Si pretendemos tener conversaciones trascendentales mientras nos duchamos juntos, el resultado solo puede ser absurdo.
ÉL: - Mañana tengo que volver a trabajar, ¡no quiero! (le daban el alta después de más de una semana de baja por el asunto de la quemadura)
YO: - Ya, carinyu, si en casa se está muy bien de medio vacaciones, pero de algo tendremos que vivir…
ÉL: - ¿Por qué no ganas el suficiente dinero como para que yo me quede en casa? ¡Yo quiero ser la mujer en esta relación! (obvia decir que “la mujer” en esta relación, que soy yo, no se queda en casa precisamente…
YO: - ¿Quieres trabajar más horas, ganar menos, y encargarte de la casa y de los niños? (y no añado además tener la regla, quedarte preñado, parir… mientras yo me quedo en el sofá haciendo zaping. Eso me lo cayo no sea que cambie de idea, que igual hasta salgo ganando con el cambio)
ÉL: - Ya trabajo más horas y gano menos, y durante estos días me he encargado de la casa… bueno, un poco.
YO: - Vale, ya solo te falta encargarte de los niños. Vas por buen camino.
ÉL: - Pero lo que yo quiero es quedarme en casa, no tener que trabajar y que tú me mantengas…
YO: - Carinyu, entonces tú no quieres ser la mujer en esta relación, ¡tú quieres ser “la querida”!
plofff.
En esta entrada hablo de: amor, convivencia, dinero, familia, feminismo, hijos, Ifoxe, mujer, Sociedad, trabajo
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