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Oct
21
    
Lo escribí el Octubre-21-2008 | (11) comentarios |

un-tipo-encantadorEstoy leyendo el último chorri-libro de Marian Keyes, “Un tipo encantador“. Y algo debe estar cambiando porque, al contrario de lo que me suele ocurrir con este tipo de basura machista (que, por otro lado, me tiene enganchadísima), esta vez antes de terminar el primer capítulo ya le he cogido cariño a Lola, la protagonista, en lugar de enfadarme con ella y pensar que es una imbécil autodestructiva y que se merece todo lo malo que le pasa

¡Ay, diox! ¡¿En qué me estoy convirtiendo?! Ifo me lo dice a veces: o me replanteo eso del feminismo militante, o más me vale ir cambiando de gustos literarios, porque no son compatibles y a este paso voy a acabar mal de la cabeza…

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Ago
29
    
Lo escribí el Agosto-29-2008 | (12) comentarios |

Cada vez que la protagonita de una novela rosa chorri-libros, o chick-lit se folla a su ligue mujeriego sin condón, deseo que le pegue sífilis o algo.

De ser historias medianamente verídicas, se lo merecerían, por idiotas. No se porqué sigo leyendo estas cosas, si cada vez que me encuentro con este tipo de situaciones reflejadas en un libro como “¡¡ohhh, qué ideaaaal!!“, me pongo de mala leche.

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Ago
28
    
Lo escribí el Agosto-28-2008 | (9) comentarios |

Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.

Diplomatic OFF:

Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.

De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.

Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:

Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que pertenece al señor Marín…

Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:

Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.

Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.

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May
29
    
Lo escribí el Mayo-29-2008 | (3) comentarios |

Ayer por la noche fuimos a la temida charla del cursillo prematrimonial. Estábamos un pelín asustados, desconcertados porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar y porque el cura nos había dicho que duraban ¡¡un fin de semana!! (¿está loco este hombre? ¡Con la cantidad de cosas que tenemos que hacer, a un mes de la boda!). De hecho, cuando le recordé a Ifo que nos habían dicho que el curso prematrimonial duraba un fin de semana, puso cara de susto y me dijo que si no nos podíamos casar por lo civil… Os juro que en ese momento casi lo mato, ¡con el conflicto ético-moral que tengo yo al casarme por la Iglesia! Y es que no soy para nada creyente, de hecho me he planteado la posibilidad de apostatar, y si me caso _por la Iglesia_ es por él, porque a él le hace una ilusión tremenda, porque yo me imaginaba una boda civil en un jardín bonito, quizá bajo una carpa… En fin, que casi lo mato, cuando me dijo que simplemente se estaba cachondeado, y que lo de casarnos por la iglesia lo tiene clarísimo, pero lo que no le hacía ni puñetera gracia es lo del cursillo prematrimonial.

Total, que a las 9 de la noche allí estábamos, en la parroquia de nuestro pueblo, junto a otra pareja más, esperando a la pareja “de acogida” que nos iba a explicar de qué va esto del matrimonio… La actitud de Ifo al respecto no dejaba lugar a dudas:

A las 10 nos largamos, que yo mañana madrugo.

Y yo, nerviosa y algo asustada, porque si se les ocurre recomendarme que, como mujer, mi papel en el matrimonio consiste básicamente en servir a mi marido, y su receta se basa en la resignación cristiana, salgo de allí excomulgada por la vía directa.

En realidad no fue para tanto. Algo más de una hora de charla con un matrimonio bastante joven, muy pijos los dos (él, polo lacoste; ella, look a lo hippy-fashion con pendiente de Tous), que llevaban 16 años casados y tenían 2 hijas, la menor de 10 años. Aparte de pijos, no eran tan conservadores como yo me esperaba, y estaban más bien por la igualdad hombre-mujer, reparto equitativo de tareas en el hogar y en esa línea.

Incluso el cura, contra todo pronóstico, se pronunció a favor de la emancipación de la mujer, de la necesidad de llenar su vida con otras tareas que le resulten más satisfactorias para su autorealización personal que servir al hombre, y en contra de que el hombre sea completamente inútil en su quehacer diario que requiera de una mujer que le atienda hasta para lavarle la ropa o hacerle la comida. Y más sorprendente aún, a pesar de lo conservador que el párraco nos pareció cuando fuimos a verle la primera vez, en esta charla criticó el machismo de la Iglesia Católica, y el hecho de que la mujer en la Iglesia tenga un papel subordinado al hombre y tenga vetado el acceso al poder. Nos explicó que en los palacios cardenalicios, los obispos normalmente tienen monjas que les atienden, y dedican toda su vida a atender las necesidades rutinarias de esos hombres que no saben cuidarse solos: les lavan la ropa, les hacen la comida, les mantienen sus estancias limpias, etc. El cura de nuestro pueblo dijo no comprender cómo una existencia así puede llenar, ni a la mujer ni al hombre, y que el mero hecho de que se dé esta situación ya implica que algo no va bien. La verdad es que me sorprendió agradablemente su alegato.

Sin embargo, me dio la sensación de que todo era un discurso bastante precocinado “al gusto del consumidor”. Es decir, que no era auténtico sino más bien una pose, por cómo nos habían calado (sobre todo a mí) desde el primer momento. La mujer que nos dio el cursillo prematrimonial en algún momento se descantilló con que la culpa de que hoy en día se produzcan tantos divorcios la tiene la emancipación de la mujer, porque está muy envalentonada, ya no necesita al hombre para subsistir, puede valerse por sí misma, y en consecuencia aguanta mucho menos. Tuve que pararle los pies y decirle que cuando se rompe un matrimonio, la culpa generalmente es de los dos y no de una sola de las partes, y que no es sólo que la mujer sea hoy en día mucho más independiente, cosa que me parece positiva, sino que los hombres no han sabido encontrar su sitio y hacerse a la idea de que están teniendo que ceder cuotas de poder cada vez más grandes y cada vez más rápido. Mientras no se mentalicen de esa nueva situación y encuentren su lugar, cuanto más tiempo se empecinen en no querer renunciar a sus privilegios históricos, más les costará asumir que su pareja ya no es una persona dependiente sino que tiene que tratarla en plano de igualdad y más les costará hacerse a la idea de que hombres y mujeres somos iguales en dignidad, iguales en derechos e iguales en responsabilidades (la frase no es mía, es del cura…Wink. Todos se mostraron de acuerdo conmigo (al menos, eso dijeron), y el cura admitió que no es fácil cambiar 20 siglos de dominación machista en una sola generación.

Por otro lado, ví removerse en su silla al cura cuando la mujer que nos estaba dando el cursillo se pronunció a favor del divorcio en casos de malos tratos, y también en aquéllas situaciones en las que la mujer viva tan completamente sometida a su marido que le resulte insufrible continuar viviendo así. Creo que no le hizo demasiada gracia, aunque tuvo el buen gusto de mantener la boca cerrada, porque se podía haber montado un buen cirio y si me toca mucho las narices igual pierde dos clientes hasta ahora cautivos. Hay cosas por las que no estoy dispuesta a pasar.

Por lo demás, la charla discurrió sobre un temario de tópicos de psicología de revista femenina.

  • La base de toda pareja está en la comunicación
  • Si tu pareja hace algo que te ha molestado, díselo y no te lo guardes para tí, que después la bola se hace cada vez más grande y es peor
  • Compartid aficiones que os interesen a los dos
  • No tengáis aficiones que puedan descomponer el ritmo de la pareja(*)
  • Guardad un rato para vosotros, haced una escapada juntos de vez en cuando
  • Cuidad de la pareja, que los hijos llega un momento que se van de casa
  • Guardad cada uno vuestro propio espacio personal
  • Compartid las tareas del hogar

¿Se os ocurren más tópicos? Seguro que me dejo alguno.

* Respecto al punto de no tener aficiones que descompongan el ritmo de la pareja, pusieron un ejemplo que me pareció de lo más curioso porque yo misma lo he vivido: irse _CADA_ domingo, desde las 7 de la mañana hasta las 3 de la tarde, a pasear en bici, lo que significa no salir ni-un-puñetero-sábado y no hacer planes juntos ni-un-puñetero-domingo… deja vu, ¿de qué me suena a mí esto?

Y, para finalizar, nos pasaron un cuento titulado “Amar sin ataduras” en la que una pareja de jóvenes indios (él, bravo guerrero; ella, HIJA DE el jefe de la tribu…Wink le pedía al hechicero que les hiciera un conjuro para permanecer siempre unidos. El hechicero les pide que traigan un halcón y un águila, las aten por las patas y las dejen sueltas. Las aves intentan volar, pero al estar atadas no lo consiguen, y empiezan a darse picotazos la una a la otra. La moraleja del cuento es evidente: no te cases. ¡Pues a buenas horas me lo dicen!

P.D. : Más de una hora de cursillo prematrimonial, y ni una palabra sobre sexo.

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May
23
    
Lo escribí el Mayo-23-2008 | (11) comentarios |

Hoy yo también voy a salir del armario: lo admito, me gusta la literatura chick-lit, aunque para ser sincera, adjudicarle un género literario me parece un poquitín pretencioso, no diría yo que el género diera para tanto. De hecho, antes de saber por The Inner Girl que existía esta denominación, Ifo y yo llamábamos a esta clase de novelas “chorri-libros“.

Para quien no tenga muy claro en qué consiste el género chick-lit o “chorri-libros” (el nombrecito también es bastante nuevo para mí), os pondré brevemente en antecedentes: se la conoce popularmente como “esa clase de literatura para mujeres, escrita por mujeres“. Más o menos como el Cosmopolitan, pero en tapa dura, con más páginas y sin fotos (no sé vosotras, pero yo tengo serias dudas de que el Cosmo realmente esté escrito por mujeres: más bien parece escrito por un comité de hombres profundamente misóginos que se hacen pasar por mujeres liberadas… Más o menos como en los “chorri-libros”Wink.

Sin embargo, la descripción popular de libros para mujeres escritos por mujeres dice poco de la naturaleza de este “género literario” (ejem!). Se trata de novelas bastante cortas, que se leen rápido y con relativa facilidad, sobre mujeres con una vida típicamente fashion. Los personajes protagonistas son mujeres habitualmente bastante superficiales, con trabajos de esos que los hombres “yo no soy machista pero” considerarían adecuados para las mujeres, que coinciden poco más o menos con los que comercializa la Nintendo DS para formar a las mujeres del futuro ya desde niñas, para que sepan desde bien pequeñas el papel que les corresponde en este mundo: diseñadora de moda, veterinaria, peluquera, cocinera o mamá (brrrrr!!!). Añádele a ese repertorio trabajar también en una revista, femenina por supuesto, pero no como periodista sino como subdirectora por lo menos, y tendrás cubiertas casi todas las posibilidades de empleo de las protas de estos “chorri-libros”. Cuando algún personaje femenino y secundario tiene una carrera que exige titulación universitaria, como abogada por ejemplo, suele ser una abogada que sólo lleva casos de mujeres puteadas por los hombres, y ella misma es o lesbiana, o divorciada resentida con odio visceral hacia todos los hombres del mundo, o ambas cosas a la vez. Vaya panorama.

Normalmente, las tramas suelen girar en torno a dos líneas básicas: si la protagonista tiene una carrera de éxito (en uno de esos empleos aptos para mujeres, claro) con una vida frívola y muy fashion trufada de ropa cara y fiestas guays, lo que busca es tener una pareja porque sin un hombre a su lado sienten que les falta algo y que sus vidas no están completas siendo solteras; en cambio, si la protagonista está casada con un hombre maravilloso y tiene unos hijos preciosos y dedica su vida a ejercer de perfecta ama de casa, lo que busca es un empleo, no para autorrealizarse profesionalmente, sino para entretenerse en algo y salir del aburrimiento de sus vidas (la carrera de éxito profesional en este caso le pertenece al marido).

Con estos mimbres, es evidente que sólo puede tejerse un cesto plagado de tópicos machistas, y efectivamente, así es: tenemos mujeres con graves desórdenes alimenticios que se presentan como un éxito de su tremenda fuerza de voluntad, historias que promueven la anorexia como algo deseable, protagonistas para las que una talla 38 equivale a un grave problema de sobrepeso y para las que la belleza y el aspecto físico es lo más importante, pasando a un muy segundo plano aspectos como la inteligencia, la cultura general o la formación académica. Con todo lo que llevo dicho hasta ahora, ¿todavía os sorprende que crea que estos libros en realidad no están escritos por mujeres, como se nos quiere hacer creer, sino por hombres misóginos que quieren hacerse pasar por mujeres liberadas?

Y, sin embargo, algo tienen estos libros porque enganchan, son poderosamente adictivos y parece que tienen un considerable éxito entre el público femenino. Si hasta yo, que me considero una feminista recalcitrante, he caído en sus garras y los leo con una mezcla de asco y deleite, ¿dónde radica su poder de atracción? No lo sé, la verdad. Son historias más o menos cercanas (si hacemos abstracción de lo forzado de los personajes, claro), sin una moraleja final, lo cual es de agradecer (por otra parte, tampoco es necesaria una moraleja final, porque recorre todo el libro de principi a fin), las situaciones descritas son divertidas y las exponen en un tono desenfadado, y muchas de nosotras nos podemos sentir identificadas en mayor o menor medida con la protagonista a la que la devora la ansiedad por esa llamada que nunca llega, o que se siente humillada por una jefa negrera, por ejemplo. ¡Ojo! Hablo de situaciones puntuales descritas, porque identificarse casi plenamente con las protagonistas de estos libros podría considerarse una seria patología clínica: el síndrome de Victoria Beckam, creo que lo llaman.

Yo utilizó estos “chorri-libros” para desconectar en épocas de stress, aunque a veces es peor el remedio que la enfermedad: desconecto el modo “políticamente comprometida“, pero activo el modo “feminista mitinera plasta” y le caliento la cabeza a Ifo con mi dignidad ofendida por los tópicos machistas que me salen al paso en esos libros supuestamente inofensivos.

¿Por qué lees esos libros, si no te gustan y encima te ponen de mala leche?

Pues es una buena pregunta, porque a pesar de todo lo que he dicho antes, ¡me gustan estos libros! No puedo entenderlo. Hay quien dice que son el equivalente alimenticio al chocolate: consumo rápido y satisfacción inmediata, pero cero nutrientes. No es una mala metáfora, pero me preocupa lo de la satisfacción rápida, porque creo que son altamente perjudiciales para la salud. Hay que leerlos con la suficiente distancia higiénica para que no penetren en una todos los tópicos machistas que destilan, o la toxicidad de estos chorri-libros puede provocar daños irreparables. No obstante, tomados con la suficiente distancia, tengo que confesar que son divertidos y entretenidos para pasar el rato y no pensar demasiado. En próximas entregas, críticas literarias despiadadas de algunos chorri-libros que he leído. Empezaremos con El Club de las Primeras Esposas, todo un clásico, no se lo pierdan.

Nota a pie de página: Inner, con la plantilla de tu blog es complicadísimo pillar enlaces a tus posts, y visitar el histórico para recuperar algún post antiguo es casi una misión imposible. ¿Lo has hecho a propósito para que no te enlacen por algún motivo, o es un fallo de tu plantilla que no sabes cómo arreglar? Si quieres, puedo echarte una mano.

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Abr
24
    
Lo escribí el Abril-24-2008 | (9) comentarios |

¿Os acordáisteis de la apuesta que os propuse a principios de abril, sobre si Zorri vendría o no a mi boda? La mayoría, 10 contra 14, dijísteis que no se presentaría, y en lo que había divergencias es en el aspecto de si avisaría con tiempo o no: 2 personas dijeron que avisaría con tiempo suficiente, 5 que avisaría con un par de días de antelación y con una excusa medio-convinvente, y 7 pensásteis que sudará ampliamente y ni siquiera avisará, demostrando que hasta ella es capaz de superar su propio record mundial de impresentabilidad.

La semana pasada varias de vosotras me preguntábais en los comentarios si Zorri había dado ya señales de vida. Bueno pues sí, hoy mi ¿amiga? Zorri ha dado señales de vida. No ha llamado (sospecho que le tiene alergia a la radiación que emite el teléfono _cuando es ELLA la que llama_), sino que hemos hablado 5 minutos por el messenger. Me ha dicho que vaya a verla _yo a ella_ este domingo; le he explicado que depende de cómo se encuentre Ifo, que lo tengo un poco griposillo, ¡¡y se ha creído que es una excusa!! Cree el ladrón que todos son de su condición, que dicen, como si necesitara excusas para decirle que no me sale del potorro ir a verla, joder, me saca la vena ordinaria.

En realidad, tengo ganas de ir a verla, a comprobar si es cierto lo que me contó la última vez que hablamos. Os cuento:

En su piso anterior, pequeñito, de una sola habitación, como mi apartamento de soltera, pagaba la mitad de lo que Ifo y yo pagamos por nuestro piso en la urbanización pija. He dicho que ella pagaba la mitad de lo que pagamos nosotros, recalco, y a pesar de eso siempre tenían problemas de dinero, y aún así ella se permitía el lujo de rechazar trabajos. Una vez me llegó a confesar que “se había comido” el mes de fianza que dieron cuando entraron en el piso, porque ese mes no tenían dinero para pagar el alquiler, así que habían tenido que utilizar el dinero del mes de fianza como garantía, fianza que nunca repusieron.

La última vez que quedamos, no se presentó y no dio explicaciones de ningún tipo. Meses después hablé con ella y me dijo que _precisamente_ ese día que habíamos quedado, fíjate qué casualidad, oye, se mudaba de casa y no me quiso decir nada ¡¡por vergüenza!! (como si ella supiera lo que es eso). Dice que se han mudado a una casa en un pueblo turístico cerca de Tarragona, y fíjate qué casualidad que es el mismo pueblo en el que mis suegros tienen un apartamento para ir en verano y los fines de semana.

Dice que ahora paga de alquiler ¡lo mismo! que pago yo (¿no es casualidad?), es decir, el doble de lo que pagaban en su anterior piso. También me dijo que no estaba trabajando y que tampoco cobraba el paro porque ya lo había agotado todo, y que había dejado dos trabajos, uno en un Caprabo, porque se trabaja mucho y no veía a Yerno Perfecto (mi medio-cuñada lleva AÑOS trabajando en un Caprabo sin que se le caigan los anillos, y allí sigue trabajando embarazada y todo; claro que no se puede comparar a una con la otra) y otro de recepcionista en la consulta de un dentista, porque no le hacía contrato. Y ahora a vivir la vida en casa, viviendo del sueldo de Yerno perfecto (sueldo que llega con cuentagotas, porque trabaja haciendo ñapas en plan “Manos a la obra”, en lo que va saliendo, y en negro, y luego encima se queja de que no tiene paro porque no ha cotizado el tiempo suficiente), pagando más de la mitad de su sueldo de alquiler, y ella sin dar palo al agua.

También entendí por lo que me dijo, aunque ella no lo admitió abiertamente y no le quise preguntar para no ponerla en una situación incómoda porque no lo admitiría nunca, que Yerno Perfecto no quiere que ella trabaje, o como mucho que trabaje 4 horas fuera de casa y ya está. Él es un machista de cuidado, ya nos dimos cuenta cuando estuvimos en su casa (mientras ella recogía, él se espatarraba en el sofá bebiendo cerveza y le dijo ¡¡a Ifo!! que no ayudara a recoger, que ya lo hacía Zorri) y quiere que ella se encargue de la casa, le tenga la comida lista cada día cuando él llega de trabajar, y él no mueve un plato en casa ni aunque le fuera la vida en ello.

Dicen que se largaron de su anterior piso porque Yerno Perfecto estaba rallado de vivir en su pueblo y quería un cambio (no he conocido a persona más ciclotímica que Yerno Perfecto: cuando se ralla, desmonta la parada y se larga a otro sitio a empezar una nueva vida en otra parte, arrasando todo a su paso. También querían empezar una nueva vida en Mallorca, sin conocer a nadie y sin nadie cerca que les pudiera ayudar, pero por suerte la convencí para que, si las cosas le iban mal, siempre tuviera la opción de subirse a un tren por cuatro duros, y no tener que volver nadando). Dice que su piso es casualmente igual que el mío, de tres habitaciones, con patio, en una urbanización con piscina, paga lo mismo que yo de alquiler… ¿No es encantadora tanta coincidencia entre mi vida y la de mi amiga?

Así que tengo ganas de ir a verla, saber cómo está y como vive, ver por mis propios si realmente es cierto todo lo que me ha contado o es cierta la intuición que me dice que aquí hay gato encerrado…

Bueno, pues como os iba contando, esta mañana Zorri y yo hemos hablado por el messenger. Ahora ella está trabajando en Don Colchón (veremos cuanto dura, porque no sabe lo que es que le renueven un contrato, ni ha aguantado más de 6 meses en el mismo sitio, siempre alguien tiene la culpa de que le vayan mal las cosas, no le renueven, la despidan o se largue ella, siempre encuentra compañeras que le hacen la vida imposible… en fin) y me ha dicho que no sabe si podrá venir a mi boda. Ya empezamos con las excusas. Dice que lo intentará, que espera que su jefe no le ponga muchas pegas, que hará todo lo que pueda… pero que ya veremos. ¿Por qué será que no me sorprende en absoluto? Claro que de aquí a la boda, como aún quedan algo más de dos meses, igual la despiden y se acabó el problema… O se inventa otra excusa, vete a saber.

Si todavía tenéis ganas de votar, la encuesta sigue abierta: ¿Fallará Zorri el día de mi boda?

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Feb
28
    
Lo escribí el Febrero-28-2008 | (9) comentarios |

sitepega_notequiere Ayer la noticia dramática del día fue la muerte de 4 mujeres a manos de quienes una vez dijeron amarlas. No quise enterarme de los detalles morbosos: si todavía eran pareja, matrimonio, se habían separado o estaban en proceso de divorcio; si habían denunciado anteriormente a sus futuros asesinos, si no lo habían hecho o si habían retirado las denuncias; si trabajaban fuera de casa y tenían autonomía financiera, o se dedicaban a sus labores de amas de casa y con la pata quebrada; si tenían hijos pequeños, adolescentes o adultos que vivieran en la casa familiar, o no tenían hijos a su cargo; si los maltratadores habían padecido a su vez malos tratos o no, si procedían de familias desestructuradas o de familias tradicionales; si las víctimas eran inmigrantes o españolas, o si sus presuntos asesinos eran autóctonos o sobrevenidos…

No quiero saber nada de esto, porque da igual, porque cada una tendrá sus propias circunstancias personales, como cada muerte, como cada mujer maltratada, y me deja el regusto amargo de saber que no hay circunstancias propias que nos protejan y nos pongan a salvo. Ni tener formación universitaria, ni pensar a mí nunca me pasaría una cosa así. Todas estamos igual de expuestas, en un momento u otro de nuestra vida, a ser víctimas de un maltratador, solo tiene que tocar las teclas adecuadas en el momento adecuado, y protegernos depende de nosotras mismas y de nuestra gente, principalmente familia, pero todas pasamos por momentos de nuestra vida en los que somos especialmente vulnerables, y si tenemos la mala pata de dar con un malnacido en una época en la que estamos emocionalmente sensibles… Bueno, que todas tenemos más o menos papeletas para encontrarnos envueltas en una situación así, para nuestra desgracia ninguna está inmunizada, y que salgamos bien o mal paradas de ella depende de nosotras mismas, de nuestros recursos (económicos, intelectuales, sociales) , y de los apoyos con los que podamos contar (familia, amigos, compañeros de trabajo, etc.).

¿Nunca te has preguntado por qué una mujer maltratada tarda tanto tiempo, años, en salir de una situación que la destruye? ¿Por qué llegan incluso hasta el final, a ser asesinadas, sin tratar de escapar de ese círculo vicioso que las anula? ¿Por qué algunas no denuncian nunca, o retiran la denuncia? ¿Por amor, por miedo? Yo me he hecho estas preguntas miles de veces, sin llegar a una respuesta satisfactoria. Pero la pregunta que más me he repetido es por qué aguantan la primera bofetada. Cuando era adolescente, con esa superioridad que nos da el creernos más listos que nadie, me preguntaba por qué las mujeres maltratadas aguantaban la primera bofetada, y solía decir que si alguna vez mi pareja me levantaba la mano no me volvería a ver el pelo en su vida. Hasta que me enteré de ranahervidaqa0la parábola de la rana hervida, que (entre otras cosas) sirve para explicar el comportamiento de las mujeres maltratadas, y por qué no huyen inmediatamente a la primera agresión física. En pocas palabras, la parábola de la rana hervida se puede resumir así:

Si tú tiras una rana en una cacerola con agua hirviendo, la rana pegará un salto, saldrá disparada lo más lejos posible de la olla y, a poco que la rana pueda, no le vuelves a ver las ancas. La rana se ha salvado.

En cambio, si pones una rana en una olla con agua fría, la rana nada tan feliz. Si subes la temperatura poco a poco, la rana sigue nadando e incluso chapotea en agua templada, y su cuerpo se va acomodando poco a poco a la nueva temperatura. Cuando el agua empieza a estar más caliente que templada, la rana empieza a descolocarse un poco, no entiende qué ocurre, nada desconcertada, ya no chapotea alegremente y se encuentra aturdida. Sigue subiendo la temperatura, y la rana se siente fatigada y somnolienta. Cuando la temperatura del agua está ya realmente caliente, la rana no está en condiciones de huir, no puede saltar, el agua caliente la tiene agarrotada. Y para cuando el agua empieza a hervir, la rana ya no tiene escapatoria posible, y muere cocinada en agua hirviendo.

hirviendolarana

Su aparato interno para detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en su medio pero no para cambios lentos y graduales. Los cambios a corto plazo de los modelos mentales rutinarios y diarios, se acumulan a lo largo del tiempo y se convierten en cambios en las creencias a largo plazo, profundamente arraizadas. Llegan a creer que lo que les ocurre es normal, que es así como funcionan las cosas y siempre lo ha sido.

De ahí que las mujeres maltratadas no “salten de la olla” al primer guantazo, porque este nunca se produce de forma súbita, sino que se llega a este punto tras muchos meses o incluso años de maltrato psicológico previo, de menosprecio deliberado hasta acabar con cualquier atisbo de autoestima, de sumir a la mujer en un estado de angustia y desesperación del que cree no tener salida, de aislarla de cualquiera que pueda representar un apoyo en su vida, de hacerle creer que no sirve para nada, que es culpa suya y que incluso se lo merece. Es un trabajo constante, a largo plazo, que destroza a la persona psicológicamente, y llega a destruirla físicamente cuando decide que ya está bien de someterse.

En la mente machista, se justifica este proceso de destrucción en la necesidad de una reeducación de la mujer, que cada vez es menos sumisa y más rebelde, respondona y reacia a asumir el verdadero papel que le corresponde a la mujer en una relación, por culpa de la educación feminista que domina el mundo. Puede sonar conspiranoico, pero es cierto.

nomaltrato6gp ¿Y cómo logramos salir de esto? Me gustaría tener la respuesta, pero me temo que no es algo que se pueda solucionar de un día para otro. ¿Se puede erradicar el machismo, auténtico germen de la violencia de género? Lo dudo mucho, sinceramente. Si ni siquiera más de medio siglo después de la muerte de Hitler se ha podido erradicar completamente el nazismo como ideología, ¿se puede suprimir una ideología tan difusa como el machismo, que ni siquiera es reconocida como una ideología, y que además muchos padecen y ni siquiera admiten? No creo que sea tan fácil como algunos creen, y para poder proteger a las víctimas, lo principal es que ellas mismas admitan su condición de víctimas y se dejen ayudar, algo que ya de por sí no es nada fácil, pues si la rana está aturdida, fatigada y somnolienta, es difícil que grite pidiendo ayuda.

Y en eso es cuando me pregunto, tras ver las concretaciones de ayer, los pueblos de las asesinadas en pleno de manifestación en la calle, coreando consignas en contra de la violencia machista… ¿dónde estaban mientras esas mujeres vivían un calvario diario? ¿Dónde estaba la familia, por qué no la ayudaron a salir de ese infierno? ¿Es que no se daban cuenta de nada? ¿Dónde tenían los ojos las madres, los padres, los hermanos, las hermanas, las y1pAGaXLeijZPVY8NaOvFgWWVYfGs_e-7PEDRwacpRhXKrNRtzVqkExAl1dp_fqni8g2vhNVda-TvQcuñadas, las amigas, incluso las compañeras de trabajo de las víctimas? ¿Dónde estaban cuando más los necesitaba, cuando la vida de estas mujeres dependía de una mano amiga que las sacaras del pozo de la angustia en que vivían sumidas? Podrán manifestarse ahora tras una pancarta todo lo que quieran, pero espero que en sus conciencias siempre quede la señal de que pudieron haber hecho algo, pudieron haber ayudado a esas mujeres, y prefirieron esconderse y engañarse a sí mismos, dejarse engañar pensando que no ocurría nada, que no era asunto suyo, que en conflictos de pareja es mejor no meterse y que el matrimonio consiste en aguantarlo todo, incluso lo intolerable. No es así. No es eso.

 

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May
21
    
Lo escribí el Mayo-21-2007 | (11) comentarios |

Tengo una amiga que está convencida de que su vida es la mejor a la que ella puede aspirar, que está razonablemente bien. Lo que ocurre es que lo que para ella es “razonable”, a mí no me lo parece en absoluto. No nos veíamos desde el verano pasado, y el sábado estuvimos en su casa. Se me cayó el alma a los pies. Os cuento:

Para empezar, noté que mi amiga había engordado bastante, y eso en ella suele ser señal de malas noticias. Cuando se siente bien consigo misma y con su vida, se arregla, se cuida, cuida su alimentación, come sano, se arergla, y todo eso se nota en su físico (a pesar de que siempre ha estado algo rellenita, es muy alta, tiene una melena rubia y rizada preciosa, y es muy guapa de cara, por lo que a poco que se arregle resulta realmente atractiva); cuando no se siente bien con ella y su entorno, cuando no está bien, tiende a la dejadez, gana peso con facilidad y se arregla poco. Y el sábado la encontré muy descuidada, sin maquillar, sin peinar, con algunos kilos más de la cuenta, con una ropa que no le favorecía en absoluto… Bueno, no voy a ser yo quien se ponga a dar clases de glamour, pero me pareció que estaba muy descuidada. Primera señal de alerta de que algo no va bien.

Ya lleva más de un año saliendo y viviendo (sí, sí) con su novio. Me da rabia que parezca que soy así de superficial, pero es horrible, un mastodonte, físicamente un monstruo para mi gusto, enorme, con un barrigón alimentado por cerveza y ausencia total de ejercicio físico durante décadas, no se ha cortado el pelo desde la final del último mundial de fútbol, y me parece que este mes aún no se lo ha lavado. Supongo que esta descripción, por sí misma, ya dice mucho del personaje, pero es mucho peor de lo que parece.

Para empezar, toda su vida gira alrededor de los porros. No digo que fume mucho: estoy diciendo que son su única razón de ser. Nos llevaron a dar una vuelta por el pueblo en el que viven, el pueblo de él, y todas las referencias que nos hacía estaban relacionadas de alguna manera con los porros: “en ese parque me fumé mi primer porro; en aquel campo iba a entrenar a fútbol con 16 años, pero lo dejé porque prefería quedarme con los colegas fumando porros; aquel parque antes estaba vallado, tenía una fuente, no habían columpios, y se juntaban todos los chavales del pueblo a fumar porros; en esta plaza venía yo con mis amigos a fumar porros…” Y así constantemente. ¿Cómo entiende él los fines de semana? Una juerga contínua: ¿qué es lo que me gusta? ¿fumar porros? ¡Pues a saco! ¿la música? ¡pues a todo volumen! Vamos, el yerno que todas las suegras desearían, ¿que no?

El alcohol también es otra de las alegrías que le gusta darle al cuerpo a este hombre. No se trata de que se beba una cerveza de vez en cuando, o algún cubata cuando sale de marcha, no: es que es IN-CA-PAZ de beber nada que no tenga alcohol. Es que estábamos sentados tranquilamente en la terraza de una tetería, y se pasó todo el rato protestando porque allí no vendían alcohol, porque necesitaba una cerveza (se había bebido tres y dos vasos de vermouth durante la comida, que yo contara), un carajillo, un cubata, ¡algo! Diox, esto es una cosa seria…

Si esto le afectara a él solo, ya me parecería preocupante, pero la está arrastrando a ella en esta deriva, y eso no me gusta un pelo.

Además, el Yerno Perfecto es un también un machista perfecto. Terminamos de comer y tanto mi novio como yo nos pusimos a ayudar a recoger, entre otras cosas porque nos parecía de un mal gusto terrible ir a casa de alguien y dejársela patas arriba. ¿Y qué es lo que hizo el Yerno Perfecto? Apalancarse en el sofá con una lata de cerveza entre las manos. ¡Tranquilo, hombre, no te canses!

Y podría seguir, pero ya me he aburrido de hablar de él. La que me preocupa de verdad es ella, mi amiga. Cumplirá 26 años en agosto, y se le ha metido en la cabeza de que el Yerno Perfecto es su última esperanza antes de que “se le pase el arroz”, cree que ya se le ha acabado el tiempo para hacer tonterías y se agarra a él como a un clavo ardiendo como su última oportunidad, no sé bien bien de qué. ¿De no estar sola? ¿De tener un futuro?

El Yerno Perfecto es paleta, y ella lleva en el paro unos meses. No sé cómo se lo monta, pero me parece que aún no sabe lo que es que le renueven un contrato. En todos los trabajos por los que ha pasado, o la han despedido o no le han renovado el contrato, y no ha durado más de 6 meses en ninguna empresa. Y siempre tienen la culpa sus compañeros, a los que no soporta, siempre hay algún compañero insoportable o tarado mental empeñado en hacerle la vida imposible. Ahora lleva varios meses en el paro, y el Yerno Perfecto, sin cortarse un pelo, la hizo irse con él a trabajar de paleta. De peona, según nos contaron. Yo estaba alucinando en multicolor cuando oía al Yerno Perfecto explicar que la había hecho cargar con 6.000 kilos (¡¡seis mil kilos!!) de cemento en una semana, levantarlos a pulso y meterlos en la hormigonera, proque tenía que hacerla trabajar igual que un hombre para que los contratistas no le miraran mal por llevarse a la parienta a la obra. No me lo podía creer (a mí, que mi novio no me deja ni cargar con las bolsas de la compra, lo que me estaba contando me parecía una broma de mal gusto), y ella lo contaba al parecer orgullosísima de sí misma. Después, hablándolo a solas, le dije que estaba preocupada por lo que acababa de escuchar, ¡y tuvo el cuajo de negármelo! ¡Me dijo que él la había tratado muy bien, que no la había dejado coger peso! ¿Y qué son para tí todos esos sacos de 25 kilos de cemento, me lo quieres explicar? No me lo podía creer, ¿a quien pretendes engañar? Será a ella misma, porque lo que es a mí, no cuela bonita.

Quienes nos conocen saben de sobra que Caramelito y yo somos insoportables de tan empalagosos, que estamos todo el santo día el uno encima del otro, haciéndonos mimitos y dándonos besos. Pues mi querida amiga, que acababa de conocer a mi novio, no se le ocurrió otra cosa que pensar que nuestra actitud era porque queríamos demostrar algo, ves a saber el qué, que veníamos a su casa a demostrarle algo. Me quedé de pasta de boniato: no vengo a tu casa a demostrarte nada, no vengo porque quiera restregarte por la cara que soy feliz; vengo porque soy tu amiga y me gustaría saber cómo te va; si tú eres feliz, yo me alegro, no pienso que me estés restregando tu felicidad por la cara… Pero con el paso de las horas, fui entendiendo un poco más su reacción: mientras a mí mi novio me llama cosas como carinyu, amor, petita (pequeña), preciosa, cosita guapa y derivados, a ella el Yerno Perfecto la llama por su nombre de pila. Y no por gusto de ella, desde luego, porque se lo reclamó. Mi amiga y yo nos llamamos igual, por lo que el Yerno Perfecto, creyendo hacer la gracia, se refirió a mí como Pimkie 2, a lo que mi amiga respondió “lo puedes solucionar fácilmente: a mí me llamas cariño”. Para el Yerno Perfecto, como si la cosa no fuera con él. De hecho, el contacto físico entre ellos era bastante escaso, y casi siempre porque ella le buscaba a él, y no al revés.

Cuando mi amiga cuestionó la autenticidad de mi anillo de prometida, poniendo en duda que los diamantes fueran auténticos, fue cuando ví claro que actuaba de esa manera tan desagradable porque estaba celosa.

Celosa e insegura, ella sí se comportó como si tuviera que demostrar o justificar de alguna manera que la decisión que había tomado era la correcta, contraponiendo las supuestas virtudes de tener un novio 10 años mayor, como si eso fuese garantía de algo, a las supuestas desventajas de tener un novio un año menor; o argumentando que hay una edad para “quemarse y hacer el tonto” y una edad para “sentar la cabeza (con lo primero que pilles, añado yo), porque ya no te queda mucho tiempo”…

Se me pusieron los pelos de punta: me estaba diciendo que ha renunciando a cualquier posibilidad de ser feliz porque, a sus 25 años, ¡cree que ya no le queda tiempo para encontrar nada mejor que el hombre con el que actualmente comparte su cama! Y si ese hombre fuese un mediocre aburrido que solo pudiera prometerle una vida de monotonía, me preocuparía pero esperaría a que en algún momento decidiera optar por el divorcio más pronto que tarde; pero si el tío que ha escogido como última posibilidad de no quedarse sola de por vida es un inútil integral, machista, borracho y porrero, al que se agarra como a un clavo ardiendo, ¿cómo puedo hacerle abrir los ojos?

Me gustaría sacarla de esa casa que tanto esfuerzo le está costanto montar (que esa es otra) y traerla de vuelta al mundo de las ilusiones, al país de la esperanza. Pero si ella solita no se digna a abrir los ojos, si prefiere vivir ciega y engañada, ¿qué puedo hacer yo? Como dice el anuncio de la Dirección General de Tráfico, “no podemos conducir por tí”, y si ella está decidida a conducir hasta estrellarse, ¿cómo la saco del coche? ¿a rastras? Ya es mayorcita, no puedo sacarla de ahí cogiéndola de una oreja… Y es una situación realmente frustrante.

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Nov
26
    
Lo escribí el Noviembre-26-2006 | (5) comentarios |

Puedo entender (que no justificar) que alguien esté lo suficientemente enfermo como para golpear a la persona a la que dice amar.

Desconozco si la agresividad es una enfermedad o una actitud.

Malos tratosEn cualquier caso, entra dentro de mis esquemas mentales: puedo entender porqué se produce, creo que soy capaz de alcanzar cual es el origen de la violencia y de los malos tratos, y esto el primer paso para erradicarlo, porque si no podemos comprender cual es su origen difícilmente podremos ponerle remedio.

Es complicado de explicar, porque no estoy diciendo que exista una causa OBJETIVA, un motivo para golpear a una mujer: estoy diciendo que hay unos motivos que llevan a una persona a golpear a su pareja (una educación machista, una agresividad descontrolada, un temperamento violento, alcohol, drogas, etc.), y si luchamos contra todo éso que está en el origen de la violencia machista, estaremos más cerca de acabar con el problema de raíz. Por supuesto, sin olvidarnos del castigo al maltratador, aunque necesario, no creo que la solución venga por esa vía.

Lo que ya no soy capaz de comprender, por más que me lo propongo, no me entra en mis esquemas mentales, es la justuficación de los malos tratos. Que alguien pueda pensar “se merece que le pegue” o “algo habrá hecho” o similar no me entra en la cabeza. Ayer sábado, Querida Enemiga escribía en su blog un post explicando su experiencia: Tiene unos vecinos que son pareja, él es extranjero y ella indígena (española, coño, que hay que explicároslo todo). Unos días antes, unos vecinos oyeron como él le pegaba a ella, y en lugar de llamar a la policía o hacer algo para evitar los malos tratos que la chica estaba sufriendo, ¡se alegraron! “¡Anda y que la mate!“, dijeron esta gentuza de bien. Me confieso incapaz de entenderlo. No puedo, no me entra en la cabeza.

Carta Reyes Magos

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Sep
21
    
Lo escribí el Septiembre-21-2005 | (5) comentarios |

Llevo aproximadamente 6 meses sufriendo acoso laboral. Hace un año que trabajo en Connecta Call Center, y el pasatiempo preferido del cabrón de mi jefe es hacerme la vida imposible. Lleva desde julio sin hablarme. Y sin hablarme quiere decir sin pasarme trabajo, sin marcar prioridades, sin establecer objetivos, sin informarme de las nuevas iniciativas y proyectos del departamento. Y yo estoy contenta porque si no me habla tampoco me grita, ni me insulta, ni me agrede. Ya ven: cuando te han dejado la autoestima por los suelos, te conformas con poca cosa.

No me he buscado otra cosa en todo este tiempo, en primer lugar porque tenía el apoyo de la dirección (motivo por el cual mi jefe todavía no me ha despedido, que no por falta de ganas), que me prometía que la cosa cambiaría, que harían “algo” por solucionar el problema; y en segundo lugar porque tengo un contrato indefinido, un sueldo de mierda y una hipoteca que pagar, muy mala combinación. Sigo esperando que ocurra ese “algo” prometido y nunca materializado. Aunque si entienden por “hacer algo” conseguir que mi jefe deje de hablarme, pues entonces todo un éxito.

El sindicato está al tanto de la situación desde mayo. Me propusieron hablar con él, sin resultado. Llegaron a proponerme poner en marcha una investigación laboral, a lo que no me atreví. No tuve el valor suficiente. Me imaginaba las represalias, de entre las cuales la menos mala era estar en la calle al día siguiente.

Lo reconozco: me faltó valentía para ponerle una inspección de trabajo y acabar con esta situación por la vía directa, él o yo. Probablemente, si mi casa no fuera propiedad del banco no hubiera tenido tantos reparos. Empiezo a darme cuenta de que uno de los mecanismos más efectivos para tener a los ciudadanos controlados en un Estado democrático no es la represión, que se nota mucho, sino las compras a plazos, las hipotecas draconianas. Los bancos son el sistema represivo en las democracias del s. XXI

Uno de los motivos por los que estoy de buen humor es que mañana le presento la baja voluntaria. Me voy. El día 3 entro a trabajar en otro sitio, me voy para estar mejor. Tengo unas ganas locas de ver la cara que se le queda cuando se lo diga: dará saltos de alegría, estoy segura. Ha vencido, lo sé, pero siento que he ganado. Que le dén.

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