| |
|
|
|
|
|
|
|
Hoy en teoría tocaría hablar de lo bien que se han portado los Reyes conmigo porque durante todo el 2007 he sido una niña muy buena… Pero como me ha tocado venir a trabajar con dolor de muelas y no he dormido nada en toda la noche, prefiero quejarme, que es más entretenido.
Sinceramente, espero que todo lo que ha sucedido esta última semana no sea un anticipo de lo que me depara el año entero, porque entonces me platearía seriamente ponerme a hivernar hasta las uvas… Y es que llevo una semanita de pxxa pena. Os resumo:
El mismo día 31:
- Empiezo la mañanita del último día del año enterándome de que he tirado a la basura dos décimos de la Lotería de Navidad premiados con 100 leuros cada uno.
- Volviendo a casa, se me parte el cable del embrague de la moto subiendo por la carretera de montaña, y llego a casa como buenamente puedo.
- Me cargo el móvil de la manera más imbécil posible: por no acordarme del código pin, y reincidir en el intento. Y encima encuentro todos los papeles del móvil, incluida la factura, menos la tarjeta con el código PUK. Cawentó lo que se menea, si es que no se puede ser más tonta.
- Me agarro un cabreo de mil pares cuando mi madre me cuenta que le han dicho que tendré que tirar el plasma de 42 pulgadas que le regalé a Ifo en unos 7 u 8 años (si no antes), porque pierde no-sé-qué y hay que recargarlo con un líquido que ya ha dejado de fabricarse, y por eso todas las teles que se venden ahora son LCD. Cawenlamadre que parió al vendedor que me dijo que el plasma era mejor que el LCD, y todos sus parientes cercanos. Me pasa por confiada y por no informarme bien antes de comprar. Y encima el día anterior tiré todo el relleno de la caja de la tele y no la voy a poder cambiar… ¡Quien me mandaría a mí ponerme a hacer limpieza a fondo justo el 30 de diciembre, por diox! Al día siguiente todo queda en un susto, pero hasta que no me aseguro, me lo paso intranquila por el tema.
- Me pego más de 4 horas en la cocina preparando la cena de Nochevieja. Mis invitados se hinchan con el picoteo previo, parece que la sopa no va a tener mucho éxito (los galets han absorvido casi todo el caldo, ¡mxxrda!), y cuando voy a servir los solomillos tengo la sensación de que se los van a comer más por compromiso que por otra cosa. Me he dejado un pastón en unos filetones enormes, y me sobran la mitad porque se los reparten a mitades porque están todos que van a explotar de tanto comer. Pues vaya.
En días sucesivos:
- Se me hincha la boca por un flemón que hace que morder sea un suplicio y vea las estrellas al bostezar. Llevo tres días comiendo sopitas, papillas y purés.
- Traía yo esta mañana un puré de patatas más rico que hice anoche, y se debe haber cortado la leche porque al ir a abrirlo echaba un pestazo que tiraba de espaldas. Y a ver qué como yo hoy con la boca hecha una pena.
- Ifo pilla una gripe de mil pares que me tiene toda la noche sin dormir. Y yo ya empiezo a notar los síntomas, por lo que deduzco que estaré al caer.
- Mi suegra tendrá que pasar por quirófano la semana que viene por un achaque que hace un mes ni sabíamos que tenía.
- Tenemos una bronca muy muy muy gorda. Nos decimos cosas muy desagradables el uno al otro. Yo me comporto como una niña que necesita ser protegida y rescatada de un peligro inexistente. Durante unas horas, la boda pende de un hilo, y para ser sincera aún hoy la incertidumbre me ahoga y me paraliza. Veremos.
- Estoy sin un duro, y solo estamos a día 7, y cabreada como una mona por haber descontrolado tanto estas fiestas y no haber sabido frenar a tiempo.
- Y encima, este puñetero corte de pelo, por el que la peluquera se merece 5 años de inhabilitación profesional como mínimo.
Vamos, que estoy hasta el último pelo del moño del año nuevo y todas las mandangas que trae consigo.
Pero en fin, y aquí seguimos, al pie del cañón, ¿qué se le va a hacer?
En esta entrada hablo de: amor, boda, cabreo, convivencia, discusión, familia, hermanos, idiotas, Ifoxe, mala suerte, suegra, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Si tener una bronca me deja chafada y triste, tener una bronca completamente estúpida, de esas que ni siquiera llegan a la categoría de bronca sino más bien de mal rollo general y estar de morros, por un tema absurdo como salir del trabajo más tarde de la cuenta y no llegar a tiempo para comer juntos, aderezado con malentendidos que solo a una mente retorcida se le ocurrirían, como por ejemplo que todo estaba pensado desde un primer momento para estar sola sin tener que admitirlo abiertamente… cuando la bronca alcanza este nivel, ya no es que me quede triste y abatida: es que me hacen sentir enferma y cansada, se me quitan las ganas de hacer nada, de intentar nada, me quedo con la amarga sensación de que todo es inútil, de que no vale la pena esforzarme en intentar arreglarlo porque es todo tan absurdo que no hay por dónde cojerlo.
Mejor dejarlo estar. No tengo ganas de insistir, y si lo hago, me parece que me voy a poner de más mala leche todavía. Ya se le pasará. Supongo.
—–
P. S. : Lo peor de todo es que creo que hay algo más, algo que él no me ha dicho pero intuyo que tiene que ver con los celos. Unos celos que, por otro lado, no tienen ninguna razón de ser, pero hacérselo entender es otra historia.
En esta entrada hablo de: amor, cabreo, celos, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Todas las parejas discuten de vez en cuando. Si alguna pareja no discute nunca, solo puede ser porque siempre ceden sin cuestionarse nada. No sé cómo se lo montarán, si en plan “la última vez cedí yo, ahora te toca a tí“, o si siempre cede uno de los miembros de la pareja, ni tampoco sé cuanto tiempo se pueden mantener estas situaciones. En cualquier caso, yo no conozco a ninguna que pueda decir que NUNCA ha tenido una discusión más o menos sonada.
Yo creo que estas discusiones, si se enfocan bien y desde el respeto mútuo, fortalecen a la pareja, nos ayudan a conocernos el uno al otro, a apreciar nuestras diferencias, a saber identificar lo que al otro le saca de quicio…
Pero hay momentos en los que todo se junta y se amontona, y las situaciones conflictivas se disparan:
- los nervios por el nuevo piso, las prisas para tenerlo todo organizado para cuando llegue el día de la mudanza, los precios y los plazos en las tiendas de muebles, buscar los muebles perfectos que nos gusten a los dos y que nos podamos pagar, patearnos tiendas y tiendas de muebles y no solo IKEA, comparar precios y condiciones, cansancio, agotamiento físico y mental…
- Cuando uno de los dos cree que le está poniendo mucha ilusión y no es correspondido con la misma ilusión por parte de su pareja, y en lugar de eso cree que le está forzando y que va demasiado acelerada para el ritmo que a él le gustaría…
- Mi síndrome premenstrual, el hecho de estar más sensible de lo normal, que me afecte más de la cuenta el hecho de no notarle todo lo ilusionado que a mí me gustaría, que me diga que me voy a tener que portar muy bien con él para que me acompañe a mirar tiendas de muebles, como si fuese únicamente cosa mía, aunque lo diga en broma…
- Y a todo eso añádele una situación que a él no le hace ninguna gracia pero que ya se venía larvando desde hace tiempo y los dos sabíamos que tarde o temprano pasaría, celos…
Y todo esto, junto y el mismo día. La crisis está servida y explota por una tontería, que encima nada tiene que ver, en el momento más inoportuno. Cuando uno piensa: ¡Joder!, ¿por qué me complica la vida? y el otro piensa ¡Joder!, ¿por qué no me escucha? Y ya la tienes liada.
A él le asusta que discutamos, porque cree que en cada discusión me pierde un poquito, nos alejamos un poquito más. Yo creo todo lo contrario, que en cada discusión le conozco un poquito mejor, nos acercamos un poquito más. Pero eso no quita para que me quede un regusto desagradable cuando discutimos, ni que me coja un bajón espectacular cuando necesito que me abrace y él me suelta que _los dos_ tenemos los mismos defectos… ¡Pues vaya consuelo!
Lo que yo necesito es que me acompañes, que seas mi compañero, que estés a la altura de lo que espero de tí en una situación como la que estamos pasando. Que tires adelante conmigo, con la misma ilusión que le pongo yo a nuestro recién estrenado status de “pareja de techo” con todos los papeles, a nuestros planes de futuro. Que si te hace la misma ilusión que a mí, me lo demuestres, en lugar de hacerme sentir como si te estuviera presionando para hacer algo que no quieres y que te tengo que compensar por el esfuerzo que te supone. Porque es muy frustrante, me quita las ganas y la ilusión. Y eso es mucho más peligroso que tener una discusión de vez en cuando como cualquier pareja normal.

En esta entrada hablo de: amor, celos, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
En todas las historias, siempre hay al menos dos versiones. Yo ayer dí la mía, y para ser ecuánimes, ahora le toca a él dar la suya, ya que de lo contrario no estaría siendo justa con él. Y lo cierto es que ayer no fui justa con él. Me centré exclusivamente en como me sentía yo sin tomar en consideración contexto, motivos y, llamémosle, circunstancias atenuantes. Y hay de todo. Tiene razón en que no fui nada justa con él, una vez más volví a comportarme como una niña mimada y egoísta, sin tener en cuenta sus sentimientos. Este post es un mea culpa y un intento de desagravio, si es que puedo…
Para empezar, como os comenté, debo hacer hincapié en que fue el primer fin de semana que nos quedamos en casa para que él pudiera jugar, que ha estado desconectado mogollón de tiempo de sus amigos y de su hobby preferido y en ningún momento se ha quejado. He sido yo la que, a las primeras de cambio, ya se está quejando. Como os comenté,
Este ha sido el primer fin de semana que nos lo pasamos así, y el domingo por la noche quise poner las cartas boca arriba.
Un solo fin de semana, hasta ahora no habíamos tenido ningún tipo de problema por esto, y para un fin de semana que a él le apetece quedarse, me pongo hecha una fiera. No tenía derecho a quejarme como me quejé, porque nunca me ha puesto pegas para ir a ningún sitio ni para salir cuando a mí me ha apetecido. He sido yo quien se ha puesto excesivamente a la defensiva sin motivo alguno.
Por otro lado, no valoré como se merecía el esfuerzo que él hizo cuando salimos por la tarde de compras. Fuimos al Baricentro y al Ikea, nos pasamos varias horas caminando, sobre todo en Ikea que siempre he dicho que es como un laberinto para hamsters, en el que te hacen recorrerte toda la tienda aunque solamente queríamos comprar (perdón: aunque me empeñé en que quería comprar) una especie de funda para colgar en el sofá donde tener guardados todos los mandos a distancia, en lugar de tenerlos desperdigados por toda la casa. Al final cayó también un nuevo puff y un felpudo con la famosa inscripción “Bienvenidos a la República Independiente de mi casa” (en catalán!). No falla, precisamente para eso te hacen recorrerte toda la tienda. En fin, él seguía todavía con las piernas doloridas por la quemada que aún no ha acabado de curar del todo, y a pesar del dolor de las piernas no se quejó en toda la tarde y me siguió sin rechistar.
Claro que me dijo que iba a ser difícil. Es que no le entraba en la cabeza que para un fin de semana que a él le apetecía quedarse jugando, y encima con el dolor de piernas que tenía que no le apetecía para nada salir, yo me pusiera a protestar como lo hice.
Yo me sentí bastante sola durante todo el día, es cierto, pero también lo es que él estuvo pendiente de mí. Yo le necesitaba más cerca, pero él desconectó cuando se lo pedí y cumplió cuando se comprometió a hacerlo. El hecho de que me sintiera tan sola creo, mirando en perspectiva y con cierta objetividad, se debió más a mi propio estado de ánimo (premenstrual, y lo tonta que me pongo en esos días*) que a su actitud en realidad.
En fin, que todas las historias tienen al menos dos versiones, como dos caras tienen las monedas. Y que me arrepiento muchísimo de haberme dejado llevar por la rabia y el ombliguismo con todo lo que dije ayer, sin mirar a mi alrededor y sin prestarle la más mínima atención a lo que él sentía. Lo siento, lo siento muchísimo.
* Sí, ya sé que como excusa es patética, pero es cierto que me pongo tontísima e inaguantable los días antes de tener la regla…
En esta entrada hablo de: amor, celos, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Ahora que ya me estaba acostumbrando a sus celos, va y se retuerce sobre sí mismo y se pone en plan pasota. Me desconcierta y me deja para el arrastre.
Ayer le necesitaba más que nunca, estaba de bajón y le necesitaba cerca, pendiente de mí, mimándome, abrazándome, besándome… Como había sido hasta hace poco. Pero no estuvo tan cerca como yo necesitaba, y eso me puso todavía más triste. Con ese panorama, el día no podía acabar bien, y acabamos durmiendo cada uno a un lado de la cama.
Creo que mi petición es bastante razonable, que no nos quedemos TODOS los fines de semana encerrados en casa, que de vez en cuando salgamos por ahí, a cenar, al cine, a tomar algo… lo que sea. Pero me dijo que será difícil y se puso a la defensiva. No pido tanto, solo un fin de semana al mes, o así.
Ya me habían advertido tanto él como sus amigos que convivir con un jugador de juegos on-line es complicado, que se crean auténticas comunidades virtuales, que la competitividad es máxima, las pruebas son complicadas, las misiones son auténticos retos y llegan a enganchar, pasándose horas y horas frente al ordenador, conectado con sus amigos, luchando contra las hordas enemigas… Bueno, en fin, un mundo.
Lo que no me esperaba es que ese hobby conlleve pasarnos TODOS los fines de semana encerrados en casa, él frente al ordenador y yo espachurrada en el sofá zapeando… No es plan. Este ha sido el primer fin de semana que nos lo pasamos así, y el domingo por la noche quise poner las cartas boca arriba.
Esto no va a ser así siempre, ¿verdad? Saldremos de vez en cuando, ¿no? Yo no me voy a oponer, ni te voy a apartar de tus amigos, ni te voy a prohibir que tengas tu hobby, pero esto de quedarnos TODOS los fines de semana encerrados en casa, como que va a ser que no…
Y su respuesta me puso los pelos de punta: va a ser difícil… Y toda una serie de rodeos casi incomprensibles para mí. Y nos fuimos a la cama sin conseguir llegar a un acuerdo, aunque creo que se lo estaba poniendo bastante fácil: no pido tanto, solo de vez en cuando, pongamos un fin de semana al mes… Nada, no quiso llegar ni siquiera a un acuerdo de mínimos. Esto pinta peor que las negociaciones sobre Constitución Europea… Seguir leyendo… »
En esta entrada hablo de: Amigos, amor, celos, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Hasta hace relativamente poco tiempo, siempre tuve como máxima en el sexo que NUNCA nunca nunca haría nada que no me gustase o apeteciese. Pero desde hace unos meses he renunciado a esta máxima, y he hecho o he intentado hacer cosas que no me gustan, que me resultan desagradables o incluso dolorosas, para satisfacer a mi pareja. Pero, para mí, el sexo así no es divertido, sino todo lo contrario.
He sentido dolor, he hecho cosas que para mí eran desagradables… Y cuando me puse enferma creo que fue la gota que colmó el vaso. A partir de aquel momento, todo cambió, y mi actitud también. Desde aquel momento, el miedo puede conmigo, se ha hecho una gran bola en mi interior que crece cada día que pasa y me bloquea, y nuestra forma de encararlo está complicando aún más el asunto.
Ahora todo esto me está pasando factura emocionalmente y está afectando a nuestra relación de pareja. La semana pasada se lo confesé, le dije lo que no me gustaba, y que me había estado esforzando pero no puedo, y eso nos deja frustrados a los dos. El resultado ha sido peor de lo esperado: los dos estamos tocados emocionalmente, con la sensación de haberle fallado al otro, y sin saber cómo arreglarlo.
Ayer tampoco pude hacer el amor con él, volví a bloquearme. No me sentía preparada, no me apetecía (algo que él no puede entender, ¿cómo puede ser que no me apetezca hacer el amor con la persona que amo, fundirnos en uno y tocar el cielo con los dedos? Incomprensible), estaba cansada, y el hecho de que los dos (pero él mucho más que yo) estuviéramos quemados por el sol no ayudaba a aumentar mi líbido precisamente. Y la presión me superó. No pude continuar. Cuando me penetró me bloqueé, todo mi cuerpo se puso rígido y en tensión, y tuve que hacerle parar. No pude. Que crea que le he engañado o que me estoy desenamorando de él no ayudan precisamente a que me sienta mejor y a recuperar mi confianza perdida.
Yo no soy como esas chicas con las que él ha estado antes, y nunca lo seré. Tampoco quiero serlo. Me he esforzado por darle lo que quiere, lo que a él le gusta, pero no puedo, así no puedo. Él no está acostumbrado a encontrar a una princesita bajo las sábanas, y yo no sé comportarme de otra manera. No puedo, no me sale, no soy así, no me gusta.
Las alternativas son: o sexo aburrido y monótono para su gusto, o sexo frustrante y desagradable para el mío. Eso, en el caso de que lleguemos a ponernos de acuerdo y el amor no se nos rompa antes.
Maldita trinchera.
En esta entrada hablo de: amor, convivencia, discusión, Ifoxe, sexo, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
A veces me comporto como una niña malcriada y consentida a quien se lo han perdonado siempre todo. No importa lo que haga, no importa que meta la pata hasta el cuello, porque siempre me lo van a perdonar todo, sea lo que sea. Y me comporto de manera irresponsable y egoísta, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás.
Ayer volvió a ocurrir. No, mejor dicho: ayer lo volví a hacer.
Ayer, por primera vez desde hace días, él estaba animado, se sentía mejor, parecía que los unos tibios rayos de sol podrían abrirse paso entre los nubarrones… Y metí la pata otra vez. Aún no me explico cómo, pero el tiempo me pasó volando, me olvidé de todo lo que tenía a mi alrededor, estuve una hora trasteando con mi juguete nuevo (desesperada porque las estadísticas siguen sin funcionar, y porque he perdido las fotos del blog antiguo por toquetear lo que no debe, aunque espero poderlas recuperar en unos días).
No sirve de excusa decir que, por primera vez desde el momento en que hablé para decir lo que debería haber callado y aguantado yo solita (en lugar de cargarle el marrón a él), estaba relajada y podía pensar en otra cosa que no fuese lo mal que me he sentido desde ese día; que por primera vez en tres días podía aflojar el hilo de mis nervios que me mantenía en tensión constante y a la espectativa. Ví una sonrisa en sus labios dibujada durante toda la tarde, que se mantenía cuando llegamos a casa, y me quedé tranquila. Y a lo mío. Y a volver a cagarla, que también es lo mío. Si es que parece que no aprendo.
No me extraña que él tenga la sensación de que paso de él, y de que voy a la mía. Le quiero con locura, y sin embargo él tiene la sensación de que no me importa, de que no me preocupo de cuidarle lo suficiente. Y a veces tiene razón, voy tanto a mi bola que desconecto del mundo real. Y le hago daño. Una frase que me dijo anoche se me clavó como un aguijón: “no pasan ni 10 minutos sin que piense en tí… yo sí que estoy enamorado.” Yo también pienso en tí, te llevo en mi corazón, en mi mente y en mi piel. Pero con pensar en tí no es suficiente.
Si sigo así, se va a acabar hartando de mí, me va a acabar dejando por imposible. Y por imbécil. Porque con amar solo no es suficiente, si no le demuestras que le amas, si no se nota en las pequeñas cosas, en el día a día, en esos gestos como el de anoche en los que él espera que reaccione de una manera y yo actúo justo haciendo la contraria. O reacciono de una puñetera vez o te pierdo.
En esta entrada hablo de: amor, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
Ayer tuvimos la enganchada más gorda de las (pocas) que hemos tenido hasta ahora. Todo acabó bien, aunque como en cada bronca, las dos partes se dejan unos cuantos pelos en la gatera (y, en esta ocasión además una de las partes acabó con una resaca monumental después de zascarse casi una botella entera de Malibú a palo seco en menos de dos horas…
A veces parece increíble como una serie de malentendidos y de coincidencias pueden llevar a una situación tan absurda por un lado y tan desagradable por otro…
Después de creer que estaba a punto de perderme, tengo la sensación de que ahora sus “Te Quiero” tienen una intensidad desconocida hasta ahora. Creyó haber metido la pata hasta el fondo (y no negaré que de verdad me cabreé mucho), y casi se vuelve loco de celos al pensar que me había refugiado en los brazos de otro por su estupidez. Cuando llegué a casa, se me partió el corazón al verle destrozado emocionalmente. Yo estaba cabreada, pero él estaba deshecho. Diox, solo quería abrazarle, calmarle, mimarle, quererle…
No obstante, el hecho simplemente de que podamos llegar a situaciones tan peligrosas para nuestra relación deben llevarnos a reflexionar sobre los motivos últimos que nos ponen al límite, más allá de los que nos han llevado a esta situación en concreto. No quiero que vuelva a suceder, no quiero perderle, no quiero que sufra, no quiero sufrir. No si puedo evitarlo.
Sé que todo es inseguridad, aún no le entra en la cabeza que pueda quererle, y cuando duda, se tambalea. Y hace que todo se tambalee a su alrededor.
Pues se te va a tener que meter en la cabeza, Carinyu: TE QUIERO,
estoy contigo porque te quiero y en mi vida no hay otro hombre que no seas tú.
En esta entrada hablo de: amor, celos, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
¿Cuantas veces tiende una a pensar:
“estoy harta, no aguanto más“, pero acaba cediendo
antes de explotar definitivamente?
¿Cual es el número límite de veces
que una piensa que está harta pero cede,
antes de explotar definitivamente?
¿Cual será la gota que colme el vaso?
¿Se puede predecir la llegada de ese momento? Y, ya puestos, ¿se puede evitar?
Supongo que es algo así como preguntar “Si los perros dan vueltas antes de dormir, ¿cuantas vueltas dan antes de quedarse dormidos?“. Más o menos.
¿Dónde está el límite? ¿Cuanto aguante tiene una mujer enamorada? ¿Cómo se mide eso? ¿En días, en años, en kilos, en desplantes? ¿Depende de la paciencia de cada una, o del nivel de, llamémosle, estress, al que se ve sometida?
Lo que sé es que hay veces que siento que estoy hasta las narices y no es la primera vez que me siento así. Inmediatamente después me acobardo de mí misma y de mi propia vehemencia, y me echo atrás. Retrocedo, negocio, pacto, lucho… y me dejo unos cuantos pelos en cada contienda.
Pero la diferencia esta ves es que hoy ni siquiera tengo ganas de hablar y resolverlo, me siento cansada y aburrida, y eso no puede deparar nada bueno.
Veremos qué pasa, porque no quiero que termine pero tampoco quiero vivir así.
En esta entrada hablo de: amor, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
| |
|
|
|
|
|
|
|
El miércoles por la noche tuve una pesadilla. Soñé que me dejabas: me decías que ya no podías más y que tú necesitas algo que yo no puedo darte. Todo estaba a oscuras, no te atrevías ni a mirarme a la cara. Me desperté abrazada a tí, llorando y gritando que no esperaras a que fuese de día, que te marcharas ahora, que no me dieras falsas esperanzas pasando la noche conmigo para marcharte por la mañana cuando yo no esté, saliendo a escondidas de mi vida… Cuando las lágrimas me permitieron ver a mi alrededor, tú estabas llorando también, me abrazabas con fuerza y gritabas mi nombre…
Todo pasó muy rápido. Fue incríblemente real. Tanto que no volverá a suceder. Los dos sabemos que ese sueño no se puede volver a repetir. Es demasiado importante para ambos.
Me costó volver a dormirme, y por la mañana, de camino a la estación, notaba que me faltaban las fuerzas incluso para caminar. Mis pies trataban de arrastrar al resto de mi cuerpo, que les seguía como un alma en pena.
Esta noche he vuelto a gritar en sueños. Creo que te he dicho algo así como que te marcharas, pero no recuerdo nada de lo que he soñado. Esta mañana tenías la carita triste, y me has dicho que he gritado mientras dormía. Por tu expresión, he deducido que anoche, mientras dormía, debí decir algo que no tocaba… Parece ser que te he dicho que te marcharas, o algo así, pero no recuerdo ni el sueño ni lo que decía.
No quiero perderte, pero la pesadilla del miércoles aún me duele demasiado. Mi corazón se rompió en mil trocitos que se desparramaron por toda la habitación, y en mi pecho quedó un agujero por donde se coló el frío de la noche. Maduramos. Aprendemos. Caemos y nos volvemos a levantar.
En esta entrada hablo de: amor, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
En capítulos anteriores...
|
|
|
|
Página 1 de 11
|
|