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May
27
    
Lo escribí el Mayo-27-2008 | (10) comentarios |

Es curioso cómo la mente humana, con el tiempo, selecciona los recuerdos de aquéllo que hemos vivido y les da forma en función de vete a saber qué criterios. ¿No te ha pasado nunca eso de echar la vista atrás, recordar algún momento especial de tu vida, y llegar a la conclusión de que cuando lo viviste no lo sentiste de la misma forma en que ahora lo recuerdas?

Hace casi tres años, cuando mi ex me dejó, tenía una idea determinada de cómo habían sido nuestros casi 8 años de relación y cómo había sido la ruptura; tiempo después, cuando me enteré de todo lo que había ocurrido con la tarada de su novia y todas las movidas que tuvimos, empecé a ver mi pasada relación con él bajo un prisma muy diferente, y cambió la perspectiva sobre la manera en que me había dejado y cómo habíamos quedado desde entonces (empezar a descubrir mentiras y más mentiras hacen que te plantees muchas cosas de tu vida, y que te surjan dudas inevitablemente). Hoy, en cambio, veo todo aquéllo de una forma muy diferente, no solo por todas las cosas de las que me he ido enterando con posterioridad, sino también por el hecho de poder pensar fríamente en lo que ocurrió, y poderlo mirar de forma desapasionada siempre aporta nuevos puntos de vista que en caliente una es incapaz de abordar.

Por no hablar de la “memoria selectiva”, es decir, quedarte con una parte de lo que realmente pasó y olvidar el resto, que pueden ser incluso detalles importantes pero que por algún motivo tu mente bloquea. A veces Ifo me pregunta por cosas de mi anterior relación, que yo misma le conté en su momento, y que ahora ya no recuerdo. A veces incluso se me queda cara de tonta, preguntándole

¿En serio te conté yo eso? pues la verdad es que no me acuerdo…

Queda fatal, no me extrañaría que el pobre mío pensara que o bien le mentí cuando se lo conté, o bien le estoy mintiendo ahora cuando me pregunta, pero lo cierto es que hay cosas que he olvidado completamente. Sobre todo las que se refieren a los malos momentos. Si hago un esfuerzo, puedo revivir el rechazo y la soledad, incluso cuando estábamos juntos y se suponía que todo iba bien… pero si no me paro a pensar en profundidad, la sensación que me ha quedado y el recuerdo que más persiste de la relación que tuve con mi anterior novio, es la de un aburrimiento tremendo.

Sin embargo, según tenga mi estado de ánimo, puede pasar que todas las ideas que tenía tan claras se desmoronen y empiece a pensar en explicaciones “alternativas”. Claro que ayudaría que mi ex me hubiera dado una explicación clara de por qué me dejó, pero como es tan mierda que es incapaz de hablar claro (y no solo por su dificultad para vocalizar, que debería haber sido estudiada por algún logopeda hace mucho tiempo), pues es lógico que ante el desconocimiento de los motivos auténticos y la gran cantidad de tópicos que me tocó aguantar, mis especulaciones se disparen.

Y hace unos días tuve un bajón monumental, provocado probablemente por el síndrome premenstrual más las dudas y los nervios pre-boda habituales, más un bajoncillo momentáneo… agítese bien, y tienes un cóctel corrosivo. Me dio por pensar que mi ex me había dejado por borde, porque ya no me aguantaba más, y que antes o después con Ifo me pasaría lo mismo pero peor, porque la situación sería mucho más grave si hablamos de un divorcio, y más con hijos de por medio, y también porque Ifo es el hombre de mi vida (y en cambio con mi ex me aburría como una seta, solo que eso no se me ocurrió pensarlo en ese momento de bajón).

Así que en pleno bajón estaba yo, llorando como una Magdalena, con la autoestima en paradero desconocido y muerta de miedo porque Ifo me dejara dentro de unos años, aburrido de mí y de mis tonterías. Suerte que este tipo de bajones duran poco, pero mientras duran es horroroso.

Ifo me ha confesado que él también tiene dudas, pero ¿y quien no las tiene, antes de dar un paso tan importante en nuestras vidas?

Lo que sí tenemos muy claro los dos es que nos hace una ilusión tremenda dar este paso juntos, los dos estamos deseando ponernos el uno al otro el anillo en el dedo ante el altar y decirnos el Sí, Quiero. De hecho, cada uno ha escrito sus votos personalmente y los leeremos el día de la boda. ¡Me muero de ganas!

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Abr
07
    
Lo escribí el Abril-7-2008 | (16) comentarios |

Queridas lectoras, os propongo una apuesta cuyo resultado sabremos exactamente el día 28 de junio. ¿Vendrá mi amiga Zorri a mi boda?

Ella dice que sí.
Yo digo que no me lo creo.
Ella me promete que vendrá.
Yo le digo que no me falle, que ese día es muy importante para mí.
Ella jura y perjura que vendrá. Que a la despedida de soltera no vendrá, por temas de dinero (para variar), pero que a la boda seguro que viene.

Yo no se lo digo, pero estoy viendo el futuro que nos espera:

La llamaré una semana antes de la boda, para recordarle la fecha y asegurarme de que vendrá.
Ella volverá a repetir por activa y por pasiva que vendrá.
El día de la boda, no se presentará.
No llamará para dar una mínima explicación.
En el restaurante, tendré una mesa con dos sillas vacías.
En mi cuenta bancaria, tendré 300 euros menos, que no me sobran precisamente.
En mi casa, tendré una bronca monumental con mi madre por culpa de la impresentable de mi amiga.
No sabré de ella durante semanas, hasta que sea _YO_ quien se decida a llamarla.
Me pondrá alguna excusa estúpida que no quiero oír y mucho menos estoy dispuesta a creer.
En la factura telefónica, tendré una llamada de casi una hora, total, para escuchar soplapolleces que no me interesan.
Y, finalmente, tendré una amiga menos.

La historia tiene que ser _exactamente_ tal como la cuento para que gane la apuesta. Es decir, para que _yo_ gane la apuesta, no me conformo solo con que mi “amiga” no se presente sin dar explicaciones, sino que toda la historia tiene que ser exactamente así. Triple o nada. Si me equivoco, aunque sea en un punto de lo expuesto, tú ganas.

¿Qué me dices? ¿Vendrá o no vendrá? ¿Avisará de que no vendrá, o se comportará como la impresentable que es? ¿Me tendrá una hora al teléfono para explicarle una gilipollez como la catedral de Burgos, o tendrá una excusa mínimamente creíble? ¿La mandaré definitivamente a la mierda y no nos volveremos a ver más? ¿Qué nos apostamos?

Ya es duro estar completamente segura de que tu mejor amiga (sí, yo también me pregunto por qué) desde hace más de 12 años te dejará colgada y no se presentará el día de tu boda, te hará pagar su cubierto y el del Yerno Perfecto por no tener la decencia de decirte que no vendrá, y que encima no llamará tampoco después a menos que tú la llames, y solo entonces se dignará a inventarse alguna excusa chusca. Pero más duro es mantener viva la ilusión hasta el último momento, cruzar los dedos y soñar con que quizá no sea tan zorra como para dejarte colgada ese día, porque ella sabe perfectamente lo importante que es para tí. Pero, ¿sabe que nunca le perdonarías que te fallara ese día? No lo sé, creo que su confianza en mis tragaderas es ilimitada. No creo que tenga en cuenta que estoy hasta las narices y que esta sí que no se la voy a tolerar, ya sería demasiado.

La verdad es que no sé cómo la he aguantado hasta hoy. Desde hace un par de años (concretamente desde que empezó a salir con el Yerno Perfecto) nunca ha estado cuando la he necesitado, y ella tampoco ha dejado que yo estuviera cuando me ha necesitado a mí, a pesar de haberme ofrecido incondicionalmente; he perdido la cuenta de las veces que me ha dejado colgada sin una explicación, sin una llamada posterior (ni mucho menos previa) y con una excusa ridícula cuando la llamo yo. Así que esta es la última oportunidad que le doy a la que ha sido mi amiga de adolescencia y (quiero creer) primeros años de la edad adulta.

Sí, esta es la última oportunidad que le doy. ¿Y tú, qué opinas? ¿Fallará Zorri el día de mi boda, o se presentará como una buena amiga? Puedes votar por la opción que quieras aquí. La que más se aproxime, gana. Mi apuesta, ya sabéis cual es. ¿Y la vuestra?

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Dic
04
    
Lo escribí el Diciembre-4-2007 | (8) comentarios |

Ayer no tuve precisamente mi día más lúcido: había dormido poco, estaba cansada, el fin de semana no había descansado apenas y arrastro cansancio acumulado desde hace varias semanas.

Al abrir el correo esta mañana, me encuentro con un mail de la jefa de ayer por la tarde, convocándome a su despacho a primera hora. ¡Uf! Mal rollo, me temo lo peor: una bronca por no haber tenido listo el trabajo de ayer, o algo parecido. Pero no, todo lo contrario, la jefa me tenía preparada una grata sorpresa: un proyecto alucionante, del que no puedo dar más detalles (de momento).

Solo puedo decir que es muy importante, públicamente muy importante; y que amigos-compañeros y amigos-adversarios lo van a destripar sin piedad, sin saber que ha sido obra mía (al menos a nivel técnico, con la ayuda de la gente de diseño).

Estoy emocionada, por lo que supone de reto personal pero también por la puesta a prueba de mi capacidad profesional. El que tus propios amigos y tus adversarios puedan destripar tu trabajo con total sinceridad en la plaza pública y sacarte los fallos hasta sonrojarte, sin que sepan que has sido tú la promotora del invento… tiene su punto, pero a la vez asusta. Y la magnitud del proyecto y su relevancia pública acojona.

Os iré contando en cuanto pueda…

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Dic
05
    
Lo escribí el Diciembre-5-2006 | (12) comentarios |

Camino por entre los puestos de artesanía de uno de los muchos mercadillos que proliferan en los pueblos en estas entrañables fechas.

Y pienso…

… Vale. La movida del Belén, la entiendo…

… Pero lo del árbol de Navidad…

¿De dónde viene la tradición de adornar un pino?

Mi arbol de navidad decorado

Este es mi arbolito de Navidad. Mide tres palmos de alto, así que más que un abeto es un bonsai, pero mi piso no da para más.

Es de plástico, pero estos chinos hacen unas imitaciones que son la leche.

Según mi cuñada Marta, parece una madeja de lana con bolas colgando.
Pero yo le tengo mucho cariño: es mi primer arbolito de Navidad, en mi casa.

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Nov
27
    
Lo escribí el Noviembre-27-2006 | (9) comentarios |

… Piticlín, piticlín …

Suena mi móvil. Es una llamada inesperada. ¡Es mi golfo! Que me llama para reclamarme los minutos de la atención que no le presto y que le corresponden por derecho. Como llevo unos cuantos días sin hacerle mucho caso, me llama para protestar.

Lo hace poniendo su mejor voz de seductor, pero le calo enseguida porque le conozco bien. Me pone excusas que ni cuelan ni han colado nunca: “Es la voz de recién levantado. Ayer trabajé y…

Historia medio real en la que él, como siempre, es el “casi-héroe” de la jornada. Le tengo dicho que él de pequeño quería ser un súper-héroe, y el que le pillaba más a mano era una tortuga ninja.

El caso es que viene. Este sábado se pilla un tren y se presenta en Barcelona “just for party“: sólo para que nos vayamos de fiesta, y el domingo se vuelve a Pamplona.

¡Cómo son los hombres! Estás unos días sin llamarles, les dices que en este momento hay otro que ocupa tu atención, y son capaces de meterse en el cuerpo casi 1.000 km en dos días para verte. ¡Con un par! A este paso, monto una academia.

Hasta ha llegado a decirme ¡que me ha echado de menos! ¡Él! ¡El mayor canalla que campa por el mundo -que yo conozca-! No me lo puedo creer. Advierte que con esos “te he echado de menos” hay que tener mucho cuidado. Pero conmigo se siente cómodo y relajado. ¡Peor para él!

También me advierte de que en principio viene, pero que no me haga muchas ilusiones. En su línea. De momento, he comprado casi medio kilo de chuches de las que le gustan, esas que huelen como mi perfume. Si viene, nos las comeremos a medias, en los ratos libres; y si no viene, me endulzarán una nueva desilusión, a las que ya me tiene acostumbrada. Y será responsable de los michelines que esas chuches me pongan. Que digo yo que medio kilo de chuches me pueden hacer engordar… ¡pues medio kilo! ¿no?

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Nov
16
    
Lo escribí el Noviembre-16-2006 | (8) comentarios |

AlucinacionesAcabo de recibir una llamada desde el Más Allá… O, como mínimo, una llamada muy muy extraña…

Me acaba de llamar mi ex para decirme que está anímicamente hecho polvo, y que necesita hablar.

¿Hablar? ¿Él? ¿Conmigo? Pero si él ha sido siempre más bien de conversación tipo correcaminos (¡¡meec-meec!!).

¿Hablar él, de cómo se siente, sin chantaje ni presión de por medio, y encima por voluntad propia? Esto es rarísimo… Y encima ¡¡conmigo!!

Cuando dije que me había salido con la mía pensaba que lo que había logrado era mantener un mínimo de contacto, “relaciones diplomáticas” como dice Campanilla. No me esperaba yo un cambio tan radical de actitud…

Es un cambio de actitud sorprendente, no sólo el pasar de no querer verme nunca más a llamarme cuando necesita hablar, sino ¡el hecho mismo de que necesite hablar! Él era de los que desaparecía y no daba señales de vida en días, se encerraba en su mundo, y cuando tenía las cosas claras volvía. En lugar de aclararlo conmigo, que creo es como reaccionaría un hombre con la suficiente madurez como para hablar de lo que le preocupa, de lo que le duele, de lo que le molesta, con su pareja. Más aún cuando su pareja tiene parte de responsabilidad en esas preocupaciones. Normalmente, no me daba opción a réplica, no podía defenderme y argumentar más que cuando era yo quien se quejaba, porque como él desaparecía durante días y no volvía hasta que no se había aclarado, evidentemente no había posibilidad de llegar a un acuerdo.

No le voy a echar la culpa de que nuestra relación se rompiera, porque fue cosa de dos. Pero sí diré que su forma de afrontar los problemas, encerrándose en sí mismo en lugar de compartirlo conmigo, fue determinante para que no pudiéramos superar muchos malentendidos que no fueron más que eso, malentendidos, pero que en él fueron dejando un poso de resentimiento que, cuando llegó la gran crisis, se le acumularon y no fue capaz de superarlo todo a la vez. Para entonces ya estaba todo perdido. Quizá desde mucho antes, y yo sin darme cuenta. En la inopia.

En cualquier caso, hemos quedado para vernos el sábado por la mañana. A ver qué se cuenta.

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Oct
05
    
Lo escribí el Octubre-5-2006 | (0) comentarios |

Desde que te conozco, nunca me he planteado que a lo mejor el que seas un impresentable tal vez tenga sus ventajasCon suerte, igual haces como siempre y no te presentas… Quien sabe.

Tengo ganas de verte.Lo malo (para tí) es que sólo tengo ganas de verte.
Y lo malo (para mí) es que tengo miedo de verte.

¿Porqué tienes que poner las cosas tan difíciles? ¡Con lo fácil que era cuando estabas aquí y no me preocupaba de estas cosas…!

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