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Jun
19
    
Lo escribí el Junio-19-2008 | (5) comentarios |

Estoy destrozada. En total, más de 14 horas en danza, para una reunión que apenas duró 2. Yo ya no estoy para estros trotes. Os cuento mi día:

Salí del curro a las 11:30 para coger el AVE de las 12, llegada a Madrid-Atocha a las 15:30h, correr para coger el metro, dos trasbordos, nos perdemos, nos encontramos, nos indican como llegar, y quedamos para comer con los amigos. Imposible comer con ellos, entre otras cosas porque eran más de las 4 de la tarde y el territorio estaba sembrado de minas anti-persona. Nos comemos un bocadillo cerca de la sede, y a las 5 subimos a la reunión. Los 15 minutos de espera de rigor. Un par de horitas de reunión en las que el no-tan-amigo no aportó absolutamente nada (dijo una tontería, hizo un poco el pelota en su línea habitual, y trató de hacer una aportación tan fuera de contexto que todos los presentes miraban al techo como pidiendo “señor, dame paciencia…Wink. Por cierto, que le ví muy desmejorado, muy delgado. Va a ser que eso de alimentarse exclusivamente de pastas gallo porque el negocio no da para más afecta seriamente a la salud…

Yo no me quedé callada como inicialmente preveía, hice varias aportaciones que creo que fueron bastante interesantes y en general creo que quedaron bastante contentos con mi intervenció, al menos yo salí de allí muy satisfecha conmigo misma.

Al salir de la reunión, a eso de las 7, nos tomamos una coca-cola en el bar con algunos amigos que vinieron a esperarnos, intercambiamos impresiones, puesta al día, nos echamos unas risas y comentamos lo que nos ha parecido la reunión a cada uno. Hubo algún alma cándida que comentó que el no-tan-amigo le daba pena. A mí, la verdad, la gente que se busca su propia ruina mientras a la vez machaca y pretende hundir a otras personas… pena, lo que se dice pena, me dan bastante poca, la verdad.

Y también hice mi primera promesa electoral:

Cuando yo sea Presidenta del Gobierno, voy a dictar un Real Decreto Ley (de esos de urgencia, que no tienen que pasar por el Congreso ni nada) en el que se prohiba la gilipollez.

Ala, ya está, prometido queda.

A las 8 salimos disparadas hacia Atocha, otra vez pateada y dos trasbordos porque a las 9 salía nuestro AVE de vuelta a Barcelona. Por suerte, el AVE de vuelta tardaba una hora menos que el de ida, al ser un tren directo sin paradas. Dos horas y media de viaje en un espacio reducido, sin poder estirar las piernas, sin poder ponerme cómoda y echar una cabezadita durante el trayecto, cansada de caminar todo el día y de arrastrar un bolso que pesaba un huevo y parte del otro (¿por qué coño no me llevaría la mochila, con lo cómoda que es?), con un sueño que me moría al haberme levantado una hora antes (en lugar de entrar a las 10, ayer entré a las 9 para adelantar trabajo, ya que iba a estar todo el día fuera de la oficina), y sin poder levantarme y caminar porque encima con el movimiento del tren a 270km/h me mareaba.

Por cierto, la cafetería del AVE, un horror: fuimos a intentar pedir algo de comer en Lleida, y no volvimos a nuestros asientos con un triste sandwich mixto hasta que casi llegamos a Calatayud. Un solo camarero atendía a decenas de personas hambrientas y cansadas, preparaba bocatas, ponía cafés, servía chuches y bollería, llenaba vasos de hielo y sacaba bebidas de la nevera. A la 1 ya no les quedaban bocatas de tortilla, no podían hacer bocatas de jamon york, solo tenían bocadillos o de serrano o vegetales…

A las 11 y media llegamos a Sants, perdí mi chaqueta supongo que en el tren, la batería de mi móvil ya no daba más de sí desde que salimos de Madrid, unas agujetas del copón empezaban a hacer notar su presencia, hacía frío y yo sin chaqueta… Ifo nos vino a recoger, dejamos a Mireia en su casa sana y salva, y a eso de la una de la madrugada llegamos a casa, me enseñó su nuevo Asus eee, nos desnudamos y nos metimos en la cama a dormir, rendidos como estábamos, hasta el día siguiente.

Y hoy estoy destrozada, me siento cansada, pastosa, me duelen todos los músculos… Sin duda, en la capital del Reino se aprenden un montón de cosas interesantes, pero yo cada vez que voy acabo para el arrastre, sobre todo si se trata de estas reuniones expréss de ir y volver en el mismo día.

Me da pena no poder estar en el Congreso (nos convocaron precisamente para aportar ideas al respecto) que se prepara para dentro de dos findes, me hacía mucha ilusión, pero esos días yo estaré navegando por el Mediterráneo en plena luna de miel, y hay cosas que tiene prioridad.

Nota final: mi madre puede estar orgullosa de mí soy una persona educada y no violenta. No le crucé la cara con un par de hostias por llamarme cerda rosa, aunque ganas no me faltaron.

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Abr
25
    
Lo escribí el Abril-25-2008 | (11) comentarios |

Son las 10 de la mañana. Llego a la oficina medio somnolienta todavía por la falta de cafeína. Hay un coche oficial aparcando en la puerta, chófer, guardaespaldas y una mujer con mechas rubias y traje-chaqueta beige. El guardaespaldas se baja a abrirle la puerta a la mujer de las mechas, que se encamina hacia la entrada de The Monkey Island. No la conozco, pero tiene que ser alguien importante. Maldigo mi incapacidad para relacionar nombres y caras, pero diría que esa cara ni siquiera me suena.

Voy hacia el trasto de fichar, y mientras espero que a la compañera que hay delante mío la máquina le pille la huella dactilar, la mujer de las mechas ha entrado por el lateral del arco de seguridad y saluda a los seguratas de la puerta (esos que se quejaban porque en verano estuve unos días saliendo más tarde de las tres y tenían que plegar tarde por mi culpa…Wink.

Parece que mi comñera, que sigue bregando con el cacharro de la huella dactilar, sí ha reconocido a la mujer que se ha bajado del coche oficial, pero yo, por más que me estrujo la neurona, no consigo ubicarla.

La mujer que ha bajado del coche oficial nos saluda con un “hola guapaS!” a las dos. Yo la saludo con un discreto “buenos días” idéntico al que le dedico a todo el mundo. Y, sin previo aviso, la mujer del coche oficial me planta dos besos como si me conociera de toda la vida.

Yo no la conozco a ella, y estoy casi segura de que ella tampoco me conoce a mí. Seguro que es alguien importante, aunque yo no sepa por qué. Una ocasión perdida de hacerle la pelota a alguien con poder (una mujer que baja de un coche oficial seguro que tiene poder) y quizá incluso promocionarme. Pero no sé hacer eso, digan lo que digan, no me sale, no soy capaz. Y la falta de cafeína contribuye a mi falta de sociabilidad.

Está claro: si quiero llegar a algún sitio en esta casa, voy a tener que perfeccionar mis habilidades sociales. O nunca podré nombrar a mi madre “asesora personal” ni a mi novio “jefe de seguridad” y ya serán dos promesas electorales incumplidas, pero esa anécdota os la cuento otro día.

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