Bueno, ya pasó. La entrevista en directo, más de 20 minutos en antena, esta mañana. ¡Qué mal rato! ¡Qué nervios! Me tenían que llamar por teléfono, tenía la radio encendida para hacerme una idea de cuando me tocaría entrar, y les escuchaba decir mi nombre, mencionar el título del libro mientras conversaban animadamente sobre el tema con Monseñor Amigo, cardenal de Sevilla y jerifalte de La COPE, el tío defendiendo a saco precisamente todo lo que yo critico, y pensaba:
¿Me van a hacer entrar y mantener un debate con este hombre? ¿A mí, que soy una pringui? ¿Con qué autoridad moral me encaro yo con este señor de la sotana? ¡Esto se avisa, y habría hecho los deberes!
Pero no, todo quedó en un susto y al final tuve los minutillos para mí solita, para explayarme a gusto con un par de locutores ¡a los que les iba la marcha más que a mí! Lo he grabado como buenamente he podido, y no sé si se escuchará demasiado bien. En cuanto pueda, lo cuelgo, porque creo que nadie tiene más ganas de escucharse a sí misma que yo…
Mi madre estaba avisada desde ayer, y estaba en casa atrincherada con mis abuelos, el portátil encendido y la emisora on-line sintonizada para no perderse detalle. Ifo estaba en el trabajo, con la emisora también puesta en el ordenador, y un programa gratuito para grabar la entrevista, que al final solo ha podido grabar cortes de unos 5 minutos cada uno. Los amigos, todos los que han podido, con la web de la emisora también abierta. Y yo, con la página abierta, los altavoces conectados y la cámara de fotos en modo vídeo, enfocando a la torre del ordenador, también preparada para grabar. Un despliegue de medios descomunal.
He entrado tarde. Estaba previsto que entrara entre las 11:10h y las 11:15h, pero al final la cosa se ha retrasado hasta después de los titulares, sobre las 11:30h. Y yo ya estaba que me tiraba de los pelos de los mismos nervios, me temblaba todo y no podía quedarme quieta ni con 15 tilas.
Cuando finalmente me han llamado, he dejado la cámara a grabar y me he encerrado en una sala calentita y vacía, para poder atenderles sin tener mucho ruido de fondo, pues mi lugar de trabajo, con toda la gente de prensa revoloteando alrededor, es una locura diaria.
Creo que la entrevista ha ido muy bien, mi madre me ha llamado para decirme que me ha salido genial (¿qué va a decir ella? es mi madre), y mi marido también me ha dicho que he estado fantástica (por la cuenta que le trae: si se le ocurre decirme otra cosa le pido el divorcio), y en general yo he quedado bastante satisfecha. ¿Alguna amable lectora que también estuviera escuchando la entrevista, y que se atreva a quiera dar una opinión imparcial?
Aún tengo que escucharla, porque precisamente hoy me que olvidado el reproductor de mp3 en casa y no tengo auriculares. Cawentó lo que se menea. A ver si alguien por aquí me los presta un rato, y puedo subirlo de alguna manera.
¿Es normal que los nervios aún me duren?
Actualizado: ¡ya he podido escucharla y subir los cortes! La verdad: mola como suena mi voz por la radio, ¿que no? Faltan unos segundines entre corte y corte, pero se oye muy bien.
¿Alguien se anima a dar una opinión objetiva y aportar críticas constructivas? Le estoy pillando el gusto a esto…
A veces le digo a mi marido, medio en broma - medio en serio, que no importaría divorciarme para volverme a casar (con él, claro), porque nuestra boda fue una experiencia tan bonita, tan romántica, me lo pasé tan bien, que me parece muy injusto que solo se pueda vivir una vez en la vida. A él, en cambio, no le hace tanta gracia y es que la organización, sobre todo los últimos meses, fue una auténtica locura. ¡Parecía que tantas cosas estaban destinadas a salir mal en el último momento! Un breve recuento, porque en su momento ya lo expliqué en detalle:
Las semanas antes a la boda no dejaba de llover y ya empezaba a amargarme pensando que podría llover el día de nuestra boda,a unque al final por suerte hizo un sol radiante, hasta el mismo día no lo tenía nada claro. Los días antes, al verme tan depre por el mal tiempo, las compañeras de trabajo me decían: “No te preocupes, mujer, si ya lo dice el refrán: novia mojada, novia afortunada“. ¡Y una mierda! Eso solo lo dicen para consolarme si al final el vestido acababa empapado y el peinado deshecho. Al final por suerte hizo un sol radiante, pero hasta el mismo día no lo tenía nada claro. ¡Y eso que al final no nos dio tiempo a llevar huevos a las monjas Clarisas, que dicen que ellas consiguen como nadie que no llueva el día de tu boda!
La florista decía que no me haría el ramo como _yo_ quería, porque a _ella_ no le gustaba. Yo quería un ramo de rosas blacas con orquídeas rosas. Y quería expresamente que las rosas estuviean bien abiertas, que no estuvieran cerradas en forma de capullitos sino que se vieran bien las rosas, que hicieran bulto. Pero la florista decía que así parecería que las flores estuvieran pansidas y que no me las iba a poner porque a ella no le gustaba el efecto. Al final yo creo que quedó bonito, ¿verdad? pero tuve que insistir lo mío para que me hiciera caso.
La organización de las mesas era como hacer el cubo de rubik, y hasta una semana antes no tuve la confirmación de todos los invitados de Ifo. La locura.
El viaje de novios estuvo pendiendo de un hilo hasta casi casi el último día, porque como lo habíamos contratado en la agencia de viajes en la que trabajaba él, y estaba a punto de cambiarse de curro, no sabíamos si le harían la putada de anularle la reserva hecha como empleado, o alguna otra putada.
Mis uñas estaban hechas una puta pena, aunque conseguí tooooodo el mes anterior a la boda sin mordérmelas, las tenía tan pequeñitas y hechas polvo que la esteticista tuvo que hacer milagros para que la manicura francesa me quedara medio bien.
La peluquera que elegí en un primer momento resultó ser una auténtica imbécil. Para peinar, cortar y maquilllar para el día a día, muy bien, pero en cuanto a pintar a una novia, era una auténtica pedorra. Cuando tuve la penúltima prueba del vestido, fui el día de antes a la peluquería, para hacer la prueba del peinado. Le recalqué que quería que el peinado me durara hasta el día siguiente, que ya me las ingeniaría yo para que se mantuviera por la noche, pero que tenía al día siguiente la prueba del vestido y quería verme con el peinado. Le llevé hasta el tocado para que pudiera hacerme la prueba con todos los complementos. ¿Y qué hizo la tipa? Me alisó el pelo, me hizo unas ondas con las tenacillas, no me puso ni laca ni nada, ¡y me cogió una coleta! Me dijo que más o menos así es como me vería. Pero, a ver, ¿no te he dicho que quiero que me hagas un peinado semi-recogido, que me dure hasta el día siguiente? ¿PUES-QUÉ-COÑO-ES-ESTO? Así que al final cambié de peluquera, y ¡menos mal!
Así que, claro, las semanas antes de la boda, estaba atacada de los nervios. Ifo no hacía más que repetirme que no me preocupara, que todo saldría bien, y que si no salía todo a la perfección, pues tampoco pasaba nada. ¡Sí, claro! Si no sale todo a la perfección, nos volvemos a casar y aprendemos de los errores, ¿no?¡Qué fácil lo ves tú!
Al final salió todo perfecto. Tanto, que ¡¡quiero repetir!! Quiero volverme a casar otra vez, quiero volver a vivir esa experiencia. No es justo que algo tan bonito solo se pueda vivir una vez en la vida.
Ayer por la noche fuimos a la temida charla del cursillo prematrimonial. Estábamos un pelín asustados, desconcertados porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar y porque el cura nos había dicho que duraban ¡¡un fin de semana!! (¿está loco este hombre? ¡Con la cantidad de cosas que tenemos que hacer, a un mes de la boda!). De hecho, cuando le recordé a Ifo que nos habían dicho que el curso prematrimonial duraba un fin de semana, puso cara de susto y me dijo que si no nos podíamos casar por lo civil… Os juro que en ese momento casi lo mato, ¡con el conflicto ético-moral que tengo yo al casarme por la Iglesia! Y es que no soy para nada creyente, de hecho me he planteado la posibilidad de apostatar, y si me caso _por la Iglesia_ es por él, porque a él le hace una ilusión tremenda, porque yo me imaginaba una boda civil en un jardín bonito, quizá bajo una carpa… En fin, que casi lo mato, cuando me dijo que simplemente se estaba cachondeado, y que lo de casarnos por la iglesia lo tiene clarísimo, pero lo que no le hacía ni puñetera gracia es lo del cursillo prematrimonial.
Total, que a las 9 de la noche allí estábamos, en la parroquia de nuestro pueblo, junto a otra pareja más, esperando a la pareja “de acogida” que nos iba a explicar de qué va esto del matrimonio… La actitud de Ifo al respecto no dejaba lugar a dudas:
A las 10 nos largamos, que yo mañana madrugo.
Y yo, nerviosa y algo asustada, porque si se les ocurre recomendarme que, como mujer, mi papel en el matrimonio consiste básicamente en servir a mi marido, y su receta se basa en la resignación cristiana, salgo de allí excomulgada por la vía directa.
En realidad no fue para tanto. Algo más de una hora de charla con un matrimonio bastante joven, muy pijos los dos (él, polo lacoste; ella, look a lo hippy-fashion con pendiente de Tous), que llevaban 16 años casados y tenían 2 hijas, la menor de 10 años. Aparte de pijos, no eran tan conservadores como yo me esperaba, y estaban más bien por la igualdad hombre-mujer, reparto equitativo de tareas en el hogar y en esa línea.
Incluso el cura, contra todo pronóstico, se pronunció a favor de la emancipación de la mujer, de la necesidad de llenar su vida con otras tareas que le resulten más satisfactorias para su autorealización personal que servir al hombre, y en contra de que el hombre sea completamente inútil en su quehacer diario que requiera de una mujer que le atienda hasta para lavarle la ropa o hacerle la comida. Y más sorprendente aún, a pesar de lo conservador que el párraco nos pareció cuando fuimos a verle la primera vez, en esta charla criticó el machismo de la Iglesia Católica, y el hecho de que la mujer en la Iglesia tenga un papel subordinado al hombre y tenga vetado el acceso al poder. Nos explicó que en los palacios cardenalicios, los obispos normalmente tienen monjas que les atienden, y dedican toda su vida a atender las necesidades rutinarias de esos hombres que no saben cuidarse solos: les lavan la ropa, les hacen la comida, les mantienen sus estancias limpias, etc. El cura de nuestro pueblo dijo no comprender cómo una existencia así puede llenar, ni a la mujer ni al hombre, y que el mero hecho de que se dé esta situación ya implica que algo no va bien. La verdad es que me sorprendió agradablemente su alegato.
Sin embargo, me dio la sensación de que todo era un discurso bastante precocinado “al gusto del consumidor”. Es decir, que no era auténtico sino más bien una pose, por cómo nos habían calado (sobre todo a mí) desde el primer momento. La mujer que nos dio el cursillo prematrimonial en algún momento se descantilló con que la culpa de que hoy en día se produzcan tantos divorcios la tiene la emancipación de la mujer, porque está muy envalentonada, ya no necesita al hombre para subsistir, puede valerse por sí misma, y en consecuencia aguanta mucho menos. Tuve que pararle los pies y decirle que cuando se rompe un matrimonio, la culpa generalmente es de los dos y no de una sola de las partes, y que no es sólo que la mujer sea hoy en día mucho más independiente, cosa que me parece positiva, sino que los hombres no han sabido encontrar su sitio y hacerse a la idea de que están teniendo que ceder cuotas de poder cada vez más grandes y cada vez más rápido. Mientras no se mentalicen de esa nueva situación y encuentren su lugar, cuanto más tiempo se empecinen en no querer renunciar a sus privilegios históricos, más les costará asumir que su pareja ya no es una persona dependiente sino que tiene que tratarla en plano de igualdad y más les costará hacerse a la idea de que hombres y mujeres somos iguales en dignidad, iguales en derechos e iguales en responsabilidades (la frase no es mía, es del cura…. Todos se mostraron de acuerdo conmigo (al menos, eso dijeron), y el cura admitió que no es fácil cambiar 20 siglos de dominación machista en una sola generación.
Por otro lado, ví removerse en su silla al cura cuando la mujer que nos estaba dando el cursillo se pronunció a favor del divorcio en casos de malos tratos, y también en aquéllas situaciones en las que la mujer viva tan completamente sometida a su marido que le resulte insufrible continuar viviendo así. Creo que no le hizo demasiada gracia, aunque tuvo el buen gusto de mantener la boca cerrada, porque se podía haber montado un buen cirio y si me toca mucho las narices igual pierde dos clientes hasta ahora cautivos. Hay cosas por las que no estoy dispuesta a pasar.
Por lo demás, la charla discurrió sobre un temario de tópicos de psicología de revista femenina.
La base de toda pareja está en la comunicación
Si tu pareja hace algo que te ha molestado, díselo y no te lo guardes para tí, que después la bola se hace cada vez más grande y es peor
Compartid aficiones que os interesen a los dos
No tengáis aficiones que puedan descomponer el ritmo de la pareja(*)
Guardad un rato para vosotros, haced una escapada juntos de vez en cuando
Cuidad de la pareja, que los hijos llega un momento que se van de casa
¿Se os ocurren más tópicos? Seguro que me dejo alguno.
* Respecto al punto de no tener aficiones que descompongan el ritmo de la pareja, pusieron un ejemplo que me pareció de lo más curioso porque yo misma lo he vivido: irse _CADA_ domingo, desde las 7 de la mañana hasta las 3 de la tarde, a pasear en bici, lo que significa no salir ni-un-puñetero-sábado y no hacer planes juntos ni-un-puñetero-domingo… deja vu, ¿de qué me suena a mí esto?
Y, para finalizar, nos pasaron un cuento titulado “Amar sin ataduras” en la que una pareja de jóvenes indios (él, bravo guerrero; ella, HIJA DE el jefe de la tribu… le pedía al hechicero que les hiciera un conjuro para permanecer siempre unidos. El hechicero les pide que traigan un halcón y un águila, las aten por las patas y las dejen sueltas. Las aves intentan volar, pero al estar atadas no lo consiguen, y empiezan a darse picotazos la una a la otra. La moraleja del cuento es evidente: no te cases. ¡Pues a buenas horas me lo dicen!
P.D. : Más de una hora de cursillo prematrimonial, y ni una palabra sobre sexo.
Mi cuñi lleva varios días reclamándome los teléfonos de la gente que va a venir a la despedida de soltera, dice que ha mirado varias cosas que son para un grupo de mínimo 15 personas y si somos menos no se puede hacer. Miedo me da la que puede estar liando.
Ayer le envié la lista y esta mañana he hablado con mi madre sobre el tema. Dice que vamos un poco justas de tiempo, que hemos esperado demasiado. Al final, lo de la despedida de soltera en Ibiza queda completamente descartado por motivos económicos: estamos todas tiesas, y si la montamos tan lejos y tan cara iban a venir cuatro gatas. De todas formas, por una parte confío en mi cuñi, pero por otra me da pánico. Ya veremos como acaba la cosa.
Pero lo que más me ha molestado de la conversación que he tenido con mi madre, es que me dijera que ha invitado, por su cuenta y riesgo, a una persona que yo no soporto, y ella sabe perfectamente que no la trago. Se lo dejé bien claro, que no pensaba invitarla a la boda porque no la aguanto, y ella va y la invita a la despedida de soltera. No lo entiendo, de verdad. No quiero que venga, no me da la gana. De adolescentes mi insultaba, me pegaba, me hacía la vida imposible en el patio del colegio. Es la típica que te mira, se descojona en tu cara, te insulta, te humilla, y todo el mundo se lo toma como una broma porque te lo ha dicho riéndose. Pues con una carcajada yo también me puedo cagar en su puta madre, y entonces nadie se lo toma a broma, y me dicen que qué mal genio tengo. Joder, con la ley del embudo.
No me ha hecho ni puta gracia que la invitara, y presiento que como venga nos va a dar la noche. Es la sobrina de una amiga de la familia, y esa amiga sí que viene. Pero, vamos, que me parece a mí que la despedida de soltera es un momento para celebrarlo con las amigas más íntimas, y no con la petarda a la que tienes que invitar por compromiso. Esa, si quiere, que venga a la boda, que una invitada por compromiso más, total, tampoco se va a notar entre tanta gente, pero ¿en la despedida de soltera? ¿en mi fiesta de cachondeo más íntimo con mis amigas? No, en esa fiesta no pinta nada.
Si me la encuentro antes de la despedida, se lo pienso decir bien clarito a la cara:
Te ha invitado mi madre, pero _yo_ no quiero que vengas a mi despedida de soltera porque no me caes bien.
Que le quede bien claro. Y si aún así tiene el morro de presentarse el gran día… es que no me puedo esperar nada bueno de ella y fijo que la lía.
¿En qué líos me metes, madre? A ver si, con un poco de suerte, lo arregla ella y le dice que ha sido una metedura de pata, un error suyo, y que no puede venir… En fin, ya os contaré.
Queridas lectoras, os propongo una apuesta cuyo resultado sabremos exactamente el día 28 de junio. ¿Vendrá mi amiga Zorri a mi boda?
Ella dice que sí.
Yo digo que no me lo creo.
Ella me promete que vendrá.
Yo le digo que no me falle, que ese día es muy importante para mí.
Ella jura y perjura que vendrá. Que a la despedida de soltera no vendrá, por temas de dinero (para variar), pero que a la boda seguro que viene.
Yo no se lo digo, pero estoy viendo el futuro que nos espera:
La llamaré una semana antes de la boda, para recordarle la fecha y asegurarme de que vendrá.
Ella volverá a repetir por activa y por pasiva que vendrá.
El día de la boda, no se presentará. No llamará para dar una mínima explicación.
En el restaurante, tendré una mesa con dos sillas vacías.
En mi cuenta bancaria, tendré 300 euros menos, que no me sobran precisamente.
En mi casa, tendré una bronca monumental con mi madre por culpa de la impresentable de mi amiga.
No sabré de ella durante semanas, hasta que sea _YO_ quien se decida a llamarla.
Me pondrá alguna excusa estúpida que no quiero oír y mucho menos estoy dispuesta a creer.
En la factura telefónica, tendré una llamada de casi una hora, total, para escuchar soplapolleces que no me interesan.
Y, finalmente, tendré una amiga menos.
La historia tiene que ser _exactamente_ tal como la cuento para que gane la apuesta. Es decir, para que _yo_ gane la apuesta, no me conformo solo con que mi “amiga” no se presente sin dar explicaciones, sino que toda la historia tiene que ser exactamente así. Triple o nada. Si me equivoco, aunque sea en un punto de lo expuesto, tú ganas.
¿Qué me dices? ¿Vendrá o no vendrá? ¿Avisará de que no vendrá, o se comportará como la impresentable que es? ¿Me tendrá una hora al teléfono para explicarle una gilipollez como la catedral de Burgos, o tendrá una excusa mínimamente creíble? ¿La mandaré definitivamente a la mierda y no nos volveremos a ver más? ¿Qué nos apostamos?
Ya es duro estar completamente segura de que tu mejor amiga (sí, yo también me pregunto por qué) desde hace más de 12 años te dejará colgada y no se presentará el día de tu boda, te hará pagar su cubierto y el del Yerno Perfecto por no tener la decencia de decirte que no vendrá, y que encima no llamará tampoco después a menos que tú la llames, y solo entonces se dignará a inventarse alguna excusa chusca. Pero más duro es mantener viva la ilusión hasta el último momento, cruzar los dedos y soñar con que quizá no sea tan zorra como para dejarte colgada ese día, porque ella sabe perfectamente lo importante que es para tí. Pero, ¿sabe que nunca le perdonarías que te fallara ese día? No lo sé, creo que su confianza en mis tragaderas es ilimitada. No creo que tenga en cuenta que estoy hasta las narices y que esta sí que no se la voy a tolerar, ya sería demasiado.
La verdad es que no sé cómo la he aguantado hasta hoy. Desde hace un par de años (concretamente desde que empezó a salir con el Yerno Perfecto) nunca ha estado cuando la he necesitado, y ella tampoco ha dejado que yo estuviera cuando me ha necesitado a mí, a pesar de haberme ofrecido incondicionalmente; he perdido la cuenta de las veces que me ha dejado colgada sin una explicación, sin una llamada posterior (ni mucho menos previa) y con una excusa ridícula cuando la llamo yo. Así que esta es la última oportunidad que le doy a la que ha sido mi amiga de adolescencia y (quiero creer) primeros años de la edad adulta.
Sí, esta es la última oportunidad que le doy. ¿Y tú, qué opinas? ¿Fallará Zorri el día de mi boda, o se presentará como una buena amiga? Puedes votar por la opción que quieras aquí. La que más se aproxime, gana. Mi apuesta, ya sabéis cual es. ¿Y la vuestra?
No recuerdo como era exactamente esa vieja máxima china que recomendaba sentarte en la puerta de tu casa a ver pasar el cortejo fúnebre de tu enemigo, o algo así. Bueno, pues eso es exactamente lo que estoy haciendo.
Contemplar como aquel que te insultó y utilizó a cierta persona para sus propios y malévolos fines, ahora reniega de esa persona de la que se aprovechó y le llama hipócrita porque le ha dado la espalda ante su comportamiento infantil, es un placer que solo supera el chocolate belga.
Y si ves a ese capullo que pretendía arrinconarte para pasar él, a ese payaso que te llamó manipuladora, mentirosa y trepa, si le ves perder la cabeza y empezar a gritar a todo lo que se le acerca, desquiciado perdido:
Pues entonces la satisfacción alcanza niveles orgásmicos.
Y en esas estoy yo ahora: sentándome a ver pasar el cortejo fúnebre del idiota más ambicioso que ha parido madre, mientras me corro de gusto.
¿No es agradable cuando los que te quieren dar una paliza, reciben su justo castigo sin necesidad de que intervengas siquiera? Eso que me ahorro, que la mafia siciliana me cobraba una pasta.
Hoy tenía pensado contaros mi Desafío Beta (tarde, para variar, pero ya os contaré y creo que lo entenderéis), pero por una metedura de pata (una gran metedura de pata) por mi parte, he perdido dos posts, uno de ellos en el que explicaba la experiencia de ir a comprarme mis zapatos de novia, y otro sobre mis impresiones durante la jornada electoral. No creo que pueda recuperarlos (aunque si algun@ de mis lector@s que está suscrito por e-mail ha recibido al menos el de los zapatos, y me lo puede reenviar a pimkie81@gmail.com, le estaría eternamente agradecida), así que al menos recupero las fotos de los zapatos, para que podáis verlas.
En realidad, la gran metedura de pata ha consistido en llevarme por delante la base de datos del blog, y encima en un lunes, con lo que la última copia de seguridad que tenían en el servicio técnico era del viernes, por eso no he podido recuperar los posts del fin de semana. ¡Para un finde que me da por escribir algo, y voy y me lo cargo sin poderlo recuperar! Si es que este año la mala suerte se está cebando conmigo, voy a tener que planteármelo seriamente. Por suerte, como ya os comenté, uno de los motivos por los que me decidí a cambiar y pagar por bloguear fue el hecho de tener un servicio técnico 24 horas, que responde enseguida si meto la pata. Me da pena haber perdido dos posts, en especial el de los zapatos por todo el cariño que le puse, pero por lo menos no es todo el archivo del blog de estos casi dos años.
En fin, como Ifo no quiere ver nada que tenga que ver con mi vestuario o complementos del día de la boda, para ver las fotos de los zapatos tendréis que clickar en “seguir leyendo” para verlas.
Siento los comentarios que se han perdido también, me da mucha pena perder las palabras que me habéis dejado con todo vuestro cariño. Os pido perdón por mi torpeza.
Ya tengo los zapatos que llevaré el día de mi boda. Ifo me ha llevado a Barcelona esta mañana a comprarlos en El Tocador de la Novia, una tienda encantadora que hay en Barcelona en la calle Roger de Lluria nº 161, y está especializada en zapatos, tocados y ropa interior de novia.
El personal es un cielo, unos profesionales con muchos años de experiencia, que saben cómo tratar a las futuras novias y aconsejar, y eso se nota y se agradece. Te dan una tranquilidad absoluta, si les llevas una foto del vestido de novia, saben aconsejarte sobre lo que mejor le va, colores, texturas, estilo… Y al mismo tiempo, que se adapte a tu personalidad y que te veas cómoda.
Yo lo tuve claro prácticamente desde el primer momento. A pesar de que en un primer momento había pensado en unas sandalias, el chico que me atendió me dijo que me lo quitara de la cabeza, que mi vestido es muy clásico y no le van nada unas sandalias, porque solo se me verá la puntita y no quedaría nada bien unos dedos desnudos saliendo por debajo de la falda. Tenía toda la razón, así que me decidí por unos descubiertos en el talón y cerrados por delante.
Olisqueé por toda la tienda, tienen más de 100 modelos en exposición y me probé varios, unos sugeridos por el propio vendedor y otros elegidos por mí. Tengo un ojo clínico que es demasiado: al final me quedé los primeros que me elegí. Probé con unos de punta afilada y tacón bajo, pero no me acabaron de convencer, la punta me parecía excesivamente agresiva, así que me quedé con unos con puntita redondeada y, en mi opinión, mucho más monos.
He colgado varias fotos en mi flickr, y a continuación si pincháis en SEGUIR LEYENDO podréis ver cuatro fotos más en grande. No las ha puesto directamente aquí porque Ifo no quiere ver los zapatos, de hecho no quiere ver nada de mi vestuario. Ha pillado por error el liguero que me han regalado en El Tocador de la Novia, y ya me ha dicho que lo tengo que cambiar por otro. Suerte que me lo está haciendo mi abuela a mano con todo su cariño (del gusto, ya os contaré). Y me ha advertido que, si pilla algo más, me lo hará cambiar, porque quiere que absolutamente todo sea a la vez un misterio y una sorpresa para él ese día.
Por cierto, como tenía que llevar la foto del vestido a la tienda, la llevaba guardada en la mochila. Y como esta tarde hemos quedado con mis padres, les he enseñado los zapatos, y la foto del vestido a mi cuñada, la hermana de Ifo, que aún no lo había visto. Mi padre ha pillado la foto y ha visto el vestido también. Diga lo que diga, se moría de la curiosidad, porque para que él haga eso, le tenía que estar picando el gusanillo desde hace tiempo. Mi madre se ha quedado la foto, me imagino que para enseñársela a sus compañeras de trabajo: está deseando presumir. Me decía incluso que el día de la prueba con el vestido (la tengo el día 28 de marzo, en tres semanitas) se iba a llevar la cámara para hacer fotos. Me habían dicho que eso da mala suerte, y se ha quedado un poco desilusionada. Lo que yo te diga, está deseando presumir.
La parte decepcionante de la historia ha sido cuando me he dado cuenta de que mi suegra, a 16 semanas para la boda, aún no le ha dicho nada a nadie de su familia, ni siquiera los más cercanos lo sabían, y eso que viven en el mismo edificio. Ella dice que no le ha dicho nada a nadie todavía por el tema de la operación (por cierto, le darán el alta el lunes o el martes y todo ha ido bien), pero lo cierto es que que había posibilidad de que la operaran lo sabíamos desde finales diciembre, y que nos casamos lo saben desde hace bastante más tiempo (de hecho, a mediados de noviembre vino con mi madre, mi abuela y mi cuñi a probarme vestidos de novia, y a finales de octubre ya sabían que habíamos dado la paga y señal en el restaurante), así que como excusa no me cuadra demasiado. Más bien me da la sensación de que hasta ahora no tenían del todo claro que la boda fuese a tirar para adelante, esperaban que nos arrepintiéramos en cualquier momento y lo anuláramos todo, y por eso no le han dicho nada aún a la familia. Me dolería mucho que fuese así, aunque solo es un pálpito personal y, claro, no lo puedo demostrar. Llamadme desconfiada si queréis.
Al final la familia más directa de Ifo se ha enterado esta tarde y todavía lo están flipando, claro, porque no tenían ni la más remota idea. La situación ha sido un poco violenta, porque digamos que se han enterado un poco forzados por las circunstancias (yo allí, enseñándole a mi madre, abuela y cuñada, los zapatos de la boda y el vestido, y la mitad de los presentes no sabían nada de boda, así que os podéis imaginar el cuadro). A principios del mes que viene tendremos ya las invitaciones, así que mi suegra tampoco podía esperar mucho más a decirlo, pero vamos, ella se lo gestiona como le da la gana.
Aún falta el traje y los zapatos de Ifo, que todavía no ha empezado a mirar nada aunque dice que lo tiene bastante claro. Seguramente la semana que viene vaya a mirar algo. Y el viaje de novios lo terminaremos de rematar este lunes. Se nos echa el tiempo encima, pero vamos cerrando cositas. Os sigo contando. Si queréis ver las fotos de los zapatos, clickad en SEGUIR LEYENDO.
El otro día os explicaba una de las cosas absurdas de casarse por la Iglesia: ir a pedirle al cura del pueblo donde vives permiso para poder casarte en el pueblo en el que naciste (o en el que nació tu pareja), y la documentación que hay que aportar para que te concedan el permiso.
Bien, pues hay un requisito absurdo más que no os conté: hay que pasar un cursillo prematrimonial, entre uno y dos meses antes de la boda. Y te preguntarás, ¿pero todavía se llevan esas cosas? Sí, jamía, sí. Pero no lo da el cura, como yo creía, lo cual tiene su lógica, porque ¿qué me va a explicar sobre el matrimonio quien nunca ha pasdo por ello? ¿Qué me puede aconsejar sobre los roces de la convivencia matrimonial quien no ha convivido más que con sus padres, y de eso hace ya décadas?
Parece ser que el cursillo prematrimonial dura un fin de semana y lo imparte una pareja joven, cosa que por un lado me tranquiliza (que nos hable de lo que es el matrimonio una pareja de nuestra generación, o bastante cercana, es un alivio, porque de ser de la generación de mi abuela, o incluso de la de mi madre, me parece que no nos íbamos a entender), pero por otro lado me preocupa: ¿qué clase de pareja se presta voluntariamente a aconsejar sobre la vida matrimonial a parejas que no tienen elección sobre recibir esos consejos o no, si quieren pasar por el altar? En el fondo, tengo curiosidad por saber qué me voy a encontrar, igual se genera un debate interesante, y no es lo mismo intercambiar opiniones con una pareja joven que con el cura del pueblo… Pero, ¿su veredicto será vinculante para que el cura autorice nuestra boda? mmmmmm… eso ya no me gustaría un pelo…
Por otra parte, me preocupa la duración del cursillo de marras. Me habían dicho que se trata de unas charlas y ya está, y el hecho de que duren todo un fin de semana no me hace especial ilusión. A ver, entiendo que nos den la brasa, que nos expliquen algunas cosas del matrimonio (paciencia, resignación, y en esa línea, supongo) o incluso que nos dén algunos truquis para conseguir que Ifo no deje pelos en el lavabo cuando se afeita, cosa que agradeceré con toda mi alma, pero… ¡¿todo un fin de semana?! Como todo el mundo, mi carinyitu tiene algunas cosillas que me sacan de quicio, la convivencia tiene estas cosas (yo también tengo cosas que le sacan de quicio a él, y ambos lo llevamos lo mejor que podemos, como adultos), pero si creyera que alguno de los dos necesita un intensivo de fin de semana para llevar mejor el tema de la convivencia matrimonial, no me casaba: ¡me apuntaba a los castings de Gran Hermano!
En fin, ahora lo que toca es recopilar toda la documentación necesaria, llevársela al señor cura para que nos autorice a casarnos donde nos dé la gana, y después a esperar los cursillos prematrimoniales, a ver cómo se dan. ¡Prometo contároslo todo con pelos y señales!
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