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Ago
20
    
Lo escribí el Agosto-20-2008 | (12) comentarios |

A cualquier cosa Ifo le llama situación de crisis… En fin, os cuento: Nos hemos comprado una nevera y un lavavajillas nuevos, la primera porque la vieja estaba a punto de cascar, hacía unas cantidades de hielo espectaculares y me congelaba la comida en vez de simplemente enfriarla, un desastre; y el segundo, porque no resistió la primera mudanza, del piso de mi ex que se quedó mi ex por toda la cara a mi pisito de soltera, lo último que lavó fue la batería de cocina y la cristalería que mi abuela me regaló con mi “ajuar” (lo que me plantea interesantes comparaciones que ahora no me voy a molestar en exponer). Ya tengo lavavajillas nuevo, Querida Enemiga ya no me da envidia.

Antes

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Después

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Aparte de que la nevera nueva es un palmo más baja que el hueco que tenemos en la cocina, lo cual me ha provocado el primer disgusto del día, obviamente hemos tenido que sacar toda la comida de la nevera y del congelador del frigorífico viejo. Además, hemos tenido que esperar tres horas antes de poderlo enchufar y poner en marcha, por aquéllo de no sé qué del gas al venir tumbada. El caso es que, entre una cosa y otra, hemos tenido la cocina empantanada todo el día, y mal que bien nos las hemos apañado para cocinar sopa de pera y pato a la naranja (que dirás, y con la cocina patas arriba, ¿no podías haber cocinado un huevo frito con patatas? ¡Pues no! Puesto a liarla, o se hace a lo grande o no se hace). Una vez puesta en marcha (a eso de las 3 y pico de la tarde), como es obvio, no se ha enfriado de repente sino que necesita unas cuantas horas para que el interior se ponga a la temperatura adecuada.

macadamiaEl resultado de todo lo anterior es que todo lo que teníamos en el congelador y que no cabía en el fregadero se ha descongelado a lo loco (con 30º a la sombra, tú me dirás) y ha empezado a soltar agua a chorro sobre la encimera de la cocina. El problema es que entre las patatas fritas, las varitas de merluza Capitán Pescanova y las pechugas de pollo congeladas habían también dos botes de helado de vainilla y nueces de macadamia, tipo Häagen Dazs pero del Mercadona. Y claro, después de tantas horas cociéndose por el calor, uno de los helados deshizo el cartón con el que está hecho el bote, y empezó a pringar de vainilla todo lo que encontró a su paso.

Para solucionar el desaguisado, le pedí a Ifo que me pasara un vaso lo más rápido que pudiera mientras con una mano mantenía en alto y boca abajo el bote para evitar que siguiera manchando, y con la otra intentaba limpiar el estropicio. Por el agujerito que el líquido hizo en el bote traspasé el helado derretido al vaso, se lo pasé Ifo y le pedí otro más para poner el resto del helado. Cuando me giro para ver por qué tardaba tanto en pasarme otro vaso, ¡lo pillo vaciando todo el helado por el fregadero! Para matarlo. Y encima me dice, todo ofendido:

- ¡¿Y qué querías que hiciera?!

- ¡Pues comértelo, hijo mío! O, en su defecto, dejarlo para que me lo coma yo…

- ¡Ay! ¿Qué quieres que haga? He reaccionado como he podido: estábamos en una situación de crisis…

lol Eek! Pa mear y no echar gota…

Lo que yo te diga: a cualquier cosa Ifo le llama situación de crisis… Luego se mosquea si le digo que se ahoga en un vaso de agua. La buena noticia es que al menos he podido salvar la mitad del helado Grin

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Ago
17
    
Lo escribí el Agosto-17-2008 | (5) comentarios |

Vivimos en una comunidad de vecinos que está completamente cerrada a cal y canto del exterior, a la que no se puede acceder si no es con llave o picando a algún vecino para que abra, y aún así es posible que la puerta que comunica la escalera con el interior de la comunidad (la zona común, donde están la piscina, la zona ajardinada, el parque infantil y demás) también esté cerrada con llave.

Y lo que es peor: una vez dentro, en la zona comunitaria, no hay forma de salir si no es con llave, porque en los portales interiores no hay ni portero automático ni maneta en las puertas, así que o tienes suerte y te encuentras alguna abierta, o no sales de ahí dentro si no es con llave o bien pegando cuatro gritos y que algún alma caritativa se digne a salir de casa y abrirte desde dentro del portal. Además, las viviendas tienen vídeo portero, por lo que podemos ver quien intenta colarse con la típica cantinela de “correo comercial“.
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Pues con todo y con eso, ayer a medio día llamaron a la puerta de mi casa dos policías urbanos. Al parecer, el presidente de la escalera había llamado a la policía para denunciar que varios rumanos se habían colado y se estaban bañando en la piscina.

De entrada, una se queda patidifusa

¿Cómo se han podido colar?

Abrimos la puerta de acceso a la zona comunitaria a los policías, y yo me asomo a ver si podía enterarme de algo, para el disgusto de Ifo. Solo consigo ver a los urbanos hablando con tres o cuatro chicos, que están sentados en uno de los bancos y con unas bolsas de deporte a sus pies. Muy discretos no parece que son, los chicos, por cierto.

Vuelvo a meterme en casa, decepcionada por la poca información que he podido obtener (si por eso yo prefería un ático con terraza en vez de un bajo con patio…Wink. Al poco rato vuelve a llamar a nuestro timbre la pareja de urbanos, para tranquilizarnos: no se trataba de rumanos, sino de amigos de uno de los vecinos.

Eek! ¿Perdón? Ahora sí que lo flipo.

Está bien ser precavidos, pero me pregunto: ¿el presidente de nuestra escalera ha llamado a la policía porque los amigos de un vecino de otra escalera (junto con el propio vecino, imagino) se estaban bañando en la piscina? ¿Pero esto que es? Evidentemente que cada vecino tiene derecho a que sus invitados disfruten de la piscina en su compañía (en cambio, el gimnasio y la sauna son instalaciones que las visitas tienen vetadas), de hecho mi familia y mis amigos han venido a casa un montón de veces y están hartos de bañarse en la piscina (que esa es otra: mi madre no hace más que decirles a _sus_ amigas que, si están aburridas, como _yo_ estoy de vacaciones, que se vengan a mi casa a bañarse en la piscina… tengo que tener una seria conversación con ella, está claro).

Así que me imagino la cara de gilipollas, y el consiguiente cabreo, del vecino y sus amigos al enterarse de que los han confundido con rumanos-jetas que se habían colado en la urbanización por todo el morro. Vamos, me pasa a mí y lo más probable es que pillara por banda a ese presidente de escalera y tuviera con él unas palabritas…

Por no hablar del racismo implícito en toda la escena: ¿cómo coño sabe el presidente que se trata de rumanos? Es evidente que no ha hablado con los chicos. Y no me digáis que por las pintas, porque estaban en bañador en la piscina… ¿Entonces? Que alguien me lo explique, porque no lo entiendo.

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Ago
13
    
Lo escribí el Agosto-13-2008 | (10) comentarios |

Ayer por la tarde, en la piscina, fui testigo de una escena que por poco me quita las ganas de ser madre y me llevó a contemplar con cierto cariño la posibilidad de ligarme las trompas con los cordones de los zapatos. Os cuento:

61074431_240004b6ec_mAyer por la tarde, entre otras personas, había en la piscina una niña de unos 5 ó 6 años (quizá incluso menos) y su hermano que no tendría más de 7, jugando en el agua. Su madre estaba fuera, en la toalla. Yo voy a la piscina casi todos los días, un par de horitas por la mañana y una hora o así por la tarde (ya sabéis que llevo bastante mal el calor), y a esta familia era la primera vez que la veía.

En esta época del año, en la piscina de la urbanización a partir de las 4 de la tarde empieza a hacer sombra porque el sol se oculta detrás de mi edificio. Se va ensombreciendo poco a poco, de tal manera que sobre las 5 de la tarde la parte que más cubre está en sombra y toca el sol de media piscina en adelante hacia la parte que menos cubre, hasta aproximadamente las 7, cuando ya no toca el sol ni en la piscina ni en el césped.

Pues a eso de las 6 de la tarde, la madre se acerca al borde de la piscina y les dice a los niños que salgan, que se van a casa. El niño sale de la piscina en silencio, se va a la toalla y empieza a secarse sin decir palabra. En cambio, la niña empieza a soltar unos chillidos que ponían los pelos de punta. Al principio no entendí por qué chillaba, parecía que la estuvieran matando, pensé que se habría hecho daño o algo, porque esos gritos no eran normales, si me apuran no eran ni siquiera humanos: más bien eran algo parecido a los de un cerdo agonizante, cualquiera que haya visto alguna vez la matanza de un cerdo sabrá a qué me refiero. Al cabo de un rato entendí que lo que la niña repetía como un mantra era

No quiero ir a casa no quiero ir a casa no quiero ir a casa no quiero ir a casa…

en toda la gama de agudos que su garganta y sus pulmones le permitían. De hecho, aunque no estoy en condiciones de asegurarlo, diría que alcanzaba tonos que solo los perros podían oír. Toda la piscina al completo estaba horrorizada por los aullidos de la niña, era algo espantoso. Yo aún estoy alucinada, no había visto una rabieta igual en mi vida.

¿Y qué hizo la madre? Se acercó al bordillo de la piscina con el gesto severo, la miró fijamente y le dijo, bajito pero con un tono de voz suficientemente firme, algo así:

Escúchame. No te quiero volver a sentir. Sal de agua y vamos a casa. Ya.

pataletas-infantiles250Y se dio media vuelta y volvió con el otro niño. Le ayudó a secarse y se encaminaron hacia casa. En total, la escena habría durado unos 15 o 20 minutos. Probablemente menos, pero esos gritos hicieron que el rato se me hiciera eterno e insoportable.

El caso es que en cuanto la niña perdió de vista a su madre y a su hermano detrás de los setos que rodean la piscina, ella solita salió del agua y el “no quiero ir a casa no quiero ir a casa” se transformó en un “mama mama mama mama” también a grito pelado. Cogió la toalla y las xancletas, y salió corriendo todo lo rápido que sus piernecitas daban de sí detrás de su madre, que la había dejado sola en el agua. ¿No decía que no quería ir a casa? ¡Pues ahí tienes!

La verdad, es que no sé si la madre reaccionó bien o no. Y no estoy segura de si yo sabría manejar una rabieta de esa magnitud. Cuando Ifo y yo hablamos del tema, él suele decir que no descarta un guantazo puntual en un momento determinado en que el crío se pase mucho de la ralla. Yo, a priori, sí que descarto esa opción, no contemplo la posibilidad de ponerle una mano encima a un hijo mío, ni que él se la ponga tampoco, ni siquiera un cachete en el culete con pañal y todo; siempre he creído que, como padres, no podemos permitirnos el lujo de perder los nervios ante nuestros hijos, y un guantazo es el efecto de perder los nervios, y creo que duele más la humillación y el miedo que provoca ese guantazo que el propio dolor físico provocado. Sin embargo, esa no era mi hija y de buen grado me habría acercado y le habría dicho:

A tí tu madre nunca te ha dado una buena hostia cuando te la merecías, ¿verdad guapa? Porque con gusto te la daba yo ahora mismo, ¡niña insoportable!

Si hubiera sido mi hija, no sé qué habría hecho, la verdad. Lo que sé es que no era mi hija, y la tentación de darle un buen sopapo era enorme. Además, creo que encima eso ahora está prohibido, ¿no? Os confieso que ayer por fin entendí lo que Querida Enemiga quería decir con el tema de los hijos, y lo valientes que somos por querer traer uno al mundo. Estoy pelín acojonada, no sé si sabré manejar una situación así.

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Jun
24
    
Lo escribí el Junio-24-2008 | (5) comentarios |

Se me ocurren unos cuantos. Veamos:

Es domingo, estás tumbada en la cama y tienes los ojos abiertos como platos. Miras el despertador y son las 9:30 de la mañana. A pesar de que te acostaste a las 3 de la madrugada, y de que es muy temprano para levantarse un domingo, no puedes pegar ojo.

Tan temprano y ya estás completamente empapada de sudor en la cama porque no has conseguido convencer todavía a tu futuro marido de quitar las mantas y las sábanas de franela (tendrás que hacerlo en un momento de descuido) y poner ropa de cama de verano. Total, solo estáis a veintitantos de junio…

Se acerca el mediodía. El termómetro en la calle marca 35 grados. La piscina es una tentación a la que no te has podido acercar en los últimos dos meses de lluvia casi ininterrumpida, y estás deseando darte un baño. Por algo llevas desde septiembre viviendo en una urbanización pija con piscina en la que estás deseando remojar tu cuerpo serrano y ponerte morena. Pero tú tienes que fastidiarte, asfixiarte de calor y llevar pantalones largos porque el jueves tienes cita en el centro de estética para una depilación integral, por lo que el domingo tus piernas y tus ingles están lejos de ofrecer el aspecto ideal para ir a la piscina. Al menos, fuera de las fronteras de Suecia… Intentas convencerte a tí misma de que podría pasar por una rebelión en contra de la concepción femenina de la belleza impuesta por los cánones machistas, pero lamentablemente no funciona.

Con la intención de que se te haga menos duro el suplicio, te acercas a la piscina con pantalón largo y todo, y piensas que si al menos el agua está helada, eso te consolará. Pero el agua está a la temperatura ideal para darse un chapuzón, y a tí te espera un laaaaargo puente de cuatro días, en el que verás la piscina pero no la catarás. 4 interminables días durante los que tendrás que conformarte con el ventilador de pie, tumbarte quietecita a la sombra en el balancín del patio y ponerte ciega a horchatas y limonada casera para pasar el calor. Ni siquiera te queda el consuelo de la manguera del patio para remojarte, porque se estropeó hace meses y aún no la habéis arreglado.

10 meses esperando para disfrutar de la piscina: cuando hace sol, el agua está helada y no hay quien se bañe sin arriesgarse a exponerse a la hipotermia; cuando se acerca el verano, llueve sin parar. Y cuando por fin llega el momento, estamos en verano, hace sol, no llueve y la temperatura del agua es la ideal… ¡no me puedo depilar y mis piernas parecen las de un futbolista de la selección! Y no puedo depilarme a lo tonto en casa porque cuando llegue la boda y la luna de miel posterior no quiero tener que preocuparme de unos incómodos pelitos, quiero estar perfecta y tener las piernas suaves. La vida es muy injusta.

¿Es o no es como para despertarse de mal humor un domingo?

Por cierto, el Sant Joan lo pasamos cenando en casa de mis suegros, y después haciendo explotar petardos en la calle: en mi tiempos, los petardos llevaban mayor carga de pólvora y duraban más rato, pero es que ayer era realmente frustrante ver las pequeñas fuentes de colores de pirotecnia y que no duraran ni 15 segundos.

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Ago
30
    
Lo escribí el Agosto-30-2007 | (11) comentarios |

Como os comenté hace unos días, Ifo y Pimkie preparan su mudanza a la urbanización. Como soy una chica previsora, ya estoy empezando a tramitar todas las cuestiones administrativas para no encontrarnos con sorpresas desagradables y tenerlo todo resuelto cuando nos instalemos. Tenemos un mes por delante, porque el día 1 de octubre ya le habré dicho adios a mi apartamento de soltera.

Contratar una empresa de mudanzas, pedir cajas de cartón en las tiendas del barrio para empaquetar los cientos de libros que cabían en 40 metros cuadrados, cambiar de titular los suministros para ponerlos a nuestro nombre… Y con la Telefonía hemos topdado.

En primer lugar, llamo al 1004 de Telefónica para saber si puedo mantener el número de teléfono en la nueva dirección. Ya me estaba haciendo a la idea de que tendríamos que dar de baja el antiguo y dar de alta uno nuevo, así que llamo con tiempo, que me conozco yo como funcionan esta gente y sus listas de espera. Sin embargo, me dicen que no, que recientemente se ha hecho una prueba piloto que ha funcionado y puedo mantener el número de teléfono aunque me cambie de población, siempre que sea dentro de Catalunya. No tengo demasiado claro cómo funcionará esto de los prefijos ahora, y si puedo mantener el número de teléfono con prefijo de Barcelona si me voy a vivir a Tarragona, pero no me importa porque no es el caso. Así que puedo mantener mi número aunque me traslade de Terrassa a Castellar del Vallés. Fantástico. Nos mudamos un jueves, y el viernes (si Dior quiere y no pasa nada) tendré al técnico de Telefónica en nuestro nuevo piso conectándome con el mundo.

Ahora toca resolver el tema del ADSL: hablar con Ya.com, a ver si se enrollan tanto como los de Telefónica, aunque la verdad es que lo dudo bastante. Llamo al número de atención al cliente, como no un 902.902.902 (recalcitrantes son, cxñx), y después de 10 minutos de “en breves momentos le atenderemos“, me informan de que por un traslado de domicilio lo que corresponde es dar de baja el actual contrato y dar de alta uno nuevo. No sé por qué me da a mí que la cosa no va a ser tan fácil como suena. Para empezar, no me pueden ir dando el alta en este momento, porque es el mismo número de teléfono: primero tengo que tramitar la baja, y una vez encomendada a todos los santos cristianos, judíos y paganos, rezar mucho y portarme bien para que no tarden mucho en concedérmela. Como no puedo darme de alta (ni con ésta ni con ninguna otra compañía) hasta que no me hayan dado la baja primero, confío en que mi primogénito sepa lo que es Internet antes de su primera comunión, pero no las tengo todas conmigo.

Por supuesto, no me iban a resolver la baja y el alta del servicio en este mismo número de teléfono, eso sería ponerles las cosas un poco más fáciles al cliente, y no es la política de la compañía. Tengo que llamar al departamento de bajas en otro número de teléfono, esta vez al 902.902.886 (ya me empieza a dar mal rollo los números que elige esta gente), y me atiende la teleoperadora más borde de todas con las que me he topado en mi vida (acabó colgándome y dejándome con la palabra en la boca, la muy zxxxa). Me lo temía: para darme de baja tengo que enviar una carta (no me dice que tengo que enviarla certificada si no se lo digo yo, así que se va a joder que le voy a enviar un burofax certificado).

Yo, que soy una chica informada que conoce sus derechos y no le gusta que se los pisoteen, le digo que la ley para la protección del consumidor ya se ha publicado en el B.O.E y que si me dí de alta por teléfono, me puedo dar de alta por teléfono también. Y la teleoperadora borde me suelta que un cambio de domicilio no es una causa imputable al proveedor de Internet, y por lo tanto tengo que pasar por el aro. Mierxx, me ha pillado en fuera de juego, voy a tener que informarme sobre este tema porque no lo tengo del todo claro, y se va a enterar la tiparraca.

También tiene a bien la teleoperadora indicarme que si no incorporo toda la documentación que me piden en la carta, se van a pasar mi petición de baja por el arco del triunfo. Todo un detalle avisarme por anticipado. La documentación que tengo que aportar es la siguiente:

  • Fotocopia de mi DNI
  • Teléfono fijo al que está asociada la conexión ADSL
  • Motivo por el que quiero solicitar la baja (esto solo si quiero, qué majos)
  • Firma manuscrita (no vale un sello, ¡jó! yo que estaba deseando estrenar mi nuevo tampón para estampar mi firma…)
  • Contrato de trabajo y las tres últimas nóminas
  • La declaración de la renta del año pasado
  • Partida de nacimiento
  • Certificado de bautismo, también con la firma manuscrita del cura de mi pueblo
  • Declaración notarial de autenticidad de la firma, tanto de la mía como la del señor cura
  • Prueba de paternidad con confirmación de ADN de los que dicen que son mis padres (porque si en el DNI hay algún dato incorrecto, como por ejemplo donde dice “hija de“, pues no tramitan la baja, que esta gente son muy eficientes y quieren asegurarse de todo)
  • Certificado de penales (¡uf! ¿constará en mi ficha policial lo de aquélla vez que…?)

Creo que lo tengo todo. Y la dirección a la que lo tengo que enviar es:

  • Ya.com Internet Factory
  • Apartado de Correos 1058
  • Código Postal 28108
  • Alcobendas, Madrid

Pero la cosa no acaba aquí, y es que encima, por la baja anticipada (porque no me dejan hacer el cambio de domicilio así por las buenas, ya que yo no quiero cambiarme de proveedor: solo cambiarme de casa) me van a cargar en mi cuenta 180€ de penalización por los equipos informáticos (básicamente, el router wi-fi que me enviaron), pero que si me porto bien y rezo cada noche el jesusito-de-mi-vida, alomojó me lo devuelven en la próxima factura. O también puedo dar la orden en el banco de que no paguen el recibo, y si no le pego fuego a la sede de la compañía (tengo vuestra dirección, me la habéis dado vosotros para haceros llegar la carta de baja, así que sé donde trabajais, no me provoquéis), igual no me meten en el registro de morosos. Tendré que ser una niña buena, para que los Reyes Magos me traigan una tele de plasma (mamá, sé que me lees), y para que Ya.com me den de baja sin ponerme muchas pegas y, a poder ser, este año.

Después de conseguir que me den de baja (cosa que no quiero: recordemos que solo me cambio de domicilio, no quiero cambiarme de proveedor de Internet), engañarlos para que crean que soy buena gente y me vuelvan a dar de alta tiene que ser un trámite relativamente sencillo: como 1 mes o así, si todo va bien. Ya veremos a ver cuánto tiempo estoy sin Internet y durante cuanto tiempo me marean hasta que tenga conexión en mi nueva casa.

Si me encontráis de malas pulgas (más de lo habitual, quizir), no me lo tengáis en cuenta: es que he vuelto a hablar con mi amiga la teleoperadora borde (algo que me dice que, en los próximos meses, nos vamos a hacer íntimas amigas).

Seguiremos informando.

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