Mi cuñi lleva varios días reclamándome los teléfonos de la gente que va a venir a la despedida de soltera, dice que ha mirado varias cosas que son para un grupo de mínimo 15 personas y si somos menos no se puede hacer. Miedo me da la que puede estar liando.
Ayer le envié la lista y esta mañana he hablado con mi madre sobre el tema. Dice que vamos un poco justas de tiempo, que hemos esperado demasiado. Al final, lo de la despedida de soltera en Ibiza queda completamente descartado por motivos económicos: estamos todas tiesas, y si la montamos tan lejos y tan cara iban a venir cuatro gatas. De todas formas, por una parte confío en mi cuñi, pero por otra me da pánico. Ya veremos como acaba la cosa.
Pero lo que más me ha molestado de la conversación que he tenido con mi madre, es que me dijera que ha invitado, por su cuenta y riesgo, a una persona que yo no soporto, y ella sabe perfectamente que no la trago. Se lo dejé bien claro, que no pensaba invitarla a la boda porque no la aguanto, y ella va y la invita a la despedida de soltera. No lo entiendo, de verdad. No quiero que venga, no me da la gana. De adolescentes mi insultaba, me pegaba, me hacía la vida imposible en el patio del colegio. Es la típica que te mira, se descojona en tu cara, te insulta, te humilla, y todo el mundo se lo toma como una broma porque te lo ha dicho riéndose. Pues con una carcajada yo también me puedo cagar en su puta madre, y entonces nadie se lo toma a broma, y me dicen que qué mal genio tengo. Joder, con la ley del embudo.
No me ha hecho ni puta gracia que la invitara, y presiento que como venga nos va a dar la noche. Es la sobrina de una amiga de la familia, y esa amiga sí que viene. Pero, vamos, que me parece a mí que la despedida de soltera es un momento para celebrarlo con las amigas más íntimas, y no con la petarda a la que tienes que invitar por compromiso. Esa, si quiere, que venga a la boda, que una invitada por compromiso más, total, tampoco se va a notar entre tanta gente, pero ¿en la despedida de soltera? ¿en mi fiesta de cachondeo más íntimo con mis amigas? No, en esa fiesta no pinta nada.
Si me la encuentro antes de la despedida, se lo pienso decir bien clarito a la cara:
Te ha invitado mi madre, pero _yo_ no quiero que vengas a mi despedida de soltera porque no me caes bien.
Que le quede bien claro. Y si aún así tiene el morro de presentarse el gran día… es que no me puedo esperar nada bueno de ella y fijo que la lía.
¿En qué líos me metes, madre? A ver si, con un poco de suerte, lo arregla ella y le dice que ha sido una metedura de pata, un error suyo, y que no puede venir… En fin, ya os contaré.
Queridas lectoras, os propongo una apuesta cuyo resultado sabremos exactamente el día 28 de junio. ¿Vendrá mi amiga Zorri a mi boda?
Ella dice que sí.
Yo digo que no me lo creo.
Ella me promete que vendrá.
Yo le digo que no me falle, que ese día es muy importante para mí.
Ella jura y perjura que vendrá. Que a la despedida de soltera no vendrá, por temas de dinero (para variar), pero que a la boda seguro que viene.
Yo no se lo digo, pero estoy viendo el futuro que nos espera:
La llamaré una semana antes de la boda, para recordarle la fecha y asegurarme de que vendrá.
Ella volverá a repetir por activa y por pasiva que vendrá.
El día de la boda, no se presentará. No llamará para dar una mínima explicación.
En el restaurante, tendré una mesa con dos sillas vacías.
En mi cuenta bancaria, tendré 300 euros menos, que no me sobran precisamente.
En mi casa, tendré una bronca monumental con mi madre por culpa de la impresentable de mi amiga.
No sabré de ella durante semanas, hasta que sea _YO_ quien se decida a llamarla.
Me pondrá alguna excusa estúpida que no quiero oír y mucho menos estoy dispuesta a creer.
En la factura telefónica, tendré una llamada de casi una hora, total, para escuchar soplapolleces que no me interesan.
Y, finalmente, tendré una amiga menos.
La historia tiene que ser _exactamente_ tal como la cuento para que gane la apuesta. Es decir, para que _yo_ gane la apuesta, no me conformo solo con que mi “amiga” no se presente sin dar explicaciones, sino que toda la historia tiene que ser exactamente así. Triple o nada. Si me equivoco, aunque sea en un punto de lo expuesto, tú ganas.
¿Qué me dices? ¿Vendrá o no vendrá? ¿Avisará de que no vendrá, o se comportará como la impresentable que es? ¿Me tendrá una hora al teléfono para explicarle una gilipollez como la catedral de Burgos, o tendrá una excusa mínimamente creíble? ¿La mandaré definitivamente a la mierda y no nos volveremos a ver más? ¿Qué nos apostamos?
Ya es duro estar completamente segura de que tu mejor amiga (sí, yo también me pregunto por qué) desde hace más de 12 años te dejará colgada y no se presentará el día de tu boda, te hará pagar su cubierto y el del Yerno Perfecto por no tener la decencia de decirte que no vendrá, y que encima no llamará tampoco después a menos que tú la llames, y solo entonces se dignará a inventarse alguna excusa chusca. Pero más duro es mantener viva la ilusión hasta el último momento, cruzar los dedos y soñar con que quizá no sea tan zorra como para dejarte colgada ese día, porque ella sabe perfectamente lo importante que es para tí. Pero, ¿sabe que nunca le perdonarías que te fallara ese día? No lo sé, creo que su confianza en mis tragaderas es ilimitada. No creo que tenga en cuenta que estoy hasta las narices y que esta sí que no se la voy a tolerar, ya sería demasiado.
La verdad es que no sé cómo la he aguantado hasta hoy. Desde hace un par de años (concretamente desde que empezó a salir con el Yerno Perfecto) nunca ha estado cuando la he necesitado, y ella tampoco ha dejado que yo estuviera cuando me ha necesitado a mí, a pesar de haberme ofrecido incondicionalmente; he perdido la cuenta de las veces que me ha dejado colgada sin una explicación, sin una llamada posterior (ni mucho menos previa) y con una excusa ridícula cuando la llamo yo. Así que esta es la última oportunidad que le doy a la que ha sido mi amiga de adolescencia y (quiero creer) primeros años de la edad adulta.
Sí, esta es la última oportunidad que le doy. ¿Y tú, qué opinas? ¿Fallará Zorri el día de mi boda, o se presentará como una buena amiga? Puedes votar por la opción que quieras aquí. La que más se aproxime, gana. Mi apuesta, ya sabéis cual es. ¿Y la vuestra?
El 2 de julio, a las 9 y media de la noche, en el pabellón polideportivo de Can Jofresa (Terrassa), durante las fiestas mayores de la ciudad, por fin podré ver a mi adorado Joaquín Sabina en concierto, y en compañía de “su primo, el nano“, el noi del Poble Sec, Joan Manuel Serrat.
La gira no podría tener un nombre más acertado: “Dos pájaros de un tiro“, y es que toda mi vida he deseado ver a este par de golfos en concierto, y poderlos disfrutar juntos sobre un escenario es casi como un sueño húmedo de adolescente.
Aún no tengo las entradas en mi poder, las he comprado a través del Tele Entrada y no las podré recoger hasta el mismo día del concierto, en la taquilla, ¡y me da una rabia! Yo querría tenerlas ya en mis manos, guardarlas como un tesoro hasta que llegue el día en que mi niño y yo vayamos cogidos de la mano a disfrutar de la poesía musicada de los dos poetas más grandes del siglo pasado, de este y del que viene.
A él no le hace demasiada gracia la música de Sabina y de Serrat, pero aguantará las dos horas concierto como un campeón, a pesar de madrugar al día siguiente, porque me quiere con locura, que si no de qué. Reconoce que las letras de Sabina son buenísimas (lo cual, viniendo de él, ya es mucho, pues tiene la teoría de que la música española en general adolece de unas letras bastante penosas), pero la música no le entusiasma demasiado. Él prefiere melodías (¡ejem! por llamarlo de alguna manera… más agresivas, en plan grito de guerra (y lo de grito no es ninguna metáfora). En fin, supongo que el buen gusto se adquiere con el tiempo. Habrá que tener paciencia, que solo llevamos 6 meses.
Y nos dieron las diez y las once,
las doce, la una, las dos y las tres…
y desnudos al amanecer
los madridistas seguían tocando la bocina…
Es lo malo que tiene vivir en una avenida céntrica: que cuando las pasiones futbolísticas se disparan, a algunos les da por darles rienda suelta tocando el pito del coche (y los cojones de los vecinos) dando vueltas de rotonda a rotonda por la avenida durante unas cuantas horas de la noche y de la madrugada. Y mientras tanto, a los que no nos interesa el fútbol lo más mínimo, nos tenemos que aguantar sin poder dormir, a pesar de tener las ventanas cerradas a cal y canto en una noche calurosa de junio y en un piso sin aire acondicionado.
Ayer se lo intentaba explicar mientras él se desesperaba por no poder dormir, y le cogió la risa tonta. Sí, sé que suena ridículo, pero es así. En realidad, casi todo lo que rodea al mundo del fútbol me parece ridículo, pero qué le vamos a hacer, este país es lo que tiene. Celebrar los títulos de un equipo de fútbol dando vueltas con el coche de rotonda a rotonda por una avenida, tocando el pito, dando gritos y encabronando a los vecinos. Dirán lo que quieran los hooligans de turno, pero a mí no se me ocurre cosa más ridícula
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