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Ago
27
    
Lo escribí el Agosto-27-2008 | (7) comentarios |

Esta tarde vienen a pasar un par de días en casa Maripuchi y familia. Así que Ifo y yo estamos haciendo los últimos preparativos para cuando lleguen: preparar la habitación de los niños, comprobar que la cama inflable de matrimonio no esté pinchada, hacer la compra para 6 (dos de ellos un par de mocosos de 2 y 3 años), esconder los vibradores… en fin, esas cosas que hay que hacer cuando esperas visita y quieres tenerlo todo a punto.

La verdad es que es la primera vez que unos amigos se quedan en _nuestra casa_ unos días, aunque en casa de mis padres el tráfico de familiares y amigos que vienen de visita es contínuo, es la primera vez que Ifo y yo ejercemos de anfitriones a tiempo completo.

Me hace mogollón de ilusión la visita de Maripuchi, de Fer, y de conocer a Tomás y a Lara. Volvernos a ver, ponernos al día, explicarnos anécdotas y tener esas conversaciones intensas sobre el sentido de la vida. Grin Aunque, por otro lado, no sé si estaré a la altura. LOL Lo que sí sé es que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que estos días que pasen aquí se sientan como en casa, se lo pasen fenomenal y desconecten todo lo que puedan.

Un besote, wapa! Nos vemos mañana esta tarde. Conducid con cuidado, que aquí os esperamos y lo importante es llegar.

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Mar
15
    
Lo escribí el Marzo-15-2008 | (11) comentarios |

Atención! En este post abuso sin compasión de las fotos.

Después de que Ifoxe se apropiara con sabadosidad y alevosía de mi habitación de estudiar, mientras yo estaba en Madrid entretenida sacándole la lengua al presidente, decidí que necesitaba con urgencia arreglar la otra habitación para mí sola, pues es una pena que estuviera muerta de asco ejerciendo de almacén de los muebles de mi pisito de soltera. Además, es la segunda habitación más grande de la casa, no tenía sentido desaprovecharla. Así que Ifo y yo hicimos un pacto: yo me quedo con la habitación grande para estudiar, me monto mi despachito allí, si él me ayuda a montar el escritorio.

Mi anterior habitación de estudiar, ahora okupada por Ifo. Conformaros con esta idílica imagen, hacedme caso: es mejor para vuestra salud mental que no veais como está ahora…

Despacho 009

Habitación grande con los muebles de comedor de mi apartamento de soltera

Muebles Comedor 014

Mueble bajo (1)Mueble bar

Y ayer nos pegamos la gran paliza, que montar un mueble de Ikea parece fácil, pero estos suecos son muy mala gente, que os lo digo yo. Han planificado cuidadosamente un método de tortura por la vía, primero, de tratarnos como hamsters enjaulados en sus tiendas, haciéndonos recorrer toda la exposición por un camino marcado del que no nos podemos salir; después, poniendo publicidad incluso detrás de las puertas de los lavabos, que ya hay que tener mala leche, ni un momento de relax íntimo tiene una en esas malditas tiendas; después, otra tortura ingeniándotelas para meter todas las cajas en el coche, menos una, que no cabe; y, por último, la tortura definitiva: montar los muebles.

Montar unos muebles de Ikea NO es tan fácil como te cuentan

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Después de la gran paliza que nos dimos ayer por la noche montando muebles (sobre todo Ifo: yo solo ejercí de competente pinche), el escritorio nuevo quedó razonablemente bien montado, y me he podido dedicar a enchufar el ordenador y sus mil gadgets, montar un lío tremendo de cables debajo de la mesa (que he conseguido arrinconar para que no molesten), poner en peligro la seguridad de todo el edificio conectando como cien enchufes en una sola toma de corriente, y llenando el espacio de trabajo, que ahora es grande y cómodo, con mil chorradas, muñequitos y peluches varios.

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Y además me cabe mi querido sofá amarillo, que ha venido conmigo de casa en casa desde que me fui a vivir sola, y en el que podré tumbarme a leer a solas, o ver la tele a mi aire sin tener que compartir el mando a distancia ni pactar el canal y el tiempo de visualización. ¡Ah, la libertad está hecha de pequeñas cosas!

¿No fue Virginia Wolf quien dijo que una mujer debería disponer de su propio dinero y su propia habitación? Desde luego, mi experiencia viviendo en pareja me lleva a concluir en la misma dirección: es mucho más sano para la pareja (y para mí misma) tener mi propia habitación, conservar mi espacio vital, donde poder pensar con traquilidad, relajarme, leer, escuchar música, ver la tele, y disfrutar de mi mundo interior en soledad, algo que se agradece de vez en cuando.

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Recuerdo cuando empezamos a vivir juntos, no hace tanto, en mi apartamento de 40 metros cuadrados y una sola habitación, compartíamos incluso la mesilla de noche. Era agradable y romántico, muy bonito, pero también había momentos en que me subía por las paredes, necesitaba una desconexión y no encontraba espacio donde tener un rato de soledad, y eso en mi opinión debilita mucho a la pareja: estaba nerviosa, arisca y de mala leche, y a él le costaba entender el motivo, especialmente cuando nunca ha vivido solo. Con el cambio de piso la cosa fue mucho mejor, ahora tenemos tres habitaciones y un comedor enooooorme, y un sofá mucho más grande en el que espatarrarme a ver la tele y hacerme la dueña del mando a distancia aprovechando los momentos en los que Ifo se mete en la habitación a jugar al ordenador. Pero aún así continuaba echando en falta mi espacio propio. Y ahora ya lo tengo, montado y organizado a mi gusto.

Ya solo me falta tener un cacharro wifi de esos para tener internet en mi habitación y conectarme con el mundo exterior. Creo que iremos a comprarlo esta tarde, a ver si hay suerte y ya dejo montado mi nuevo despachito. De momento, me conformo con usar el portátil para postear y subir fotos, aunque ya me lo están reclamando.

Nuevo escritorio 041

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Sep
30
    
Lo escribí el Septiembre-30-2007 | (20) comentarios |

¡Por fin, ya estamos instalados en el nuevo piso! Ha sido un sábado, y en general una semana, de auténtica locura, de no parar con cajas arriba y abajo, con medio piso desmontado y el otro medio montado en otra cosa distinta, de nervios, de tiendas de muebles que fallan al traernos las cosas o las traen defectuosas, de tener las cosas a medias, de carreras, de no llego, no me da tiempo, no voy a poder, de ganas de estar ya instalados en el nuevo piso y olvidarnos de todos estos nervios de estos días…

Nuestros respectivos padres, mi hermano y mi primo vinieron a echarnos una mano con la mudanza. Ya teníamos la mayor parte de los muebles desmontados porque mi suegro se pasó la tarde del viernes desmontando y numerando armarios, y ayudándonos a tapar con masilla los agujeros. Mi madre, mi suegra y mi abuela se dedicaron a colocar cosas en armarios y muebles de cocina, con la consecuencia de que ahora no encuentro nada, y esta mañana me he tenido que vestir con lo primero que he encontrado: un pantalón pirata y una camiseta, porque no encontraba los tejanos pero, curiosamente, la ropa de verano sí la tengo localizada. Por la noche estaba ya prácticamente todo montado y colocado.

Y hoy, por fin, ya hemos pasado la noche aquí, ya estamos instalados, Ifo está jugando a la consola en el comedor (ahora ya sí tiene espacio suficiente para jugar a la wii Grin ), y yo estoy escribiendo desde el patio, al solete, gracias a la solidaridad de los del Espai Tolrà, una especie de centro de actividades y feria de convenciones o algo así que tenemos enfrente de casa y tiene unas cuantas conexiones wifi abiertas. Creo que este sitio me va a gustar.

Como me habíais pedido unas cuantas fotos de como nos ha quedado el piso, ya pintado y amueblado, ahora que estamos ya más o menos instalados aunque aún nos quedan cosas por colocar y tenemos todavía cajas por en medio, y aunque aún hay cosas que no encuentro y otras que no sé dónde me han guardado, aprovecho para invitaros a conocer nuestro nuevo piso. Espero que os guste. Bienvenidos a Can Ifo&Pimkie.

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Sep
10
    
Lo escribí el Septiembre-10-2007 | (23) comentarios |

Fue duro pero divertido. ¡Y el resultado ha merecido la pena!

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Jun
07
    
Lo escribí el Junio-7-2007 | (3) comentarios |

Hogar ChimeneaAdmito que al principio me costó bastante, me resistía a cambiar la dinámica de mi vida, me gustaba mucho vivir sola y no quería ceder la soberanía del mando a distancia, ni consensuar el canal que veremos esta noche, ni preguntar si te molesta que me duerma con la radio encendida… Pequeñas cosas de mi vida cotidiana me hacían feliz, porque las sentía mías, propias, algo que me había ganado a pulso: mis zapatillas de peluche, mis calcetines de colores, mi pijama de franela, mis sábanas limpias, mis toallas rosas, mi té con sabor a fresa, comer galletas en mi sofá con el mando de mi tele… Esas pequeñas cosas, que para cualquiera serían tonterías sin importancia o incluso superficiales, para mí eran lo suficientemente importantes como para dedicarles una página en mi diario, ya ves que tontería.

El año anterior lo había pasado primero viviendo con mi novio, después se convirtió en mi ex-novio, ya no sentía que aquella era mi casa, el ambiente estaba enrarecido, nunca llegó a estar a mi gusto y yo nunca llegué a sentirme realmente a gusto allí, ni cuando éramos pareja ni mucho menos después de romper. Ahora tampoco puedo decir que esta sea mi casa, porque vivo de alquiler, pero sin embargo la siento más mía que antes, la he puesto a mi gusto, está todo como yo quiero y me siento realmente cómoda.

Pimkie tras la duchaY cuando tú llegaste, todo cambió. Ya no me preocupaba simplemente de estar a gusto yo, sino que tenía que ocuparme de que tú también estuvieras a gusto, aquí, conmigo. El cambio fue brutal: pasar de vivir sola a compartir piso con la persona que amas… No siempre es sencillo, y a mí me costó adaptarme. He necesitado mi tiempo para aprender a compartir, a cambiar el mi por el nuestro, a cambiar el ritmo de mi caminar para adaptarlo a tu paso al tiempo que tú adaptas tu paso al mío. No ha sido fácil, pero he aprendido que no se trataba de renunciar sino de compartir, y que cuando comparto mi espacio y mi vida contigo me siento bien conmigo misma.

No sé exactamente en qué momento empecé a darme cuenta de esto. Supongo que cuando te ví por primera vez tumbado en el sofá, relajado, y me dí cuenta de que hasta ese momento nunca te había visto así. Una inmensa ternura me embargó en aquel momento, lo recuerdo bien: nos estábamos relajando el uno con el otro, tú mismo lo describiste, ha quedado claro que los dos tenemos derecho a meter la pata.

Ahora son otras “pequeñas cosas” las que valoro más:

  • el hueco de tu hombro, en el que encaja mi cabecita cuando estamos en la cama
  • dormirme acariciendo tu pecho
  • los besos que me das en la frente como quien no quiere la cosa
  • estirarnos juntos en el sofá del comedor, poner mis piernas en tu regazo y que me acaricies con ternura
  • hacerte de pinche en la cocina, aunque quede hecha un desastre
  • fregar los platos y adecentar la cocina, mientras me pones carita de perrito abandonado porque se te hace un mundo
  • que te encierres en el cuarto de la lavadora a pelearte con la ropa sucia cuando preparas la colada
  • jugar juntos con las conejas, ¡y que ellas reclamen tus caricias!
  • el beso que me das justo antes de irte a trabajar
  • en realidad, que me llenes de besos todas las mañanas sin faltar una
  • tu voz cuando estoy medio dormida y me llamas para despertarme y que no llegue tarde al trabajo
  • ducharnos juntos las mañanas de los fines de semana
  • que entres en el baño cuando estoy en la bañera, y juguetees con la espuma
  • tu risa mientras jugamos cuando hacemos el amor

Y tantas otras cosas que hacen tan agradable la convivencia contigo. Eres lo mejor que me ha pasado. Me encanta vivir contigo.

Nota: el monstruo del armario me sigue asustando cada mañana.

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