Definitivamente, la cara dura de mi ex no es de este planeta: no hay ser humano que pueda vivir con tal dotación de morro, no es normal.
Como ya os comenté, habíamos quedado para este fin de semana para redactar el acuerdo de separación que tendremos que llevar al notario, y hasta ahora parecía que Joan se estaba comportando. Vale que la forma en que conseguí que quedáramos no se prestaba a muchas alegrías (si os acordáis, después de 11 días de llamadas sin resultado, por fin me cogió el teléfono cuando le llamé con llamada oculta), pero como parecía que cumplía lo que prometía, una vez más decidí cerrar los ojos y confiar en él. IDIOTA de mí. Después de 9 años, ya debería estar escarmentada de sus promesas.
No se presentó. Dijo “A ver si hacemos por vernos” y él no hizo nada. Yo le estuve esperando todo el fin de semana en casa de mis padres, y él no dio señales de vida. Le llamé por teléfono unas cuantas veces y siempre saltaba el contestador. El domingo por la tarde estaba ya de tan mala hostia que el mensaje que dejé en su buzón de voz pondría los pelos de punta al más sereno.
Incluso llamé a mi suegra. Le pregunté si había pasado algo, algún accidente, alguien había caído enfermo, alguna muerte repentina… La buena mujer flipó en colores y me dijo que no, que ella no sabía nada de eso… (Pensé para mí: Bien, Joan, pues entonces no hay excusa que valga, a ver qué te inventas mañana…). Le pedí que hablara con su hijo, que le hiciera entrar en razón. No quiero un divorcio sangriento, aunque parece ser que eso es lo que la Tarada quiere: así a Joan le resultará más fácil odiarme, y si me odia, ella se sentirá segura, sin competencia con el pasado.
Esta mañana, de camino al trabajo, recibo un mensajito en mi móvil. Es de Joan: “Buenos días, perdón por lo del finde. La mejor manera de quedar es comiendo los dos en barna el día que mejor te vaya de esta semana. Lo siento.” Y más que lo vas a sentir, querido. ¿Qué te has creído? ¿Que puedes hacer de mí lo que de te dé la gana, manejarme a tu antojo? ¡Ya está bien! Me tiene todo el fin de semana con el alma en vilo, esperando una llamada, o que devuelva las mías, y ahora pretende que no ha pasado nada. Le he llamado con un cabreo de mil pares, le he dicho que si no estaba muerto y me
estaba llamando desde el cielo no quiero oír ninguna excusa, le he preguntado si ha escuchado los mensajes del contestador y me ha dicho que no. Le he mandado a escuchar los mensajes y que me llame cuando lo haya hecho, y le he colgado el teléfono. Una hora después, seguimos sin noticias.
Dijo que quedaríamos los dos solos, sin prisas, y que no se iría hasta que me hubiera quedado todo claro. Ahora quiere que quedemos para comer, con las prisas de tener que volver al trabajo. ¿En qué quedamos? Creo que es una nueva maniobra de La Tarada, ya me parecía a mí demasiado bonito… Bueno, en fin: Tarada Reloaded, y este pobre desgraciado hace lo que esa bruja quiere. Como llegue el Tarada Revolutions, aviso: aquí se puede liar gorda. Creo que, después de un año, me he ganado ya mi derecho a que se me acabe la paciencia, ¿no?
En esta entrada hablo de: celos, decepción, discusión, idiotas, la novia de mi ex, mentiras, mi ex-novio, odio, tristeza
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