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Mañana Ifo empieza a trabajar en un nuevo curro. Cobrará durante estos primeros meses 24.000 euros brutos al año, y a partir de enero del año que viene le han prometido 30.000 anuales. Lo que significa que él solo cobrará casi tanto como ganábamos los dos juntos el año pasado. Y eso quiere decir que cuando tengamos al bebé, yo tendré mayor libertad para poder acogerme a la reducción de jornada laboral por maternidad que prevee nuestro convenio colectivo: 60% de la jornada - 80% del sueldo, de momento hasta los 3 años, aunque se está negociando para el próximo convenio (que debería entrar en vigor en enero 2009) sea hasta los 12 años, cuando acaba la educación primaria.
A él le preocupa un poco que dependamos tanto de su sueldo. Bienvenido a las responsabilidades de un padre de familia, querido mío. Además, él siempre había dicho que quería ser amo de casa y quedarse a cuidar de los niños feliz y sin trabajar. Se siente: no haber sido tan bueno en tu trabajo y ahora no estarías ganando una pasta que me permita _a mí_, pobre mileurista, trabajar menos horas.
A todo esto, mi suegra ya me ha empezado a tirar indirectas (directas, más bien) para que, cuando me reincorpore al trabajo después de la baja por maternidad, le deje al bebé. Dice, y en parte (sólo en parte) estoy de acuerdo con ella, que da mucha pena dejarlos en la guardería cuando son tan pequeñitos, y que el momento ideal para que empiecen en la guarde es a partir del año, cuando ya caminan y van a divertirse, a socializar, a hacer amiguitos… Pero que mientras sea un bebé y todavía no camine, que “se lo puedo dejar a ella por las mañanas” mientras estoy en el trabajo… Es discreta, mi suegra, ¿verdad?
Por cierto, sobre el retraso de ayer: falsa alarma. Me ha venido la regla aunque con un día de retraso, eso es todo. Habrá que seguir intentándolo 
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El domingo pasamos el día entero en Port Aventura. Ifo me tenía preparada la sorpresa desde la semana pasada, para celebrar los 3 meses de casados: había conseguido las entradas pero no me dijo nada hasta el último momento.
Nos lo pasamos bomba, aunque hemos acabado hechos polvo, y todavía hoy tengo unas agujetas que no me tengo en pie. Es oficial: me hago mayor y ya no estoy para estos trotes.
Mi suegro ganó en una de las casetas una dragona de peluche enorme de color rosa que tuvo un éxito espectacular toda la tarde danzando por el parque, todo el mundo se la quedaba mirando; nos pusimos hasta las patas comiendo porquerías varias, sobre todo esas pedazo de hamburguesas de kilo en el oeste; hicimos el payaso como nunca, bailamos en plena calle, nos empapamos en el Tutuki, me mareé en el Dragon Khan, nos rajamos y al final no subimos al Huracán Kondor y al final no conseguimos el R2D2 de peluche.
    
Ya están en modo Halloween y la decoración es una pasada, todo el parque está ambientado en una película de terror, los espectáculos, los actores, todo está ambientado en Halloween. Esto hay que repetirlo.
     
Lo que sí que tengo que contar es que nos encontramos con tres atracciones diferentes “con problemas técnicos“, en dos de ellas nos tocó esperar más de lo previsto hasta que se solucionó (o no, vete a saber), y en otra nos hicieron bajar después de haber puesto ya la atracción en marcha, cosa que no entiendo.
En cualquier caso, me encantó pasar el día fuera en familia y disfrutando como enanos, me encantó que estuviera todo el día pendiente de mí, que se preocupara porque estuviera bien, porque no me agobiara… ¿Os he dicho alguna vez que tengo el marido más maravilloso del mundo?
Mogollón de fotos del día aquí.
P.D. Creo que tengo una falta… ¿Será la ansiedad? Probablemente. Relax, don’t stress…
En esta entrada hablo de: amor, embarazo, familia, Ifoxe, ilusión, matrimonio
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Ayer, a las 6 de la madrugada, nació mi “medio” sobrinita, Noemí. Una monada de niña, pequeñita, pequeñita (3 kilos y medio pesó al nacer), pero guapísima: morenita como el padre, y blanquita de piel como su madre.
Montse está hecha polvo, claro, después de tantas horas y tanto dolor (encima al final acabó naciendo por cesárea). Y mi primo está que se le cae la babilla con su niña, todavía no se acabe de creer que esa cosita tan pequeña sea su hija.
Fuimos a verles ayer al hospital, y a mí también se me caía la baba con esa cosita tan pequeñita y tan buena, que casi ni se movía y lloraba muy poquito.
Estuvimos la mar de bien con ellos, pero la situación se volvió un poco tensa cuando entraron mi tía y mi primo el mediano con su novia. Como ella no quiso venir a la boda “porque no estaba para cachondeos” (y, en consecuencia, de la familia de mi padre no vino nadie más que mi primo el mayor, su novia Montse, mi abuela y un primo con su familia), y además mi tía y yo hace la tira que no nos vemos aunque vive al lado de casa de mi madre, pues no conocía todavía a Ifo, y el momento fue un poco raro:
- Hola, soy su tía
- Hola, yo soy su marido
En fin.
En cuanto llegaron ellos, nosotros nos largamos porque la verdad es que no era agradable estar en la misma habitación y no tener nada que decirnos. Además, se hacía tarde (versión oficial).
Por cierto, que me sorprendió conocer a Aroa, la novia de mi primo. Ella es guapa, simpática, delgada, con desparpajo, se la vé inteligente (solo estuvimos en la misma habitación unos minutos, así que tampoco dio para mucho…), pero vamos, que la ví una chica muy válida, y él en cambio… bueno, él es mi primo Dani y con eso está dicho todo. Nunca antes como hasta ahora había cobrado tanto sentido la frase “¿Qué hace una chica como tú con un tío como ese?“
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Yo pensaba que eso de que cuando los padres se divorcian, utilicen a los hijos como arma arrojadiza es más de épocas en las que hay algo que ganar o perder: custodia, piso, pensión alimenticia, etc. Pero que con veintitantos mis padres nos utilicen a mi hermano y a mí como arma, me resulta extraño.
Y ahora me encuentro nadando entre dos aguas porque primero mi padre me metió de lleno en el conflicto al “auto-invitarse” a vivir en mi casa mientras encontraba piso, y ahora mi madre se ha lanzado en plancha al decirle a mi padre que yo creo que su comportamiento es el de un capullo impresentable (lo cual es cierto, pero también creo que mi padre puede vivir perfectamente sin esa información), y que no quiero que venga a vivir con Ifo y conmigo (lo cual también es cierto, creo que debería asumir las consecuencias de sus propias decisiones, pero eso no significa que vaya a dejar tirado a mi padre sin un sitio donde dormir), con lo que ahora mi padre, orgulloso como él solo, no quiere venir a mi casa.
Así que ahora estoy entre dos aguas:
- Si acojo a mi padre en nuestra casa, soy una ZORRA por ponerme de su parte a pesar de todo lo que ha hecho.
- Y si no le dejo venir mientras encuentra otro sitio, soy una ZORRA por dejarle en la calle.
¿Hay alguna forma de salir bien parada de una situación así?
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Mañana está previsto que se celebre el funeral de Estado por los fallecidos en Barajas en el vuelo de Spanair JK-5022. Un funeral de Estado. El mero concepto me rechina.
Considero que es importante, sobre todo desde la situación de los familiares de las víctimas, respetar la voluntad de los fallecidos respecto a su propio funeral, en caso de que en algún momento de sus vidas hubieran expresado cómo les gustaría que fueran. Y, sinceramente, dudo mucho que ninguna persona de a pie (que no se desplace habitualmente en coche oficial, se me entiende) se imagine para sí misma un funeral de Estado.
En mi familia, por ejemplo, mis padres saben perfectamente que me gustaría donar mis órganos y, el resto, que sea incinerado. No quiero que me sepulten en un nicho en una pared, dónde vengan a traerme flores mis allegados una vez cada año bisiesto, donde nadie se acuerde de mí, y al cabo de unos años que saquen mi cuerpo de ahí y me tiren a la basura para hacer sitio a muertos más recientes. Nada de eso: cuando muera, quiero seguir viviendo en el cuerpo de otras personas, quiero que mi muerte sirva para dar vida a otras personas que necesiten esos órganos para vivir; y mis cenizas, quiero que las tiren al mar (¿eso contamina?), para que mis familiares y mis amigos no necesiten ir a un triste cementerio donde me tienen abandonada a llevarme flores de vez en cuando. Nada de eso: quiero que cada vez que miren el mar se acuerden de mí, con nostalgia pero sin tristeza, y seguiré viva en su recuerdo y en los cuerpos de las personas a las que con mis órganos contribuí a que continuaran con vida.
Yo no quiero un funeral de Estado. Si tuviera la desgracia de morir en un accidente múltiple y tan trágico como el de Barajas, decidle a quien quiera que se encargue de este tema que no quiero que me metan en una caja de madera, con un cura rezando por mi alma, y acabar emparedada en un muro. Y si resulta que además la persona encargada de rezar por mi alma es Monseñor Rouco Varela, os juro que me reencarno en el próximo Ministro de Hacienda, y os cagáis todos.
No creo ser una excepción. Estoy segura de que, quien más o quien menos, aunque no nos guste pensar en la muerte, sí que tenemos más o menos una idea de cómo nos gustaría que fuese nuestro funeral, idea que probablemente hayamos compartido alguna vez con nuestros familiares más cercanos. ¿No es así? Y si así es, ¿a cuento de qué celebrar un funeral de Estado, según los deseos del Estado para estos casos y no según los deseos de cada una de las víctimas, celebrado en la intimidad de sus allegados? Personalmente, no me gustaría nada que mi funeral fuese televisado por TVE, y saber que las vecinas estarán pegadas a la tele deseando que la cámara capte las lágrimas de mi madre o la cara de desolación de mi marido. Me dan arcadas solo de pensarlo.
¿A cuento de qué, mercadear política y mediáticamente con 153 muertes, y con las vidas de sus familiares y amigos, como si de la boda del heredero de la jefatura de Estado se tratara? Creo, sinceramente, que para honrar la memoria de las víctimas (de cualquier víctima, ya puestos) no debería realizarse ningún funeral de Estado, no solo por el hecho de que se trata de un ritual católico y el Estado es aconfesional (casi un detalle sin importancia a estas alturas de la película), sino por respeto a todas esas personas, que igual son católicas practicantes como ateas convencidas, protestantes, judías, musulmanas, budistas, en trámites de apostasía o que le tengan una tirria insoportable a Rouco Varela y a los de su cuerda. ¿Qué sabemos nosotros? ¿Y qué derecho tiene el Estado a decidir por las víctimas y por sus familiares la forma en que quieren dar el último adiós a sus seres queridos?
Todo esto del funeral de Estado me parece una vergüenza y una tremenda falta de respeto.
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Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que pertenece al señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
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Mis padres tienen un bungalow en Canet de Mar, en la Costa Brava, y mis suegros un apartamento al lado de Torredembarra, en la Costa Dorada. Si quisiéramos, podríamos pasarnos todos los fines de semana en la playa, y probablemente Ifo estaría encantado de la vida. Y aún así yo, igual que Florci y que Inner Girl, no soporto la playa. No me gusta. En cambio, a Ifo, a mis padres y a mi hermano les encanta. Suelen pedirme que vaya con ellos a pescar en la lancha, pero yo me mareo con facilidad y no lo llevo nada bien. En cambio, hacer un poco el tonto con la barca sí que me gusta.
Y eso es lo que hicimos el mes pasado, al poco de volver del crucero de la luna de miel, por si no había tenido suficiente mar, nos fuimos a pasar el día a Canet, a pescar un rato (por suerte llevaban poco cebo ) y a hacer un poco el tonto con un flotador tipo donut gigante sujeto a la lancha con una cuerda. Nos lo pasamos en grande, y mi padre acabó pegándose la gran leche del día (podéis verlo a partir del minuto 10:03, con la repetición de la jugada a continuación a cámara lenta), por hacerse el chulito: primero iba sin manos (a partir del minuto 7:21), después nos decía que eso no era nada para él, que le metiéramos más caña (a partir del minuto 8:00)… Hasta que pilló una ola a contrapié, ¡y acabó dando una vuelta de campana y tragando más agua que en toda su vida!
Lástima que esté haciendo mal tiempo estos días, porque Ifo pilla vacaciones a partir de mañana (hoy es su último día en su curro actual) y podríamos repetirlo si hace bueno.
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Este calor me pone de mal humor, estoy agobiada, pegajosa e incómoda. Llevo casi dos semanas de vacaciones y ya no sé qué hacer, me paso todo el día marmoteando en el sofá y viendo la tele, alternando entre La Sexta, el club Megatrix, Antena punto Neox y cualquier pedorrez que pongan en el Disney Channel, ya me da todo lo mismo. Para compensar, como tengo el videoclub a la vuelta de la esquina, he cargado la tarjeta del videocajero con 40 eurazos, y de vez en cuanto me alquilo alguna chorri-peli para pasar la tarde entre sudores. Este calor sí que mata neuronas, y no los porros.
¿Resultado? Tengo un dolor de espalda que no me aguanto, de pasarme tantas horas en el sofá, y una mala leche de escándalo del dolor de cabeza que se me pone por culpa del ventilador. Estoy A-B-U-R-R-I-D-A. Y aún me quedan por delante otras tres semanas, creo que voy a acabar adquiriendo la misma habilidad que Spiderman para subirme por las paredes.
De vez en cuando me alivio pegándome algún que otro remojón en la piscina. Ya tengo pilladas las horas en las que no hay casi nadie en la piscina, y me sirve para aliviarme del calor en el agua, pero como no sé estar sin darle caña al coco, porque en cuanto le doy tregua a la neurona aún me aubrro más, he aprendido a leer _dentro_ de la piscina. Sí, sí, como lo leeis: me pongo en la parte que menos cubre, y que normalmente es la que está más concurrida de madres con peques (por eso voy cuando no hay casi nadie, sobre todo entre semana), de pie y apoyada en el bordillo, por lo que el agua me cubre hasta la altura del pecho, y coloco el libro en el bordillo, obviamente fuera del alcance del agua. Y así puedo remojarme, huir del calor horroroso, y no aburrirme como una ostra. Otra alternativa es engancharme el Ipod Chufle a la coleta y meterme en el agua tan pancha, pero me dio mal rollo y no lo he vuelto a hacer.
A Ifo le queda todavía toda la semana que viene de curro, y después cogerá dos semanitas de vacaciones y podremos estar juntos. Este año solo podremos compartir un par de semanas juntos, y aún nos podemos dar con un canto en los dientes, porque hemos estado en un tris de no coincidir ni un solo día: a mí, por convenio, me obligan a hacer todas las vacaciones en los meses de verano (después tengo una semana extra en navidades), y él no pidió las vacaciones en su momento porque pensaba largarse de la empresa presentando la baja voluntaria, pero se ha alargado la cosa y ya estaban las vacaciones del departamento pedidas, así que solo quedaba septiembre. Finalmente empieza el 1 de septiembre en otro sitio, así que ya ha dado los 15 días de preaviso para largarse y podremos hacer juntos las dos últimas semanas de agosto, pero nos ha ido de un pelo.
Ayer me llamó mi madre, está de vacaciones en Canet con mi tía hasta el día 14, y quería me fuera con ellas a pasar la semana (sospecho que porque ya debe estar hasta las mismísimas narices de mi tía, otra del gremio de las del parloteo incansable). Le dije que Ifo no podía venir porque él no tenía vacaciones hasta el día 17, y que cómo le iba a dejar solo. ¿Su respuesta?
- Ponle una barandilla en la cama para que no se caiga, pobrecito…
Una cachonda, mi madre. Pero no me voy, no quiero dejar a mi maridito solo una semana entera.
Le hecho mucho de menos estos días en que él no está porque tiene que trabajar, no comemos juntos, casi ni hablamos por el gtalk, y cuando él llega a casa solo tiene ganas de desconectar, de enchufarse al juego ese del Conan en el ordenador, guerrear un poco con sus amigos y dejarse mimar porque está hasta las narices del curro, tiene unas ganas locas de pillar vacaciones y él también está que se sube por las paredes como yo, pero teniendo que ir a trabajar cada mañana, a aguantar a compañeros pedorros y a un jefe inútil, y sin piscina donde remojarse para pasar el calor. Y encima, cuando llega a casa, me encuentra a mí agobiadísima, aburrida y con ganas de marcha, de moverme, de hacer algo, y él sin ganas de nada más que de espachurrarse en su sillón delante del ordenador y poner la mente en blanco. Pobrecito, la verdad es que le entiendo, lo está pasando bastante mal, parece que no llegue nunca el último día de curro y está muy agobiado. ¡Vaya vacaciones!
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Hace un par de días, Ifo y yo pactamos el fin de las pastillas anti-baby. Efectivamente, vamos a ir encargando el rubito (¡o la rubita!), por lo que me temo que mi querido sofá amarillo tiene los días contados, porque habrá que ir haciendo sitio para la habitación del bebé
Desde que nos fuimos de luna de miel y a cuenta de mi gastroenteritis, venimos haciendo bromas sobre la posibilidad de que nos fuéramos dos de crucero y volviéramos tres, sobre la puntería de Ifo, etc. Y con la tontería, la tontería, los dos nos hemos hecho ilusiones de ampliar la familia en breve. Llevamos un mes haciendo coña con el asunto, y como en un par de días me vendrá la regla y el sueño se romperá, hemos decidido dinamitar el pacto implícito de esperar un año al menos para traer a un nuevo ser a este mundo. Así que oficialmente se han acabado las pastillas anti-baby para mí durante una buena temporada. ¡Y qué ganas tenía de dejar ya las pastillas!
Antes de tomar la decisión definitiva, hablé con mi jefa, porque me toca renovar contrato en junio y no tenía yo del todo claro que si me pillaba ya de baja maternal, me renovaran tan fácilmente (estando embarazada estoy segura de que sí que me renovarán, pero ya parida… no sé, no sé), y me dio tranquilidad, se alegró por mí y me dijo que adelante y que no me preocupara porque no habría problema por eso, ni por “política de empresa” ni por la responsable de recursos humanos, que es una circunstancia con la que ya cuentan y que ni por un momento se les ocurriría poner trabas al desarrollo personal y familiar de la gente que trabaja en la casa, faltaría más. Me quedo mucho más tranquila.
Cuando vuelva al curro (por cierto, estoy de ¡vacaciones!), me enteraré de cómo funciona el tema de la conciliación de la vida familiar y laboral, y de todo lo que respecta a la reducción de jornada para el cuidado de los hijos pequeños, y la reducción de sueldo que pueda comportar, pero creo que en eso nuestro convenio está bastante bien y no tendré problemas.
Imagino que hasta dentro de unos 3 ó 4 meses mi cuerpo no se habrá librado todavía de las hormonas de las puñeteras pastillas, así que no me estreso en absoluto.
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Es subido a nuestro canal de Youtube algunos de los momentos más emocionantes y divertidos de la boda, como la lectura del poema por parte de Toni en mi casa, cuando cortamos la tarta nupcial, el momento en que pasamos por las mesas con los detalles de las amigas, o la última sorpresa que nos tenían preparada nuestros padres. Son momentos muy especiales, y me alegro mucho de poderlos tener en vídeo para verlos tantas veces como quiera, y poderlos compartir.
Toni lee el poema:
Ifo y Pimkie cortan el pastel
Los regalitos a los amigos.
Nota: me olvidé de regalarles las rosas a Mirian y Sheila, y al final me sobraban dos rosas ¡y no sabía qué hacer con ellas! Supongo que por eso al final desentona un poco las dos últimas personas. ¡¡Perdón, wapetonas!!
La última sorpresa (¿quizá debería decir “la última putada”?):
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