Ifo tiene orden de no meterse en nada que afecte a mi trabajo sin consultármelo primero. Y no exactamente en mi trabajo, pero rondando por los alrededores, hay un personaje que me tiene enfilada desde hace años, al que parece ser que la envidia y el odio que siente por mí, a partes iguales, no le dejan vivir tranquilo y de vez en cuando tiene que descolgarse con una bonita retahíla de insultos para sentirse mejor y reafirmarse a sí mismo.
Personalmente, creo que el odio es un sentimiento de lo más absurdo: no te permite avanzar, solo dar vueltas en círculo alrededor de algo que la pesona objeto de ese odio probablemente tenga bastante superado o incluso olvidado. Mientras la persona objeto de ese odio hace su vida tan alegremente, el que odia no puede olvidar y avanzar, se recrea en su odio imaginando quizá oscuras formas de venganza que probablemente nunca llegue a poner en práctica. En definitiva, una completa pérdida de tiempo que se podría dedicar a cosas más productivas. Y así le va, claro…
Pero ni aún pensando así os penséis que me libro de ello, qué va. Durante un tiempo odié a mi ex con todas mis fuerzas. Le odié por humillarme, por engañarme, por dejarme hacer el ridículo delante de una niñata adolescente y semianalfabeta con veleidades de estrella porno. Pensé que no se lo perdonaría mientras viviera. Pero incluso una humillación que para mí fue tan brutal, al cabo de un tiempo la olvidé. Una vida personal rica y plena dio como resultado que estuviera más entretenida en mi propia vida que en la vida de otra persona a quien, lo confieso, durante un tiempo me habría gustado destruir con mis propias manos. Pero al cabo de unos meses escasos ya se me había pasado el cabreo y ni me acordaba de todo lo que ha pasado. De hecho, ahora miro hacia atrás y recuerdo el berrinche que pillé en su momento, recuerdo el amor propio herido, pero no siento odio: siento vergüenza de mí misma, de cómo me comporté, pero el odio ya no me remueve por dentro. O soy muy pasota o mi capacidad para olvidar (que no perdonar, porque no le perdono todo lo que me hizo y cómo se comportó) es fascinante.
Después de este inciso, comentaros que hay gente que me odia desde hace años, esa misma gente que se dedica a insultarme sin piedad y a publicar mails míos en sus blogs personales o a pasar mails míos a terceros para desacreditarme y a ver si así consiguen moverme la silla.
Son gente que no tiene vergüenza ninguna en copiar y pegar la misma mentira sobre mí en todos los espacios que tiene a mano (el día que se dén cuenta de que en internet, la popularidad de un blog está asociada a la dirección web de ese blog, y no al nombre de la persona, igual les da un súbito ataque de vergüenza, porque desde luego van diciendo de mí tantas tonterías que cualquiera con un poquito de conocimiento sobre el tema se da cuenta enseguida de que son falsas, me producen vergüenza ajena). Son gente que no puede entender que su adhesión inquebrantable no se premie de alguna forma debido a su propia inutilidad, porque de hecho tampoco son conscientes de su propia inutilidad. Alguien utilizó un símil que me sigue pareciendo muy acertado:
Si lo compráramos por lo que _realmente_ vale, y lo vendiéramos por lo que _él cree_ que vale, nos forraríamos.
Efectivamente, esa es la idea. Son unos inútiles que todavía no son conscientes de su propia inutilidad, y culpan a una conspiración mundial de que no les salgan las cosas bien, de que el negocio no marche y por ello su dieta se componga casi en exclusiva de Pastas Gallo. La culpa de que no les vaya bien en los negocios la tenemos desde una servidora, hasta el Secretario General de no sé qué en algún Ministerio rebautizado. El caso es quejarse y patalear, en lugar de aprender y avanzar. La culpa siempre es de los demás. Es taaaaan típico de fracasados e inútiles…
Bueno, pues como os decía al principio, Ifo tiene orden de no meterse en nada que afecte a mi trabajo sin consultármelo primero. Yo comparto aspectos de mi trabajo con él, lo que me trae de cabeza, los buenos momentos, lo que me ilusiona, lo que detesto… Y también lo que me hace gracia. Y hace unas semanas encontré algo que me pareció muy gracioso. Ifo es técnico de sistemas y se está especializando en seguridad, ha auditado la web de mi trabajo como práctica, encontró errores y agujeros de seguridad que desconocíamos y nos ayudó a presionar a la empresa para que pusieran las medidas oportunas y evitaran que se nos colaran hasta la cocina por la puerta de atrás y que personas con aviesas intenciones pudieran tener acceso a datos privados… Vamos, que no es un pringui que haya visto la trilogía de Matrix y haya flipado en 32 bits: en cuestiones de hacking Ifo sabe de lo que habla.
Bueno, pues por casualidad me encontré con uno de estos tíos, presumiendo en su blog de ser un puto hacker, por tener instalado en su web un plugin de auditoría, haber enviado un e-mail del que obtuvo respuesta y haber hecho una búsqueda en yahoo… Toooooodo un puto hacker, sí señor. No le negaré la iniciativa, ni la picardía que tuvo, ni el haber utilizado los recursos que tenía a su alcance. Me pareció muy bien, y de haber existido una relación sana entre nosotros le habría dado mi más sincera enhorabuena. Pero eso _no_ es ser un hacker. Una cosa no quita la otra.
Como sabía que le iba a hacer gracia, se lo pasé a Ifo y, para mi tragedia particular, Ifo se soltó y le dejó un comentario bastante insultante, poniéndole de vuelta y media y diciéndole precisamente que eso _no_ es ser un hacker, que no tiene ni puta idea. Cuando me dijo lo que había hecho y pude verlo con mis propios ojos, me quedé horrizada. Sin embargo, no habría pasado de ser un detalle de mal gusto sino fuera porque además tuvo la brillante idea de utilizar el apodo que uso para referirme a él en este blog, por lo que una simple búsqueda en google por “Ifoxe” da entre los primeros resultados este blog a cualquiera que se moleste en buscar. Y si te dejan un comentario insultante en tu blog, no me parece en absoluto descabellado buscar a ver si te enteras de quien ha sido…
¿Resultado? Esas personas que tanto me odian llevan semanas leyéndome, desde que Ifo metió la pata y les trajo derechitos hasta aquí, exponiéndome a sus ojos. Tampoco es que haya tenido especial cuidado en separar mi mundo personal del profesional, hay varias personas que conocen de la existencia de este blog, pero que las personas que se dedican a insultarme y a publicar mis e-mails tengan acceso a este espacio íntimo y personal, pues me hace cualquier cosa menos gracia.
Pasé varios días enfadada con Ifo por su atrevimiento, por meterse donde nadie le llamaba y encima hacerlo con una torpeza de principante que me ha dejado expuesta a la intemperio, que parece nuevo, coño. Y él está hecho polvo por haberme expuesto así por un calentón suyo. Durante _unos minutos_, barajé la posibilidad de cerrar este blog, cambiar la dirección de acceso, protegerlo con contraseña… Pero opté por mantenerlo. Total, ocultarlo no iba a servir de gran cosa, como mucho para darles motivos para buscar hasta debajo de las piedras, y una vez abierto, cerrarlo no es posible: con las herramientas adecuadas es posible acceder a todo el contenido. Y esta gente sabe cómo hacerlo, así que ¿qué iba a conseguir cerrándolo? ¿Darles pie a que pensaran que aquí había algo más escabroso que el diario de una pink-girl bastante sosa? El contenido de este blog es tan inocente, que ocultarlo por pudor o vergüenza sería una tontería, así que decidí hacer como si nada hubiera pasado y seguir a la mía. Sigo enfadada con Ifo por su tontería, le hice prometer que no volvería a meterse en mis asuntos sin mi permiso y supervisión; pero por lo que respecta a estos tipos, me da igual que me lean. Aunque encuentre por ahí comentarios que se creen muy gracios y hacen referencia a lo que posteo en este blog. Me da igual: siguen siendo un par de gilipollas, por muy temprano que se levanten.
En esta entrada hablo de: decepción, idiotas, Ifoxe, odio, Pierre Nodoyuna, política, trabajo
Mis fotos
Mi FotoBlog Móvil
Mi MicroBlog
Mi Facebook
Mis enlaces interesantes
Mi e-mail
Mi Messenger



