Cada vez que me das un disgusto, ya no lloro, pero me compro un pijama. Cariño, vas a ser mi ruina.
Si no fuera porque me desvelaste y no me pude volver a dormir en dos horas, pensaría que lo de anoche lo soñé. Y es que sólo a tí se te ocurre llamar a ciertas horas… Las 6 de la mañana, las 12 de la noche… A esas horas, las personas decentes y responsables, y las marmotas como yo, estamos durmiendo, querido.
No me enfado contigo, pero que sepas que te lo montas fatal. Me enfado conmigo misma, porque no soy quien para dar lecciones. Como estratega, no valgo un duro. Si le contara a Sun Tzu mi peripecia, me daría de collejas hasta que se le cansara la mano. “¿Es que no te he enseñado nada?”. El Arte de la Guerra, máxima namber guan:
- Si no es ventajoso, no actúes
- Si no hay peligro, no presentes batalla
¿Y qué hago yo? Pues todo lo contrario, con un par. Y es que los celos me nublaron la visión. Aún no sé porqué dije lo que dije, me la jugué y metí la pata. Y ahora no hay forma de echarme atrás. Este puente me la juego. Deseadme suerte. Respirar hondo, valor, y al toro…
En esta entrada hablo de: celos, decepción, dudas, golfo, ligues
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