo hemos decidido nosotros. Y me encanta.
En esta entrada hablo de: amor, Ifoxe, ilusión, San Valentín, Sociedad
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Llevaba días pensando en la sorpresa ideal para San Valentín, y cuando ya lo tenía, se me ha fastidiado.
Hace semanas que buscaba un restaurante de esos en los que tienes cena y espectáculo de terror. He estado buscando en internet el sitio ideal, buscando en páginas y foros opiniones sobre los distintos restaurantes de este tipo, y he encontrado de todo: en los mismos restaurantes he leído opiniones de personas que decían que era una auténtica miexxa, y personas a las que les había entusiasmado (aunque sus argumentos no me acababan de convencer).
Al final encontré uno que destacaba sobre el resto: La posada maldita, en Cerdanyola. El show parecía bueno, con diferencía mucho mejor que el resto de los que he visto, tienen un canal de youtube con un par de vídeos, lo que me garantiza que podía ver aunque sea solo una parte pequeñita del espectáculo y (sobre todo) las reacciones de la gente, que es lo que me interesa.
Me decidí y ayer hice la reserva. Hoy me han llamado para confirmar, o más bien para des-confirmar: resulta que están a tope hasta el fin de semana que viene, por lo que me quedo con las ganas de poder llevar a mi chico a una cena terrorífica por San Valentín. Pues vaya chasco. Lo hemos dejado para el sábado siguiente, aunque ya no es lo mismo.
Supongo que ya se me ocurrirá algo de aquí al viernes ¡a mañana!. ¿Alguna sugerencia?
En esta entrada hablo de: amor, decepción, Ifoxe, ilusión, San Valentín, tristeza, videos
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Después de que ayer os contara la sorpresa que mi niño me tenía preparada por San Valentín (peluche y bombones en la puerta de la oficina), ya tengo a todo el personal en pie de guerra. Creo que ya había comentado alguna vez que él es el único chico en una empresa compuesta casi íntegramente por mujeres, y eso, claro, tiene sus ventajas y sus inconvenientes.
Entre los inconvenientes, que “alguien” me tiene al personal revolucionado reclamando la creación inmediata de la Plataforma Por un San Valentín Digno: Peluches para todas, ¡YA!
Lo siento, niñas, pero YO tengo la exclusiva. He dicho. Y me lo escribís 500 veces.
Y es que las que más morro le echan ya le están reclamando a mi novio peluches y bombones…
¡Ay, qué mala que es la envidia! xDDDD
Nota: Porque la cosa tiene mucho cachondeo y un punto de mala leche para picarme a mí y para ponerle colorado a él (y que yo me dejo picar fácilmente por seguir el juego, y que él se pone colorado con mucha facilidad), que si la cosa fuese en serio me ponía a repartir hostias hasta quedarme sola. Hombreya
En esta entrada hablo de: Amigos, amor, Ifoxe, ilusión, San Valentín, trabajo
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Llaman a la puerta de la oficina. Susana va a abrir (como siempre).
Al otro lado de la puerta, Ifo cargado con una caja enorme de bombones y un perrito de peluche encantador.
- Hola, Susana. Me acabas de fastidiar la sorpresa.
Susana le cierra la puerta en las narices dando un portazo y vuelve corriendo a su mesa como si no hubiera pasado nada.
Repetimos la escena desde la toma 1.
Llaman a la puerta de la oficina. Pimkie levanta el culo de la silla por primera vez en toda la mañana y corre a abrir a su amor, su futuro marido, que espera al otro lado de la puerta de la oficina.
Cuando ambos se encuentran, se funden en un abrazo, como buenamente pueden pues él aún está cargado con el peluche y los bombones.
Feliz día de los Enamorados, Amor Mío.
— Nota Final —
- La mitad del personal de la oficina todavía se está descojonando, porque Pimkie normalmente NO va a abrir la puerta.
- La otra mitad de las chicas se están poniendo ciegas a bombones de chocolate.
- Susana reclama que, para no estropear la sorpresa, mi Caramelito tenía que haberla avisado antes, y así no habría ido a abrir.
- Laura, con un sentido del humor habitual, reclama: “Me escribirás 500 veces: te avisaré con antelación cuando vaya a darte una sorpresa“…
En fin, es lo que tiene ser pareja y compañeros de trabajo a la vez…
En esta entrada hablo de: Amigos, amor, Ifoxe, ilusión, San Valentín, trabajo
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
- Mamá, ¿cómo te pidió papá que te casaras con él?
- Pues verás, Júlia, fue un momento muy romántico. Ya habíamos hablado antes del tema, incluso de los detalles, pero la confirmación “oficial” llegó cuatro días antes del Día de los Enamorados. Él no podía esperar, estaba impaciente porque llegara ese momento aunque “el plan original ” imponía esperar hasta el 14 de febrero. Yo también le había estado pinchando durante días porque también estaba ansiosa por recibir mi regalo de San Valentín, aunque ni por asomo me imaginaba la sorpresa que me tenía preparada.
Y llegó el momento: estábamos en Canet, era un sábado por la noche, habíamos pasado toda la tarde con unos amigos. Eran las dos de la madrugada, acabábamos de llegar al camping y estábamos ya casi llegando al bungalow, y yo me había pasado la mitad del “viaje” durmiendo en el coche de lo cansada que estaba. Él me detuvo y me dijo que me iba a dar mi regalo en ese momento.
Escondió algo detrás de su espalda, se oyó crujir de papel que se rompe, hincó una rodilla en el suelo y me dio una rosa artificial. Te parecerá una tontería, pero sólo la rosa ya me pareció un regalo maravilloso y le quise hacer levantarse para darle un abrazo. No se dejó y me dijo que la abriera. Mi sorpresa fue enorme: “¿que abra la rosa? ¿por dónde? “, pensé todavía adormilada, y empecé a buscar la manera de abrirla rebuscando entre los pétalos. Al ver que no tenía éxito, él me ayudó: la rosa en realidad era la caja de un anillo de oro blanco con 12 diamantes incrustados.
- ¿Quieres casarte conmigo?
Me dijo mirándome a los ojos. La emoción me dejó sin palabras.
- SÍ, claro que sí.
Conseguí articular en un susurro. Y sólo entonces se puso de pie y nos fundimos en un abrazo emocionados.
- ¿Y cómo se lo contásteis a tus padres?
Esa es una historia divertida. Entramos en el bungalow y mi madre nos esperaba despierta, viendo la tele. Yo llevaba todavía en la mano la rosa que mi madre reconoció al instante como la caja de un anillo (según me dijo al día siguiente, ella ha recibido también alguna similar). Yo no quería decírselo a mi madre todavía, me daba nosequé, porque llevamos muy poco tiempo saliendo juntos y quería esperar a tener la fecha de la boda confirmada antes de hacerlo oficial, así que en cierta manera intentaba ocultar la mano en la que llevaba puesto el anillo, aunque sin mucho éxito. En un gesto determinado, mi madre descubrió el anillo en un dedo habitualmente desnudo y abrió unos ojos como platos, una sonrisa impresionante se pintó en su cara, aunque discreta y con buen criterio decidió no hacer ningún comentario hasta que yo lo dijera. Me reservó ese momento tan especial. Nos fuimos a la cama planeando cómo decírselo a mis padres al día siguiente. Con un anillo en el dedo, se hacía obligada la explicación, si más no, de cómo ha llegado hasta ahí.
Hora del desayuno, las 9 de la mañana en el bungalow de la Pimkie Family.
- ¡Pimkie, levántate, que se te enfría el desayuno!
- Pero si son galletas…
- Que se te enfrían las galletas
Durante el desayuno, mi madre no hacía más que lanzarme miradas a la mano derecha, concretamente sobre el dedo anular. Así que le dije que sí, que me había dado cuenta de que no hacía más que mirar el anillo, y que “es de él “, sin más. Mi madre, que esperaba una explicación algo más elaborada, me preguntó la muy puñetera: “¿Es de los enamorados? “, “Sí, por adelantado “, le dije, sin añadir nada más y ahí quedó.
Al subir al bungalow, Ifo me puso la cara de pez globo que pone cuando quiere hacerme ver que tiene motivos para estar enfadado aunque en realidad no lo esté. Él esperaba que lo hubiéramos hecho oficial en ese momento ante mis padres, pero yo todavía no había conseguido reunir el valor suficiente.
Aproveché cuando mi padre salió a buscar el coche, que mi madre estaba sola, la hicimos sentarse y entonces se lo contamos. No sabía cómo decírselo a mi padre cuando volvió, pero mi madre me ahorró el trago:
- Rafa, ¿qué tienes que hacer para junio de dentro de dos años?
- Uuuuffff… ¿y yo qué sé?
- Pues te vas a tener que comprar un traje
- Ay, diox…
- Que vas a ser el padrino….
- Ay, diox…
Pensaba que mi madre se llevaría las manos a la cabeza, pero en realidad está ilusionadísima (”Que te sientes y te calles, coxx, que no se habla de boda todos los días “, le soltó a mi padre, que empezaba a incordiar con que nos fuéramos al club náutico y lo habláramos en la terraza mientras él estaba a la suya con la barca). Ya hasta está organizando la lista de boda (se permite el lujo de decidir a quien ELLA no va a invitar, faltaría más), y estoy segura de que ha llamado a toda su agenda para contar la buena noticia.
Desde el sábado por la noche, Pimkie es oficialmente una mujer prometida.
En esta entrada hablo de: amor, boda, Canet de Mar, familia, hijos, Ifoxe, ilusión, mi madre, mi padre, San Valentín
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
Página 1 de 11
|
|