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Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que pertenece al señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
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Me pican los mosquitos. Mucho. Me acribillan, me muerden, se ponen las botas con mi sangre y luego me salen unas ronchas en la piel tamaño moneda de dos leuros en los casos leves, y tamaño galleta María en los más extremos. Y así estaba ayer, con las piernas llenas de ronchas rosadas tamaño galleta María, utilizando todos los remedios caseros para que se pasara el picor (el truco que más me alivia es ponerme encima de las picaduras jabón de manos y esperar a que se seque), sabiendo que _no debo_ rascarme pero sin poderlo evitar.
Le conté a mi querido marido mi drama particular y él encontró la solución, un antimosquitos radical:
Enciérrate en una habitación, cierra puertas y ventanas, y tira mucho antimosquitos. Si tú no sobrevives, ellos tampoco.

A veces me pregunto por qué me casé contigo…
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Tengo unas nauseas horrorosas y voy al baño cada 10 minutos. Todo el mundo me pregunta si he vuelto embarazada de la luna de miel…
Nunca pensé que fuera tan difícil de explicar la diferencia entre un bebé y una gastroenteritis…

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Ayer por la noche fuimos a la temida charla del cursillo prematrimonial. Estábamos un pelín asustados, desconcertados porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar y porque el cura nos había dicho que duraban ¡¡un fin de semana!! (¿está loco este hombre? ¡Con la cantidad de cosas que tenemos que hacer, a un mes de la boda!). De hecho, cuando le recordé a Ifo que nos habían dicho que el curso prematrimonial duraba un fin de semana, puso cara de susto y me dijo que si no nos podíamos casar por lo civil… Os juro que en ese momento casi lo mato, ¡con el conflicto ético-moral que tengo yo al casarme por la Iglesia! Y es que no soy para nada creyente, de hecho me he planteado la posibilidad de apostatar, y si me caso _por la Iglesia_ es por él, porque a él le hace una ilusión tremenda, porque yo me imaginaba una boda civil en un jardín bonito, quizá bajo una carpa… En fin, que casi lo mato, cuando me dijo que simplemente se estaba cachondeado, y que lo de casarnos por la iglesia lo tiene clarísimo, pero lo que no le hacía ni puñetera gracia es lo del cursillo prematrimonial.
Total, que a las 9 de la noche allí estábamos, en la parroquia de nuestro pueblo, junto a otra pareja más, esperando a la pareja “de acogida” que nos iba a explicar de qué va esto del matrimonio… La actitud de Ifo al respecto no dejaba lugar a dudas:
A las 10 nos largamos, que yo mañana madrugo.
Y yo, nerviosa y algo asustada, porque si se les ocurre recomendarme que, como mujer, mi papel en el matrimonio consiste básicamente en servir a mi marido, y su receta se basa en la resignación cristiana, salgo de allí excomulgada por la vía directa.
En realidad no fue para tanto. Algo más de una hora de charla con un matrimonio bastante joven, muy pijos los dos (él, polo lacoste; ella, look a lo hippy-fashion con pendiente de Tous), que llevaban 16 años casados y tenían 2 hijas, la menor de 10 años. Aparte de pijos, no eran tan conservadores como yo me esperaba, y estaban más bien por la igualdad hombre-mujer, reparto equitativo de tareas en el hogar y en esa línea.
Incluso el cura, contra todo pronóstico, se pronunció a favor de la emancipación de la mujer, de la necesidad de llenar su vida con otras tareas que le resulten más satisfactorias para su autorealización personal que servir al hombre, y en contra de que el hombre sea completamente inútil en su quehacer diario que requiera de una mujer que le atienda hasta para lavarle la ropa o hacerle la comida. Y más sorprendente aún, a pesar de lo conservador que el párraco nos pareció cuando fuimos a verle la primera vez, en esta charla criticó el machismo de la Iglesia Católica, y el hecho de que la mujer en la Iglesia tenga un papel subordinado al hombre y tenga vetado el acceso al poder. Nos explicó que en los palacios cardenalicios, los obispos normalmente tienen monjas que les atienden, y dedican toda su vida a atender las necesidades rutinarias de esos hombres que no saben cuidarse solos: les lavan la ropa, les hacen la comida, les mantienen sus estancias limpias, etc. El cura de nuestro pueblo dijo no comprender cómo una existencia así puede llenar, ni a la mujer ni al hombre, y que el mero hecho de que se dé esta situación ya implica que algo no va bien. La verdad es que me sorprendió agradablemente su alegato.
Sin embargo, me dio la sensación de que todo era un discurso bastante precocinado “al gusto del consumidor”. Es decir, que no era auténtico sino más bien una pose, por cómo nos habían calado (sobre todo a mí) desde el primer momento. La mujer que nos dio el cursillo prematrimonial en algún momento se descantilló con que la culpa de que hoy en día se produzcan tantos divorcios la tiene la emancipación de la mujer, porque está muy envalentonada, ya no necesita al hombre para subsistir, puede valerse por sí misma, y en consecuencia aguanta mucho menos. Tuve que pararle los pies y decirle que cuando se rompe un matrimonio, la culpa generalmente es de los dos y no de una sola de las partes, y que no es sólo que la mujer sea hoy en día mucho más independiente, cosa que me parece positiva, sino que los hombres no han sabido encontrar su sitio y hacerse a la idea de que están teniendo que ceder cuotas de poder cada vez más grandes y cada vez más rápido. Mientras no se mentalicen de esa nueva situación y encuentren su lugar, cuanto más tiempo se empecinen en no querer renunciar a sus privilegios históricos, más les costará asumir que su pareja ya no es una persona dependiente sino que tiene que tratarla en plano de igualdad y más les costará hacerse a la idea de que hombres y mujeres somos iguales en dignidad, iguales en derechos e iguales en responsabilidades (la frase no es mía, es del cura… . Todos se mostraron de acuerdo conmigo (al menos, eso dijeron), y el cura admitió que no es fácil cambiar 20 siglos de dominación machista en una sola generación.
Por otro lado, ví removerse en su silla al cura cuando la mujer que nos estaba dando el cursillo se pronunció a favor del divorcio en casos de malos tratos, y también en aquéllas situaciones en las que la mujer viva tan completamente sometida a su marido que le resulte insufrible continuar viviendo así. Creo que no le hizo demasiada gracia, aunque tuvo el buen gusto de mantener la boca cerrada, porque se podía haber montado un buen cirio y si me toca mucho las narices igual pierde dos clientes hasta ahora cautivos. Hay cosas por las que no estoy dispuesta a pasar.
Por lo demás, la charla discurrió sobre un temario de tópicos de psicología de revista femenina.
- La base de toda pareja está en la comunicación
- Si tu pareja hace algo que te ha molestado, díselo y no te lo guardes para tí, que después la bola se hace cada vez más grande y es peor
- Compartid aficiones que os interesen a los dos
- No tengáis aficiones que puedan descomponer el ritmo de la pareja(*)
- Guardad un rato para vosotros, haced una escapada juntos de vez en cuando
- Cuidad de la pareja, que los hijos llega un momento que se van de casa
- Guardad cada uno vuestro propio espacio personal
- Compartid las tareas del hogar
¿Se os ocurren más tópicos? Seguro que me dejo alguno.
* Respecto al punto de no tener aficiones que descompongan el ritmo de la pareja, pusieron un ejemplo que me pareció de lo más curioso porque yo misma lo he vivido: irse _CADA_ domingo, desde las 7 de la mañana hasta las 3 de la tarde, a pasear en bici, lo que significa no salir ni-un-puñetero-sábado y no hacer planes juntos ni-un-puñetero-domingo… deja vu, ¿de qué me suena a mí esto?
Y, para finalizar, nos pasaron un cuento titulado “Amar sin ataduras” en la que una pareja de jóvenes indios (él, bravo guerrero; ella, HIJA DE el jefe de la tribu… le pedía al hechicero que les hiciera un conjuro para permanecer siempre unidos. El hechicero les pide que traigan un halcón y un águila, las aten por las patas y las dejen sueltas. Las aves intentan volar, pero al estar atadas no lo consiguen, y empiezan a darse picotazos la una a la otra. La moraleja del cuento es evidente: no te cases. ¡Pues a buenas horas me lo dicen!
P.D. : Más de una hora de cursillo prematrimonial, y ni una palabra sobre sexo.
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Hoy tenía pensado contaros mi Desafío Beta (tarde, para variar, pero ya os contaré y creo que lo entenderéis), pero por una metedura de pata (una gran metedura de pata) por mi parte, he perdido dos posts, uno de ellos en el que explicaba la experiencia de ir a comprarme mis zapatos de novia, y otro sobre mis impresiones durante la jornada electoral. No creo que pueda recuperarlos (aunque si algun@ de mis lector@s que está suscrito por e-mail ha recibido al menos el de los zapatos, y me lo puede reenviar a pimkie81@gmail.com, le estaría eternamente agradecida), así que al menos recupero las fotos de los zapatos, para que podáis verlas.
En realidad, la gran metedura de pata ha consistido en llevarme por delante la base de datos del blog, y encima en un lunes, con lo que la última copia de seguridad que tenían en el servicio técnico era del viernes, por eso no he podido recuperar los posts del fin de semana. ¡Para un finde que me da por escribir algo, y voy y me lo cargo sin poderlo recuperar! Si es que este año la mala suerte se está cebando conmigo, voy a tener que planteármelo seriamente. Por suerte, como ya os comenté, uno de los motivos por los que me decidí a cambiar y pagar por bloguear fue el hecho de tener un servicio técnico 24 horas, que responde enseguida si meto la pata. Me da pena haber perdido dos posts, en especial el de los zapatos por todo el cariño que le puse, pero por lo menos no es todo el archivo del blog de estos casi dos años.
En fin, como Ifo no quiere ver nada que tenga que ver con mi vestuario o complementos del día de la boda, para ver las fotos de los zapatos tendréis que clickar en “seguir leyendo” para verlas.
Siento los comentarios que se han perdido también, me da mucha pena perder las palabras que me habéis dejado con todo vuestro cariño. Os pido perdón por mi torpeza.
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Ya tengo los zapatos que llevaré el día de mi boda. Ifo me ha llevado a Barcelona esta mañana a comprarlos en El Tocador de la Novia, una tienda encantadora que hay en Barcelona en la calle Roger de Lluria nº 161, y está especializada en zapatos, tocados y ropa interior de novia.
El personal es un cielo, unos profesionales con muchos años de experiencia, que saben cómo tratar a las futuras novias y aconsejar, y eso se nota y se agradece. Te dan una tranquilidad absoluta, si les llevas una foto del vestido de novia, saben aconsejarte sobre lo que mejor le va, colores, texturas, estilo… Y al mismo tiempo, que se adapte a tu personalidad y que te veas cómoda.
Yo lo tuve claro prácticamente desde el primer momento. A pesar de que en un primer momento había pensado en unas sandalias, el chico que me atendió me dijo que me lo quitara de la cabeza, que mi vestido es muy clásico y no le van nada unas sandalias, porque solo se me verá la puntita y no quedaría nada bien unos dedos desnudos saliendo por debajo de la falda. Tenía toda la razón, así que me decidí por unos descubiertos en el talón y cerrados por delante.
Olisqueé por toda la tienda, tienen más de 100 modelos en exposición y me probé varios, unos sugeridos por el propio vendedor y otros elegidos por mí. Tengo un ojo clínico que es demasiado: al final me quedé los primeros que me elegí. Probé con unos de punta afilada y tacón bajo, pero no me acabaron de convencer, la punta me parecía excesivamente agresiva, así que me quedé con unos con puntita redondeada y, en mi opinión, mucho más monos.
He colgado varias fotos en mi flickr, y a continuación si pincháis en SEGUIR LEYENDO podréis ver cuatro fotos más en grande. No las ha puesto directamente aquí porque Ifo no quiere ver los zapatos, de hecho no quiere ver nada de mi vestuario. Ha pillado por error el liguero que me han regalado en El Tocador de la Novia, y ya me ha dicho que lo tengo que cambiar por otro. Suerte que me lo está haciendo mi abuela a mano con todo su cariño (del gusto, ya os contaré). Y me ha advertido que, si pilla algo más, me lo hará cambiar, porque quiere que absolutamente todo sea a la vez un misterio y una sorpresa para él ese día.
Por cierto, como tenía que llevar la foto del vestido a la tienda, la llevaba guardada en la mochila. Y como esta tarde hemos quedado con mis padres, les he enseñado los zapatos, y la foto del vestido a mi cuñada, la hermana de Ifo, que aún no lo había visto. Mi padre ha pillado la foto y ha visto el vestido también. Diga lo que diga, se moría de la curiosidad, porque para que él haga eso, le tenía que estar picando el gusanillo desde hace tiempo. Mi madre se ha quedado la foto, me imagino que para enseñársela a sus compañeras de trabajo: está deseando presumir. Me decía incluso que el día de la prueba con el vestido (la tengo el día 28 de marzo, en tres semanitas) se iba a llevar la cámara para hacer fotos. Me habían dicho que eso da mala suerte, y se ha quedado un poco desilusionada. Lo que yo te diga, está deseando presumir.
La parte decepcionante de la historia ha sido cuando me he dado cuenta de que mi suegra, a 16 semanas para la boda, aún no le ha dicho nada a nadie de su familia, ni siquiera los más cercanos lo sabían, y eso que viven en el mismo edificio. Ella dice que no le ha dicho nada a nadie todavía por el tema de la operación (por cierto, le darán el alta el lunes o el martes y todo ha ido bien), pero lo cierto es que que había posibilidad de que la operaran lo sabíamos desde finales diciembre, y que nos casamos lo saben desde hace bastante más tiempo (de hecho, a mediados de noviembre vino con mi madre, mi abuela y mi cuñi a probarme vestidos de novia, y a finales de octubre ya sabían que habíamos dado la paga y señal en el restaurante), así que como excusa no me cuadra demasiado. Más bien me da la sensación de que hasta ahora no tenían del todo claro que la boda fuese a tirar para adelante, esperaban que nos arrepintiéramos en cualquier momento y lo anuláramos todo, y por eso no le han dicho nada aún a la familia. Me dolería mucho que fuese así, aunque solo es un pálpito personal y, claro, no lo puedo demostrar. Llamadme desconfiada si queréis.
Al final la familia más directa de Ifo se ha enterado esta tarde y todavía lo están flipando, claro, porque no tenían ni la más remota idea. La situación ha sido un poco violenta, porque digamos que se han enterado un poco forzados por las circunstancias (yo allí, enseñándole a mi madre, abuela y cuñada, los zapatos de la boda y el vestido, y la mitad de los presentes no sabían nada de boda, así que os podéis imaginar el cuadro). A principios del mes que viene tendremos ya las invitaciones, así que mi suegra tampoco podía esperar mucho más a decirlo, pero vamos, ella se lo gestiona como le da la gana.
Aún falta el traje y los zapatos de Ifo, que todavía no ha empezado a mirar nada aunque dice que lo tiene bastante claro. Seguramente la semana que viene vaya a mirar algo. Y el viaje de novios lo terminaremos de rematar este lunes. Se nos echa el tiempo encima, pero vamos cerrando cositas. Os sigo contando. Si queréis ver las fotos de los zapatos, clickad en SEGUIR LEYENDO.
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Ayer lo adelantaba en mi twitter:
Ikea: no es ciudad para niños (¿qué clase de degeneraos llevan a sus hijos pequeños a Ikea un sábado por la tarde? Mala gente, sin duda)
Y hoy retomo la idea para explicarlo más detalladamente. El sábado por la tarde (el sábado fue un día duro en general, os iré explicando la historia en diferentes posts), fuimos a Ikea a comprar mi escritorio nuevo, después de que Ifo ocupara vilmente y a traición _mi_ habitación de estudiar, con sabadosidad y alevosía, aprovechando que estaba en Madrid sacándole la lengua al Presidente del Gobierno, y en justo castigo por intentar ligar con Juanra, de Caiga Quien Caiga (supongo).
El caso es que necesitaba un escritorio para poder estudiar, y ya que el sábado estábamos liados con mil historias, se nos ocurrió hacer la penúltima parada en Ikea. Mala idea. Ir a Ikea un sábado por la tarde _siempre_ es mala idea. A menos, claro, que te encanten las grandes aglomeraciones de gente en espacios reducidos, caminar durante horas por el camino marcado cual manada de borregos, y no tener salida a tu alcance en caso de una crisis de ansiedad más que probable. Y, a pesar de todo, allí nos metimos, dispuestos a hacernos con mi escritorio nuevo, sorteando toda clase de peligros, y meter los paquetes en el Ifo-coche como fuera.
Lo que no podía imaginar ni por un momento es que nos encontraríamos con montones de familias, matrimonios jóvenes (apenas treinteañeros) con niños pequeños, incluso en cochecito. Si para un adulto ya es duro pasar por la experiencia de recorrerse Ikea a la caza y captura del escritorio deseado un sábado por la tarde entre millones de personas que hacen la misma peregrinación hacia el almacén, armados con lápiz y papel, por un camino tan estrecho… no me quiero ni imaginar cómo lo deben pasar las pobres criaturas, atadas durante horas al carrito, sin poder moverse, con peluches y cosas chulas a su alrededor que desean tocar, y gente que pasa a su alrededor como puede, estresada y de mala leche. No lo entiendo. Hace falta ser degerano y mala gente para hacer pasar a tus propios hijos pequeños por una ginkana claramente poco adecuada para su edad y sin premio final, y para más inri una experiencia que no deseas ni para tí misma.
Me pregunto si esos padres que llevan carritos con niños en Ikea un sábado por la tarde estarán poniendo en práctica algún tipo de castigo promovido por un método pedagógico que desconozco. No es normal tanto padre con tanto crío en un día y lugar tan poco adeacuado para ellos. Pero me fijo un poco mejor y ¡veo que los padres incluso están disfrutando! Los veo parados en corrillos, provocando atascos entre la marea de gente que no puede avanzar, parados en determinadas zonas del recorrido (¿o debería decir laberinto para hamsters?) comentando en grupitos lo ideal que es esa cocina o qué combinación tan divina para una habitación, mientras los pobres críos berrean aburridos y agobiados de cochecito y de gente. ¡Serán sádicos! No deberían haberles permitido tener hijos, ¿para cuando un test psicotécnico para poder ser padre?
Finalmente, y no sin esfuerzo, llegamos al almacén con todas las referencias anotadas: mi escritorio Galant, una cajonera y un sillón-director para Ifo y su espalda. Mientras Ifo se lleva la grúa de a leuro que hemos cogido en la entrada del almacén y la hoja con las referencias apuntadas, yo me pongo a hacer cola pacientemente para el punto de información, donde _creía_ que me iban a dar un papelito para recoger los tableros en una puerta grande. Craso error. Llego allí, le doy la referencia de mi escritorio, y el chico primero no la encuentra en el ordenador y después me manda devuelta arriba, a la sección de escritorios, a hablar con el encargado de esa sección, que me tiene que hacer el pedido. Cawenikea, ¿y eso no me lo podían haber dicho antes? El chico, todo encanto y buen hacer, me da dos opciones: o dar la vuelta y enfrentarnos a la marea de gente, alcanzando nuestro objetivo nadando contra corriente como un kilómetro más o menos, o volver a entrar y realizar de nuevo todo el recorrido infernal. Logro controlar mis instintos asesinos porque estoy demasiado cansada y el chaval tiene pinta de que opondrá resistencia, y yo no estoy para esos trotes.
Optamos por volver a hacer el recorrido. Gracias a la orientación fuera de serie de Ifo, podemos atajar más de 3/4 partes del recorrido, colándonos por los recovecos de la exposición y esquivando a esas familias de padres sádicos e hijos que en la adolescencia probablemente emularán al asesino de la katana o algo parecido (luego, los medios de comunicación llorarán la desgracia y culparán a los juegos de rol, sin darse cuenta de que la tragedia familiar se mascaba desde la más tierna infancia). Llegamos, conseguimos encontrar una empleada libre en la sección que nos interesa que Ifo pilla por banda y no la soltamos aunque la cola de gente que quiere preguntar tras nosotros crece. Parece que no tenemos muy claro (sobre todo yo) las piezas que componen la mesa que necesito, y la chica con sus prisas por quitarnos de enmedio rápidamente tampoco ayuda. Al final logramos aclararnos y nos hace el pedido.
Volvemos por donde nos hemos colado y en un santiamén nos plantamos de nuevo en el punto de información del almacén, otra vez a hacer cola (por suerte ahora no hay apenas gente esperando), y nos mandan a la línea de cajas con unas instrucciones bien sencillas: primero haz cola en caja para pagar, después vuelve a hacer cola para que te preparen el pedido, después haz otra cola para que te entreguen el pedido, y luego, si eso, ya te daremos la mesa, suponiendo que hayas conseguido llegar hasta el final de la ginkana infernal y no hayas fallecido en el intento. Genial. Me encanta este sistema sueco pensado para hacernos la vida más fácil. ¿Se imaginan todo esto con niños menores de tres años?
Inasequibles al desaliento a pesar de todos los contratiempos, de los recorridos maratonianos por la tienda, de la avalancha de gente, de las largas colas y de las insufribles esperas, finalmente nos llevamos nuestro escritorio a piezas. Y la pieza grande no nos cabe en el coche. Mi hermano no puede echarnos una mano porque va camino de una despedida de soltero, mi padre no puede ayudarnos porque el todoterreno no tiene pasada la ITV y se han llevado a Canet el coche pequeño, llamamos un taxi monovolumen (unas 15 veces a la central hasta que nos cogen el teléfono) y el taxista no se digna a presentarse…
Mira, casi que mejor subimos de nuevo por donde podamos (que es por ningún sitio, tenemos que hacer como si volviéramos a entrar en la tienda pero cargados con la pieza que no nos cabe en el coche), volvemos a hacer la enésima cola del día, y pedimos que nos lo envíen a casa. Hasta este viernes no tendré mi mesa nueva completa en casa y podré empezar a montarla. ¡Con las ganas que tenía y me tendré que esperar una semana!
Yo acabé el día destrozada, pero Ifo aún más debido al esfuerzo físico “extra” que tuvo que hacer y del que yo me libré Desde luego, me debe querer mucho para aguantar una tortura así.
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El otro día os explicaba una de las cosas absurdas de casarse por la Iglesia: ir a pedirle al cura del pueblo donde vives permiso para poder casarte en el pueblo en el que naciste (o en el que nació tu pareja), y la documentación que hay que aportar para que te concedan el permiso.
Bien, pues hay un requisito absurdo más que no os conté: hay que pasar un cursillo prematrimonial, entre uno y dos meses antes de la boda. Y te preguntarás, ¿pero todavía se llevan esas cosas? Sí, jamía, sí. Pero no lo da el cura, como yo creía, lo cual tiene su lógica, porque ¿qué me va a explicar sobre el matrimonio quien nunca ha pasdo por ello? ¿Qué me puede aconsejar sobre los roces de la convivencia matrimonial quien no ha convivido más que con sus padres, y de eso hace ya décadas?
Parece ser que el cursillo prematrimonial dura un fin de semana y lo imparte una pareja joven, cosa que por un lado me tranquiliza (que nos hable de lo que es el matrimonio una pareja de nuestra generación, o bastante cercana, es un alivio, porque de ser de la generación de mi abuela, o incluso de la de mi madre, me parece que no nos íbamos a entender), pero por otro lado me preocupa: ¿qué clase de pareja se presta voluntariamente a aconsejar sobre la vida matrimonial a parejas que no tienen elección sobre recibir esos consejos o no, si quieren pasar por el altar? En el fondo, tengo curiosidad por saber qué me voy a encontrar, igual se genera un debate interesante, y no es lo mismo intercambiar opiniones con una pareja joven que con el cura del pueblo… Pero, ¿su veredicto será vinculante para que el cura autorice nuestra boda? mmmmmm… eso ya no me gustaría un pelo…
Por otra parte, me preocupa la duración del cursillo de marras. Me habían dicho que se trata de unas charlas y ya está, y el hecho de que duren todo un fin de semana no me hace especial ilusión. A ver, entiendo que nos den la brasa, que nos expliquen algunas cosas del matrimonio (paciencia, resignación, y en esa línea, supongo) o incluso que nos dén algunos truquis para conseguir que Ifo no deje pelos en el lavabo cuando se afeita, cosa que agradeceré con toda mi alma, pero… ¡¿todo un fin de semana?! Como todo el mundo, mi carinyitu tiene algunas cosillas que me sacan de quicio, la convivencia tiene estas cosas (yo también tengo cosas que le sacan de quicio a él, y ambos lo llevamos lo mejor que podemos, como adultos), pero si creyera que alguno de los dos necesita un intensivo de fin de semana para llevar mejor el tema de la convivencia matrimonial, no me casaba: ¡me apuntaba a los castings de Gran Hermano!
En fin, ahora lo que toca es recopilar toda la documentación necesaria, llevársela al señor cura para que nos autorice a casarnos donde nos dé la gana, y después a esperar los cursillos prematrimoniales, a ver cómo se dan. ¡Prometo contároslo todo con pelos y señales!
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El viernes fuimos a ver al cura de nuestro pueblo. Toda una experiencia. ¿Que para qué? Para pedirle permiso para casarnos en una iglesia que no es la que nos correspondería. Sí, yo también lo flipo: tenemos que ir a ver a un tío al que no conocemos de nada, que no nos ha visto en su vida y que probablemente no nos vuelva a ver, para pedirle permiso para casarnos donde nos da la gana. Y encima solo atiende los miércoles y los viernes, de 5 a 7 de la tarde. No se canse, buen hombre. Absurdidades de casarse por la iglesia, darían para un capítulo entero.
Aunque, bien mirado, la cosa tiene su lógica: el cura del Santuario donde nos casaremos nos pide 250€ para las flores. Ya, claro. Teniendo en cuenta que organizan 4 bodas diarias (dos por la mañana, dos por la tarde), y que a cada pareja le clavan 250€, salimos a 1.000 leuros para pagar las flores que compartiremos, y que no podemos elegir. Magnífico. No hace falta que os dé más datos, ¿verdad?
Llevábamos días dándole vueltas al tema, ¿y qué le decimos si nos pregunta que por qué queremos casarnos?
Yo lo tengo claro:
Porque desgrava, padre, porque desgrava…
Y él no lo tiene menos claro:
Porque mi futura señora no cree en las relaciones prematrimoniales, y estoy harto de matarme a pajas…
Vaya par. Casi mejor que el cura no nos pregunte y se limite a darnos su bendición, porque si no no solo no nos deja casarnos sino que nos excomulga hasta la tercera generación.
Y aquí es donde empieza nuestra peregrinación por las Iglesias de la provincia de Barcelona, porque no son pocos los requisitos y documentos que tenemos que presentar para que nos dejen casarnos (casi tantos como para que te cambien de domicilio la conexión ADSL). A ver, hagamos recuento. Necesitamos:
- Nuestras respectivas partidas de bautismo (las de nacimiento, curiosamente, no nos las piden…
, que cada uno debe recoger en la iglesia en la que fue bautizado (él en Sabadell, Vallés Occidental; yo en El Prat, Baix Llobregat).
- Fotocopia de nuestras hojas en el libro de familia de cada cual
- Fotocopia de nuestros DNI’s
- Certificado de buena conducta firmado por nuestras madres
- Declaración jurada de que hemos rezado el jesusito de mi vida, eres niño como yo por lo menos hasta los 18 años
- Informe de nuestros pecados actualizado, mecanografiado en Arial 10, a doble espacio y una sola página
Más o menos. Y mañana hablaremos del cusillo prematrimonial, que esa es otra.
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Últimamente me he dejado algunos cabos sueltos, así que vamos a recapitular:
Plan alternativo de San Valentín: ya que no podemos ir a cenar esta noche a La Posada Maldita, iremos esta noche o mañana a cenar fuera y después a la bolera, que a Ifo le encanta.
Sorpresa de San Valentín: Ifo me ha regalado un reproductor de mp3 Sony, ultra-slim, ¡de color rosa! Me va genial para cuando empiece a ir al gimnasio, porque pesa poquito y me lo puedo colgar del cuello o guardármelo en un bolsillo sin que moleste. Y como es rosa, Ifo no se lo llevará como hace con el que me regaló el año pasado en navidades, ¡que ya se lo ha hecho suyo! 
Sobre los 1.200 leuros que nos robaron: nos los han vuelto a ingresar en nuestra cuenta (¡uf! menos mal… , pero no hemos podido ver el vídeo. Me han dicho en La Caixa si la policía todavía no nos ha llamado, probablemente se deba a que la persona que entró en el cajero a robarnos probablemente llevaba puesto un casco o algo así que no permiten que se le identifique correctamente. Seguimos a la espera de noticias por parte de la policía.
El programa: la cosa fue bien, nos cargamos casi todas las burradas que detectamos, me parece que no quedó ni una medida polémica en pie. Ahora tengo otro pollo que resolver, pero ya os contaré si puedo.
Sobre la boda, tenemos pendiente llamar al cura de Castellar para pedirle permiso para casarnos en Sabadell. Lo que me recuerda que tengo un post pendiente sobre cosas absurdas de casarse por la Iglesia. Este finde vamos a elegir los bombones para los regalitos de agradecimiento a los invitados. ¡Mmmmm! Y yo estoy con la regla, con lo que me pide el cuerpo chocolate estos días… ¡Me parece que me va a costar decidirme!
Y creo que eso es todo. Tengo deberes pendientes, de parte de Straja y de Palito, que me han pasado dos memes que aún no he respondido. ¡Si es que soy una impresentable!
Y este sábado, a currar otra vez. ¡Qué trote!
En esta entrada hablo de: amor, idiotas, Ifoxe, ilusión, San Valentín
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