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Domingo por la noche, sofá, viendo Lex en la tele, abrazados, la cabeza en tu pecho, tus brazos rodeándome, reir juntos, tus caricias, tus besos, tu risa…
Me encantan estos momentos, no los cambiaría por nada del mundo.
(Moderen su lenguaje, señoritas: De vez en cuando yo también tengo derecho a ponerme cursi)
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Esta tarde vienen a pasar un par de días en casa Maripuchi y familia. Así que Ifo y yo estamos haciendo los últimos preparativos para cuando lleguen: preparar la habitación de los niños, comprobar que la cama inflable de matrimonio no esté pinchada, hacer la compra para 6 (dos de ellos un par de mocosos de 2 y 3 años), esconder los vibradores… en fin, esas cosas que hay que hacer cuando esperas visita y quieres tenerlo todo a punto.
La verdad es que es la primera vez que unos amigos se quedan en _nuestra casa_ unos días, aunque en casa de mis padres el tráfico de familiares y amigos que vienen de visita es contínuo, es la primera vez que Ifo y yo ejercemos de anfitriones a tiempo completo.
Me hace mogollón de ilusión la visita de Maripuchi, de Fer, y de conocer a Tomás y a Lara. Volvernos a ver, ponernos al día, explicarnos anécdotas y tener esas conversaciones intensas sobre el sentido de la vida. Aunque, por otro lado, no sé si estaré a la altura. Lo que sí sé es que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que estos días que pasen aquí se sientan como en casa, se lo pasen fenomenal y desconecten todo lo que puedan.
Un besote, wapa! Nos vemos mañana esta tarde. Conducid con cuidado, que aquí os esperamos y lo importante es llegar.
En esta entrada hablo de: Amigos, blogs, convivencia, Ifoxe, ilusión, matrimonio, piso, vacaciones
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Atención! En este post abuso sin compasión de las fotos.
Después de que Ifoxe se apropiara con sabadosidad y alevosía de mi habitación de estudiar, mientras yo estaba en Madrid entretenida sacándole la lengua al presidente, decidí que necesitaba con urgencia arreglar la otra habitación para mí sola, pues es una pena que estuviera muerta de asco ejerciendo de almacén de los muebles de mi pisito de soltera. Además, es la segunda habitación más grande de la casa, no tenía sentido desaprovecharla. Así que Ifo y yo hicimos un pacto: yo me quedo con la habitación grande para estudiar, me monto mi despachito allí, si él me ayuda a montar el escritorio.
Mi anterior habitación de estudiar, ahora okupada por Ifo. Conformaros con esta idílica imagen, hacedme caso: es mejor para vuestra salud mental que no veais como está ahora…

Habitación grande con los muebles de comedor de mi apartamento de soltera

 
Y ayer nos pegamos la gran paliza, que montar un mueble de Ikea parece fácil, pero estos suecos son muy mala gente, que os lo digo yo. Han planificado cuidadosamente un método de tortura por la vía, primero, de tratarnos como hamsters enjaulados en sus tiendas, haciéndonos recorrer toda la exposición por un camino marcado del que no nos podemos salir; después, poniendo publicidad incluso detrás de las puertas de los lavabos, que ya hay que tener mala leche, ni un momento de relax íntimo tiene una en esas malditas tiendas; después, otra tortura ingeniándotelas para meter todas las cajas en el coche, menos una, que no cabe; y, por último, la tortura definitiva: montar los muebles.
Montar unos muebles de Ikea NO es tan fácil como te cuentan
  
Después de la gran paliza que nos dimos ayer por la noche montando muebles (sobre todo Ifo: yo solo ejercí de competente pinche), el escritorio nuevo quedó razonablemente bien montado, y me he podido dedicar a enchufar el ordenador y sus mil gadgets, montar un lío tremendo de cables debajo de la mesa (que he conseguido arrinconar para que no molesten), poner en peligro la seguridad de todo el edificio conectando como cien enchufes en una sola toma de corriente, y llenando el espacio de trabajo, que ahora es grande y cómodo, con mil chorradas, muñequitos y peluches varios.
 
 
Y además me cabe mi querido sofá amarillo, que ha venido conmigo de casa en casa desde que me fui a vivir sola, y en el que podré tumbarme a leer a solas, o ver la tele a mi aire sin tener que compartir el mando a distancia ni pactar el canal y el tiempo de visualización. ¡Ah, la libertad está hecha de pequeñas cosas!
¿No fue Virginia Wolf quien dijo que una mujer debería disponer de su propio dinero y su propia habitación? Desde luego, mi experiencia viviendo en pareja me lleva a concluir en la misma dirección: es mucho más sano para la pareja (y para mí misma) tener mi propia habitación, conservar mi espacio vital, donde poder pensar con traquilidad, relajarme, leer, escuchar música, ver la tele, y disfrutar de mi mundo interior en soledad, algo que se agradece de vez en cuando.
 
 
Recuerdo cuando empezamos a vivir juntos, no hace tanto, en mi apartamento de 40 metros cuadrados y una sola habitación, compartíamos incluso la mesilla de noche. Era agradable y romántico, muy bonito, pero también había momentos en que me subía por las paredes, necesitaba una desconexión y no encontraba espacio donde tener un rato de soledad, y eso en mi opinión debilita mucho a la pareja: estaba nerviosa, arisca y de mala leche, y a él le costaba entender el motivo, especialmente cuando nunca ha vivido solo. Con el cambio de piso la cosa fue mucho mejor, ahora tenemos tres habitaciones y un comedor enooooorme, y un sofá mucho más grande en el que espatarrarme a ver la tele y hacerme la dueña del mando a distancia aprovechando los momentos en los que Ifo se mete en la habitación a jugar al ordenador. Pero aún así continuaba echando en falta mi espacio propio. Y ahora ya lo tengo, montado y organizado a mi gusto.
Ya solo me falta tener un cacharro wifi de esos para tener internet en mi habitación y conectarme con el mundo exterior. Creo que iremos a comprarlo esta tarde, a ver si hay suerte y ya dejo montado mi nuevo despachito. De momento, me conformo con usar el portátil para postear y subir fotos, aunque ya me lo están reclamando.

En esta entrada hablo de: amor, apartamento de soltera, convivencia, feminismo, fotos, Ifoxe, ilusión, independencia, mujer, piso
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El otro día os explicaba una de las cosas absurdas de casarse por la Iglesia: ir a pedirle al cura del pueblo donde vives permiso para poder casarte en el pueblo en el que naciste (o en el que nació tu pareja), y la documentación que hay que aportar para que te concedan el permiso.
Bien, pues hay un requisito absurdo más que no os conté: hay que pasar un cursillo prematrimonial, entre uno y dos meses antes de la boda. Y te preguntarás, ¿pero todavía se llevan esas cosas? Sí, jamía, sí. Pero no lo da el cura, como yo creía, lo cual tiene su lógica, porque ¿qué me va a explicar sobre el matrimonio quien nunca ha pasdo por ello? ¿Qué me puede aconsejar sobre los roces de la convivencia matrimonial quien no ha convivido más que con sus padres, y de eso hace ya décadas?
Parece ser que el cursillo prematrimonial dura un fin de semana y lo imparte una pareja joven, cosa que por un lado me tranquiliza (que nos hable de lo que es el matrimonio una pareja de nuestra generación, o bastante cercana, es un alivio, porque de ser de la generación de mi abuela, o incluso de la de mi madre, me parece que no nos íbamos a entender), pero por otro lado me preocupa: ¿qué clase de pareja se presta voluntariamente a aconsejar sobre la vida matrimonial a parejas que no tienen elección sobre recibir esos consejos o no, si quieren pasar por el altar? En el fondo, tengo curiosidad por saber qué me voy a encontrar, igual se genera un debate interesante, y no es lo mismo intercambiar opiniones con una pareja joven que con el cura del pueblo… Pero, ¿su veredicto será vinculante para que el cura autorice nuestra boda? mmmmmm… eso ya no me gustaría un pelo…
Por otra parte, me preocupa la duración del cursillo de marras. Me habían dicho que se trata de unas charlas y ya está, y el hecho de que duren todo un fin de semana no me hace especial ilusión. A ver, entiendo que nos den la brasa, que nos expliquen algunas cosas del matrimonio (paciencia, resignación, y en esa línea, supongo) o incluso que nos dén algunos truquis para conseguir que Ifo no deje pelos en el lavabo cuando se afeita, cosa que agradeceré con toda mi alma, pero… ¡¿todo un fin de semana?! Como todo el mundo, mi carinyitu tiene algunas cosillas que me sacan de quicio, la convivencia tiene estas cosas (yo también tengo cosas que le sacan de quicio a él, y ambos lo llevamos lo mejor que podemos, como adultos), pero si creyera que alguno de los dos necesita un intensivo de fin de semana para llevar mejor el tema de la convivencia matrimonial, no me casaba: ¡me apuntaba a los castings de Gran Hermano!
En fin, ahora lo que toca es recopilar toda la documentación necesaria, llevársela al señor cura para que nos autorice a casarnos donde nos dé la gana, y después a esperar los cursillos prematrimoniales, a ver cómo se dan. ¡Prometo contároslo todo con pelos y señales!
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Que el gran jefe agradezca a _tu gente_ su presencia delante de más de 5.000 personas.
Pasártelo teta haciendo el chorra con los amigos:
     
( sí, ya lo sé: es con la otra mano…
Comprobar cómo Felipe y José Luis vuelven loca a las yayas. Solo faltó el ¡queremos un hijo tuyo!
Acabar hecha polvo, pero bailando al ritmo de No, no, que el tiempo no te cambieeeeee….
Volver a casa y encontarme con que mi chico ha recogido el piso y ha puesto una lavadora. ¡¡Es más monoooo!!
Espatarrarme en el sofá, con un terrible dolor de rodillas, y que me llame la jefa para decirme que nos están empezando a tomar en serio, y más que nos van a tomar a partir de ahora, y que le prepare un informe en menos de 15 minutos para enviarlo al gabinete del jefe.
Flipar. No saber cómo puede acabar esto.
Y de aquí, a las estrellas.
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Después de la cena de Nochebuena en casa de mis suegros (por suerte, la maratón navideña familiar empezó light en Nochebuena), de la comida de Navidad organizada por mis abuelos en un buffet libre (aprovechando que celebranan también sus 50 años de matrimonio), de la cena de Nochevieja en la que Ifo y yo ejercimos de anfitriones, y de la comida de Año Nuevo que también hicimos en mi casa con las sobras de la noche anterior, solo una palabra define como me siento: EMPACHADA.
He comido como no había comido en mi vida, sobre todo en Nochevieja. Diox, ¡¡qué manera de ponernos las botas!! Pero empecemos por el principio.
Cena de Nochebuena en casa de los suegros, con regalitos de Navidad incluidos (e los regalitos en general hablaré mejor en otro post, después de Reyes). Como siempre que tenemos un evento más o menos de compromiso con mis suegros, yo estaba bastante nerviosa. Primero nos dimos los regalitos, sin mayor ceremonia ni preámbulo, que os resumo brevemente, porque ya tendremos tiempo de entrar en detalle…
A mi cuñada le regalamos varios frascos pequeñitos de perfumes frutales variados, y la colonia Agua de Rocío, que consiguió que se emocionase porque era la colonia que llevaba cuando conoció a su novio hace 8 años.

Tanto mi cuñada como nosotros coincidimos en regalarle a mi suegra un bolso cada una (el nuestro es el marrón que se vé en la foto, y el de mi cuñada es el dorado). Y tanto mi cuñada como yo le regalamos a Ifo el Guitar Hero III para que pueda jugar a tocar la guitarra con la X-Box. El año que viene tendremos que llamarnos por teléfono apra ponernos de acuerdo…

A mi suegro le regalaron una cámara de fotos digital de 800 leuros, la mejor del mercado según mi cuñada. Y es que donde hay poderío, que se note.
 
Y a la abuela de mi novio le regalamos un marco de fotos con una foto nuestra enmarcada que ella misma nos había pedido y que nos hicimos para la ocasión, y que a la buena mujer le hizo una ilusión terrible.
 
¿Y qué recibió Ifo? Buenoooo… mmmmm… estoooo… ¡ejem! ahí están las fotos.
  
(un pijama, unos calzoncillos, unos calcetines, dos camisas y una camiseta interior)
Y de mis regalitos no hay fotos, porque era yo quien las hacía, pero fueron una bufanda y unos guantes (sugerencia de mi niño), un pijama rosa y un monedero.
La cena consistió en unos canapés tal-que-así, y de segundo unos filetitos finos de lomo (creo) con salsa de champiñones. Bien, porque yo normalmente no ceno, o como mucho picoteo un poquito unas horas antes de irnos a dormir, y no sé cómo lo hubiera llevado si me hubiera visto obligada a cenar de primero, segundo y postre…

Y acabamos la noche jugando al Wii Sports, con un Ifo humillado por haber sido derrotado a los bolos (”deporte” en el que es un crack) nada menos que por su propia madre.
 
Esta serie de posts continuará en los próximos días con los relatos escabrosos y llenos de morbosos detalles,de la comida de Navidad, la de Nochevieja y la de Año Nuevo. Más fotos de la cena de Nochebuena aquí.
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Este año me he dejado una pasta en regalos solo en Ifo. Cito de memoria:
- el Guitar Hero III
- más de 150 leuros en videojuegos para la X-Box 360
- el cable HDMI para que pueda jugar en alta resolución
- la famosa tele de plasma,
- DVD’s de Robert Rodríguez y Quentin Tarantino
- la colección de Berserk completa
- …
¿y queréis saber cual es el regalo que más ilusión le ha hecho de todos?
Este!!!

 
Si me descuido, no se las quita ni para dormir…
Si es que soy una pardilla con todas las letras, no tiene otra explicación… Anda que el año que viene me van a pillar a mí otra vez, ¡lo tiene claro!
En breve el post sobre la cena de Nochebuena, los regalitos de los suegros, la comida de Navidad con mi familia, y otras delicias navideñas. ¡No se lo pierdaaaaan!
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Después de casi un año viviendo juntos, aún no tenemos cuentas compartidas. Es decir, tenemos una cuenta conjunta donde cada uno ingresa su parte de los gastos comunes (alquiler, agua, luz, gas… , y después cada uno tiene su propia cuenta, su propia tarjeta de débito y de crédito, sus propios gastos, y todo lo que ello implica. Es decir, que tenemos una cuenta conjunta, pero básicamente en nuestro día a día funcionamos con cuentas separadas, y ninguno de los dos le tiene que dar explicaciones al otro de lo que gasta o de lo que ahorra.
Eso era así básicamente hasta ayer, tras un momento en el que me quedé escandalizada de lo que se había gastado en videojuegos desde que tiene la X-Box 360. En realidad, sé que es normal, que los juegos son carísimos, sobre todo las novedades de 50€ no baja ninguno, y él se ha comprado solo 2 ó 3 novedades en un par de meses que hace que la tiene, y alguno que otro más baratillo… pero aún así me quedé escandalizada… Momento que él aprovechó para pedirme que le eche una mano con su cuenta corriente y sus gastos, que le controle un poco y le pegue la bronca si se pasa… Vamos, que me encargue de las finanzas familiares y empecemos a compartir cuenta y gastos.
Y oye, me hizo ilusión. Ya sé que es un marronazo, y que no me apetece nada ni dar explicaciones ni pedirlas, pero empezar a compartir gastos en una cuenta conjunta me hace ilusión. Así que me estoy organizando y preparándome para la aventura de las cuentas compartidas y los gastos conjuntos: domiciliar las nóminas en una única cuenta, pasar los recibos a la cuenta conjunta, pedir tarjetas de débito y crédito, etc.
Esto empieza a parecerse a un matrimonio tradicional. Y yo estoy ilusionada como una tonta.
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