El otro día os explicaba una de las cosas absurdas de casarse por la Iglesia: ir a pedirle al cura del pueblo donde vives permiso para poder casarte en el pueblo en el que naciste (o en el que nació tu pareja), y la documentación que hay que aportar para que te concedan el permiso.
Bien, pues hay un requisito absurdo más que no os conté: hay que pasar un cursillo prematrimonial, entre uno y dos meses antes de la boda. Y te preguntarás, ¿pero todavía se llevan esas cosas? Sí, jamía, sí. Pero no lo da el cura, como yo creía, lo cual tiene su lógica, porque ¿qué me va a explicar sobre el matrimonio quien nunca ha pasdo por ello? ¿Qué me puede aconsejar sobre los roces de la convivencia matrimonial quien no ha convivido más que con sus padres, y de eso hace ya décadas?
Parece ser que el cursillo prematrimonial dura un fin de semana y lo imparte una pareja joven, cosa que por un lado me tranquiliza (que nos hable de lo que es el matrimonio una pareja de nuestra generación, o bastante cercana, es un alivio, porque de ser de la generación de mi abuela, o incluso de la de mi madre, me parece que no nos íbamos a entender), pero por otro lado me preocupa: ¿qué clase de pareja se presta voluntariamente a aconsejar sobre la vida matrimonial a parejas que no tienen elección sobre recibir esos consejos o no, si quieren pasar por el altar? En el fondo, tengo curiosidad por saber qué me voy a encontrar, igual se genera un debate interesante, y no es lo mismo intercambiar opiniones con una pareja joven que con el cura del pueblo… Pero, ¿su veredicto será vinculante para que el cura autorice nuestra boda? mmmmmm… eso ya no me gustaría un pelo…
Por otra parte, me preocupa la duración del cursillo de marras. Me habían dicho que se trata de unas charlas y ya está, y el hecho de que duren todo un fin de semana no me hace especial ilusión. A ver, entiendo que nos den la brasa, que nos expliquen algunas cosas del matrimonio (paciencia, resignación, y en esa línea, supongo) o incluso que nos dén algunos truquis para conseguir que Ifo no deje pelos en el lavabo cuando se afeita, cosa que agradeceré con toda mi alma, pero… ¡¿todo un fin de semana?! Como todo el mundo, mi carinyitu tiene algunas cosillas que me sacan de quicio, la convivencia tiene estas cosas (yo también tengo cosas que le sacan de quicio a él, y ambos lo llevamos lo mejor que podemos, como adultos), pero si creyera que alguno de los dos necesita un intensivo de fin de semana para llevar mejor el tema de la convivencia matrimonial, no me casaba: ¡me apuntaba a los castings de Gran Hermano!
En fin, ahora lo que toca es recopilar toda la documentación necesaria, llevársela al señor cura para que nos autorice a casarnos donde nos dé la gana, y después a esperar los cursillos prematrimoniales, a ver cómo se dan. ¡Prometo contároslo todo con pelos y señales!
En esta entrada hablo de: amor, boda, convivencia, idiotas, Ifoxe, ilusión
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