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Dic
03
    
Lo escribí el Diciembre-3-2008 | (6) comentarios |

Bueno, ya pasó. La entrevista en directo, más de 20 minutos en antena, esta mañana. ¡Qué mal rato! ¡Qué nervios! Me tenían que llamar por teléfono, tenía la radio encendida para hacerme una idea de cuando me tocaría entrar, y les escuchaba decir mi nombre, mencionar el título del libro mientras conversaban animadamente sobre el tema con Monseñor Amigo, cardenal de Sevilla y jerifalte de La COPE, el tío defendiendo a saco precisamente todo lo que yo critico, y pensaba:

¿Me van a hacer entrar y mantener un debate con este hombre? ¿A mí, que soy una pringui? ¿Con qué autoridad moral me encaro yo con este señor de la sotana? ¡Esto se avisa, y habría hecho los deberes!

Pero no, todo quedó en un susto y al final tuve los minutillos para mí solita, para explayarme a gusto con un par de locutores ¡a los que les iba la marcha más que a mí! Lo he grabado como buenamente he podido, y no sé si se escuchará demasiado bien. En cuanto pueda, lo cuelgo, porque creo que nadie tiene más ganas de escucharse a sí misma que yo…

Mi madre estaba avisada desde ayer, y estaba en casa atrincherada con mis abuelos, el portátil encendido y la emisora on-line sintonizada para no perderse detalle. Ifo estaba en el trabajo, con la emisora también puesta en el ordenador, y un programa gratuito para grabar la entrevista, que al final solo ha podido grabar cortes de unos 5 minutos cada uno. Los amigos, todos los que han podido, con la web de la emisora también abierta. Y yo, con la página abierta, los altavoces conectados y la cámara de fotos en modo vídeo, enfocando a la torre del ordenador, también preparada para grabar. Un despliegue de medios descomunal.

He entrado tarde. Estaba previsto que entrara entre las 11:10h y las 11:15h, pero al final la cosa se ha retrasado hasta después de los titulares, sobre las 11:30h. Y yo ya estaba que me tiraba de los pelos de los mismos nervios, me temblaba todo y no podía quedarme quieta ni con 15 tilas.

Cuando finalmente me han llamado, he dejado la cámara a grabar y me he encerrado en una sala calentita y vacía, para poder atenderles sin tener mucho ruido de fondo, pues mi lugar de trabajo, con toda la gente de prensa revoloteando alrededor, es una locura diaria.

Creo que la entrevista ha ido muy bien, mi madre me ha llamado para decirme que me ha salido genial (¿qué va a decir ella? es mi madre), y mi marido también me ha dicho que he estado fantástica (por la cuenta que le trae: si se le ocurre decirme otra cosa le pido el divorcio), y en general yo he quedado bastante satisfecha. ¿Alguna amable lectora que también estuviera escuchando la entrevista, y que se atreva a quiera dar una opinión imparcial?

Aún tengo que escucharla, porque precisamente hoy me que olvidado el reproductor de mp3 en casa y no tengo auriculares. Cawentó lo que se menea. A ver si alguien por aquí me los presta un rato, y puedo subirlo de alguna manera.

¿Es normal que los nervios aún me duren?

Actualizado: ¡ya he podido escucharla y subir los cortes! La verdad: mola como suena mi voz por la radio, ¿que no? Faltan unos segundines entre corte y corte, pero se oye muy bien.

¿Alguien se anima a dar una opinión objetiva y aportar críticas constructivas? Le estoy pillando el gusto a esto…

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Nov
05
    
Lo escribí el Noviembre-5-2008 | (2) comentarios |

Ayer me ocurrió una cosa curiosa que me tiene preocupada. Salía de trabajar a las tantas, con un amigo al que hacía la tira que no veía. A dos calles de la oficina, nos paramos un momento en una panadería, y mientras él se hacía con algo de picoteo, yo saqué el móvil para avisar a Ifo de que ya había terminado y ya estaba de camino a casa. Mi amigo se giró y preguntó:

¿El jefe?

salObviamente, se refería a si estaba llamando a Ifo, pero yo entendí que me avisaba de que mi jefe andaba cerca. Del bote que pegué casi me rompo una pierna. Joder, ¡que me faltó el canto un duro para cuadrarme en primera posición de saludo! Con lo revoltosa que yo he sido… ¿en qué me estoy convirtiendo?

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Oct
17
    
Lo escribí el Octubre-17-2008 | (24) comentarios |

Y el lunes estará en todas las librerías de España:

libro

Nota a pie de página: ¡¡me han hecho un encargo para un próximo libro!! Estoy que no me lo creo…

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Oct
15
    
Lo escribí el Octubre-15-2008 | (9) comentarios |

La capacidad de odiar de algunos es increíble. Desde la última enganchada ha pasado bastante tiempo, de hecho en julio dije iba a practicar la sordera informativa y no volvería a leerles, lo cual le ha ido bastante bien a mi maltrecha estabilidad emocional y me ha ahorrado no pocos ataques de ansiedad, cosa que como resumen está bastante bien.

Ahora solo espero la puesta en marcha del ventilador frotándome las manos.

Pues bien, hoy un grupo de amigos, y en concreto una persona a quien le tengo mucho cariño, ha anunciado el lanzamiento de un proyecto. Y este proyecto es un tema en el que yo acumulo varios años de experiencia. Y obviamente me he ofrecido a echarle una mano en lo que necesite, solo tiene que pedirlo.

¿Y quien se mete por medio a descalificarme, para variar? Efectivamente: los tocawebos de siempre. Que si “supuestos amigos”, que si “lo que realmente quiero es mangonear”… ¡Ay que ver, qué cansinos son! ¿Por qué no me dejáis en paz un poquito? Si yo os tenía ya olvidados, si me importáis una mierda, si ya ni pincháis ni cortáis nada… ¿A cuento de qué otra vez volver a los insultos, las descalificaciones, al navajazo trapero…? Supongo que es que no saben comportarse de otra manera: son gente que si no mete cizaña, ese día no durmen tranquilos. Criaturitas, cuanto odio acumulado, cuanto rencor y ni un triste pitorrito por el que darle salida cual olla expréss… Qué vida más triste, dedicarla por entero a descalificar al adversario a la mínima ocasión paparraporque son tan poca cosa que por sus propios méritos no llegarán a ninguna parte.. ¡Ay, qué lástima me dan, pobrecillos! ¡Y qué cruz me ha tocado aguantar, teniéndolos todo el puto día colgados de mí como un par de paparras, pendientes de lo que hago o dejo de hacer! Santa paciencia hay que tener con algunos personajes, de verdad… ¡¿Quien dijo que la política es aburrida?!

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Oct
14
    
Lo escribí el Octubre-14-2008 | (7) comentarios |

Cuando una ha estado metida en mil historias durante bastantes años, como ha sido mi caso, una vez que se retira (maldita sea mi estampa) adquiere un superpoder que le hubiera sido muy útil antes pero así de perra es la vida. Se trata del superpoder de verlas venir a kilómetros de distancia, lo cual, si bien no te protege de nada, al menos te permite saber por dónde te las están dando y quizá, solo quiza, retirarte de una batalla que ni te va ni te viene, pero en la que pretenden que tomes partido por uno de los dos bandos.

Hoy me encuentro en una situación de esas: dos bandos se están arreando de hostias, y uno de ellos pretende arrastrarme al campo de batalla para que luche a su lado. No es mi guerra, no va conmigo, yo ya me corté la coleta hace meses, mi apoyo sólo podría ser moral más que práctico. Pero es que no quiero que me arrastren a una guerra que no es mía. Más peligroso aún, tengo la sensación de que quien quiere que luche a su lado me está ocultando información, no me lo está contando todo, porque si lo hiciera, quizá mi postura sería más imparcial y no me pondría de su parte.

Hace unos años, quizá hace unos meses incluso, probablemente habría puesto la mano en el fuego por esta persona que me pide que la apoye en esta guerra que es suya y no mía. Pero con el tiempo (y con la distancia) he aprendido, sospecho que me la quieren dar con queso y prefiero mantenerme a una distancia prudencial. Como decía, quizá esa distancia no me proteja de nada y la sangre me acabe salpicando igualmente, pero ayuda saber por dónde te van a empezar a llover hostias.

Pero como me las estoy viendo venir y es probable que la sangre me salpique igualmente, la experiencia me dice que más que ponerme a cubierto (que va a servir de poco porque me vendrán a buscar igualmente), más me vale poner en orden toda la información de la que dispongo. Si van a poner el ventilador en marcha para que la mierda salpique, nos vamos a divertir, porque puede salpicar en todas direcciones. Si me quieren enredar en una guerra que no es mía, que empiece la juerga, porque yo también tengo toneladas de mierda que poner en el ventilador y estoy esperando la más mínima excusa que me den para soltar lastre. Que aquí todos tenemos memoria, y todos tenemos de qué arrepentirnos.

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Oct
13
    
Lo escribí el Octubre-13-2008 | (13) comentarios |

Sí, soy antimilitarista, pero me ponen los uniformes y me mola el desfile de las Fuerzas Armadas del 12 de Octubre (de hecho, lo veo todos los años desde hace la tira).

Y esto que parece una contradicción, en realidad no lo es: lo primero es una convicción ideológica, y lo segundo una afición estética (si no, no se entenderían según qué cosas). También me ponen los bomberos, y no veo que os escandalicéis tanto…

Lo que no quita para que resulte deprimente saber que soy mucho más friky que Rajoy:

Mañana tengo el coñazo del desfile. En fin, un plan apasionante.

Sí, señor, con un par. Haciendo amigos, dí que sí, Mariano, justo lo que tú necesitas.

Si es que no tendrían que cuchichear cerca de un micro, que luego pasa lo que pasa, ¡que parecen nuevos!

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Ago
31
    
Lo escribí el Agosto-31-2008 | (6) comentarios |

Mañana está previsto que se celebre el funeral de Estado por los fallecidos en Barajas en el vuelo de Spanair JK-5022. Un funeral de Estado. El mero concepto me rechina.

Considero que es importante, sobre todo desde la situación de los familiares de las víctimas, respetar la voluntad de los fallecidos respecto a su propio funeral, en caso de que en algún momento de sus vidas hubieran expresado cómo les gustaría que fueran. Y, sinceramente, dudo mucho que ninguna persona de a pie (que no se desplace habitualmente en coche oficial, se me entiende) se imagine para sí misma un funeral de Estado.

En mi familia, por ejemplo, mis padres saben perfectamente que me gustaría donar mis órganos y, el resto, que sea incinerado. No quiero que me sepulten en un nicho en una pared, dónde vengan a traerme flores mis allegados una vez cada año bisiesto, donde nadie se acuerde de mí, y al cabo de unos años que saquen mi cuerpo de ahí y me tiren a la basura para hacer sitio a muertos más recientes. Nada de eso: cuando muera, quiero seguir viviendo en el cuerpo de otras personas, quiero que mi muerte sirva para dar vida a otras personas que necesiten esos órganos para vivir; y mis cenizas, quiero que las tiren al mar (¿eso contamina?), para que mis familiares y mis amigos no necesiten ir a un triste cementerio donde me tienen abandonada a llevarme flores de vez en cuando. Nada de eso: quiero que cada vez que miren el mar se acuerden de mí, con nostalgia pero sin tristeza, y seguiré viva en su recuerdo y en los cuerpos de las personas a las que con mis órganos contribuí a que continuaran con vida.

Yo no quiero un funeral de Estado. Si tuviera la desgracia de morir en un accidente múltiple y tan trágico como el de Barajas, decidle a quien quiera que se encargue de este tema que no quiero que me metan en una caja de madera, con un cura rezando por mi alma, y acabar emparedada en un muro. Y si resulta que además la persona encargada de rezar por mi alma es Monseñor Rouco Varela, os juro que me reencarno en el próximo Ministro de Hacienda, y os cagáis todos.

No creo ser una excepción. Estoy segura de que, quien más o quien menos, aunque no nos guste pensar en la muerte, sí que tenemos más o menos una idea de cómo nos gustaría que fuese nuestro funeral, idea que probablemente hayamos compartido alguna vez con nuestros familiares más cercanos. ¿No es así? Y si así es, ¿a cuento de qué celebrar un funeral de Estado, según los deseos del Estado para estos casos y no según los deseos de cada una de las víctimas, celebrado en la intimidad de sus allegados? Personalmente, no me gustaría nada que mi funeral fuese televisado por TVE, y saber que las vecinas estarán pegadas a la tele deseando que la cámara capte las lágrimas de mi madre o la cara de desolación de mi marido. Me dan arcadas solo de pensarlo.

¿A cuento de qué, mercadear política y mediáticamente con 153 muertes, y con las vidas de sus familiares y amigos, como si de la boda del heredero de la jefatura de Estado se tratara? Creo, sinceramente, que para honrar la memoria de las víctimas (de cualquier víctima, ya puestos) no debería realizarse ningún funeral de Estado, no solo por el hecho de que se trata de un ritual católico y el Estado es aconfesional (casi un detalle sin importancia a estas alturas de la película), sino por respeto a todas esas personas, que igual son católicas practicantes como ateas convencidas, protestantes, judías, musulmanas, budistas, en trámites de apostasía o que le tengan una tirria insoportable a Rouco Varela y a los de su cuerda. ¿Qué sabemos nosotros? ¿Y qué derecho tiene el Estado a decidir por las víctimas y por sus familiares la forma en que quieren dar el último adiós a sus seres queridos?

Todo esto del funeral de Estado me parece una vergüenza y una tremenda falta de respeto.

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Ago
26
    
Lo escribí el Agosto-26-2008 | (10) comentarios |

Lo admito, me he portado mal, y lo sé. Y ahora me siento fatal conmigo misma. ¿Recordáis lo que os comentaba ayer sobre el pesado de los comentarios alucinantes que se quejaba de que no se los publicaba y gritaba ¡¡censura, censura!!? Bueno, pues no es el único tarado con el que he tenido que lidiar, y ayer me descontrolé, perdí los nervios con otro de estos personajillos.

Hace unos 3 años, en el 2005, al poco de abrir mi otro blog, tuve mi primera experiencia con un troll, una persona que comenta en blogs con la intención de molestar a los demás usuarios o lectores, buscando crear controversia y provocar reacciones predecibles con fines diversos: desde la simple diversión al lograr hacer enfadar a los demás, desviar los temas de las discusiones, o bien provocar encendidas broncas enfrentando a los lectores entre sí. El troll puede ser más o menos sofisticado, empleando desde mensajes groseros, ofensivos o fuera de tema, a sutiles provocaciones o mentiras difíciles de detectar, 405771pumukicon la intención en cualquier caso de confundir o provocar la reacción de los demás.

Mi troll particular se dedicaba a intentar que cualquier post que yo escribiera acabara en una discusión sobre la ley de matrimonios gays y la homosexualidad en general. Se trata de un integrista católico, de los de misa y confesión diaria, que decía cada vez que tenía ocasión que la homosexualidad es propia de enfermos y degenerados, una prueba que dios nos ha puesto para comprobar nuestra resistencia, y que lo que procedería no es darles más derechos sino encerrarlos a todos y apalearlos hasta la muerte porque en el Levítico tal, o en el Génesis cual, o en la carta de San Pablo a los noséqué, dice que blablabla. El rollito intransigente e intolerante ese de “te lo prohibe mi religión. Y en ese plan. Y así durante mucho tiempo. Esto fue durante el 2005, hasta que me cansó y le dije:

Mira, chaval, aquí no toca hablar de ese tema porque este post habla de otra cosa totalmente distinta. Si quieres dar la tabarra con tu monotema, hazlo en este otro sitio [le ponía el enlace a otro post de mi blog que _sí_ trataba ese asunto] y ahí te desahogas a gusto.

Y cada vez que dejaba un comentario sin venir a cuento en un lugar que no correspondía, se lo borraba sin más. La verdad es que ni siquiera debería haberle cedido ese pequeño espacio en _mi_ casa para que soltara su mierda intolerante, pero era joven e inexperta y todavía no había empezado a aplicar el principio de “esta es mi casa y quien quiera entrar, primero tiene que limpiarse los pies en el felpudo y comportarse con educación, o le echo a patadas“.

Pero hace dos o tres días, no me explico por qué, volvió a mi blog y en la entrada sobre Facebook dejó un comentario diciendo más o menos que

Facebook es para gilipollas que compiten entre sí para ver quien tiene agregados más gilipollas

pumukiPoco más o menos. Enseguida identifiqué que se trataba de él porque en la entrada del 2005, cuando le dije que no iba a consentir sus trolleos, puse una foto de Pumuki, un duendecillo o troll de dibujos animados de una serie que me encantaba cuando era pequeña; y en el comentario que este personaje dejó, en el espacio “e-mail”, puso “notengoemail@pumuki.es”, así que la relación era evidente. Por algún extraño motivo, había vuelto a releer ese post 3 años después, le había cabreado, y me había dejado un comentario insultante llamándome gilipollas a mí y a todos los que usamos Facebook por extensión. Entrañable, ¿verdad?

Evidentemente, borré ese comentario sin darle mayor importancia. Pero ayer este tétrico personaje volvió a mi blog, y al ver que había borrado su comentario, no se le ocurrió nada más divertido que ponerse a dejar comentarios insultantes compulsivamente. He capturado las imágenes para que podáis verlo: se trata del dedo índice levantado en un gesto chabacano y maleducado:
enfermo2enfermo1

Por suerte, cuando intentó dejar estos comentarios tan groseros yo estaba conectada, y cada vez que alguien me deja un comentario me llega un e-mail. Primero ví que entraba un comentario bastante raro que me dejó mosqueada. Entré a ver qué era y me pareció una cosa súper rara, e immediatamente después entró otro similar. Enseguida ví por dónde iban los tiros, ví de qué persona se trataba y le puse rápidamente en “comentarios moderados”, de tal manera que cualquier comentario que quisiera dejar _esta persona_ no se publicara al momento, como cualquiera de vosotras, sino que pasaría previamente por mis manos, y seré yo quien decida si ese comentario se aprueba o no. Intentó dejar el mismo comentario una tercera y una cuarta vez, pero al ver que ya no salía publicado, y que había borrado los otros dos, se dio por vencido y no siguió intentándolo. Tampoco le habría servido de nada, porque por muchos que enviara, no aparecería ninguno si yo no los apruebo, que no es mi intención, por supuesto.

Su intención evidente, hasta que lo corté de raíz (suerte que estaba conectada en ese momento y lo pude atajar rápido) era copiar y pegar compulsivamente el mismo comentario tantas veces como le viniera en gana, hasta que se aburriera. Entraron dos, que eliminé enseguida, pero aún quiso intentarlo dos veces más, sin éxito, y desistió de seguir intentándolo.

Pero ahí fue cuando yo perdí el control. Estaba tan cabreada por lo que este troll había intentado hacer con mi blog, destrozándolo en los comentarios, y por el otro indeseable que llevaba calentándome durante semanas, que no pude más y me tomé mi venganza particular. Me fui al blog del talibán de sacristía este y le dejé el mismo comentario que él me había dejado a mí en mi blog; de hecho hice lo mismo que él había intentado hacer: llenar de mierda los comentarios.

Como sabía que el sistema de moderación de comentarios de blogger es bastante pedestre, y en cualquier caso está a años luz del de Wordpress, que es el que utilizo en mi blog, me fui al suyo y en los primeros 5, 6 ó 7 entradas suyas me dediqué a copiar unas 10 ó 12 veces en cada una el mismo texto que él había intentado copiar un montón de veces en mi blog. Aderezado con frases del estilo “quien siembra vientos recoge tempestades” o “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a tí”, y en esa línea.

Sé que me he portado fatal, sé que lo que he hecho ha estado mal, muy mal, y ahora no me siento bien conmigo misma. Cuando lo vea, se va a agarrar un cabreo de mil demonios, estoy segura. Pero si es tan católico practicante (y con intención de obligar a los demás a que practiquen también _su_ religión, de volver a los tiempos del nacional-catolicismo), ¿no debería cumplir el mandamiento de respetar al prójimo, y no hacer a los demás lo que no quieras para tí mismo? No es excusa, lo sé, y repito que me siento fatal por lo que he hecho. Me he tomado la venganza por mi mano y ha sido desproporcionado. Decir que estaba hasta los mismísimos coxones no le servirá de mucho a mi conciencia. En su momento me quedé la mar de descansada, pero ahora no puedo decir que sienta lo mismo. Probablemente, si tuviera la oportunidad de volver atrás, no volvería a hacerlo. Fue el calentón del momento, y creo que se me fue de las manos. No diré que lo siento, porque creo que se lo merecía, pero sí que no me siento bien por haberle dado a tomar de su propia medicina, creo que me pasé un poco.

¿Vosotras qué opináis?

Actualización: acabo de ver que esta madrugada, unos minutos después de mi “ataque furtivo”, me había dejado otro comentario artístico de los suyos. En este caso, no sé si se trata de una hoja de marihuana o de una hoja de parra (por aquéllo de Adán y Eva, que a este tipejo le pegaría más).

enfermo3

Por supuesto, no ha pasado el filtro anti-trolleo y su comentario no solo no ha salido publicado sino que además ha visto un mensajito monísimo que dice: “tu comentario ha quedado en el filtro anti-spam en espera de que Pimkie le dé al botoncito para aprobarlo“. Igual que ayer, pero él lo ha vuelto a intentar. ¿No es enternecedor?

¿Sabéis una cosa? Ya no me siento tan mal.

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Jul
24
    
Lo escribí el Julio-24-2008 | (10) comentarios |

Yo les leo a ellos aunque no les soporto, y ellos me leen a mí aunque me odien, y todos lo sabemos. Supongo que el morbo es recíproco, porque de otra forma no se entiende. Sobre todo por mi parte, lo confieso, porque encima me resultan tremendamente aburridos salvo cuando empiezan a insultar (lo que suele ser bastante a menudo): cuando insultan ya no me resultan aburridos, sino que me ponen de mala leche.

Y es que me jode que insultar salga casi gratis, y que a pesar de algunas pequeñas (o no tan pequeñas) derrotas, no solo no aprendan y depongan su actitud, sino que sigan erre que erre.

Les hemos leído insultarnos, llamarnos “lame farolas“, “trepa vergas“, “chupa tubos de escape(cualquier día van a tener un esguince neuronal si siguen haciendo esas piruetas retóricas para insultarnos, en serio, para mí que no nos merecemos tanto esfuerzo), “sectáreos“, “chupipanda“, “casarse para tener nabo caliente y no gastar las pilas del vibrador“, “débiles mentales“, sectáreos“, “chupa pollas“, “lame culos“, “gilipollas“, “tontita(recurriendo a los clásicos. Sí, hay veces en que hasta a ellos la originalidad no les da para más…Wink, y he oído muchas veces eso de

Ya está, hasta aquí hemos llegado, ahora sí que no les toleramos ni una más…

Y nunca se ha hecho nada en serio para pararles los pies, siempre lo acabamos dejando correr de una manera o de otra, para no darles más importancia de la que tienen. Pero a mí me sigue jodiendo que insultar salga tan barato, casi gratis total. Hay una cosa que sí somos y todavía no nos lo han dicho ellos: somos unos cagabandurrias, unos blandengues, por no plantarnos en jarras y decir en serio, pero de verdad de una puta vez, hasta aquí hemos llegado, y tomar medidas, así sea solo para no tener que encontrárnoslos cada vez que nos convoquen en la capital del reino.

Pero una cosa es leer que te llaman a tí y a tus amigos todo eso y más, y otra cosa muy diferente es que la cosa empiece a subir de tono y tener que leer referencias a que si nos ven nos van a partir las piernas con un bate de beisbol, que nos van a romper la cabeza con una silla plegable, o que van a contratar a la mafia portuguesa… Cuando éramos unas crías, a la gente así los llamábamos “la peña del moco: porque dicen mucho pero hacen poco“. Pero, aunque sean unos bocazas, me parece que eso marca la línea que yo no pienso traspasar, ni siquiera como sujeto pasivo.

Así que como medida higiénica, y para el mantenimiento de mi buena salud mental, he decidido superar el morbo y practicar la sordera informativa. Es decir: por mucho morbo que me dé leerles, sé que me voy a poner de mala leche con lo que voy a encontrar y eso no es sano, así que será mejor resistir la tentación y no leerles, antes de que me provoquen un cortocircuito mental y tengamos un disgusto. Puesto que el armisticio es poco menos que imposible, ya que ellos no están por la labor de declarar una tregua en sus insultos, yo declaro unilateralmente que me apeo de esta guerra (que, por otra parte, no me aporta nada porque es una guerra que ya tengo ganada) y voy a dejar de leerles, de escucharles, no voy a consentir que nadie me hable de ellos, no quiero que me cuenten nada, no quiero saber nada. Voy a optar por seguir uno de esos consejos de mi madre a los que hasta hoy nunca hice caso: hacer oídos sordos. Desde hoy empiezo mi particular cura de desintoxicación. Ya pueden desgañitarse insultándome o amenazarme con las torturas más sádicas, que si no me entero, no me afecta.

Resistiré. La tranquilidad que da saber que sus insultos no dan ningún resultado, que el alquiler de mi casa se seguirá pagando todos los meses con mi sueldo porque ellos no representan ningún peligro, es un ítem a mi favor. Pueden decir todo lo que quieran, que seguirán siendo un par de bocazas, Pierre Nodoyuna y su fiel perro Patán, y sus palabras ni tienen ni tendrán ningún efecto sobre la vida real de las personas a las que pretenden humillar por su odio enfermizo, salvo algún que otro calentón momentáneo.

Así que ya podéis desgañitaros, que yo P-A-S-O de vosotros.

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Jul
23
    
Lo escribí el Julio-23-2008 | (4) comentarios |

Es algo que tengo asumido desde hace tiempo: abre boca - mete pata, es mi sino. Y este fin de semana, como no podía ser de otra manera, volví a meter la pata de una manera importante, delante del gran jefe, Pepe Zeta. Os cuento:

Como el fin de semana nos tocó trabajar, el sábado por la noche nos invitaron a cenar en una barbacoa al aire libre, junto a la piscina, en plan fiesta con toda la gente que había querido venir. Colocaron tres barbacoas, una en cada esquina de la piscina, y en la cuarta esquina pusieron el bar. Como no habían sillas para poderse sentar, y yo estaba destrozada de todo el día de aquí para allá, Ifo y yo nos sentamos en una especie de bordillo con nuestros platos, junto a una de las barbocas, charlando animadamente con la gente que se nos acercaba.

En una de esas estábamos, charlando con mi jefa y contándole que había intentado fichar a Ifo explicándole los mecanismos de democracia interna, y que su reacción en aquel momento había sido preguntarme:

¡¿Eso significa que yo me puedo presentar al cargo de Pepe Zeta?!

¿Adivináis quien estaba detrás de mí, justo mientras yo explicaba esta simpática anécdota, de mi marido queriéndole disputar el cargo a mi gran jefe?

Efectivamente, si una mete la pata, la mete pero bien. El gran jefe, Pepe Zeta, estaba detrás de mí. No sé qué parte escuchó, qué entendió, ni qué conclusión sacó, pero yo me quería morir de la vergüenza. No recuerdo que en mi vida haya sentido con tanta fuerza esa horrible sensación de ¡tierra, trágame!

Al menos mi jefe tuvo el buen gusto de hacerse el sueco, actuar como si no hubiera oído nada aunque la sonrisa rocarrona le delataba, y bromear conmigo a cuenta del olor de la barbacoa, yo le respondí que me tiraría a la piscina y se me quitaría el olor a barbacoa, a lo que él me retó con un

¡No hay huevos!

(lo juro) antes de darse cuenta de que llevaba puesto el bikini debajo del vestido. ¡Que en nuestro mundillo hay que estar preparado en cualquier momento para todo lo que pueda pasar, Pepe, que pareces nuevo! Tenía que haber aprovechado para jugarme un aumento de sueldo antes de que se diera cuenta. Otra oportunidad perdida. Cawentó lo que se menea.

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