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En el post anterior sobre la entrevista (por cierto, ya están colgados los audios para que quien quiera la pueda escuchar), la vieja amiga Palomina y la nueva amiga Laura pretenden herirme llamándome pedorra egocéntrica. Se creen que es un insulto, pero ¡nada más lejos de la realidad! Para empezar, ¿qué característica creeis que hay que tener para ser blogger? ¡Pues egocentrismo a puñaos, queridas mías! ¿Acaso no es egocentrismo pensar que mi vida anónima pueda interesar a alguien hasta el punto de leerme cada día? Al fin y al cabo, ¿quien soy yo para que mi vida pueda interesar a gente que no me conoce ni me ha visto en su vida? Publicar mis pedorreces diarias en un blog público, y pensar que a alguien pueda interesar, ya es de por sí egocentrismo. Y es, ni más ni menos, que lo que hacemos tod@s l@s bloggers.
- ¿Publicar nuestra vida para que otros las lean? ¡Por favor, egocentrismo en estado puro! ¿Qué me importa a mí la vida de otras personas a las que ni conozco?
- ¿Publicar mis opiniones sobre cualquier tema? ¡Por favor, las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene uno! ¿Qué me importa a mí lo que otros piensen de tal o cual tema, si con mi propia opinión me basta y me sobra?
Tod@s l@s bloggers somos egocéntricos por naturaleza, si _no_ nos creyéramos tan importantes no publicaríamos nuestras pedorreces para que las pueda leer quiera, entre ellas vosotras. ¿Yo soy egocéntrica? Sí, ¿y qué? Soy egocéntrica porque mi vida interesa a cientos de personas cotillas, como vosotras, que me leeis a diario desde hace tiempo. Y tampoco penséis que lo de cotilla, como lo de pedorra egocéntrica, es un insulto, porque no lo pretende: yo misma me considero la cotilla mayor del reino. ¿Y qué pasa? ¿Nos tenemos que avergonzar de lo que somos, de lo que compartimos? Pues no, queridas.
Así que si os habíais pensado que llamarme egocéntrica es un insulto, os habéis equivocado de persona: para pedorra egocéntrica, yo, la primera. Siento que me vosotras me toméis más en serio de lo que yo me temo a mí misma, y que no hayáis entendido dónde está el cachondeo y el sentido del humor para reírse de una misma, algo que practico a menudo aunque parece ser que no habéis captado. No os voy a explicar el chiste: vosotras no habéis entendido la ironía, os habéis pensado que hablaba en serio y me llamáis egocéntrica. Pues de eso también tengo, y oye, con la cabeza bien alta.
La que quiera sentar cátedra por su pureza y rectitud, y venir a darnos lecciones de ética o de moral, que levante la mano y eche a correr, que los corderos inmaculados son una especie en peligro de extinción.
(Y qué mala es la envida oyessssssss!!)
En esta entrada hablo de: blogs, discusión, idiotas, Sociedad
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¿No te resulta curiosa la facilidad con la que algunas personas acuden a la palabra “censura“, sin ni siquiera detenerse un momento a evaluar otras posibilidades alternativas?
¿No te extrañas cuando personas a las que no conoces pretenden juzgar tu vida con gruesas palabras y descalificativos, y hacer valer en tu casa el derecho a comportarse como les viene en gana sin seguir las más elementales reglas de la buena educación, como son por ejemplo no insultar a la anfitriona?
¿No te sorprendes cuando de tu opinión personal obtienen una conclusión relativa al comportamiento de toooooodo un colectivo formado por millones de personas?
A mí es que el comportamiento humano nunca dejará de sorprenderme.

Viñeta de Mauro Entrialgo, sugerida por Edleber
Es alucinante: un tarado me ha dejado más de 50 mensajes, la gran mayoría de menos de 10 palabras, durante cerca de un mes, todos ellos para decir, en diferentes variantes sobre el mismo tema, más o menos esto:
En tu blog me censuras, aquí no existe libertad de expresión, los debates que propongo no interesan. ¡Claro, como no me dedico a hacer de mamapollas de la autora, se me censura! Esta es la libertad de expresión que predicáis los progres.
Para mí que no está bien de la cabeza. Habla de debates que propone, pero comenta cosas que nada tenían que ver con el tema propuesto, que no son ni debates ni nada sino frases sin sentido totalmente fuera de contexto, que pretende que en mi blog, en mi casa, le mantenga publicadas, como si _él_, en _mi_ blog, tuviese algún tipo de derecho que yo le estoy negando… Un enfermo.
Lo mejor son los 6 u 8 últimos comentarios de la semana pasada, todos ellos variaciones sobre:
Como veo que se me censura, no voy a volver a comentar
Pero el tío no se cansa, y sigue, y dale, y venga… Y a pesar de de la reiteración en que no iba a volver a comentar, lo siguió intentando. Hay gente que está realmente mal. Para que os hagáis una idea, aquí os pongo unas imágenes con los mensajes que ha dejado en mi blog (si clickais encima, podréis verlas ampliadas). Ahora, decidme vosotras si no se trata de un enfermo obsesivo-compulsivo que la ha pillado conmigo. Da hasta miedo.
 
 
 
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… qué buenos son los padres escolapios, qué buenos son, que nos llevan de excursión…
Me rondaba en la cabeza esta cancioncilla tonta, cuando ví en el blog de Toxcatl que ella se la aplicaba a los salesianos.
El caso es que da igual la cancioncilla: lo importante es que parece que nos hemos puesto todas de acuerdo para salir de convención, conferencia nacional, o como quieras llamarlo, este finde. A Toxcatl y a Ada también las mandan de convención fuera de su ciudad precisamente este fin de semana. Y yo voy a estar en la organización de un evento multitudinario pero restringido (ya sabéis: arreglao pero informal) este fin de semana en Girona. Desde luego, tendría su gracia pero sería muuuuuyyyy fueeeerte que nos encontráramos las tres en Girona entre tanto palomo encorbatado.
Vosotras jugáis con ventaja, jodías, porque habéis visto fotos mías recientes pero yo no he visto fotos vuestras, y porque además yo estaré en acreditaciones, por lo que todo quisqui tendrá que pasar por delante de donde yo estaré antes de poder acceder, pero habrá más gente conmigo por lo que yo no podré ver a todo el mundo, pero sí probablemente me vea todo el mundo a mí. Si coincidimos en la misma convención, dadme un toque, chicas, sería la releche.
En cuanto a lo demás, arrastro un cansancio tremendo estos días. Llevo unas semanas de agotamiento extremo, mucho stress en el curro, precisamente se nos echa encima la organización de esta conferencia que nos ha traído a todos de culo y un proyecto laboral que nos va a tener hasta las cejas hasta mediados de enero como poco (y eso, si todo va bien). Además, este es ya el tercer fin de semana que me toca trabajar, el sábado pasado además nos fuimos a la feria de Bodas y Bodas y nos pasamos toda la tarde allí de un stand a otro, el finde que viene también me toca trabajar; he estado saliendo el curro a las tantas, ayer además tuve formación en Sant Quirze con una manada de adolescentes hiperactivos, y después ejecutiva en la agrupación hasta casi las 12 de la noche… ¡Salvar el mundo es agotador!
En fin, que estoy para el arrastre y la fiesta no ha hecho más que empezar, la casa está hecha una pocilga y si me descuido no nos queda ropa limpia que ponernos ni comida no-intoxicable en la nevera que llevarnos a la boca. Un drama. Si sigo a este ritmo, voy a palmar sin darme cuenta.
Y lo peor es que aún no estamos casados y ya me siento una mala esposa por no tenerle las camisas limpias, los calcetines emparejados, la cena preparada y coserle los botones cuando me lo pide. Cuando ayer me dijo que le había llevado unas camisas a su abuela para que le cosiera un botón a cada una, creo que le habría ahogado con las mangas. Me sentí humillada y derrotada. Asqueada de mí misma como mujer por no haber sabido cumplir, y asqueada de mí misma como feminista por creer que cumplir era mi obligación. Cuando me dijo que no quería que nuestros hijos tuvieran una madre ausente, ya me acabé de hundir en la misera de mi condición de mujer, esposa, futura madre y trabajadora.
Él es un pequeño desastre, un terremoto que por donde pasa deja huella, y encima está todavía muy enmadrado, su madre se lo ha hecho TODO toda su vida y él, aunque está poniendo de su parte todo lo que puede (está aprendiendo a cocinar, y la limpieza de la cocina en general la tiene bastante controlada), aún tiene mucho que aprender en cuanto a convivencia y vida independiente. Básicamente, que la ropa no tiene patitas para irse sola a la lavadora, y que si uno no pone de su parte para no ir tirándolo todo, luego no se nos amontona… Y esas cosas. Pero me culpo a mí misma por no estar disponible cuando la casa me necesita (¡ojo! no él: la casa, que está hecha un desastre), por no tener las energías suficientes de ponerme a recojer cuando llego del trabajo, por no llegar a tenerlo todo bajo control, por mi falta de energías…
Quedamos en que nos repartiríamos las tareas del hogar entre los dos, pero ahora veo que lo que eso quería decir es que nos pondríamos los dos a la vez a hacer las tareas del hogar, y si he llegado a casa a las 11 de la noche y él lleva allí desde las 7, yo esperaría que hubiera hecho algo, y él no se ve capaz de ponerse solo, le supera y necesita que me ponga con él para que no se le haga tan pesado. Total, que si yo no tengo energías, las cosas en mi casa no se hacen, porque tenemos que hacer las tareas del hogar los dos juntos. Debí leer la letra pequeña antes de firmar ese contrato.
A veces me odio a mí misma por ser una femenista recalcitrante y a la vez sentirme presa de estos convencionalismos sociales que me provocan sentirme fatal por no ser una buena esposa como se esperaría de mí. Malditas contradicciones. Maldita incoherencia. Maldita sociedad y malditos estereotipos interiorizados que me encadenan. Maldita hipocresía la mía.
En esta entrada hablo de: amor, discusión, dudas, feminismo, hijos, Ifoxe, mujer, Sociedad, trabajo, tristeza
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Hasta para cosas en las que no tengo la más mínima responsabilidad, llego siempre tarde. Me explico: Ahora que mi ex me había pagado una tercera parte de lo que me debía de cuando nos separamos, estaba yo pensando en aprovechar y sacarme de una puñetera vez el carnet de conducir. Y me entero de esto:
Tráfico prestará dinero a jóvenes entre 17 y 25 años para que se saquen el carnet de conducir. Este programa facilitará la concesión de préstamos bancarios a cambio de que los beneficiarios (entre 80.000 y 100.000 al año) participen en un programa de seguridad vial. El tipo de interés será del 0% y no habrá ningún gasto adicional. El joven elegirá el plazo de amortización que mejor le convenga en función de su capacidad de pago. El plazo máximo de amortización del préstamo será de 27 meses si el importe es inferior a 750 y de 36 meses si es superior.
Y pienso, ¡mierda, otra vez llego tarde! Pero esta vez no es culpa mía, que conste. Pero ya podrían haberlo aprobado en el primer año de legislatura, y no ahora que ya he cumplido los 26, y como no me voy a poder beneficiar de este préstamo no me va a quedar más remedio que pagarlo a toca-teja (por unos meses, cawentó… si es que me hago mayor…
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