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Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que pertenece al señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
En esta entrada hablo de: amor, blogs, cabreo, celos, convivencia, familia, feminismo, idiotas, Ifoxe, independencia, luna de miel, matrimonio, mi madre, mujer, Sociedad
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Le leí en el blog de Jessika, y después me encontré con un post similar en Semilla en la tierra. Ambos hablaban sobre los celos, y sobre invadir la intimidad de tu pareja: leerle los mensajes del móvil cuando tu novio no está presente, entrar en su cuenta de correo o fisgonear en su cartera. Ambos admitían haberlo hecho.
Ifo me preguntó abiertamente si yo alguna vez le había leído el correo electrónico. Mi repuesta fue rotunda:
NO, nunca lo he hecho.
No se lo creyó. No entré en matices con él, aunque lo pensé: No descarto que lo haga algún día, llevada por un impulso irracional de celos; y quizá influya en que nunca le haya mirado el correo el hecho de que tenga una contraseña difícil de recordar, con lo que ya tendría que pensármelo dos veces y él podría alegar premeditación y alevosía, y además el saber que en su bandeja de entrada hay más de 400 e-mails sin leer de boletines a los que está suscrito, que ni lee ni borra, ¡uf, qué pereza!
Tampoco le he leído nunca los mensajes del móvil a escondidas. Alguna vez le he cogido el teléfono y me he puesto a cotillear en su agenda y en sus mensajes, pero siempre delante de él, y si alguna cosa me ha chocado, le he preguntado abiertamente
Y esta tal XXXXX, ¿quien es?
Y punto. Ni me avergüenzo ni me escondo. ¿Por qué? Si tiene algo que esconder, debería ser él quien se escondiera y se avergonzara de ello, no yo, ¿no crees?
Y tú, ¿alguna vez has leído el correo, los mensajes del móvil o has fisgoneado la cartera de tu pareja? ¿Y tu pareja te lo ha hecho a tí alguna vez?
En esta entrada hablo de: amor, celos, Ifoxe
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Si tener una bronca me deja chafada y triste, tener una bronca completamente estúpida, de esas que ni siquiera llegan a la categoría de bronca sino más bien de mal rollo general y estar de morros, por un tema absurdo como salir del trabajo más tarde de la cuenta y no llegar a tiempo para comer juntos, aderezado con malentendidos que solo a una mente retorcida se le ocurrirían, como por ejemplo que todo estaba pensado desde un primer momento para estar sola sin tener que admitirlo abiertamente… cuando la bronca alcanza este nivel, ya no es que me quede triste y abatida: es que me hacen sentir enferma y cansada, se me quitan las ganas de hacer nada, de intentar nada, me quedo con la amarga sensación de que todo es inútil, de que no vale la pena esforzarme en intentar arreglarlo porque es todo tan absurdo que no hay por dónde cojerlo.
Mejor dejarlo estar. No tengo ganas de insistir, y si lo hago, me parece que me voy a poner de más mala leche todavía. Ya se le pasará. Supongo.
—–
P. S. : Lo peor de todo es que creo que hay algo más, algo que él no me ha dicho pero intuyo que tiene que ver con los celos. Unos celos que, por otro lado, no tienen ninguna razón de ser, pero hacérselo entender es otra historia.
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Todas las parejas discuten de vez en cuando. Si alguna pareja no discute nunca, solo puede ser porque siempre ceden sin cuestionarse nada. No sé cómo se lo montarán, si en plan “la última vez cedí yo, ahora te toca a tí“, o si siempre cede uno de los miembros de la pareja, ni tampoco sé cuanto tiempo se pueden mantener estas situaciones. En cualquier caso, yo no conozco a ninguna que pueda decir que NUNCA ha tenido una discusión más o menos sonada.
Yo creo que estas discusiones, si se enfocan bien y desde el respeto mútuo, fortalecen a la pareja, nos ayudan a conocernos el uno al otro, a apreciar nuestras diferencias, a saber identificar lo que al otro le saca de quicio…
Pero hay momentos en los que todo se junta y se amontona, y las situaciones conflictivas se disparan:
- los nervios por el nuevo piso, las prisas para tenerlo todo organizado para cuando llegue el día de la mudanza, los precios y los plazos en las tiendas de muebles, buscar los muebles perfectos que nos gusten a los dos y que nos podamos pagar, patearnos tiendas y tiendas de muebles y no solo IKEA, comparar precios y condiciones, cansancio, agotamiento físico y mental…
- Cuando uno de los dos cree que le está poniendo mucha ilusión y no es correspondido con la misma ilusión por parte de su pareja, y en lugar de eso cree que le está forzando y que va demasiado acelerada para el ritmo que a él le gustaría…
- Mi síndrome premenstrual, el hecho de estar más sensible de lo normal, que me afecte más de la cuenta el hecho de no notarle todo lo ilusionado que a mí me gustaría, que me diga que me voy a tener que portar muy bien con él para que me acompañe a mirar tiendas de muebles, como si fuese únicamente cosa mía, aunque lo diga en broma…
- Y a todo eso añádele una situación que a él no le hace ninguna gracia pero que ya se venía larvando desde hace tiempo y los dos sabíamos que tarde o temprano pasaría, celos…
Y todo esto, junto y el mismo día. La crisis está servida y explota por una tontería, que encima nada tiene que ver, en el momento más inoportuno. Cuando uno piensa: ¡Joder!, ¿por qué me complica la vida? y el otro piensa ¡Joder!, ¿por qué no me escucha? Y ya la tienes liada.
A él le asusta que discutamos, porque cree que en cada discusión me pierde un poquito, nos alejamos un poquito más. Yo creo todo lo contrario, que en cada discusión le conozco un poquito mejor, nos acercamos un poquito más. Pero eso no quita para que me quede un regusto desagradable cuando discutimos, ni que me coja un bajón espectacular cuando necesito que me abrace y él me suelta que _los dos_ tenemos los mismos defectos… ¡Pues vaya consuelo!
Lo que yo necesito es que me acompañes, que seas mi compañero, que estés a la altura de lo que espero de tí en una situación como la que estamos pasando. Que tires adelante conmigo, con la misma ilusión que le pongo yo a nuestro recién estrenado status de “pareja de techo” con todos los papeles, a nuestros planes de futuro. Que si te hace la misma ilusión que a mí, me lo demuestres, en lugar de hacerme sentir como si te estuviera presionando para hacer algo que no quieres y que te tengo que compensar por el esfuerzo que te supone. Porque es muy frustrante, me quita las ganas y la ilusión. Y eso es mucho más peligroso que tener una discusión de vez en cuando como cualquier pareja normal.

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En todas las historias, siempre hay al menos dos versiones. Yo ayer dí la mía, y para ser ecuánimes, ahora le toca a él dar la suya, ya que de lo contrario no estaría siendo justa con él. Y lo cierto es que ayer no fui justa con él. Me centré exclusivamente en como me sentía yo sin tomar en consideración contexto, motivos y, llamémosle, circunstancias atenuantes. Y hay de todo. Tiene razón en que no fui nada justa con él, una vez más volví a comportarme como una niña mimada y egoísta, sin tener en cuenta sus sentimientos. Este post es un mea culpa y un intento de desagravio, si es que puedo…
Para empezar, como os comenté, debo hacer hincapié en que fue el primer fin de semana que nos quedamos en casa para que él pudiera jugar, que ha estado desconectado mogollón de tiempo de sus amigos y de su hobby preferido y en ningún momento se ha quejado. He sido yo la que, a las primeras de cambio, ya se está quejando. Como os comenté,
Este ha sido el primer fin de semana que nos lo pasamos así, y el domingo por la noche quise poner las cartas boca arriba.
Un solo fin de semana, hasta ahora no habíamos tenido ningún tipo de problema por esto, y para un fin de semana que a él le apetece quedarse, me pongo hecha una fiera. No tenía derecho a quejarme como me quejé, porque nunca me ha puesto pegas para ir a ningún sitio ni para salir cuando a mí me ha apetecido. He sido yo quien se ha puesto excesivamente a la defensiva sin motivo alguno.
Por otro lado, no valoré como se merecía el esfuerzo que él hizo cuando salimos por la tarde de compras. Fuimos al Baricentro y al Ikea, nos pasamos varias horas caminando, sobre todo en Ikea que siempre he dicho que es como un laberinto para hamsters, en el que te hacen recorrerte toda la tienda aunque solamente queríamos comprar (perdón: aunque me empeñé en que quería comprar) una especie de funda para colgar en el sofá donde tener guardados todos los mandos a distancia, en lugar de tenerlos desperdigados por toda la casa. Al final cayó también un nuevo puff y un felpudo con la famosa inscripción “Bienvenidos a la República Independiente de mi casa” (en catalán!). No falla, precisamente para eso te hacen recorrerte toda la tienda. En fin, él seguía todavía con las piernas doloridas por la quemada que aún no ha acabado de curar del todo, y a pesar del dolor de las piernas no se quejó en toda la tarde y me siguió sin rechistar.
Claro que me dijo que iba a ser difícil. Es que no le entraba en la cabeza que para un fin de semana que a él le apetecía quedarse jugando, y encima con el dolor de piernas que tenía que no le apetecía para nada salir, yo me pusiera a protestar como lo hice.
Yo me sentí bastante sola durante todo el día, es cierto, pero también lo es que él estuvo pendiente de mí. Yo le necesitaba más cerca, pero él desconectó cuando se lo pedí y cumplió cuando se comprometió a hacerlo. El hecho de que me sintiera tan sola creo, mirando en perspectiva y con cierta objetividad, se debió más a mi propio estado de ánimo (premenstrual, y lo tonta que me pongo en esos días*) que a su actitud en realidad.
En fin, que todas las historias tienen al menos dos versiones, como dos caras tienen las monedas. Y que me arrepiento muchísimo de haberme dejado llevar por la rabia y el ombliguismo con todo lo que dije ayer, sin mirar a mi alrededor y sin prestarle la más mínima atención a lo que él sentía. Lo siento, lo siento muchísimo.
* Sí, ya sé que como excusa es patética, pero es cierto que me pongo tontísima e inaguantable los días antes de tener la regla…
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Ahora que ya me estaba acostumbrando a sus celos, va y se retuerce sobre sí mismo y se pone en plan pasota. Me desconcierta y me deja para el arrastre.
Ayer le necesitaba más que nunca, estaba de bajón y le necesitaba cerca, pendiente de mí, mimándome, abrazándome, besándome… Como había sido hasta hace poco. Pero no estuvo tan cerca como yo necesitaba, y eso me puso todavía más triste. Con ese panorama, el día no podía acabar bien, y acabamos durmiendo cada uno a un lado de la cama.
Creo que mi petición es bastante razonable, que no nos quedemos TODOS los fines de semana encerrados en casa, que de vez en cuando salgamos por ahí, a cenar, al cine, a tomar algo… lo que sea. Pero me dijo que será difícil y se puso a la defensiva. No pido tanto, solo un fin de semana al mes, o así.
Ya me habían advertido tanto él como sus amigos que convivir con un jugador de juegos on-line es complicado, que se crean auténticas comunidades virtuales, que la competitividad es máxima, las pruebas son complicadas, las misiones son auténticos retos y llegan a enganchar, pasándose horas y horas frente al ordenador, conectado con sus amigos, luchando contra las hordas enemigas… Bueno, en fin, un mundo.
Lo que no me esperaba es que ese hobby conlleve pasarnos TODOS los fines de semana encerrados en casa, él frente al ordenador y yo espachurrada en el sofá zapeando… No es plan. Este ha sido el primer fin de semana que nos lo pasamos así, y el domingo por la noche quise poner las cartas boca arriba.
Esto no va a ser así siempre, ¿verdad? Saldremos de vez en cuando, ¿no? Yo no me voy a oponer, ni te voy a apartar de tus amigos, ni te voy a prohibir que tengas tu hobby, pero esto de quedarnos TODOS los fines de semana encerrados en casa, como que va a ser que no…
Y su respuesta me puso los pelos de punta: va a ser difícil… Y toda una serie de rodeos casi incomprensibles para mí. Y nos fuimos a la cama sin conseguir llegar a un acuerdo, aunque creo que se lo estaba poniendo bastante fácil: no pido tanto, solo de vez en cuando, pongamos un fin de semana al mes… Nada, no quiso llegar ni siquiera a un acuerdo de mínimos. Esto pinta peor que las negociaciones sobre Constitución Europea… Seguir leyendo… »
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Hay momentos en los que estoy de bajón, y si entonces escucho una canción que me trae recuerdos, con la que me identifico, que me recuerda algo que he vivido… No puedo evitar emocionarme, se me pone un nudo en la garganta y a veces incluso se me llenan los ojos de lágrimas
Aunque estas canciones suelen dejarme el corazoncito en un estado lamentable, cuando alguna da conmigo, le pongo el repeat al mp3 y escucho esa letra que me emociona una y otra vez y, si estoy en la intimidad, llorando a lágrima viva. ¿Será que en el fondo soy un poco masoquista y me encanta sufrir por tonterías? ¡Con lo fácil que sería saltar a la siguiente canción y ahorrarme el mal rato! Pues no: la escucho una y otra vez hasta que me aburro.
Hoy me ha pasado algo parecido con una canción, Quiéreme como te quiero yo) La he escuchado como 5 veces desde la estación hasta la oficina, y me he tenido que aguantar las ganas de llorar para no hacer el ridículo por la calle (no sé si con mucho éxito, la verdad).
Era en su vida oscura la luz de su puerto;
era en su cielo la estrella que más brilló;
era su cara la mas bella flor que un día,
por azares de la vida,
en su caminó tropezó.
Luchó por ella queriéndola con locura,
sintió cómo se le llenaba el corazón,
pensó que nadie podía tener su suerte,
y que el resto de la gente
no conocía el amor.
Quiéreme
como te quiero yo,
lléname
de amor y vida el corazón,
lléname
de amor el alma,
quiéreme
sin paz ni calma,
lléname
de vida el corazón.
Cambió de rumbo con el paso de los años,
se fue apagando de sus ojos la pasión,
y, aunque la seguía queriendo,
su cariño iba perdiendo:
se olvidaba de regar su corazón.
Fue la reina en su palacio de ilusiones
hasta un buen día en que otra estrella
en su universo se cruzó…
Se fue despacio, sin decir media palabra,
y a la reina que adoraba
le dedicó esta canción.
Quiéreme
como te quiero yo,
lléname
de amor y vida el corazón,
lléname
de amor el alma,
quiéreme
sin paz ni calma,
lléname
de vida el corazón.
¿Por qué, si tengo a mi lado al hombre más maravilloso del mundo, que está siempre pendiente de mí y me cuida como una reina, de repente me siento tan sola?
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Ayer tuvimos la enganchada más gorda de las (pocas) que hemos tenido hasta ahora. Todo acabó bien, aunque como en cada bronca, las dos partes se dejan unos cuantos pelos en la gatera (y, en esta ocasión además una de las partes acabó con una resaca monumental después de zascarse casi una botella entera de Malibú a palo seco en menos de dos horas…
A veces parece increíble como una serie de malentendidos y de coincidencias pueden llevar a una situación tan absurda por un lado y tan desagradable por otro…
Después de creer que estaba a punto de perderme, tengo la sensación de que ahora sus “Te Quiero” tienen una intensidad desconocida hasta ahora. Creyó haber metido la pata hasta el fondo (y no negaré que de verdad me cabreé mucho), y casi se vuelve loco de celos al pensar que me había refugiado en los brazos de otro por su estupidez. Cuando llegué a casa, se me partió el corazón al verle destrozado emocionalmente. Yo estaba cabreada, pero él estaba deshecho. Diox, solo quería abrazarle, calmarle, mimarle, quererle…
No obstante, el hecho simplemente de que podamos llegar a situaciones tan peligrosas para nuestra relación deben llevarnos a reflexionar sobre los motivos últimos que nos ponen al límite, más allá de los que nos han llevado a esta situación en concreto. No quiero que vuelva a suceder, no quiero perderle, no quiero que sufra, no quiero sufrir. No si puedo evitarlo.
Sé que todo es inseguridad, aún no le entra en la cabeza que pueda quererle, y cuando duda, se tambalea. Y hace que todo se tambalee a su alrededor.
Pues se te va a tener que meter en la cabeza, Carinyu: TE QUIERO,
estoy contigo porque te quiero y en mi vida no hay otro hombre que no seas tú.
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Hace cosa de un mes os comenté que en el trabajo de mi novio había una chica que no le dejaba en paz, no paraba de tirarle los trastos…
- La buena noticia es que esta tía petarda parece que se ha aburrido y ahora andará buscando nuevas víctimas.
- La mala noticia es que parece ser que esto de tirarle los trastos a mi novio se ha convertido en el deporte preferido de sus compañeras de trabajo, y algunas son tan descaradas que ya me empiezan a tocar un poco los huevos…
Para empezar, una ya empieza a hacerse a la idea de que la comptencia va a ser dura cuando me cuentan que en el comedor de la empresa, durante la primera semana en que empezó a trabajar, el tema único de conversación era ÉL. Pues mira qué bien: unas 50 tías comentando lo bueno que está mi novio, que si vaya fichaje que han hecho, que sí qué bueno que está… Encantador.
Después vienen las insinuaciones al más puro estilo Mata Hari de la recepcionista de la empresa:
-(Ella): ¿Dónde vas hoy a comer?
-(Él): Pues no lo sé. Me apetecía ir a comer al japonés, pero me parece que no voy a ir porque es caro y está muy lejos.
-(Ella): Pues cuando vayas al japonés, avísame y voy a comer contigo.
Mírala, qué mona, ella. ¿Pues no se acaba de auto-invitar a comer con mi novio a un sitio caro y lejos, la tía petarda?
Pero la recepcionista es discreta y todo, comparada con otras más lanzadas aún: En otra ocasión, están varios compañeros fumando en la puerta y hablando de la situación personal de cada uno de ellos. Mi novio explica que él está viviendo conmigo y doña Zorrón le suelta a bocajarro:
- Pues si tu novia te deja, puedes quedarte a dormir en mi casa…
Perdón, ¿cómo dices bonita? Esta se va a llevar una patada en la boca el día que se me ponga a tiro que lo va a flipar en panorámico…
Y así contínuamente. Hasta las narices me tienen las niñatas estas, de verdad.
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Estaba cantado que, antes o después, tenía que pasar.
Cuando, hará cosa de un mes y medio más o menos, envié a hacer puñetas a la golfa de mi jefa y a la macarra de su lugarteniente-trepa, Caramelito solo necesitó un par de días para decirle a la jefa eso de “el curro es tuyo, pero la puerta es mía“, y largarse también por donde había entrado. Después de aquéllo, si recordáis, os comenté que había empezado a trabajar para la empresa que siempre soñé, en el departamento que siempre quise.
Y Caramelito empezó a trabajar de informático en la central de una agencia de viajes. Un curro muy guay, en el que está muy contento, le gusta lo que hace y además no tiene a un jefe cafre encima todo el santo día tocando las narices, tiene total libertad para organizarse el horario como le dé la gana, el equipo es joven y hay muy buen rollo. Sólo tiene un par de pegas:
- La primera, que para plegar a las 6 de la tarde entra a las 9 de la mañana, y la oficina está en una zona VIP de Barcelona, donde apenas llega el transporte público proque allí quien no tiene un BMW se mueve en Mercedes con chófer. El resultado es que tiene que salir de casa a las 7 de la mañana, llega a la oficina cerca de las 8:40, se toma un café en el Starbucks de enfrente, y se pone a currar. Un malo eso de madrugar.
- Y la segunda pega es que hay loba (¿y dónde no las hay?) que le está tirando los trastos descaradamente. Sin cortarse un pelo. Él le ha dicho que tiene novia, pero ella pasa ampliamente, no le importa lo más mínimo. Bueno, quizá sí: su comentario fue exactamente: “oh, qué pena” y siguió a lo suyo. “¿No me esperas esta tarde cuando salga del trabajo?” (ella sale a las 8 de la oficina). Respuesta de él: “No, he quedado con mi novia“. La actitud de ella, hacer como si no se hubiera enterado de lo que le acaban de decir.
Ayer se presentó en el curro con una minifalda escandalosa y una camiseta de color rosa chillón, una ropa que según él iba diciendo a gritos “quiero sexo” (¿O tal vez sería “necesito sexo“… ? En cualquier caso, alucinante, va ta a saco que hasta produce vergüenza ajena) y plantar las tetas encima de la mesa de mi novio para decirle “tengo un problema con mi ordenadoooorrrrr, ¿me ayudaaaaaasssss?“. Esta cualquier día va a tener un accidente, ya lo verás; que se ande con ojo porque si me busca, me va a encontrar.
Supongo que era algo que estaba cantado que acabaría pasando, antes o después tendría que ocurrir. Tengo comprobado que la proporción de lobas por metro cuadrado tiende a ser una constante, y él trabaja en una oficina con unos 150 empleados aproximadamente… Así que sólo me quedan dos opciones:
Opción a) Teletrabajo. Y así me aseguro de que la única loba de la oficina sea YO.
Opción b) Aguantarme, y confiar en él. Aunque esta posibilidad tampoco descarta definitivamente el darle dos hostias a la imbécil esta el día menos pensado.
Pega adicional: que encima la niñata (Caramelito le pone unos 22 o 23 años) que le tira los trastos a mi novio es una protegida: la secretaria personal de una de las jefas o algo así, no lo tengo del todo claro.
La principal desventaja de tener un novio tan guapo es que se convierte en objetivo preferencial de cualquier loba en varios kilómetros a la redonda.
Nota aclaratoria: no estoy celosa, lo que estoy es cabreada. Confío en mi chico y sé que NO se va a liar con esa tía petarda, que él me quiere sólo a mí, que esta imbécil no tiene nada que hacer, que no le interesa para nada y que ya le ha dicho varias veces que él no está disponible. Pero es ella quien insiste y le busca, parece que le divierte buscarle las cosquillas y ponerle en una situación incómoda. Y él no puede mandarla a la mierda por no quedar como un borde como el anterior informático, porque es una compañera de trabajo y porque además es una enteradilla amiwita de la jefa…
Vamos, que no le puede decir algo así como en aquélla canción del primer disco de El Canto del Loco, NO QUIERO NADA:
No te quiero ver más,
te he dicho ya
que me dejes en paz,
que no quedo contigo esta tarde.
Que te largues ya,
que no quiero más,
que te vayas al cine,
que vuelvas jamás
a llamarme.
Si me doy la vuelta,
si me voy pa’tras,
si te digo esto
te parece mal,
si me voy, me piro,
no te quiero ver más.
Me voy corriendo
y miro para atrás,
me sigues de cerca,
quieres espiar,
todo lo que hago
a ti te sienta mal.
(…
Eres un estorbo,
entérate ya.
Creo que es normal
lo que te he dicho ya:
que tu cara espanta,
que te compres un mono
y le cantes.
No me mires mal
que me das igual,
intenta pillar
lo que dicen hoy
estas frases.
Eres lo peor
que me pudo pasar,
eres esa piedra
para tropezar
eres un examen
de retrasado mental.
Treinta mil colonias
te podrás echar
pero para mi
olerás fatal,
ni 3000 vestidos
te podrán tapar…
¿Como de clarito, hay que explicarle las cosas a algunas tías pesadas? Como se lo tenga que decir yo sí que le va a quedar bien claro y va a dejar de molestar la tiparraca esta.
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