No lo entiendo: en el 2007 gané algo menos que en el 2006, y me pude desgravar bastante más (principalmentem, porque de enero a abril del 2006 no me pude desgravar ni alquiler ni hipoteca, al estar viviendo todavía con el capullo de mi ex, y en cambio el 2007 me pude desgravar el alquiler durante el año entero), las retenciones en la nómina son similares, pero gano unos 400 leuros menos al año… Y sin embargo este año Hacienda me devuelve menos que el año pasado.
¿Por qué?
Por cierto, Zapatero, toma nota: que sepas que todavía no he cobrado los 210 euros de la renta básica de emancipación, porque los burócratas asesinos no hacen más que poner pegas, y dicen que todavía necesitan más información, que no les basta con todo lo que les suministré y hace unas semanas me llamaron para indicarme que les falta un papel: necesitan un certificado de ingresos del 2007, porque las nóminas de todo el año no les sirven para saber lo que he cobrado. Mandapelotas. Tocawebos, que son unos tocawebos.
Es domingo, estás tumbada en la cama y tienes los ojos abiertos como platos. Miras el despertador y son las 9:30 de la mañana. A pesar de que te acostaste a las 3 de la madrugada, y de que es muy temprano para levantarse un domingo, no puedes pegar ojo.
Tan temprano y ya estás completamente empapada de sudor en la cama porque no has conseguido convencer todavía a tu futuro marido de quitar las mantas y las sábanas de franela (tendrás que hacerlo en un momento de descuido) y poner ropa de cama de verano. Total, solo estáis a veintitantos de junio…
Se acerca el mediodía. El termómetro en la calle marca 35 grados. La piscina es una tentación a la que no te has podido acercar en los últimos dos meses de lluvia casi ininterrumpida, y estás deseando darte un baño. Por algo llevas desde septiembre viviendo en una urbanización pija con piscina en la que estás deseando remojar tu cuerpo serrano y ponerte morena. Pero tú tienes que fastidiarte, asfixiarte de calor y llevar pantalones largos porque el jueves tienes cita en el centro de estética para una depilación integral, por lo que el domingo tus piernas y tus ingles están lejos de ofrecer el aspecto ideal para ir a la piscina. Al menos, fuera de las fronteras de Suecia… Intentas convencerte a tí misma de que podría pasar por una rebelión en contra de la concepción femenina de la belleza impuesta por los cánones machistas, pero lamentablemente no funciona.
Con la intención de que se te haga menos duro el suplicio, te acercas a la piscina con pantalón largo y todo, y piensas que si al menos el agua está helada, eso te consolará. Pero el agua está a la temperatura ideal para darse un chapuzón, y a tí te espera un laaaaargo puente de cuatro días, en el que verás la piscina pero no la catarás. 4 interminables días durante los que tendrás que conformarte con el ventilador de pie, tumbarte quietecita a la sombra en el balancín del patio y ponerte ciega a horchatas y limonada casera para pasar el calor.Ni siquiera te queda el consuelo de la manguera del patio para remojarte, porque se estropeó hace meses y aún no la habéis arreglado.
10 meses esperando para disfrutar de la piscina: cuando hace sol, el agua está helada y no hay quien se bañe sin arriesgarse a exponerse a la hipotermia; cuando se acerca el verano, llueve sin parar. Y cuando por fin llega el momento, estamos en verano, hace sol, no llueve y la temperatura del agua es la ideal… ¡no me puedo depilar y mis piernas parecen las de un futbolista de la selección! Y no puedo depilarme a lo tonto en casa porque cuando llegue la boda y la luna de miel posterior no quiero tener que preocuparme de unos incómodos pelitos, quiero estar perfecta y tener las piernas suaves. La vida es muy injusta.
¿Es o no es como para despertarse de mal humor un domingo?
Por cierto, el Sant Joan lo pasamos cenando en casa de mis suegros, y después haciendo explotar petardos en la calle: en mi tiempos, los petardos llevaban mayor carga de pólvora y duraban más rato, pero es que ayer era realmente frustrante ver las pequeñas fuentes de colores de pirotecnia y que no duraran ni 15 segundos.
Ifo tiene orden de no meterse en nada que afecte a mi trabajo sin consultármelo primero. Y no exactamente en mi trabajo, pero rondando por los alrededores, hay un personaje que me tiene enfilada desde hace años, al que parece ser que la envidia y el odio que siente por mí, a partes iguales, no le dejan vivir tranquilo y de vez en cuando tiene que descolgarse con una bonita retahíla de insultos para sentirse mejor y reafirmarse a sí mismo.
Personalmente, creo que el odio es un sentimiento de lo más absurdo: no te permite avanzar, solo dar vueltas en círculo alrededor de algo que la pesona objeto de ese odio probablemente tenga bastante superado o incluso olvidado. Mientras la persona objeto de ese odio hace su vida tan alegremente, el que odia no puede olvidar y avanzar, se recrea en su odio imaginando quizá oscuras formas de venganza que probablemente nunca llegue a poner en práctica. En definitiva, una completa pérdida de tiempo que se podría dedicar a cosas más productivas. Y así le va, claro…
Pero ni aún pensando así os penséis que me libro de ello, qué va. Durante un tiempo odié a mi ex con todas mis fuerzas. Le odié por humillarme, por engañarme, por dejarme hacer el ridículo delante de una niñata adolescente y semianalfabeta con veleidades de estrella porno. Pensé que no se lo perdonaría mientras viviera. Pero incluso una humillación que para mí fue tan brutal, al cabo de un tiempo la olvidé. Una vida personal rica y plena dio como resultado que estuviera más entretenida en mi propia vida que en la vida de otra persona a quien, lo confieso, durante un tiempo me habría gustado destruir con mis propias manos. Pero al cabo de unos meses escasos ya se me había pasado el cabreo y ni me acordaba de todo lo que ha pasado. De hecho, ahora miro hacia atrás y recuerdo el berrinche que pillé en su momento, recuerdo el amor propio herido, pero no siento odio: siento vergüenza de mí misma, de cómo me comporté, pero el odio ya no me remueve por dentro. O soy muy pasota o mi capacidad para olvidar (que no perdonar, porque no le perdono todo lo que me hizo y cómo se comportó) es fascinante.
Después de este inciso, comentaros que hay gente que me odia desde hace años, esa misma gente que se dedica a insultarme sin piedad y a publicar mails míos en sus blogs personales o a pasar mails míos a terceros para desacreditarme y a ver si así consiguen moverme la silla. Son gente que no tiene vergüenza ninguna en copiar y pegar la misma mentira sobre mí en todos los espacios que tiene a mano (el día que se dén cuenta de que en internet, la popularidad de un blog está asociada a la dirección web de ese blog, y no al nombre de la persona, igual les da un súbito ataque de vergüenza, porque desde luego van diciendo de mí tantas tonterías que cualquiera con un poquito de conocimiento sobre el tema se da cuenta enseguida de que son falsas, me producen vergüenza ajena). Son gente que no puede entender que su adhesión inquebrantable no se premie de alguna forma debido a su propia inutilidad, porque de hecho tampoco son conscientes de su propia inutilidad. Alguien utilizó un símil que me sigue pareciendo muy acertado:
Si lo compráramos por lo que _realmente_ vale, y lo vendiéramos por lo que _él cree_ que vale, nos forraríamos.
Efectivamente, esa es la idea. Son unos inútiles que todavía no son conscientes de su propia inutilidad, y culpan a una conspiración mundial de que no les salgan las cosas bien, de que el negocio no marche y por ello su dieta se componga casi en exclusiva de Pastas Gallo. La culpa de que no les vaya bien en los negocios la tenemos desde una servidora, hasta el Secretario General de no sé qué en algún Ministerio rebautizado. El caso es quejarse y patalear, en lugar de aprender y avanzar. La culpa siempre es de los demás. Es taaaaan típico de fracasados e inútiles…
Bueno, pues como os decía al principio, Ifo tiene orden de no meterse en nada que afecte a mi trabajo sin consultármelo primero. Yo comparto aspectos de mi trabajo con él, lo que me trae de cabeza, los buenos momentos, lo que me ilusiona, lo que detesto… Y también lo que me hace gracia. Y hace unas semanas encontré algo que me pareció muy gracioso. Ifo es técnico de sistemas y se está especializando en seguridad, ha auditado la web de mi trabajo como práctica, encontró errores y agujeros de seguridad que desconocíamos y nos ayudó a presionar a la empresa para que pusieran las medidas oportunas y evitaran que se nos colaran hasta la cocina por la puerta de atrás y que personas con aviesas intenciones pudieran tener acceso a datos privados… Vamos, que no es un pringui que haya visto la trilogía de Matrix y haya flipado en 32 bits: en cuestiones de hacking Ifo sabe de lo que habla.
Bueno, pues por casualidad me encontré con uno de estos tíos, presumiendo en su blog de ser un puto hacker, por tener instalado en su web un plugin de auditoría, haber enviado un e-mail del que obtuvo respuesta y haber hecho una búsqueda en yahoo… Toooooodo un puto hacker, sí señor. No le negaré la iniciativa, ni la picardía que tuvo, ni el haber utilizado los recursos que tenía a su alcance. Me pareció muy bien, y de haber existido una relación sana entre nosotros le habría dado mi más sincera enhorabuena. Pero eso _no_ es ser un hacker. Una cosa no quita la otra.
Como sabía que le iba a hacer gracia, se lo pasé a Ifo y, para mi tragedia particular, Ifo se soltó y le dejó un comentario bastante insultante, poniéndole de vuelta y media y diciéndole precisamente que eso _no_ es ser un hacker, que no tiene ni puta idea. Cuando me dijo lo que había hecho y pude verlo con mis propios ojos, me quedé horrizada. Sin embargo, no habría pasado de ser un detalle de mal gusto sino fuera porque además tuvo la brillante idea de utilizar el apodo que uso para referirme a él en este blog, por lo que una simple búsqueda en google por “Ifoxe” da entre los primeros resultados este blog a cualquiera que se moleste en buscar. Y si te dejan un comentario insultante en tu blog, no me parece en absoluto descabellado buscar a ver si te enteras de quien ha sido…
¿Resultado? Esas personas que tanto me odian llevan semanas leyéndome, desde que Ifo metió la pata y les trajo derechitos hasta aquí, exponiéndome a sus ojos. Tampoco es que haya tenido especial cuidado en separar mi mundo personal del profesional, hay varias personas que conocen de la existencia de este blog, pero que las personas que se dedican a insultarme y a publicar mis e-mails tengan acceso a este espacio íntimo y personal, pues me hace cualquier cosa menos gracia.
Pasé varios días enfadada con Ifo por su atrevimiento, por meterse donde nadie le llamaba y encima hacerlo con una torpeza de principante que me ha dejado expuesta a la intemperio, que parece nuevo, coño. Y él está hecho polvo por haberme expuesto así por un calentón suyo. Durante _unos minutos_, barajé la posibilidad de cerrar este blog, cambiar la dirección de acceso, protegerlo con contraseña… Pero opté por mantenerlo. Total, ocultarlo no iba a servir de gran cosa, como mucho para darles motivos para buscar hasta debajo de las piedras, y una vez abierto, cerrarlo no es posible: con las herramientas adecuadas es posible acceder a todo el contenido. Y esta gente sabe cómo hacerlo, así que ¿qué iba a conseguir cerrándolo? ¿Darles pie a que pensaran que aquí había algo más escabroso que el diario de una pink-girl bastante sosa? El contenido de este blog es tan inocente, que ocultarlo por pudor o vergüenza sería una tontería, así que decidí hacer como si nada hubiera pasado y seguir a la mía. Sigo enfadada con Ifo por su tontería, le hice prometer que no volvería a meterse en mis asuntos sin mi permiso y supervisión; pero por lo que respecta a estos tipos, me da igual que me lean. Aunque encuentre por ahí comentarios que se creen muy gracios y hacen referencia a lo que posteo en este blog. Me da igual: siguen siendo un par de gilipollas, por muy temprano que se levanten.
¿Cómo se consuela a una persona a la que sus “amigos” han dejado tirado como una colilla en una ocasión importante?
¿Qué palabras de ánimo puedes pronunciar, cuando sabes que le han dejado colgado y solo, precisamente cuando más deseaba tenerles a su lado?
Soy consciente de que no hay palabras de consuelo que puedan aliviar su dolor, y que probablemente nunca les perdonará que le hagan esto.
Ahora está deprimido, reafirmado en su creencia de que todas las personas del mundo son egoístas, mentirosas y traicioneras por definición hasta que no se demuestre lo contrario. ¿Y cómo le sacas de ahí, cuando se la acaban de jugar bien jugada? Imposible.
¿Alguien conoce las palabras mágicas, las palabras de aliento que puedan sacarle de esa desilusión y tristeza en la que se haya sumido? Porque a mí solo se me ocurren unas pocas palabras, y son más de rabia que de aliento:
Le he dado boleto a Zorri, ya no podía más, estoy demasiado harta de ella. Y no por el egoísmo que demostró con el tema de la boda (ayer os expliqué su particular punto de vista al respecto. Resumiendo: no voy a ir a tu boda porque no quiero ser una invitada más, yo quiero ser especial, y como no vas a poder estar por mí, pues no voy y ya lo celebraremos tú y yo otro día…), sino porque me ha fallado tantas veces que ya no la cosidero mi amiga. La gota que colmó el vaso fue un SMS que recibí ayer a las 11 de la noche, pero vayamos por partes.
La ví obsesionada con el concepto “madurez”, cualquier cosa que le preguntara respondía con un tópico seguido de “eso es porque he madurado” y demás. Le dije que no se podía estar perpetuamente enfadada con el mundo, que se preguntara por qué con más de 12 años de experiencia laboral a sus espaldas todavía no sabe lo que es que le renueven un contrato, por qué la han despedido tantas veces, por qué en todos los trabajos por los que ha pasado siempre hay alguna compañera “empeñada en hacerle la vida imposible”… Y su respuesta, poco menos, fue que todo eso le había pasado porque ella es estupenda y el mundo no está preparado para tanta virtud junta en una misma persona, pero ahora que lo sabe ha madurado… En serio, muy fuerte.
No le cae bien a mis padres, no le cae bien a mi hermano, no le cae bien a mis amigos, no le cae bien a mi ex, no le cae bien a mi novio, no le cae bien a ninguna de las compañeras de trabajo que ha tenido, no le cae bien a ninguna de sus jefas, no le cae bien a sus ex-compañeras de piso… Y el problema es de todas y cada una de estas personas, porque ella es perfecta y no hace nada mal.
Es tan orgullosa que no admite equivocarse en nada, y está obsesionada con la madurez. Si tienes 26 años y vives con un tío de cerca de 40, machista consumado, vago, borracho y porrero que se empeña en humillarte llamándote cría, y que no admite que él pueda cambiar nada de su comportamiento para hacer más fácil la convivencia, porque de los dos el adulto es él y ya tiene su personalidad formada… supongo que es normal obsesionarse con la “madurez”. Lo que me preocupa es qué renuncias, qué humillaciones y qué acatamientos implicará esa supuesta madurez, más aún cuando se basa en un evidente chantaje emocional. Un motivo más para que me preocupara por ella… en el pasado. Ahora que le den.
Le recalqué que me había mentido en un montón de temas y que, por lo tanto, no podía confiar en ella. Y le puse un par de ejemplos. Uno, cuando me dijo orgullosa que había cargado más de 3.000 kilos de cemento; un rato después, y a solas, le dije que eso me parecía una barbaridad y que a mí Ifo no me dejaba ni cargar con las bolsas de la compra, y me negó lo que me había dicho un rato antes, me dijo que a ella el Yerno Perfecto tampoco la dejaba cargar con peso… ¿Qué es lo que consideras tú peso, guapa? ¿A partir de la cuarta tonelada? Otra: hace un par de semanas me dijo que se había marchado ella del Caprabo donde trabajaba porque era muy duro, cada semana iba de un turno distinto y no veía nunca a su querido novio; le dije que mi medio cuñada llevaba 6 años trabajando en un Caprabo, incluso estando embarazada, así que tan duro no sería. Y me confesó que no es que se hubiera marchado, sino que la habían despedido por estar 15 días de baja, porque por lo visto eso a la encargada no le había sentado bien. No quise ni preguntar que por qué se había cogido la baja, porque probablemente me diría otra mentira. La he visto estar dos semanas de baja por un corte en un dedo en el que se puso una tirita.
Parece ser que mis reflexiones le gustaron entre poco y nada al Yerno Perfecto, pero… ¡espera! ¿Por qué Yerno Perfecto está al tanto de lo que hablamos Zorri y yo? Cuando hablé con ella, estaba en el trabajo, así que el tipejo este no ha podido tener acceso a la conversación, salvo que ella se lo contara. ¿Qué parte le contó, y con qué matices? No tengo ni idea, y tampoco me importa. Solo se me ocurre un motivo para que una mujer le diga a su pareja: a mi amiga no le caes bien, y estoy segura de que es el mismo que se os ocurre a vosotras.
Y entonces llegó el detonante. Ayer a las 11 de la noche, unas horas después de la conversación entre Zorri y yo, me llegó el siguiente SMS, con faltas incluidas:
Hola pimkie vete a tomar porkulo. Soy yerno perfecto, ke os vaya bien la boda
En un primer momento pensé: “¡Vete a la mierda, chaval!” (por cierto, sobra decir que este capullo no tiene mi teléfono, así que tuvo que coger el móvil de Zorri para enviar el mensaje). Después pensé en responderle al SMS con algo del tipo:
¿Tomar porkulo? mmmmm! Te deseo los mismos placeres sexuales. Y de paso, a ver si también consigues darle un orgasmo a tu novia, que la pobre ya ni se acuerda de lo que se siente.
(os lo juro: me lo dijo ella. Él es tan torpe sexualmente hablando que no ha sido capaz de hacerle sentir un orgasmo. En serio, no sé como le aguanta).
Pero luego pensé que no valía la pena gastar un solo céntimo en este capullo. En lugar de eso, le envié tres SMS’s a ella (sí, lo sé: la capacidad de síntesis no es una mis virtudes):
Nena, me peocupaba por tí. Quiera dios o com se llame q nunca tengas q venir llorando a decirme “ay, si t hubiera hecho caso”. Por lo q a mí respecta, m siento liberada d tu amistad: se acabó, zorri, no cuentes conmigo para nada, espero que t vaya todo muy bien, y si no es así allá tú porque yo no quiero volver a saber qué es de tu vida. 14 años de amistad se acaban de ir a la mierda. Pregúntate si queda alguien en tu vida que te haya aguantado tanto
No he obtenido respuesta por su parte, ni una llamada (juas!), ni un SMS, ni un e-mail… Nada. Allá ella con su orgullo y su prepotencia, que yo ya me he cansado de aguantar gilipolleces. No me siento ni triste, ni decepcionada. Ni siquiera siento nostalgia por el pasado. Me siento liberada, relajada y tranquila. Ya no me preocupa en absoluto lo que haga con su vida, ni si quiere malgastarla al lado de un capullo como el que tiene por pareja. Si ella elige vivir humillada, es su problema, no el mío. Ya no me siento responsable por no poder sacarla de ese pozo.
No hay ser humano que le eche una mano a quien no se quiere dejar ayudar.
Cómo te has dejado llevar a un callejón sin salida, el mejor dotado de los conductores suicidas…
Ayer estuve hablando con Zorri de nuevo, y la sensación de que empezaba a escaquearse de venir a la boda que tuve la última vez que hablé con ella se confirma. Lo peor del asunto es que no pone excusas, sino que creo que el motivo que ha argumentado esta vez para no venir es de todo corazón, y demuestra lo egoísta que puede ser una persona, y lo fácil que es equivocarte y considerar “amiga” a quien no se lo merece.
Me dijo que todavía no ha tomado la decisión de si vendrá o no vendrá a la boda. Falta un mes y aún no ha tomado la decisión de si irá o no a la boda de su amiga. Muy fuerte.
Y es que ayer ya fue imposible seguir negando la evidencia, seguir cerrando los ojos a lo egoísta que es la persona que yo consideraba mi amiga. Me dijo que no sabe si vendrá a la boda porque no quiere ser una invitada más, quiere ser especial, y como considera que no podré estar suficientemente por ella, pues mejor no viene. Así, como suena.
Bueno, antes de soltarme esta preciosidad de argumentación, tuvo todavía algunos momentos estelares. Me exigió que le pidiera que venga a mi boda “como se tiene que pedir“. Y yo lo flipo en 32 bits, claro.
¿Que te lo pida “como se tiene que pedir“? Joder, tengo tu invitación en mi casa para dártela en mano, porque aún no ha habido forma de quedar contigo, y además te la mandé por e-mail ¿Qué pretendes, que te envíe la invitación en un sobre lacrado, por mensajero real montado en blanco corcel? ¿De qué vas, tía?
Pero no, no es eso lo que quería. Quería que le pidiera que viniera a mi boda, porque eso significaría ver completada mi evolución de niña a mujer, o alguna cursilada por el estilo. Os juro que no puedo creerme lo que estoy oyendo.
Pero cuando realmente consigue tocarme los cojones bien tocados es cuando me pregunta que si no podemos celebrar mi boda en el pueblo donde ella vive, en Altafulla, en el castillo de no sé qué, otro día. Por mi mente cruzan imágenes de lo más sádicas, me imagino a mí misma estrangulándola por el cuello como si fuera un pollo de corral. ¿PERO QUÉ COÑO ME ESTÁS CONTANDO, TARADA? Cuando por fin entiendo que a lo que se refiere es a que quedemos ella y yo cualquier otro día, y aprovechemos para celebrar para mi boda por nuestra cuenta, y así ella se libra de tener que venir el día de mi verdadera boda, que le debe parecer un auéntico muermo a la señorita, me agarro un cabreo cósmico.
Vamos, que me case yo por mi cuenta, y ya quedaremos nosotras dos para celebrarlo en otro momento, total, ¿qué diferencia hay? Os lo juro: me preguntó por la diferencia entre que mi amiga venga a mi boda o no venga. Que le diera motivos para ir, que quería saber qué representaría para mí el hecho de que que ella venga a mi boda o no venga, que qué diferencia hay. No puedo creer lo que me está diciendo. O ella está completamente desquiciada, o es la persona más egoísta que he conocido en mi vida y quiere que le haga la pelota un rato.
Y ya, el remate vino cuando me dijo que aún no había tomado la decisión definitiva, que seguramente no vendría porque ese día yo no podría estar pendiente de ella, y que no quiere ser una invitada más, ella quiere ser especial. No consideré ni siquiera necesario explicarle que vendrán entre 70 y 80 personas, que vendrán familiares muy cercanos y personas muy queridas, y a ella la encontré en la calle (y después de los desplantes que me ha venido haciendo últimamente, muchas ganas de distinguirla de alguna forma especial el día más importante de mi vida, no tengo, precisamente). Me quedé con las ganas de decirle: cuando te cases, comerás huevo.
Cuando se lo he contado a Ifo, no daba crédito a lo que oía, y para ser sincera, yo tampoco. Parece que no entiende que la que se casa soy yo, que ella es una amiga o, mejor dicho, que si realmente fuera una amiga, se daría de hostias por estar ese día en primera fila. Pero no, parece que me está haciendo un favor a mí por venir a mi boda, y que encima tengo que mostrarle una deferencia especial por encima del resto de mi familia y amigos para que la nena esté contenta, porque si ese día no estoy pendiente de ella, no viene, porque es tan divina de la muerte que no puede ser una invitada más, ella tiene que relucir y ser especial ese día, y yo tengo que prestarle a ella más atención que a nadie. Como una cría pequeña, que tiene que ser siempre el centro de atención, o se pone a berrear.
¿Esta tía ha sido siempre así de egoísta y yo no me he dado cuenta, o es que últimamente está degenerando hasta ser insoportable?
Os recuerdo que la apuesta sobre si Zorri fallará o no el día de la boda sigue abierta. En el momento de escribir estas líneas, los resultados estaban de la siguiente manera:
15 votos (41%): Sí, fallará. Pasará de todo y no dará explicaciones. En su línea
12 votos (32%): No, esta vez no te fallará
5 votos (14%): Sí, fallará, pero llamará un par de días antes con una excusa “convinvente” (¡ejem!)
3 votos ( 8%): Otras posibilidades (????)
2 votos ( 4%): Fallará, pero avisará con tiempo suficiente.
¿Os acordáis de cuando hablamos de que a las mujeres, durante una época determinada de nuestra vida, nos ponen los canallas y nos aburren los niños buenos? Luego, la cosa cambia, una se centra y busca otro tipo de relación, más estable, en la que nuestra pareja no nos haga sufrir. Pero, por algún motivo, durante la adolescencia y los primeros años de juventud, nos pone mucho más ese tío que va de fiera salvaje y al que nos encantaría domesticar y poder alardear de haber cazado una pieza de caza mayor…
Creo que es una forma de reafirmar nuestra autoestima (que, en casos así, la mayoría de las veces acaba machacada por encapricharnos del más imbécil), ya que si logramos hacernos con ese ser indomesticable nos creemos la más guay de la fiesta.
Uno de los posts más sonados en su momento fue la Guía para ser un canalla, en la que intenté establecer la diferencia entre un canalla y un cabrón. Bueno, pues navegando por twitter, he encontrado el Manual del perfecto cabrón, que medio en coña-medio en serio, lleva al límite aquel post basado en hechos reales. Y como parece que todavía quedan hombres a los que les cuesta diferenciar un canalla de un cabrón, creo que no viene mal traerlo de nuevo aquí. Con el tiempo, visto en perspectiva, matizaría algunas de las cosas que dije en su momento, pero no me apetece demasiado…
Queridas lectoras, os propongo una apuesta cuyo resultado sabremos exactamente el día 28 de junio. ¿Vendrá mi amiga Zorri a mi boda?
Ella dice que sí.
Yo digo que no me lo creo.
Ella me promete que vendrá.
Yo le digo que no me falle, que ese día es muy importante para mí.
Ella jura y perjura que vendrá. Que a la despedida de soltera no vendrá, por temas de dinero (para variar), pero que a la boda seguro que viene.
Yo no se lo digo, pero estoy viendo el futuro que nos espera:
La llamaré una semana antes de la boda, para recordarle la fecha y asegurarme de que vendrá.
Ella volverá a repetir por activa y por pasiva que vendrá.
El día de la boda, no se presentará. No llamará para dar una mínima explicación.
En el restaurante, tendré una mesa con dos sillas vacías.
En mi cuenta bancaria, tendré 300 euros menos, que no me sobran precisamente.
En mi casa, tendré una bronca monumental con mi madre por culpa de la impresentable de mi amiga.
No sabré de ella durante semanas, hasta que sea _YO_ quien se decida a llamarla.
Me pondrá alguna excusa estúpida que no quiero oír y mucho menos estoy dispuesta a creer.
En la factura telefónica, tendré una llamada de casi una hora, total, para escuchar soplapolleces que no me interesan.
Y, finalmente, tendré una amiga menos.
La historia tiene que ser _exactamente_ tal como la cuento para que gane la apuesta. Es decir, para que _yo_ gane la apuesta, no me conformo solo con que mi “amiga” no se presente sin dar explicaciones, sino que toda la historia tiene que ser exactamente así. Triple o nada. Si me equivoco, aunque sea en un punto de lo expuesto, tú ganas.
¿Qué me dices? ¿Vendrá o no vendrá? ¿Avisará de que no vendrá, o se comportará como la impresentable que es? ¿Me tendrá una hora al teléfono para explicarle una gilipollez como la catedral de Burgos, o tendrá una excusa mínimamente creíble? ¿La mandaré definitivamente a la mierda y no nos volveremos a ver más? ¿Qué nos apostamos?
Ya es duro estar completamente segura de que tu mejor amiga (sí, yo también me pregunto por qué) desde hace más de 12 años te dejará colgada y no se presentará el día de tu boda, te hará pagar su cubierto y el del Yerno Perfecto por no tener la decencia de decirte que no vendrá, y que encima no llamará tampoco después a menos que tú la llames, y solo entonces se dignará a inventarse alguna excusa chusca. Pero más duro es mantener viva la ilusión hasta el último momento, cruzar los dedos y soñar con que quizá no sea tan zorra como para dejarte colgada ese día, porque ella sabe perfectamente lo importante que es para tí. Pero, ¿sabe que nunca le perdonarías que te fallara ese día? No lo sé, creo que su confianza en mis tragaderas es ilimitada. No creo que tenga en cuenta que estoy hasta las narices y que esta sí que no se la voy a tolerar, ya sería demasiado.
La verdad es que no sé cómo la he aguantado hasta hoy. Desde hace un par de años (concretamente desde que empezó a salir con el Yerno Perfecto) nunca ha estado cuando la he necesitado, y ella tampoco ha dejado que yo estuviera cuando me ha necesitado a mí, a pesar de haberme ofrecido incondicionalmente; he perdido la cuenta de las veces que me ha dejado colgada sin una explicación, sin una llamada posterior (ni mucho menos previa) y con una excusa ridícula cuando la llamo yo. Así que esta es la última oportunidad que le doy a la que ha sido mi amiga de adolescencia y (quiero creer) primeros años de la edad adulta.
Sí, esta es la última oportunidad que le doy. ¿Y tú, qué opinas? ¿Fallará Zorri el día de mi boda, o se presentará como una buena amiga? Puedes votar por la opción que quieras aquí. La que más se aproxime, gana. Mi apuesta, ya sabéis cual es. ¿Y la vuestra?
Ya tengo los zapatos que llevaré el día de mi boda. Ifo me ha llevado a Barcelona esta mañana a comprarlos en El Tocador de la Novia, una tienda encantadora que hay en Barcelona en la calle Roger de Lluria nº 161, y está especializada en zapatos, tocados y ropa interior de novia.
El personal es un cielo, unos profesionales con muchos años de experiencia, que saben cómo tratar a las futuras novias y aconsejar, y eso se nota y se agradece. Te dan una tranquilidad absoluta, si les llevas una foto del vestido de novia, saben aconsejarte sobre lo que mejor le va, colores, texturas, estilo… Y al mismo tiempo, que se adapte a tu personalidad y que te veas cómoda.
Yo lo tuve claro prácticamente desde el primer momento. A pesar de que en un primer momento había pensado en unas sandalias, el chico que me atendió me dijo que me lo quitara de la cabeza, que mi vestido es muy clásico y no le van nada unas sandalias, porque solo se me verá la puntita y no quedaría nada bien unos dedos desnudos saliendo por debajo de la falda. Tenía toda la razón, así que me decidí por unos descubiertos en el talón y cerrados por delante.
Olisqueé por toda la tienda, tienen más de 100 modelos en exposición y me probé varios, unos sugeridos por el propio vendedor y otros elegidos por mí. Tengo un ojo clínico que es demasiado: al final me quedé los primeros que me elegí. Probé con unos de punta afilada y tacón bajo, pero no me acabaron de convencer, la punta me parecía excesivamente agresiva, así que me quedé con unos con puntita redondeada y, en mi opinión, mucho más monos.
He colgado varias fotos en mi flickr, y a continuación si pincháis en SEGUIR LEYENDO podréis ver cuatro fotos más en grande. No las ha puesto directamente aquí porque Ifo no quiere ver los zapatos, de hecho no quiere ver nada de mi vestuario. Ha pillado por error el liguero que me han regalado en El Tocador de la Novia, y ya me ha dicho que lo tengo que cambiar por otro. Suerte que me lo está haciendo mi abuela a mano con todo su cariño (del gusto, ya os contaré). Y me ha advertido que, si pilla algo más, me lo hará cambiar, porque quiere que absolutamente todo sea a la vez un misterio y una sorpresa para él ese día.
Por cierto, como tenía que llevar la foto del vestido a la tienda, la llevaba guardada en la mochila. Y como esta tarde hemos quedado con mis padres, les he enseñado los zapatos, y la foto del vestido a mi cuñada, la hermana de Ifo, que aún no lo había visto. Mi padre ha pillado la foto y ha visto el vestido también. Diga lo que diga, se moría de la curiosidad, porque para que él haga eso, le tenía que estar picando el gusanillo desde hace tiempo. Mi madre se ha quedado la foto, me imagino que para enseñársela a sus compañeras de trabajo: está deseando presumir. Me decía incluso que el día de la prueba con el vestido (la tengo el día 28 de marzo, en tres semanitas) se iba a llevar la cámara para hacer fotos. Me habían dicho que eso da mala suerte, y se ha quedado un poco desilusionada. Lo que yo te diga, está deseando presumir.
La parte decepcionante de la historia ha sido cuando me he dado cuenta de que mi suegra, a 16 semanas para la boda, aún no le ha dicho nada a nadie de su familia, ni siquiera los más cercanos lo sabían, y eso que viven en el mismo edificio. Ella dice que no le ha dicho nada a nadie todavía por el tema de la operación (por cierto, le darán el alta el lunes o el martes y todo ha ido bien), pero lo cierto es que que había posibilidad de que la operaran lo sabíamos desde finales diciembre, y que nos casamos lo saben desde hace bastante más tiempo (de hecho, a mediados de noviembre vino con mi madre, mi abuela y mi cuñi a probarme vestidos de novia, y a finales de octubre ya sabían que habíamos dado la paga y señal en el restaurante), así que como excusa no me cuadra demasiado. Más bien me da la sensación de que hasta ahora no tenían del todo claro que la boda fuese a tirar para adelante, esperaban que nos arrepintiéramos en cualquier momento y lo anuláramos todo, y por eso no le han dicho nada aún a la familia. Me dolería mucho que fuese así, aunque solo es un pálpito personal y, claro, no lo puedo demostrar. Llamadme desconfiada si queréis.
Al final la familia más directa de Ifo se ha enterado esta tarde y todavía lo están flipando, claro, porque no tenían ni la más remota idea. La situación ha sido un poco violenta, porque digamos que se han enterado un poco forzados por las circunstancias (yo allí, enseñándole a mi madre, abuela y cuñada, los zapatos de la boda y el vestido, y la mitad de los presentes no sabían nada de boda, así que os podéis imaginar el cuadro). A principios del mes que viene tendremos ya las invitaciones, así que mi suegra tampoco podía esperar mucho más a decirlo, pero vamos, ella se lo gestiona como le da la gana.
Aún falta el traje y los zapatos de Ifo, que todavía no ha empezado a mirar nada aunque dice que lo tiene bastante claro. Seguramente la semana que viene vaya a mirar algo. Y el viaje de novios lo terminaremos de rematar este lunes. Se nos echa el tiempo encima, pero vamos cerrando cositas. Os sigo contando. Si queréis ver las fotos de los zapatos, clickad en SEGUIR LEYENDO.
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