Estoy deseando que llegue el viernes, más de lo habitual. Esta semana está siendo durilla, Ifo lleva dos semanas haciendo un curso intensivo de Linux-Suse pagado por su nueva empresa, sale a las tantas de clase y yo me quedo a esperarle, así que también nos vamos a las tantas a casa. Además, esta semana hace mucho frío, ha llovido y he llegado tarde (¡tardísimo) al trabajo dos días porque cuando llueve Barcelona se convierte en una ciudad tercermundista y toda la ciudad en pleno se colapsa. Una mierda. Además, la carga de trabajo y horas trabajadas fuera de la ofi es mayor de lo habitual esta semana, así que yo también ando al borde del colapso neuronal. Esta tarde, sin ir más lejos, tengo que dar un curso en L’Hospitalet y no acabaré antes de las 10 de la noche, lo que significa llegar a casa cerca de las 12. ¡Puaj!
Así que estoy esperando como agua de mayo que llegue el viernes, poder plegar a las 2 o como muy tarde a las 3, largarme a casa y descansar un poco, unas horitas de relax porque este viernes también va a ser movidito: aún no es seguro, pero es bastante probable que el sábado tenga que dar otra formación, el cumple de mi madre, la castañada en casa de mi suegra… En fin, que ando un poco agobiadilla últimamente.
¿Qué queréis que os diga? Me sale la vena maruja, ni siquiera tengo claro que estemos hablando de la vida de personas reales, sino personajes de un culebrón cuyo argumento se pone cada vez más interesante. Todo eso que cuentan no es real, que si posados, que si robados, que si pactados. ¡Anda ya! Se lo inventan todo. Si no ¿de qué iba a estar liado el pedorro del paquirrín con los pivones que se liga? ¡Anda ya! Mentira todo. Por eso disfruto con estos programas, me lo paso bomba viendo como despellejan a las mismas personas a las que han pagado auténticas millonadas por sentarse frente a las cámaras y lloriquear un poco. Por lo que han cobrado, yo también me inventaría cualquier historia absurda y me dejaría despellejar en público por una panda de ingnorantes cuya opinión no me importa una mierda. ¿Tú no?
[Nota]: Ya sé que a Florci no le gusta nada que hable de estas cosas, porque el Pantojo Ladrón es de su tierra, y bastante vergüenza tienen ellos ya. Lo siento, niña, pero me reconocerás que, si no fuera por la movida del Ayuntamiento de Marbella, la historia es de telenovela y tiene un morbo que lo flipas.
Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que perteneceal señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
Esta es mi moto, mi niña, mi pequeña. Esta tarde, al ir a buscarla, no estaba donde la había aparcado.
He buscado, desesperada, las pegatinas triangulares que deja la grúa pegadas en el suelo si se lleva algún vehículo, aunque estaba bien aparcada en la zona de motos de la estación de Sabadell Norte, pero no había ni rastro de ninguna pegatina ni nada parecido.
He llamado al 091, pero nadie cogía el teléfono. ¿No funciona en Catalunya? No tengo ni idea, pruebo suerte con el 092. Allí sí me atienden, les explico la situación y me pasan con el depósito municipal, por si acaso. Allí me dicen que en el ordenador no les consta, pero que me pase de todas formas, también por si acaso.
Nos acercamos primero a la comisaría de la Policía Nacional para denunciar el robo. Nos dicen:
Aquí no, tenéis que a la de los Mossos d’Esquadra.
Pues vale. Más de una hora y unos cuantos rifi-rafes con un mosso bastante borde después, salimos de can mossos con la denuncia en la mano, aunque sé que para lo que me va a servir… No obstante, el agente me ha hecho firmar un folio donde se me informa de mis derechos. Uno de esos derechos me resulta curioso. Dice así:
Tiene derecho a reclamar la restitución de la cosa, la reparación de los daños o la indemnización por los perjuicios que el delito le haya causado.
Lo que no dice es _a quien_ tengo derecho a reclamarle, claro. Pues mira qué bien.
Siguiente parada, depósito municipal de Sabadell, más que nada a ver si suena la flauta. Aquéllo es para echarse a llorar y no parar: motos apelotonadas, unas encima de otras, tiradas de cualquier manera, al aire libre en una especie de descampado, en un suelo de tierra ideal para hacer motocross. ¡Qué ironía! Pero ni rastro de mi moto allí tampoco.
Cunde el desamparo. La última opción es preguntar a la funcionaria del mostrador, en el interior de la comisaría de la urbana, a ver si hay suerte… Pero tampoco. Le pregunto a la funcionaria, aferrándome a un hilo de esperanza, si quizá la grúa se ha llevado mi moto y todavía no ha llegado al depósito… Pero no: solo hay una grúa municipal en Sabadell, y está estropeada. Cojonudo, gracias por la información: ahora ya sé que en los próximos días podré aparcar en los vados sin miramientos, ¡qué guay! Hay que joderse.
En fin, que me vuelvo a casa cabreada como una mona. Siento una profunda tristeza, porque no es solo una moto, es el símbolo de mi independencia personal, es lo que me permitía no depender de nadie para ir a donde me diera la gana cuando quisiera. La compré hace 10 años, al poco de cumplir los 18 y casi a escondidas porque mi madre no quería. Tuve que ahorrar mucho para pagar casi la mitad en efectivo, y el resto lo financié en La Caixa, fue mi primer crédito y sudé tinta el primer año para pagarla. Con ella iba cada día a trabajar, y después a la universidad. Volvía a casa a las 11 de la noche y salía a las 8 de la mañana. Me ha acompañado durante todo lo poco que llevo de vida adulta. Para una persona que no tiene carnet de conducir, mi moto era mucho más que una moto. Era mi niña, y ahora siento que me han arrancado una parte de mí. De hecho, me siento en carne viva, como si me hubieran arrancado la piel a tiras. Frustrada, impotente, con una rabia que me quema por dentro… y sin poder hacer nada.
Me siento gilipollas, muy gilipollas. Porque llevaba un mes aparcada en Sabadell, y no la había ido a recoger por pereza, porque la tuve que dejar al no conseguir arrancarla. Llamé al RACC para que me enviaran una grúa, pero como me dijeron que tardaban una hora, eran casi las 4 de la tarde y hacía un calor horroroso, decidí irme a casa, dejarla allí y pasar a recogerla otro día. Este martes la íbamos a ir a recoger, a ver si había suerte y esta vez podía arrancarla, o en su defecto esperar a la grúa, pero nos olvidamos los cascos en casa, y como teníamos que volver igualmente al día siguiente, pues tampoco le dimos mayor importancia. Hoy hemos vuelto, dos días después, y ya no estaba. Y me estoy tirando de los pelos por lo gilipollas y lo descuidada que he sido, porque estaba cantado que algo así sucedería, así que me siento la persona más idiota sobre la faz de la tierra.
Tengo la sensación de que Ifo no entiende cómo me siento. Cuando he visto que no estaba aparcada donde la había dejado, se me ha escapado un grito, y él me ha dicho que tampoco era para ponerse así… Si alguna vez sientes este dolor lacerante, esta desesperación, esta impotencia, me lo cuentas, y entonces veremos si yo te digo que tampoco es para tanto y que no hace falta ponerse así. He intentado que se ponga en mi piel, pensando en cómo se sentiría él si le robaran el coche. Pero me ha contestado que él el coche lo usa a diario para ir a trabajar y que lo usamos los dos, lo que me ha parecido un golpe bajo: por el mismo precio me podría haber dicho que para mí mi moto no es más que un capricho y que tampoco es para tanto; me habría dolido igual. Cualquiera diría que él tiene un Opel Trigra que deseaba desde que iba al instituto, y que cuando le digo que para mí el coche solo es una máquina que me lleva y me trae, y que no hace falta que sea un modelo determinado, que con que no me deje tirada tengo bastante, se pilla unos cabreos de no te menees. Una vez le cayó una especie de líquido corrosivo en una esquina del alerón que le estropeó un poco la pintura, y por poco se echa a llorar. Y ahora que me han robado la moto, que no es que se haya hecho un rallajo, es que me la han robado, él no entiende cómo me siento.
Ha estado muy frío y distante durante toda la tarde, cuando más necesitaba que estuviera junto a mí, sentirle más cerca que nunca, y he sido yo la que no ha entendido ese comportamiento, cuando normalmente es tan cariñoso. Hemos acabado peleándonos, no entiende que yo ya no tengo ganas de hablar y que quiera estar sola y llorar. Llorar por la pérdida de mi moto, de mi independencia y por lo gilipolllas que me siento. Se ha enfadado y hace horas que no entra en mi habitación ni me dice nada.
Pienso que a estas horas, mi moto debe estar ya desguazada y alguien se debe estar forrando vendiéndola a piezas a los quinquis del barrio. Tiene narices la cosa, que cuando estaba nueva en mi barrio, que era de lo peorcito de Barcelona, ni se la miraran, y ahora que vivo en Pijolandia, me la roben cuando la pobrecita tiene 10 años y está para el arrastre. Sé que no va a ocurrir, pero si me encuentro al hijoputa que me ha robado la moto, lo desguazo yo a él.
Ayer Ifo y yo estuvimos hablando sobre infidelidades, en realidad sin acabar de llegar a ninguna conclusión concreta (obviamente, no tenemos las respuestas puesto que ni él ni yo manejamos ninguna encuesta sociológica al respecto). Nos preguntábamos quien es más infiel, si los hombres o las mujeres.
He preparado un pequeño cuestionario anónimo (10 preguntas súper-rápidas) a modo de juego, donde podréis exponer vuestras respuestas sobre el tema, a ver qué os parece.
Por supuesto, cada pareja es un caso y cada persona es un mundo, y aquí hoy no pretendo generalizar ni mucho menos, pero en mi opinión, todavía hoy en día, en pleno siglo XXI, son más infieles los hombres. Entre otras muchas cosas por una cuestión de oportunidades: desgraciadamente, todavía somos mayoritariamente las mujeres quienes nos encargamos de la casa y de los hijos, además de la jornada laboral normal. No hay más que ver las horas que le dedicamos a las tareas del hogar hombres y mujeres: ellos, una media de 2 horas semanales (!!!!!), y nosotras una media de 8. Y a eso hay que sumarle el cuidado de los niños, que de eso no hablaba el estudio anterior… Vamos, que una mujer trabajadora, con marido a su cargo e hipotéticos hijos, no tiene mucho tiempo que digamos para andar pensando en amantes. En cambio, en mi opinión, los hombres tienen más tiempo y por tanto mayores posibilidades para ser infieles, debido a los roles de género que todavía arrastramos en nuestra sociedad.
Más aún, creo que tanto entre hombres como entre las mujeres, llegados a cierta edad, la autoestima empieza a caer en picado, ya no nos vemos como cuando éramos jóvenes, hemos perdido lustre… Supongo que debe ser hacia la típica depresión de los 40 en ellos, y en nosotras alrededor de los 30. Y cuando se acerca peligrosamente esa fecha, el hecho de sentirnos atractivas/os para el sexo opuesto se convierte en una prioridad mucho más alta de lo que lo había sido unos años antes. Y ahí pisamos terreno peligroso. Sin embargo, cuando más tiempo pasa desde que una relación se consolida, más peligrosa creo yo que es la posibilidad de ser infiel, pues factores como la monotonía, el aburrimiento, las diversas crisis de pareja, etc. hacen que los especímenes de nuestro alrededor sean mucho más atractivos a nuestros ojos que lo que tenemos en casa. Es por esto que creo que a los 40 es más fácil ser infiel que a los 30, y por eso creo que los hombres son potencialmente infieles con mayor frecuencia que las mujeres.
Más aún, cuando la mujer ronda los 30-35 o incluso los 40, tiende a replegarse en sí misma, utilizar cremas anticelulíticas, antiarrugas y anti-edad en general que (lamento decirlo, chicas) para nuestra desgracia colectiva, no obran milagros. Sin embargo, cuando el hombre ronda los 40, el hecho de que _todavía_ resulte atractivo para las féminas de su alrededor, y cuanto más jóvenes mejor, se convierte en un elemento que le sube la autoestima como no podría hacerlo nada más.Y ahí es fácil caer en la tentación.
En cambio, la teoría de Ifo se resume básicamente en dos puntos:
- Si una mujer quiere sexo, tiene a cualquier hombre a tiro, solo tiene que proponerlo y caerá a sus pies babeando.
- Las mujeres tienden a ocultar mejor las infidelidades. Si una mujer le pone los cuernos a su pareja y no quiere que este se entere, el hombre no se entará nunca.
¿Y vosotras qué pensáis? ¿Son más infieles ellos o nosotras? ¿Quien tiene más posibilidades de poner los cuernos, y quien lo hace con más frecuencia? He preparado un pequeño cuestionario para tratar de sistematizar vuestras respuestas y vuestras opiniones, así que si queréis participar (es completamente anónimo, por supuesto) podría ser interesante, y una vez que tengamos un número significativo de respuestas expondré en el blog los resultados.
Y si quieres que las personas que leen tu blog también participen, puedes enlazar al cuestionario utilizando la siguiente dirección: http://www.polldaddy.com/s/AAD0DF73B976EA2C/
¡Y cuantas más personas colaboren, mejor!
Ayer por la tarde, en la piscina, fui testigo de una escena que por poco me quita las ganas de ser madre y me llevó a contemplar con cierto cariño la posibilidad de ligarme las trompas con los cordones de los zapatos. Os cuento:
Ayer por la tarde, entre otras personas, había en la piscina una niña de unos 5 ó 6 años (quizá incluso menos) y su hermano que no tendría más de 7, jugando en el agua. Su madre estaba fuera, en la toalla. Yo voy a la piscina casi todos los días, un par de horitas por la mañana y una hora o así por la tarde (ya sabéis que llevo bastante mal el calor), y a esta familia era la primera vez que la veía.
En esta época del año, en la piscina de la urbanización a partir de las 4 de la tarde empieza a hacer sombra porque el sol se oculta detrás de mi edificio. Se va ensombreciendo poco a poco, de tal manera que sobre las 5 de la tarde la parte que más cubre está en sombra y toca el sol de media piscina en adelante hacia la parte que menos cubre, hasta aproximadamente las 7, cuando ya no toca el sol ni en la piscina ni en el césped.
Pues a eso de las 6 de la tarde, la madre se acerca al borde de la piscina y les dice a los niños que salgan, que se van a casa. El niño sale de la piscina en silencio, se va a la toalla y empieza a secarse sin decir palabra. En cambio, la niña empieza a soltar unos chillidos que ponían los pelos de punta. Al principio no entendí por qué chillaba, parecía que la estuvieran matando, pensé que se habría hecho daño o algo, porque esos gritos no eran normales, si me apuran no eran ni siquiera humanos: más bien eran algo parecido a los de un cerdo agonizante, cualquiera que haya visto alguna vez la matanza de un cerdo sabrá a qué me refiero. Al cabo de un rato entendí que lo que la niña repetía como un mantra era
No quiero ir a casa no quiero ir a casa no quiero ir a casa no quiero ir a casa…
en toda la gama de agudos que su garganta y sus pulmones le permitían. De hecho, aunque no estoy en condiciones de asegurarlo, diría que alcanzaba tonos que solo los perros podían oír. Toda la piscina al completo estaba horrorizada por los aullidos de la niña, era algo espantoso. Yo aún estoy alucinada, no había visto una rabieta igual en mi vida.
¿Y qué hizo la madre? Se acercó al bordillo de la piscina con el gesto severo, la miró fijamente y le dijo, bajito pero con un tono de voz suficientemente firme, algo así:
Escúchame. No te quiero volver a sentir. Sal de agua y vamos a casa. Ya.
Y se dio media vuelta y volvió con el otro niño. Le ayudó a secarse y se encaminaron hacia casa. En total, la escena habría durado unos 15 o 20 minutos. Probablemente menos, pero esos gritos hicieron que el rato se me hiciera eterno e insoportable.
El caso es que en cuanto la niña perdió de vista a su madre y a su hermano detrás de los setos que rodean la piscina, ella solita salió del agua y el “no quiero ir a casa no quiero ir a casa” se transformó en un “mama mama mama mama” también a grito pelado. Cogió la toalla y las xancletas, y salió corriendo todo lo rápido que sus piernecitas daban de sí detrás de su madre, que la había dejado sola en el agua. ¿No decía que no quería ir a casa? ¡Pues ahí tienes!
La verdad, es que no sé si la madre reaccionó bien o no. Y no estoy segura de si yo sabría manejar una rabieta de esa magnitud. Cuando Ifo y yo hablamos del tema, él suele decir que no descarta un guantazo puntual en un momento determinado en que el crío se pase mucho de la ralla. Yo, a priori, sí que descarto esa opción, no contemplo la posibilidad de ponerle una mano encima a un hijo mío, ni que él se la ponga tampoco, ni siquiera un cachete en el culete con pañal y todo; siempre he creído que, como padres, no podemos permitirnos el lujo de perder los nervios ante nuestros hijos, y un guantazo es el efecto de perder los nervios, y creo que duele más la humillación y el miedo que provoca ese guantazo que el propio dolor físico provocado. Sin embargo, esa no era mi hija y de buen grado me habría acercado y le habría dicho:
A tí tu madre nunca te ha dado una buena hostia cuando te la merecías, ¿verdad guapa? Porque con gusto te la daba yo ahora mismo, ¡niña insoportable!
Si hubiera sido mi hija, no sé qué habría hecho, la verdad. Lo que sé es que no era mi hija, y la tentación de darle un buen sopapo era enorme. Además, creo que encima eso ahora está prohibido, ¿no? Os confieso que ayer por fin entendí lo que Querida Enemiga quería decir con el tema de los hijos, y lo valientes que somos por querer traer uno al mundo. Estoy pelín acojonada, no sé si sabré manejar una situación así.
Ayer por la noche fuimos a la temida charla del cursillo prematrimonial. Estábamos un pelín asustados, desconcertados porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar y porque el cura nos había dicho que duraban ¡¡un fin de semana!! (¿está loco este hombre? ¡Con la cantidad de cosas que tenemos que hacer, a un mes de la boda!). De hecho, cuando le recordé a Ifo que nos habían dicho que el curso prematrimonial duraba un fin de semana, puso cara de susto y me dijo que si no nos podíamos casar por lo civil… Os juro que en ese momento casi lo mato, ¡con el conflicto ético-moral que tengo yo al casarme por la Iglesia! Y es que no soy para nada creyente, de hecho me he planteado la posibilidad de apostatar, y si me caso _por la Iglesia_ es por él, porque a él le hace una ilusión tremenda, porque yo me imaginaba una boda civil en un jardín bonito, quizá bajo una carpa… En fin, que casi lo mato, cuando me dijo que simplemente se estaba cachondeado, y que lo de casarnos por la iglesia lo tiene clarísimo, pero lo que no le hacía ni puñetera gracia es lo del cursillo prematrimonial.
Total, que a las 9 de la noche allí estábamos, en la parroquia de nuestro pueblo, junto a otra pareja más, esperando a la pareja “de acogida” que nos iba a explicar de qué va esto del matrimonio… La actitud de Ifo al respecto no dejaba lugar a dudas:
A las 10 nos largamos, que yo mañana madrugo.
Y yo, nerviosa y algo asustada, porque si se les ocurre recomendarme que, como mujer, mi papel en el matrimonio consiste básicamente en servir a mi marido, y su receta se basa en la resignación cristiana, salgo de allí excomulgada por la vía directa.
En realidad no fue para tanto. Algo más de una hora de charla con un matrimonio bastante joven, muy pijos los dos (él, polo lacoste; ella, look a lo hippy-fashion con pendiente de Tous), que llevaban 16 años casados y tenían 2 hijas, la menor de 10 años. Aparte de pijos, no eran tan conservadores como yo me esperaba, y estaban más bien por la igualdad hombre-mujer, reparto equitativo de tareas en el hogar y en esa línea.
Incluso el cura, contra todo pronóstico, se pronunció a favor de la emancipación de la mujer, de la necesidad de llenar su vida con otras tareas que le resulten más satisfactorias para su autorealización personal que servir al hombre, y en contra de que el hombre sea completamente inútil en su quehacer diario que requiera de una mujer que le atienda hasta para lavarle la ropa o hacerle la comida. Y más sorprendente aún, a pesar de lo conservador que el párraco nos pareció cuando fuimos a verle la primera vez, en esta charla criticó el machismo de la Iglesia Católica, y el hecho de que la mujer en la Iglesia tenga un papel subordinado al hombre y tenga vetado el acceso al poder. Nos explicó que en los palacios cardenalicios, los obispos normalmente tienen monjas que les atienden, y dedican toda su vida a atender las necesidades rutinarias de esos hombres que no saben cuidarse solos: les lavan la ropa, les hacen la comida, les mantienen sus estancias limpias, etc. El cura de nuestro pueblo dijo no comprender cómo una existencia así puede llenar, ni a la mujer ni al hombre, y que el mero hecho de que se dé esta situación ya implica que algo no va bien. La verdad es que me sorprendió agradablemente su alegato.
Sin embargo, me dio la sensación de que todo era un discurso bastante precocinado “al gusto del consumidor”. Es decir, que no era auténtico sino más bien una pose, por cómo nos habían calado (sobre todo a mí) desde el primer momento. La mujer que nos dio el cursillo prematrimonial en algún momento se descantilló con que la culpa de que hoy en día se produzcan tantos divorcios la tiene la emancipación de la mujer, porque está muy envalentonada, ya no necesita al hombre para subsistir, puede valerse por sí misma, y en consecuencia aguanta mucho menos. Tuve que pararle los pies y decirle que cuando se rompe un matrimonio, la culpa generalmente es de los dos y no de una sola de las partes, y que no es sólo que la mujer sea hoy en día mucho más independiente, cosa que me parece positiva, sino que los hombres no han sabido encontrar su sitio y hacerse a la idea de que están teniendo que ceder cuotas de poder cada vez más grandes y cada vez más rápido. Mientras no se mentalicen de esa nueva situación y encuentren su lugar, cuanto más tiempo se empecinen en no querer renunciar a sus privilegios históricos, más les costará asumir que su pareja ya no es una persona dependiente sino que tiene que tratarla en plano de igualdad y más les costará hacerse a la idea de que hombres y mujeres somos iguales en dignidad, iguales en derechos e iguales en responsabilidades (la frase no es mía, es del cura…. Todos se mostraron de acuerdo conmigo (al menos, eso dijeron), y el cura admitió que no es fácil cambiar 20 siglos de dominación machista en una sola generación.
Por otro lado, ví removerse en su silla al cura cuando la mujer que nos estaba dando el cursillo se pronunció a favor del divorcio en casos de malos tratos, y también en aquéllas situaciones en las que la mujer viva tan completamente sometida a su marido que le resulte insufrible continuar viviendo así. Creo que no le hizo demasiada gracia, aunque tuvo el buen gusto de mantener la boca cerrada, porque se podía haber montado un buen cirio y si me toca mucho las narices igual pierde dos clientes hasta ahora cautivos. Hay cosas por las que no estoy dispuesta a pasar.
Por lo demás, la charla discurrió sobre un temario de tópicos de psicología de revista femenina.
La base de toda pareja está en la comunicación
Si tu pareja hace algo que te ha molestado, díselo y no te lo guardes para tí, que después la bola se hace cada vez más grande y es peor
Compartid aficiones que os interesen a los dos
No tengáis aficiones que puedan descomponer el ritmo de la pareja(*)
Guardad un rato para vosotros, haced una escapada juntos de vez en cuando
Cuidad de la pareja, que los hijos llega un momento que se van de casa
¿Se os ocurren más tópicos? Seguro que me dejo alguno.
* Respecto al punto de no tener aficiones que descompongan el ritmo de la pareja, pusieron un ejemplo que me pareció de lo más curioso porque yo misma lo he vivido: irse _CADA_ domingo, desde las 7 de la mañana hasta las 3 de la tarde, a pasear en bici, lo que significa no salir ni-un-puñetero-sábado y no hacer planes juntos ni-un-puñetero-domingo… deja vu, ¿de qué me suena a mí esto?
Y, para finalizar, nos pasaron un cuento titulado “Amar sin ataduras” en la que una pareja de jóvenes indios (él, bravo guerrero; ella, HIJA DE el jefe de la tribu… le pedía al hechicero que les hiciera un conjuro para permanecer siempre unidos. El hechicero les pide que traigan un halcón y un águila, las aten por las patas y las dejen sueltas. Las aves intentan volar, pero al estar atadas no lo consiguen, y empiezan a darse picotazos la una a la otra. La moraleja del cuento es evidente: no te cases. ¡Pues a buenas horas me lo dicen!
P.D. : Más de una hora de cursillo prematrimonial, y ni una palabra sobre sexo.
- Sí, pero no te metas conmigo, que me han dicho que las fresas adelgazan.
- Sí, probablemente. Pero no creo que funcione si cada noche te zampas medio kilo de fresas con nata, menos aún cuando normalmente cenas un yogur…
- Mmmmmm… Pues, ahora que lo dices, a esta dieta yo también le encuentro lagunas…
(Me encantan las fresas con nata, no lo puedo evitar, estaba deseando que fuese ya el tiempo de las fresas, ¡y esta temporada estoy disfrutando como una enana!)
Pues sí, ¿qué pasa? Me gusta el día de San Valentín y no me importa lo que digáis. Ya está, ya lo he dicho.
Ya. Ya sé que lo guay es escribir hoy en vuestros blogs yo paso kilos de eso, o despotricar sobre un día dedicado más al consumo que al amor, y que vamos como borregos todos a hacer lo mismo. Ya.
Supongo que mola mucho más hacerse la pasota, pero lo siento, no me voy a poner en plan fashion a decir que San Valentín es una miexxa, porque de lo que tengo ganas es de llegar a casa para saber en qué habrá pensado Ifo para sorprenderme. Llámame superficial si te da la gana, no me importa, pero estoy deseando saber qué regalito ha preparado.
Oye, que a nadie la amarga un dulce de vez en cuando y, seamos sinceras, si no hubiera una excusa para tener un detallito con tu pareja (tipo San Valentín, aniversarios o, en otra línea, cumpleaños), la mayoría de los hombres no tendría un detalle con su pareja en décadas. Y no me da la gana. Quiero seguir manteniendo la chispa, quiero tener una excusa al menos 4 veces al año para ponerme cursi y para tener un detallito especial con mi chico, y para que él lo tenga conmigo. No porque toque, sino porque nos apetece celebrarlo, porque nos apetece tener un día especial cada pocos meses, un motivo para salir de la rutina. Que sí, que también podríamos escoger nosotros un día cualquiera, al azar, y celebrar algo especial, porque nos apetece y punto, pero ¿y por qué no este día, por ejemplo? ¿Por qué no hoy? Si es tan bueno como cualquier otro, ¿qué tiene de malo? ¿En qué se diferencia de ayer, o de mañana, si a los dos nos apetece celebrarlo de una forma especial?
Es el día de los enamorados. Lo dice el calendario. Pero también es nuestro día, porque lo hemos decidido nosotros. Y me encanta.
¡¡ATENCIÓN!! Este post contiene numerosos spoilers, por lo que si piensas ver la peli, no te destriparé el final ni te destrozaré la película (o intentaré evitarlo), pero igual no te apetece saber según qué cosas… Sigue leyendo solo bajo tu responsabilidad (eso, suponiendo que hoy haya algún tarad@ con ganas de leer sobre cine…
Como se puede ver más o menos en el trailer oficial, REC es una peli de zombies, pero NO ES la típica peli de zombies.
La historia arranca con la grabación de una noche con los bomberos de Barcelona para un progama de una televisión local, Mientras usted duerme. Para ello, un equipo compuesto por una atrevida presentadora y un cámara de televisión acompañan a una unidad de los bomberos en una noche de trabajo. En un momento determinado, reciben un aviso procedente de un piso de Barcelona: al parecer, se han oído gritos en uno de los pisos en los que vive una mujer mayor. Una unidad de la policía local ya está allí, por lo que todo hace presagiar que la cosa es más complicada de lo que parecía… ¿Una unidad de la policía, para una señora que se ha caído y quizá se haya roto la cadera? mmmmmm… aquí está pasando algo mucho más grave…
Los policías, los bomberos, el cámara y la presentadora entran en el piso del que procedían los gritos y se encuentran a una señora mayor, medio ida y vestida con un camisón blanco repleto de machas de sangre. ¿Qué ha ocurrido aquí? Esto no es solo una simple caída o un accidente doméstico… Uno de los policías se acerca a la señora con la intención de tranquilizarla, y en cuanto se despista esta le salta encima y le arranca medio cuello a mordiscos… El efecto es terrorífico, no es la típica peli pseudo-gore en la que se vé mucha sangre, muchas vísceras y mucho asco. No. Es más terror clásico que gore.
Mientras uno de los bomberos se queda en el piso controlando a la mujer, el resto del equipo intenta salvar al policía. Lo bajan entre todos por las escaleras y llaman a una ambulancia, pero se encuentran con que no pueden salir del edificio: los han encerrado. ¿Qué está ocurriendo aquí? Supongo que ya te lo imaginas, pero no te lo voy a contar todo.
El estilo con el que está grabada, simulando un riguroso directo (es decir, simulando captar todo lo que va ocurriendo según se desarrolla la acción), desnuda de efectos especiales incorporados en la fase de producción, y transmitiendo al espectador la angustia del propio cámara como unn protagonista más de la película es una de las técnicas que consigue crear esa atmósfera de terror y angustia, como si estuvieras viviendo la historia en primera persona.
Yo me pasé toda la peli en tensión, incluso mordí a Ifo en alguna que otra ocasión, en un auto-reflejo movida por el pánico. Nunca me había ocurrido salir del cine y todavía continuar aterrorizada. Cuando llegué a casa no me atrevía ni a ir al lavabo sola. Así que ya sabes: si eres de pesadilla fácil, no te recomiendo que vayas a verla; pero si te gusta pasar miedo, es una opción muy muy recomendable. A mí me encantó, aunque lo pasé fatal; a Ifo también, incluso para volver a verla. Yo a tanto no llego…
Hoy pillo ya vacaciones de Navidad, mañana no vengo a trabajar aunque tocará venir para la cena de empresa (que esa es otra que también os contaré), y teniendo en cuenta lo que ocurrió en la cena de empresa del año pasado, Ifo está de los nervios por razones obvias. Mañana a la pelu (si tengo la suerte de que me den hora), y por la noche a ponernos hasta las patas de solomillo a la pimienta y sangría, con el consiguiente peligro de empezar a decir verdades y tener que venir el lunes a recoger el finiquito. Todo muy tradicional…
Y en este contexto navideño tradicional (¿voluntarias para suscribir la campaña por una Navidad diferente?), no podían faltar los memes en plan “Carta a los Reyes Magos”, como el que circula desde hace unos días entre la élitebloggera y a mí me ha llegado a través de Neblina, sorprendente rápido. ¡Qué emoción! ¡Con lo que me gustan los memes! Amosallá.
1- ¿Cuál es el regalo que más ilusión te haría estas Navidades?
Una flor, creo que es de Barbie, que se conecta al reproductor de mp3 por USB y canta y baila. No consigo encontrar la foto, y lo único que encuentro en internet es esto (y el que yo quiero no tiene tanta pinta de juguete electrónico), o esto (que ni se le parece siquiera), o esto (que, aunque quede como el culo, me parece una monada).
2- ¿Y el que menos ilusión?
Llamadme imbécil si queréis, y os daré la razón, pero creo que el regalo que menos ilusión me haría sería una cámara de vídeo digital. Me encantaría, sí, y tengo la sospecha de que caerá, pero son tan caras que no me hace ninguna gracia que mi Caramelito se gaste tanta pasta en un regalo. Él insiste en que me deje mimar, que para una vez que tiene a su lado a una persona por la que vale la pena, quiere darse el gusto de llenarme de regalos. Sí, es un amor, pero a mí no me hace gracia que se deje la pasta tan alegremente, más aún después de habernos comprado la tele de plasma hace menos de una semana, y teniendo en cuenta que tenemos la boda a la vuelta de la esquina. Me siento culpable si se gasta tanto dinero en mí, porque es un capricho que no necesito aunque me haga ilusión… Ups! ¿Dije que me hace ilusión? ¡Mierxx!
3- ¿Qué vestido llevarías a una fiesta esta Nochevieja si tuvieras a todos los diseñadores locos por dejarte uno?
Este vestido de Armani, que aún soy joven y tengo tipito como para ponérmelo, combinado con esta chaqueta de Prada para el frío, y estos zapatos Manolo Blahnik.
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