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Mis suegros se fueron a pasar el fin de semana a Andorra y a la vuelta le han traído a Ifo una Torta del Casar, que es un tipo de queso que a él le encanta, dicen que es deliciso y además difícil de encontrar por aquí.
Él está encantado con el manjar, claro, pero yo no lo tengo tan claro. No me creo que eso esté bueno. Ni siquiera me creo que sea comestible: huele a calcetín sudado. ¡¡Puaaaaajjjjj!!
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Domingo por la noche, sofá, viendo Lex en la tele, abrazados, la cabeza en tu pecho, tus brazos rodeándome, reir juntos, tus caricias, tus besos, tu risa…
Me encantan estos momentos, no los cambiaría por nada del mundo.
(Moderen su lenguaje, señoritas: De vez en cuando yo también tengo derecho a ponerme cursi)
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Dos años de convivencia…
Y de repente, un día cualquiera, sin venir a cuento, haciendo la compra…
…tu marido te sale con que prefiere el pan bimbo con corteza, en vez del sin corteza que habéis comprado siempre.
Y lo flipas en colores, claro.
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Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que pertenece al señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
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Esta tarde vienen a pasar un par de días en casa Maripuchi y familia. Así que Ifo y yo estamos haciendo los últimos preparativos para cuando lleguen: preparar la habitación de los niños, comprobar que la cama inflable de matrimonio no esté pinchada, hacer la compra para 6 (dos de ellos un par de mocosos de 2 y 3 años), esconder los vibradores… en fin, esas cosas que hay que hacer cuando esperas visita y quieres tenerlo todo a punto.
La verdad es que es la primera vez que unos amigos se quedan en _nuestra casa_ unos días, aunque en casa de mis padres el tráfico de familiares y amigos que vienen de visita es contínuo, es la primera vez que Ifo y yo ejercemos de anfitriones a tiempo completo.
Me hace mogollón de ilusión la visita de Maripuchi, de Fer, y de conocer a Tomás y a Lara. Volvernos a ver, ponernos al día, explicarnos anécdotas y tener esas conversaciones intensas sobre el sentido de la vida. Aunque, por otro lado, no sé si estaré a la altura. Lo que sí sé es que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que estos días que pasen aquí se sientan como en casa, se lo pasen fenomenal y desconecten todo lo que puedan.
Un besote, wapa! Nos vemos mañana esta tarde. Conducid con cuidado, que aquí os esperamos y lo importante es llegar.
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A cualquier cosa Ifo le llama situación de crisis… En fin, os cuento: Nos hemos comprado una nevera y un lavavajillas nuevos, la primera porque la vieja estaba a punto de cascar, hacía unas cantidades de hielo espectaculares y me congelaba la comida en vez de simplemente enfriarla, un desastre; y el segundo, porque no resistió la primera mudanza, del piso de mi ex que se quedó mi ex por toda la cara a mi pisito de soltera, lo último que lavó fue la batería de cocina y la cristalería que mi abuela me regaló con mi “ajuar” (lo que me plantea interesantes comparaciones que ahora no me voy a molestar en exponer). Ya tengo lavavajillas nuevo, Querida Enemiga ya no me da envidia.
Antes
 
Después
 
Aparte de que la nevera nueva es un palmo más baja que el hueco que tenemos en la cocina, lo cual me ha provocado el primer disgusto del día, obviamente hemos tenido que sacar toda la comida de la nevera y del congelador del frigorífico viejo. Además, hemos tenido que esperar tres horas antes de poderlo enchufar y poner en marcha, por aquéllo de no sé qué del gas al venir tumbada. El caso es que, entre una cosa y otra, hemos tenido la cocina empantanada todo el día, y mal que bien nos las hemos apañado para cocinar sopa de pera y pato a la naranja (que dirás, y con la cocina patas arriba, ¿no podías haber cocinado un huevo frito con patatas? ¡Pues no! Puesto a liarla, o se hace a lo grande o no se hace). Una vez puesta en marcha (a eso de las 3 y pico de la tarde), como es obvio, no se ha enfriado de repente sino que necesita unas cuantas horas para que el interior se ponga a la temperatura adecuada.
El resultado de todo lo anterior es que todo lo que teníamos en el congelador y que no cabía en el fregadero se ha descongelado a lo loco (con 30º a la sombra, tú me dirás) y ha empezado a soltar agua a chorro sobre la encimera de la cocina. El problema es que entre las patatas fritas, las varitas de merluza Capitán Pescanova y las pechugas de pollo congeladas habían también dos botes de helado de vainilla y nueces de macadamia, tipo Häagen Dazs pero del Mercadona. Y claro, después de tantas horas cociéndose por el calor, uno de los helados deshizo el cartón con el que está hecho el bote, y empezó a pringar de vainilla todo lo que encontró a su paso.
Para solucionar el desaguisado, le pedí a Ifo que me pasara un vaso lo más rápido que pudiera mientras con una mano mantenía en alto y boca abajo el bote para evitar que siguiera manchando, y con la otra intentaba limpiar el estropicio. Por el agujerito que el líquido hizo en el bote traspasé el helado derretido al vaso, se lo pasé Ifo y le pedí otro más para poner el resto del helado. Cuando me giro para ver por qué tardaba tanto en pasarme otro vaso, ¡lo pillo vaciando todo el helado por el fregadero! Para matarlo. Y encima me dice, todo ofendido:
- ¡¿Y qué querías que hiciera?!
- ¡Pues comértelo, hijo mío! O, en su defecto, dejarlo para que me lo coma yo…
- ¡Ay! ¿Qué quieres que haga? He reaccionado como he podido: estábamos en una situación de crisis…
lol Pa mear y no echar gota…
Lo que yo te diga: a cualquier cosa Ifo le llama situación de crisis… Luego se mosquea si le digo que se ahoga en un vaso de agua. La buena noticia es que al menos he podido salvar la mitad del helado 
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Me pican los mosquitos. Mucho. Me acribillan, me muerden, se ponen las botas con mi sangre y luego me salen unas ronchas en la piel tamaño moneda de dos leuros en los casos leves, y tamaño galleta María en los más extremos. Y así estaba ayer, con las piernas llenas de ronchas rosadas tamaño galleta María, utilizando todos los remedios caseros para que se pasara el picor (el truco que más me alivia es ponerme encima de las picaduras jabón de manos y esperar a que se seque), sabiendo que _no debo_ rascarme pero sin poderlo evitar.
Le conté a mi querido marido mi drama particular y él encontró la solución, un antimosquitos radical:
Enciérrate en una habitación, cierra puertas y ventanas, y tira mucho antimosquitos. Si tú no sobrevives, ellos tampoco.

A veces me pregunto por qué me casé contigo…
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Leyendo el último post de Autoestima y Cucaracha, me ha animado a escribir esto, y es que en ocasiones siento nostalgia de mi apartamento de soltera, y más concretamente de la época en la que vivía sola.
Me recuerdo a mí misma sentada en el sofá amarillo que todavía conservo, en pijama y con unos calcetines de colores, comiendo galletas y un té con sabor a fresa, y viendo alguna tontería en mi pedazo de tele (la que está en casa de mis padres desde que nos compramos el plasma de 42 pulgadas, por cierto), siendo dueña y señora del mando a distancia y disfrutando de esos pequeños momentos de independencia personal.
Llevo unos días algo agobiada, y no acabo de encontrar un motivo. Solo sé que necesito estar sola, que quiero espatarrarme en mi sofá amarillo, cerrar la puerta y leer un rato a solas, que necesito paz interior para calmarme y no soy capaz de encontrarla.
Ifo se da cuenta enseguida de este estado de ánimo, y curiosamente en esos momentos en los que yo más necesito estar sola, más necesita él que esté encima suyo, que le mime y le cuide más que de costumbre, que le diga que le quiero más a menudo y que esté más por él. Es como si necesitara reafirmar que, a pesar de que necesite mis momentos de soledad, le sigo queriendo igual y no es de él de quien quiero alejarme.
Por supuesto que no es de él de quien quiero alejarme, ¡faltaría más, si nos casaremos en apenas 2 meses! A él le cuesta entender que sea tan independiente que en ocasiones no quiera estar con él y que necesite momentos de intimidad para estar sola, y a mí me parece algo tan obvio que no encuentro argumentos para explicarlo sin que se sienta ofendido.
Nota: él tiene una teoría alternativa, que consiste en que cuando _él_ está de bajón y necesita más caricias, besos y mimitos, es a mí cuando me coge el rollo independiente y quiero estar sola. De lo que deduzco que cuando yo esté en este estado de ánimo, no debería callarme y esperar algunos días a decírselo, porque entonces se cree que és él quien se lo ha pedido primero.
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Atención! En este post abuso sin compasión de las fotos.
Después de que Ifoxe se apropiara con sabadosidad y alevosía de mi habitación de estudiar, mientras yo estaba en Madrid entretenida sacándole la lengua al presidente, decidí que necesitaba con urgencia arreglar la otra habitación para mí sola, pues es una pena que estuviera muerta de asco ejerciendo de almacén de los muebles de mi pisito de soltera. Además, es la segunda habitación más grande de la casa, no tenía sentido desaprovecharla. Así que Ifo y yo hicimos un pacto: yo me quedo con la habitación grande para estudiar, me monto mi despachito allí, si él me ayuda a montar el escritorio.
Mi anterior habitación de estudiar, ahora okupada por Ifo. Conformaros con esta idílica imagen, hacedme caso: es mejor para vuestra salud mental que no veais como está ahora…

Habitación grande con los muebles de comedor de mi apartamento de soltera

 
Y ayer nos pegamos la gran paliza, que montar un mueble de Ikea parece fácil, pero estos suecos son muy mala gente, que os lo digo yo. Han planificado cuidadosamente un método de tortura por la vía, primero, de tratarnos como hamsters enjaulados en sus tiendas, haciéndonos recorrer toda la exposición por un camino marcado del que no nos podemos salir; después, poniendo publicidad incluso detrás de las puertas de los lavabos, que ya hay que tener mala leche, ni un momento de relax íntimo tiene una en esas malditas tiendas; después, otra tortura ingeniándotelas para meter todas las cajas en el coche, menos una, que no cabe; y, por último, la tortura definitiva: montar los muebles.
Montar unos muebles de Ikea NO es tan fácil como te cuentan
  
Después de la gran paliza que nos dimos ayer por la noche montando muebles (sobre todo Ifo: yo solo ejercí de competente pinche), el escritorio nuevo quedó razonablemente bien montado, y me he podido dedicar a enchufar el ordenador y sus mil gadgets, montar un lío tremendo de cables debajo de la mesa (que he conseguido arrinconar para que no molesten), poner en peligro la seguridad de todo el edificio conectando como cien enchufes en una sola toma de corriente, y llenando el espacio de trabajo, que ahora es grande y cómodo, con mil chorradas, muñequitos y peluches varios.
 
 
Y además me cabe mi querido sofá amarillo, que ha venido conmigo de casa en casa desde que me fui a vivir sola, y en el que podré tumbarme a leer a solas, o ver la tele a mi aire sin tener que compartir el mando a distancia ni pactar el canal y el tiempo de visualización. ¡Ah, la libertad está hecha de pequeñas cosas!
¿No fue Virginia Wolf quien dijo que una mujer debería disponer de su propio dinero y su propia habitación? Desde luego, mi experiencia viviendo en pareja me lleva a concluir en la misma dirección: es mucho más sano para la pareja (y para mí misma) tener mi propia habitación, conservar mi espacio vital, donde poder pensar con traquilidad, relajarme, leer, escuchar música, ver la tele, y disfrutar de mi mundo interior en soledad, algo que se agradece de vez en cuando.
 
 
Recuerdo cuando empezamos a vivir juntos, no hace tanto, en mi apartamento de 40 metros cuadrados y una sola habitación, compartíamos incluso la mesilla de noche. Era agradable y romántico, muy bonito, pero también había momentos en que me subía por las paredes, necesitaba una desconexión y no encontraba espacio donde tener un rato de soledad, y eso en mi opinión debilita mucho a la pareja: estaba nerviosa, arisca y de mala leche, y a él le costaba entender el motivo, especialmente cuando nunca ha vivido solo. Con el cambio de piso la cosa fue mucho mejor, ahora tenemos tres habitaciones y un comedor enooooorme, y un sofá mucho más grande en el que espatarrarme a ver la tele y hacerme la dueña del mando a distancia aprovechando los momentos en los que Ifo se mete en la habitación a jugar al ordenador. Pero aún así continuaba echando en falta mi espacio propio. Y ahora ya lo tengo, montado y organizado a mi gusto.
Ya solo me falta tener un cacharro wifi de esos para tener internet en mi habitación y conectarme con el mundo exterior. Creo que iremos a comprarlo esta tarde, a ver si hay suerte y ya dejo montado mi nuevo despachito. De momento, me conformo con usar el portátil para postear y subir fotos, aunque ya me lo están reclamando.

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Otro meme que tenía pendiente, y con esto termino los deberes atrasados (¿verdad? ¿o me dejo algo que no recuerdo?). Straja me pasa un meme cuyo funcionamiento no acabo de comprender del todo. Creo que la idea consiste en enlazar a la cabrona amiga que te ha puesto en esta situación, citar 6 manías o hábitos que una tiene y pasarle la bola a otras 3 pringadas amigas. Bueno pues allá va:
1º Soy una dormilona, y le he copiado este punto a Elena para saber por dónde empezar. Pongo MI despertador 15 minutos antes de la hora y lo dejo sonar 3 veces cada 5 minutos. Y eso contando que Ifo ha puesto su despertador 1 hora antes, lo ha hecho sonar un buen rato, se ha duchado, ha encendido la luz, se ha vestido, me ha gritado que me quiere desde la puerta y se ha marchado. Y a pesar de todo, casi siempre llego tarde al trabajo (de hecho, llego tarde a todas partes casi por sistema). Tengo un horario flexible, puedo entrar entre las 9 y las 10 a la hora que me dé la gana, pero siempre apuro hasta el último minuto, y muchas veces llego tarde. Soy una impresentable, lo sé. Y lo peor es que encima me despierto de mala leche.
2º Soy un animal de costumbres fijas, y me fastidia que me obliguen a saltármelas. Cada poco tiempo me aburro de mí misma y las cambio yo solita porque me apetece, pero si son circunstancias ajenas las que me obligan a cambiar mi rutina, me coge una mala leche de mil pares. Por ejemplo, últimamente me ha dado por desayunar un croissant de camino al curro. Hace unas cuantas semanas me dio por los donuts, pero ahora estoy enganchada a los croissants. Bueno, pues hace unos días el pobre Ifo que, si recordáis, no tenía tarjeta de crédito porque se la habían robado, me cogió 5 euros que tenía en el monedero, y me avisó (mientras yo luchaba por no despegar las pestañas por la mañana). Yo estaba convencida de que tenía además algo de calderilla para poder comprar el desayuno, pero al ir a buscar las monedillas sueltas, no las encontré y le armé al pobrecillo la de diox es cristo por teléfono, por dejarme sin un duro. ¿He dicho ya que me despierto de muy mala leche? Pobrecito mío, el rapapolvo que se llevó…
3º Estoy dejando de morderme las uñas. Llevo años dejando de morderme las uñas, pero hay ocasiones en las que no lo puedo evitar y entonces la emprendo con los dedos anular y meñique de cada mano. Son los que tienen las uñas más feas de mis manos. El resto, más o menos los respeto salvo que esté muy muy muy nerviosa. Cuando me estreso (y me estreso con demasiada facilidad últimamente), me pilla un tic nervioso en el ojo derecho. Es realmente molesto, pero no puedo evitarlo.
4º No soporto a las cuarentonas (y de ahí en adelante) que van de divinas por la vida. Modelo Ana Obregón, pero a partir de 20 años menos. Son esa clase de tipas que van demasiado apretadas, con ropa que pretende ser de marca, y con una actitud que va diciendo a gritos mírame, estoy buenísima de la muerte, mírame, ¿a que estoy buena? Un poquito de dignidad, señoras. Esa actitud en la adolescencia es de un petardeo insoportable, pero a partir de los treintaymuchos, es simplemente patético.
5º Últimamente salgo del trabajo a las tantas, y cuando llego a casa me gusta tener un rato para mí a solas, ver la tele espatarrada en el sofá, hacer zapping sin que nadie me robe el mando a distancia y, sobre todo, no pensar en nada y desconectar. Es un rato que necesito para mí, para liberar la mente y el cuerpo de tensiones, estar a solas conmigo misma. Sé que a Ifo le duele que le excluya de ese momento de desconexión neuronal, pero es un momento al que no puedo renunciar o me subiría por las paredes.
Y les paso la bola a Inner Girl, Neblina, Jessika y Chuskita.
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