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Es subido a nuestro canal de Youtube algunos de los momentos más emocionantes y divertidos de la boda, como la lectura del poema por parte de Toni en mi casa, cuando cortamos la tarta nupcial, el momento en que pasamos por las mesas con los detalles de las amigas, o la última sorpresa que nos tenían preparada nuestros padres. Son momentos muy especiales, y me alegro mucho de poderlos tener en vídeo para verlos tantas veces como quiera, y poderlos compartir.
Toni lee el poema:
Ifo y Pimkie cortan el pastel
Los regalitos a los amigos.
Nota: me olvidé de regalarles las rosas a Mirian y Sheila, y al final me sobraban dos rosas ¡y no sabía qué hacer con ellas! Supongo que por eso al final desentona un poco las dos últimas personas. ¡¡Perdón, wapetonas!!
La última sorpresa (¿quizá debería decir “la última putada”?):
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El día de nuestra boda, mi madre me dedicó una canción durante el banquete antes de los postres, que me emocionó, me hizo llorar a lágrima viva y todavía me pone los pelos de punta.
 
 
 
En realidad, a todos los presentes se les puso la piel de gallina y un nudo en la garganta, y acabamos mis padres, mi hermano y yo llorando a moco tendido. Al finalizar el banquete, varias personas se acercaron a mi madre para pedirle el título y el grupo que la cantaba, porque estaban también emocionados con la letra.
La canción es del dúo Pimpinela, y se titula Aquí estoy yo. No he podido encontrar la música, aunque os he subido el vídeo de la boda al respecto, y aquí os copio la letra, creo que es un momento muy emotivo y vale la pena.
Cuando sientas miendo
aqui estoy yo
cuando tengas penas
aqui estoy yo
si se nuble el cielo
en tu corazon
yo tan solo quiero que sepas
que aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
en el fin del mundo
en cualquier rincon
hijo de mi alma
tu sabes que estoy yo
y siempre estare contigo
cuando me llame tu corazon
por que no hay nadie en el mundo
un amor tan grande como tu amor
y cuando llege el dia
en que la vida
nos diga a dios
cuando me haya ido
busca en tu alma hijo querido
que ahi estoy yo
si te sientes solo
aqui estoy yo
si te ves perdido
aqui estoy yo
cuando no hayas nadie
a tu alrededor
no te olvides nunca
hijo de mi corazon
que aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
aqui estoy yo
para dar la vida
para darte amor
para lo que pidas
tu sabes que a qui estoy yo
y siempre estre contigo
cuando me llame tu corazon
por que no hay en el mundo
un amor tan grande como tu amor
y cuando llege el dia
en que la vida
nos diga adios
cuando me haya ido busca en tu alma
hijo querido
que ahi estoy yo
hijo de mi vida
hija de mi amor.

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Finalmente llegó el día de la boda, y todo salió genial. La boda fue preciosa, encantadora, muy emocionante, las dos familias estaban como locas, nuestros padres se aguantaban la emoción y las ganas de llorar como podían aunque sin mucho éxito… Todo el mundo se divirtió muchísimo, nos lo pasamos genial y fue todo de lo más bonito y muy romántico.
Al final, por suerte, no llovió, que era una de las cosas que más miedo me daban, sino que nos hizo un día radiante.
Algunos momentos empañaron el día, como por ejemplo que el cura no nos dejara leer los textos que habíamos preparado previamente, y casi al final de la ceremonia, aunque habíamos hablado con él antes y le habíamos advertido de mis recelos, nos coló en su discurso una referencia insoportablemente machista. El cura dijo:
Tú, Ifoxe, cuida de Pimkie; y tú, Pimkie, cuida de la familia…
Aún no he visto el vídeo, pero es probable que en ese punto se oiga un agudo “Quéééééééé???!!!!” Durante ese momento, Ifo tuvo que agarrarme la mano con fuerza, como diciéndome:
Tranquila, no le saltes al cuello al cura ahora, que esto ya casi se ha acabado…
Tampoco nos gustó cuando el encargado del restaurante, en el momento en que estábamos repartiendo los regalos, quisiera hacernos un comentario sobre algo que no estaba previsto en un momento en el que íbamos bastante apurados de tiempo y no tocaba abrir una discusión al respecto; o el puñetero vestido de Pronovias, que me dejaron tan estrecho que apenas podía moverme, ni siquiera darle un abrazo en condiciones a mi marido, y los tirantes del vestido me hicieron unas heridas que me han durado toda la luna de miel y de las que todavía tengo marcas (así no se hacen las cosas, he quedado bastante decepcionada con ellos). O el vestido blanco y cortito de mi cuñada… es que es para matarla.
Por lo demás, todo genial. Mi hermano intentó ligarse a la fotógrafa desde el momento en que entró por la puerta. Mi padre no sabía cómo aguantarse las lágrimas de la emoción. Durante la lectura del poema que había escrito Ifo para mí, Toni me arrancó las primeras lágrimas, y una de las primeras carcajadas con aquéllo de “pero chiquilla, ¡espabila! que el novio esperando está…“. La fotógrafa, al llegar a la Iglesia, le dijo al novio, “¡esa casa es un caos!” y con toda la razón, porque en mi casa habían más de 20 personas, la mitad de las cuales se cambiaron de ropa directamente allí (tenían más de una hora en coche desde el pueblo de mi familia hasta mi casa, y no quisieron salir vestidos de su casa para no llegar con los trajes arrugados), todo el mundo quería intervenir, salir en todas las fotos (sobre todo mi hermano), cotillear a ver qué pasaba, ver cómo me maquillaban, me vestían, me peinaban, me hacían las fotos en mi habitación… bueno, un auténtico caos, pero divertidísimo.
Mi hermano se comportó de una forma muy emotiva, estuvo muy cariñoso, quería salir en todas las fotos, participar en todo, no quería quedarse al margen de nada. Me dijo un montón de veces lo guapa que estaba, que parecía una princesa, se puso nerviosísimo cuando le tocó leer a él su texto en la Iglesia (después me dijo que estuvo a punto de hacer “Testigo a la fuga“, de los mismos nervios … , lloró en el restaurante…
Al final de la ceremonia acabamos todos dando rienda suelta a todas las emociones contenidas, llorando y abrazándonos. Genial la peluquera y maquilladora, que nos maquilló a mi madre y a mí con maquillaje resistente al agua, porque si no antes de la una del mediodía habríamos tenido las dos la cara negra como un tizón.
 
Dos momentos muy emocionantes fueron cuando mi padre me dejó junto al altar, al lado de Ifo, y le dijo:
Aquí te la dejo, cuídala bien.
O cuando mi suegro, justo al acabar la ceremonia, entre besos y abrazos, me miró con los ojos en lágrimas y me dijo:
Bienvenida a la familia.
Mi suegra compró dos ramos adicionales para la Iglesia, enormes, aunque si os soy sincera, sé como son por las fotos, porque desde luego una vez allí ni me fijé en ellos. Mi suegra me preguntó por ellos, me dijo que si me habían gustado, y le dije que sí, que eran preciosos, ¿qué le iba a decir, si ni los había visto, pero ella lo había hecho de corazón? Ifo me confesó después que él había le había dicho lo mismo porque ni se había fijado… También contrató a un violinista sin decirnos nada, para que nos tocaran música de violines durante la ceremonia, y a la salida tocara el Virolai. Si os soy sincera, esta es la única parte que no me hizo gracia del todo, porque aunque se trataba de una sorpresa, la música de salida de los novios nos la podía haber consultado, ¿no? Bueno, en cualquier caso, se lo agradezco muchísimo, fue un detallazo por su parte y la verdad es que la música ponía los pelos de punta de la emoción dentro del templo.
Tanto a su madre como a la mía les debe haber costado horrores mantenerse al margen y no organizar más cosas, porque lo cierto es que ambas nos han dejado hacer a nuestro antojo, nos han dado consejos e ideas pero no se han metido más que para lo que nosotros las hemos llamado.
Mi madre nos puso un nudo en la garganta a todos los invitados en el restaurante y a mí me hizo llorar como una Magdalena con la canción que nos dedicó, una de Pimpinela titulada “Aquí estoy yo“ con una letra que todavía me hace llorar de la emoción.
 
 
 
Al llegar al restaurante, me cambié de zapatos y me quité el cancán, que me había puesto demasiado bajo y llevaba todo el día pisándomelo al caminar con los zapatos, y además daba un calor horroroso. Por cierto, ¡¡el libro de firmas tuvo su éxito!!
Mi padre, mi abuelo y mi hermano me hicieron la única medio-crítica-medio-guiño: y es que para las mamás les regalamos un ramo de rosas y unos muñequitos de porcelana con forma de novios; a las abuelas, les regalamos unas flores blancas en macetero y también una pareja de novios de porcelana a cada abuela; a mi cuñada y a mi prima les regalamos la mitad del ramo a cada una; a las amigas les regalamos las rosas rojas del centro de mesa… Pero ni a padres, abuelos ni hermanos les hicimos ningún detalle especial. ¡Será posible! ¿Cómo se nos habrá podido pasar por alto? Así que estaban enfurruñados, porque también querían ser especiales, y es que mi hermano hizo de chófer, mi padre me llevó al altar y bailó conmigo el segundo baile (Y nos dieron las diez, de Sabina), pero ellos querían más, querían un recuerdo especial, un detalle. ¡Cachis, qué fallo!
Un detalle importante fue llevar zapatos de recambio planos, porque los de tacón me estaban matando, y cuando llegamos al restaurante pude cambiármelos por unas bailarinas blancas que no me amargaran el día (por cierto, había comprado antiinflamatorio en crema para ponérmelo en los pies antes de ponerme los zapatos y que no se me inflamaran… pero con los nervios me olvidé, y al llegar al restaurante los zapatos me estaban destrozando). Y es que en la entrada del restaurante, donde se hacía el aperitivo al aire libre, el suelo era de grabilla y me estaba haciendo polvo los pies.
Durante el aperitivo, y mientras nos hacíamos fotos con los invitados, pude darme cuenta de lo diferentes que son nuestras dos familias. Mientras los invitados de Ifo eran correctos, educados, y cada “núcleo familiar” se mantenía separado en grupitos pequeños, en mi familia somos folloneros, escandalosos, y todo el grupo se mantenía compacto y unido. ¿Consecuencia? Mientras en cada mesa del aperitivo para los invitados de Ifo había una mesa con 4, 6, o en ocasiones hasta 8 invitados por mesa, en mi familia había una sola mesa con más de 25 personas. Claro, los camareros ponían lo mismo en todas las mesas, independientemente del número de personas que hubieran en cada una… así que cuando traían los aperitivos a la mesa de mi familia, los platos no llegaban a tocar la mesa, se quedaban vacíos antes. En un momento determinado, cuando los amigos de Ifo vinieron a hacerse la foto de grupo con nosotros bajo la palmera, mis tíos y mis primas aprovecharon para saquear su mesa, que claro, estaba mucho más completa que la de mi familia… ¡y los pillaron con las manos en la masa! Qué panda…
Una vez en el restaurante, es cierto que todo fue tan rápido que casi ni me enteré. No nos dio tiempo de probar el aperitivo, porque mientras los invitados se ponían las botas, nosotros nos hacíamos fotos con los grupos de familias a la sombra de una palmera. De hecho, aunque Ifo y yo cortamos la tarta, es ahora gracias a las fotos que me estoy enterando de cómo era nuestra tarta matrimonial… Y es que algunas fotos de la boda revelan secretos que quizá hubieras preferido que quedaran en la espesura del alcohol, los nervios y la emoción del día… como por ejemplo el padre de Ifoxe bailando el Aserejé (fijaros al hombre de la camisa blanca y corbata azul, al fondo a la derecha…

O cuando Soraya me dio el regalo que me había traído de Punta Cana, donde había estado hacía dos semanas. Me emocionó que mientras ella estaba tomando el sol en la hamaca y poniéndose ciega de piña colada, se hubiera acordado de mí y me hubiera traído una figura tallada en madera que representa a una especie de dios de la suerte. Yo la miraba por el lado que no era, toda emocionada, y le daba las gracias diciéndome que me encantaba… a lo que ella, sin inmutarse, le dio la vuelta a la figura (ahora ya sí tenía cara y ojos) y siguió explicándome la historia… Tierra, trágame. Tía, ¿cómo me dejas meter la pata de esa manera y hacer un ridículo tan espantoso? ¡Párame, hombre!
Otros momentos, en cambio, merecen un recuerdo imborrable, con o sin foto, como ver a mi abuela bailando descalza, a pesar del dolor de rodillas, por primera vez en los últimos 47 años que mi madre puede acreditar…

Al día siguiente, domingo, salíamos de Luna de Miel, y claro, con todo el jaleo, nuestra casa quedó hecha un desastre. Más aún porque después del banquete volvimos a casa y nos bañamos en la piscina, con lo que tuvimos que deshacer las maletas para sacar toallas de playa, bañadores y bikinis para algunos invitados. Total, que la casa estaba patas arriba, y a Ifo por poco le da un ataque de pensar que al día siguiente teníamos que salir pitando. Así que nuestros padres, que se habían puesto de acuerdo unos días antes, nos taparon los ojos, no nos dejaron coger ni una muda, y vestidos de boda nos llevaron en coche hasta un hotel de 4 estrellas en el centro de Sabadell para que descansáramos, pero sin decirnos a dónde íbamos ni dónde estábamos, y una vez allí los empleados del hotel nos trajeron champán y una cesta de frutas (un plato de frutas, más bien), y el desayuno a la cama al día siguiente. Nos vinieron a recoger al hotel a las 12 como habíamos quedado, con las maletas hechas y nuestra casa recogida y limpia como una patena, para llevarnos al puerto de Barcelona… Pero esa es otra historia.
Por cierto, mi ex-cuñi no vino a la boda (llamó una semana antes para avisar), y a Zorri no la eché de menos ni un segundo.
  
  
  
  


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Hace unos días os comenté que mi hermano y mi cuñi lo habían dejado. En realidad, ha sido _ella_ quien le ha dejado a él, después de 2 años y medio de relación, de la noche a la mañana, sin dar más explicación que el clásico “necesito tiempo” porque “se estaba agobiando“. La semana antes de dejarlo, era ella quien le estaba metiendo prisa a él para mirar pisos, irse de casa, tener hijos… Solo tienen 20 años.
Resulta que mi ex-cuñi ha empezado a trabajar hace un mes en un curro nuevo (es otra a la que los trabajos no le duran ni 3 meses, porque se agobia, está a disgusto, y los deja antes de tener otra cosa). Hace 3 semanas que lo dejó con mi hermano. Y a mí, por las explicaciones que mi hermano me dijo que le había dado (que me trajeron recuerdos nada agradables de cuando mi ex me dejó), me pasó por la cabeza que tal vez habría conocido a alguien en el trabajo. Mi madre, que trabaja en la misma empresa (sí, a eso se le llama enchufe) pero en otro turno, me dijo que eso era imposible porque no había ningún compañero ni siquiera medio potable. Muy convencida no me dejó, pero así quedó la cosa.
Y, mientras tanto, veía a mi hermano humillarse y hacer el capullo igual que yo lo hice en su momento, con la intención de recuperar algo que ya era a todas luces (al menos para mí) irrecuperable. Claro que yo lo veía desde la perspectiva de alguien que ha pasado por una situación similar, y se ha encontrado con reacciones similares de la otra parte. Lo tenía clarísimo: mi ex-cuñi está con otro, y está intentando quitarse de encima a mi hermano como puede, y por mucho que mi hermano haga no la va a recuperar, porque el motivo de que su relación se haya roto no está en él, sino en ella, en que ha conocido a otra persona.
Se da la circunstancia además de que mi ex-cuñi padece un desorden alimenticio, que no es solo un desorden alimenticio sino también una enfermedad psicológica. Seguro que sabéis a qué me refiero, lo cual no hace sino agravar la situación.
Y hace unos días me llamó mi madre para darme la noticia: hay sospechas de que mi ex-cuñi pueda estar liada con un compañero de trabajo, está haciendo total dejación de sus funciones en el curro (no da ni golpe, vamos), y siempre se la ve muy arrimada a un compañero con el que tiene más roce que con el resto. Ella lo niega, evidentemente, pero sus excusas suenan a un falso que lo flipas.
Que te dejen sienta fatal. Pero sienta peor que te dejen y encima te mientan, porque la cara de gilipollas no se te quita en una buena temporada. Me duele que mi hermano tenga que pasar por lo que yo pasé, sangro por dentro cuando lo veo destrozado y llorando la pérdida como un niño pequeño. La pregunta más difícil de responder en estos casos siempre es
Y si me quiere, ¿por qué me hace esto?
Mi hermano estuvo ahí cuando mi ex me dejó y me ayudó a superarlo, aunque sus lealtades estuvieran algo confusas. Y ahora se me parte el alma a mí de verlo así de deshecho.
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El sábado, mi hermano y mi cuñi vinieron a casa a comer, a lagartijear un rato en la piscina y a enseñarnos la pedazo de moto nueva que se ha comprado.
Para comer preparé unos macarrones a la boloñesa, que me salen de muerte. Y se me ocurrió la brillante idea de hacer unos huevos duros para acompañar, en el microondas. Normalmente pongo un solo huevo unos 5 minutos, y como esta vez puse dos, pues programé el microondas el doble de tiempo. Y me olvidé de los huevos mientras seguía cocinando.
Craso error. Todo. En general.
Los huevos duros explotaron cuando apenas quedaban unos segundos para que se acabara el tiempo marcado, con tanta fuerza que abrieron la puerta y mancharon la pared de enfrente de la cocina y la puerta cristalera de salida al patio. Una salvajada. Mi cuñada, que estaba cerca, en dos saltos y un grito se plantó el puerta de la cocina, en el otro extremo de donde estaba. Los huevos prácticamente se desintegraron, no quedó de ellos ni la cáscara, y toda la cocina se inundó de un pestazo a huevo podrido que tiraba de espaldas.
Media hora nos pasamos Ifo y yo limpiando trocitos de huevo desintegrado por toda la cocina.
Ahora el microondas no funciona. No calienta. Así que por la tontería de los huevos hervidos en el microondas, no nos va a quedar más remedio que ir al Media Markt (por cierto, ¡qué web más mala! aquí no hay ni diox que encuentre precios) a por un microondas nuevo, con la gracia que me hace: como si no tuviéramos ya miles de gastos con la boda inminente.
Por supuesto, el cachondeíto sobre los huevos va a durar una buena temporada… Ahora ya sabemos lo que pasa cuando metes los huevos en el microondas.
Queda abierta la veda. No seáis muy crueles.
Nota: mi drama personal con los microondas viene de lejos. Todavía recuerdo aquélla vez que intenté descongelar unos canelones, que… Bueno, en fin, mejor dejemos el tema.
Por cierto, sigo sin saber quien era la misteriosa señora besucona del coche oficial…
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Hoy en teoría tocaría hablar de lo bien que se han portado los Reyes conmigo porque durante todo el 2007 he sido una niña muy buena… Pero como me ha tocado venir a trabajar con dolor de muelas y no he dormido nada en toda la noche, prefiero quejarme, que es más entretenido.
Sinceramente, espero que todo lo que ha sucedido esta última semana no sea un anticipo de lo que me depara el año entero, porque entonces me platearía seriamente ponerme a hivernar hasta las uvas… Y es que llevo una semanita de pxxa pena. Os resumo:
El mismo día 31:
- Empiezo la mañanita del último día del año enterándome de que he tirado a la basura dos décimos de la Lotería de Navidad premiados con 100 leuros cada uno.
- Volviendo a casa, se me parte el cable del embrague de la moto subiendo por la carretera de montaña, y llego a casa como buenamente puedo.
- Me cargo el móvil de la manera más imbécil posible: por no acordarme del código pin, y reincidir en el intento. Y encima encuentro todos los papeles del móvil, incluida la factura, menos la tarjeta con el código PUK. Cawentó lo que se menea, si es que no se puede ser más tonta.
- Me agarro un cabreo de mil pares cuando mi madre me cuenta que le han dicho que tendré que tirar el plasma de 42 pulgadas que le regalé a Ifo en unos 7 u 8 años (si no antes), porque pierde no-sé-qué y hay que recargarlo con un líquido que ya ha dejado de fabricarse, y por eso todas las teles que se venden ahora son LCD. Cawenlamadre que parió al vendedor que me dijo que el plasma era mejor que el LCD, y todos sus parientes cercanos. Me pasa por confiada y por no informarme bien antes de comprar. Y encima el día anterior tiré todo el relleno de la caja de la tele y no la voy a poder cambiar… ¡Quien me mandaría a mí ponerme a hacer limpieza a fondo justo el 30 de diciembre, por diox! Al día siguiente todo queda en un susto, pero hasta que no me aseguro, me lo paso intranquila por el tema.
- Me pego más de 4 horas en la cocina preparando la cena de Nochevieja. Mis invitados se hinchan con el picoteo previo, parece que la sopa no va a tener mucho éxito (los galets han absorvido casi todo el caldo, ¡mxxrda!), y cuando voy a servir los solomillos tengo la sensación de que se los van a comer más por compromiso que por otra cosa. Me he dejado un pastón en unos filetones enormes, y me sobran la mitad porque se los reparten a mitades porque están todos que van a explotar de tanto comer. Pues vaya.
En días sucesivos:
- Se me hincha la boca por un flemón que hace que morder sea un suplicio y vea las estrellas al bostezar. Llevo tres días comiendo sopitas, papillas y purés.
- Traía yo esta mañana un puré de patatas más rico que hice anoche, y se debe haber cortado la leche porque al ir a abrirlo echaba un pestazo que tiraba de espaldas. Y a ver qué como yo hoy con la boca hecha una pena.
- Ifo pilla una gripe de mil pares que me tiene toda la noche sin dormir. Y yo ya empiezo a notar los síntomas, por lo que deduzco que estaré al caer.
- Mi suegra tendrá que pasar por quirófano la semana que viene por un achaque que hace un mes ni sabíamos que tenía.
- Tenemos una bronca muy muy muy gorda. Nos decimos cosas muy desagradables el uno al otro. Yo me comporto como una niña que necesita ser protegida y rescatada de un peligro inexistente. Durante unas horas, la boda pende de un hilo, y para ser sincera aún hoy la incertidumbre me ahoga y me paraliza. Veremos.
- Estoy sin un duro, y solo estamos a día 7, y cabreada como una mona por haber descontrolado tanto estas fiestas y no haber sabido frenar a tiempo.
- Y encima, este puñetero corte de pelo, por el que la peluquera se merece 5 años de inhabilitación profesional como mínimo.
Vamos, que estoy hasta el último pelo del moño del año nuevo y todas las mandangas que trae consigo.
Pero en fin, y aquí seguimos, al pie del cañón, ¿qué se le va a hacer?
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Esta mañana han operado a mi hermano de apendicitis. Suena a operación chorra para quien no ha tenido que pasar por ello, pero representa, entre pitos y flautas, dos horas de quirófano (en realidad, media hora de operación), anestesia general y abrirle en canal. Nunca había visto a mi hermano tan hecho polvo, cuando hemos pasado a verle en el post-operatorio, recién pasado el efecto de la anesteisa, con los puntos calientes todavía, con la boca pastosa todavía por la anestesia y casi sin poder hablar, conectado a una botella de suero, pidiéndonos que no le hiciéramos reír porque le tiraban los puntos y le dolía horrores.
Teóricamente no podía comer, y dicen que uno de los primeros síntomas de la apendicitis es que te quita el hambre… Pues el tío se ha pasado toda la noche pidiendo en sueños un bocata de lomo con queso. Genio y figura.
Estaba acojonado perdido, antes y después de la operación. Era la primera vez que tenía que pasar por un quirófano, y estaba muerto de miedo. Mi madre también, y encima ha pasado la noche sola, porque en la habitación no dejaban más que un acompañante y sin sofá siquiera donde poder descansar. No ha dormido en toda la noche, en parte por los nervios, en parte por la situación. Mi madre también lo ha pasado horriblemente mal, también estaba muerta de miedo. Cuando la doctora nos ha explicado que ha ido todo bien pero que aún estaba atontado por la anestesia y que en un rato lo subirían a la habitación, no ha podido aguantar más y se ha echado a llorar. Se me partía el alma de verla así. Y ver a mi hermano con los ojos llorosos y roto de dolor me ha destrozado por dentro.
El personal tampoco ayudaba. Al terminar la operación, le dejaron en una sala con varios recién operados más, donde solo nos dejaban entrar de dos en dos (estábamos allí 8 personas en total por él: mis tres abuelos, mis padres, mi novio, mi cuñada y yo, y la doctora nos ha puesto mala cara por querer estar con él en ese momento, ¡bruja!), no nos ha dejado estar allí más que unos minutos, con bata de un solo uso y después de habernos desinfectado las manos. Le dijeron que en media hora lo subían a la habitación, y una vez le habíamos visto todos y habíamos hablado unos minutos con él, la doctora no nos permitió volver a entrar, ni siquiera a su madre y a su novia, y acompañarle hasta que le subieran a la habitación. La media hora prometida hasta que le trasladaran a un sitio algo más apacible finalmente se convirtió en 5 horas, sin información, sin compañía, sin saber por qué tardaban tanto, sin que nadie le dijera si todo iba bien o había ocurrido algo para que le tuvieran allí mientras al resto de compañeros sí los iban trasladando a sus respectivas habitaciones… Terrible. Finalmente “lo único” que ocurría era que no tenían camas libres, pero no me quiero ni imaginar el mal rato que ha debido pasar allí, solo y sin información, recién operado, todavía atontado por la anestesia, muerto de dolor y sin saber si había ido algo mal. Para trabajar con personas, parece que no tienen la más mínima empatía.
Mañana volveré al hospital a verle, espero encontrarle algo mejor. Él es fuerte, siempre está de cachondeo, no le había visto llorar desde que le dejó aquél zorrón, y de eso hace ya mucho tiempo. De hecho, ha sido él quien me ha consolado a mí en los momentos malos, a pesar de ser mi hermano pequeño, así que no me acabo de acostumbrar a este nuevo papel de hermana mayor, y ser yo quien le anime a él. Le he comprado una revista que sé que le gusta, y le he dado a mi padre la consola portatil para que se entretenga, pero salvo esto y alguna que otra broma chorra, no se me ocurre qué más puedo hacer para animarle.
Creo que nunca antes le había visto asustado, y no ha sido hasta que le he tenido delante, recién operado, que he sido consciente de la magnitud de su miedo, de lo acojonado que estaba. Se me ha encogido el corazón y he tenido que esforzarme para no ponerme a llorar. Es lo último que necesitaba en ese momento, ya bastante asustado estaba. Le he visto como un niño pequeño deseando que le abracen. Y he deseado abrazarle y acunarle para que se le pase el miedo, pero no me he atrevido por no hacerle daño y porque estaba intubado y entumecido y apenas se podía mover.
Diox, como odio los hospitales.
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El post de ayer de Gato en el que hablaba sobre sus hermanos me ha traído a la memoria lo pesada que me puse de pequeña porque yo quería un hermano. Desde los 4 añitos, no dejaba de darles la matraca a mis padres día y noche con que quería que me dieran un hermano y ellos, que al principio no lo tenían del todo claro, al final acabaron accediendo (así de pesada me pondría, supongo que es algo que nos viene de familia).
El caso es que cuando mi padre me llevó al hospital a ver a mi nuevo hermanito, me quedé a cuadros cuando me encontré con esa cosita tan pequeñaja entre los brazos de mi padre. Tenía 6 años recién cumplidos, pero sin contarme un pelo me dirigí a mis padres muy seria y les dije:
¿Que esta cosita tan pequeña es mi hermano? A ver, me parece que no me habéis entendido: yo muñecos ya tengo. Lo que yo quiero es un HERMANO MAYOR.
Aún nadie me había explicado cómo funcionan estas cosas, y me tuve que conformar con lo que había. Desde aquel momento, David pasó a ser “el enano” de por vida, y yo me convertiría en “la tata“, lo que a aquella temprana edad pues tenía su punto.
Menuda pieza trajeron mis padres al mundo. Yo creo que si lo llegan a saber, no me hacen caso. El muy cabrón, con 6 meses, me tiraba de los pelos desde su andador y me arrastraba por el pasillo de casa de mis padres. Ya de bebé era cabezota como él solo, estaba empeñado en que con el andador entraría en el lavabo (que tenía la puerta más estrecha que las del resto de la casa) y hasta que no lo consiguió no paró: dejó en el marco de la puerta las marcas del andador de tanto empujar…
Bueno, podría ponerme a explicar anécdotas de la infancia de mi hermano y no acabaría. Y no, yo era una princesita muy buena que en su vida ha roto un plato (especialmente desde que tuve a quien cargarle la culpa y resultaba creíble: de tantas que hacía él, una más no lo iba a notar… . Lo que sí tenía es que era una chivata de cuidado. Y ya véis, aquí sigo, escribiendo un blog.
 
 
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Mi hermano pequeño de tan buenazo que es, a veces es tonto. Le lloran un poquito y como es tan sensible, se ablanda y claro, le toman el pelo como quieren. Como ya seguramente sabréis si sois habituales de este rincón, mi ex me debe pasta de la separación: hace ya más de un año que dejamos de vivir juntos, y año y medio desde que rompimos, y el huevón aún se sigue columpiando y poniendo excusas. Como dice Tamaruca, a partir del año ya es hostiable, así que…
Bueno, en fin, a lo que iba, que me despisto y luego me quedan unos posts larguísimos. Os decía que mi hermano es un trozo de pan, que de tan bueno que es, es tonto y eso le expone a que le tomen el pelo impunemente.
Y mi ex es un desgraciado manipulador con una jeta de cemento.
Mala combinación, sin duda.
Pero lo peor no es solo que a mi hermano, de puro bueno le tomen el pelo. Es que en una de estas puede arrastrar a toda la familia. Ayer me enteré de que ha estado a punto de liarla en una de estas muestras de buena fe merecedora de collejas tan propia de él. Os cuento.
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Si os acordáis, el año pasado, por Navidad, mi hermano y mi cuñi me regalaron una coneja a la que llamé Pitufa. Ahora Pitufa tiene ya más de 7 meses, y está hecha una auténtica petarda, se ha hecho la reina de la casa y no hay quien la aguante:
- Cuando no le hacemos caso, patea el suelo de la jaula con las patas traseras y me pone el comedor perdido de biruta comprimida;
- Cuando la dejamos suelta por el piso, se mete por los rincones donde no podemos verla y muerde los rodapiés, que son de madera; en cuanto me despisto se pone a roer las estanterías del comedor o clava los dientes en las columnas para almacenar los DVD.
- ¡Hasta los libros me ha mordido! Y aunque la regañe, a la señora le da lo mismo: espera a que me despiste, y lo vuelve a hacer.
- Le gusta especialmente subirse al sofá cuando no hay nadie sentado y hacérselo suyo. ¡Pues no es nadie, la señora!
- Pero una de las cosas que más le gusta a Doña Pitufa es subirse a las piernas de Ifoxe para que él la acaricie, y una vez allí ya no hay quien la baje. Si la pone en el suelo para levantarse, ella es más rápida y le vuelve a saltar encima. ¡No le consiente que la deje! Con lo a gustito que se está…
Hace cosa de un par de meses, mi hermano y mi cuñada vinieron a cenar y a jugar a la Wii, y se trajeron a sus dos conejos para que conocieran a nuestra pequeñita. Pusimos a los tres en la misma jaula, y la verdad es que hicieron muy buenas migas enseguida.
Desde entonces, como Pitufa pasaba muchas horas sola, y la notábamos últimamente algo depre, pensamos que sería bueno que tuviera compañía, aunque la verdad es que yo no lo acababa de ver demasiado claro: el doble de guerra, el doble de pasta que nos tendríamos que gastar en comida, el doble de espacio ocupado por la jaula en un piso tan pequeño… Pero al final Ifo me convenció, y lo cierto es que me enamoré de Princesa en cuanto la ví, toda peluda y pequeñita (en la foto, es la de la izquierda).

Pero parece que a Pitufa no le ha hecho tanta gracia como pensábamos tener una compañera de juegos. Le marca el territorio, la saca de sus escondrijos y la hace correr por todo el piso, se le pone borde… La pequeña Princesa le planta cara (sobre todo cuando están en jaulas separadas, porque ha descubierto que así está protegida y su hermana mayor no puede hacerle nada), pero aún es un bebé de mes y medio, y Pitufa en cambio está a punto de tener su primer celo si no lo tiene ya: vamos que está en plena adolescencia, y está celosa de que venga una cosita pequeñaja a ocupar su casa.
Aún no las hemos puesto a compartir jaula, aunque se la intercambian parece ser que sin problemas (en realidad, sería más adecuado decir que Pitufa le ha ocupado la jaula por el morro a Princesa, a la que no le ha quedado más remedio que quedarse en la otra. Miedo me da, porque una vez se metieron las dos en la misma jaula y el jaleo que montaron fue de escándalo.
Ya veremos si al final acaban tragándose, o se hacen putadas la una a la otra como buenas hermanas…
En esta entrada hablo de: amor, convivencia, familia, fotos, hermanos, Ifoxe, ilusión, Navidad
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