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Mi marido ha OSADO criticar a Los Suaves. Ha tenido el valor. No me explico cómo se ha atrevido, y cómo sigue mirándome a la cara después de semenjante afrenta.
Dijo que son un grupo aburrido y soso, y que el guitarrista es muy malo. Y, para acabar de rematar, dijo que yo no he escuchado a un gitarrista bueno en mi vida.
Me estoy planteando pedir el divorcio.
Y eso que solo ha escuchado Dolores se llamaba Lola…
Y no me digas que estoy exagerando, porque alguien que puede pasarse 16 horas metido en un coche, escuchando música de Los Mojinos Escozíos, aprenderse la letra y cantar sus canciones con cierta gracia, no tiene criterio musical, te pongas como te pongas.
Te has pasado y lo sabes. Te has atrevido con un mito. No hay perdón posible.
Si lo hubieras dicho, yo que sé, de Pereza, pues lo habría entendido, al fin y al cabo una ya sabe que nunca una bandera de Pereza presidirá la barra de La Oveja Negra…
Pero no, tú tenías que atreverte con un grupo mítico del rock español…
Por cierto, antes de quedarme embarazada tengo que llevarte de juerga por Pueblo Nuevo, hasta acabar a las tantas de la madrugada en un anti-karaoke, berreando canciones de Kiss a lo Louise Griffin:
AAAAAA!! A wana ROCK & ROLL ol naaaaait!!
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Como te lo cuento. Esta es una de las búsquedas que hacía alguien en google, y sorprendentemente, le llevaban hasta mi blog: “mi novia es demasiado feminista“.
Diplomatic OFF:
Un buen par de hostias te daba yo, para que llores con motivo.
De verdad que no me lo explico. ¿Y no se te ha ocurrido pensar que quizá es que tú eres demasiado machista, querido? No, probablemente eso ni se lo plantea. Compadezco a la pobre novia, de verdad.
Cuando volvimos de la luna de miel, le explicamos a mi madre una anécdota ocurrida durante el viaje. Resulta que para contratar las excursiones en cada puerto, tuvimos que rellenar un formulario con nuestros nombres y otra información. Pues en el espacio para los nombres y apellidos, a Ifo, que es un poco antiguo el pobre para según que cosas, le hacía gracia que pusiera mi nombre, mi primer apellido, y en lugar de mi segundo apellido, la fórmula “de…” y su primer apellido. En algún lugar lo había visto, y le hacía gracia. Días después le enseñé este post de Chapi Escarlata sobre este tema, pero él no sabía entonces que se trataba de la fórmula que utilizaban las mujeres casadas durante el franquismo:
Cuando estéis casadas, pondréis en la tarjeta vuestro nombre propio, vuestro primer apellido y después la partícula de, seguida del apellido de vuestro marido. Por ejemplo, Carmen García de Marín. Es la fórmula más agradable, puesto que no perdemos nuestra personalidad, sino que sigue siendo Carmen García, que pertenece al señor Marín…
Se trata de un extracto de los libros de la Sección Femenina de Falange Española de las JONS, que tenían que aprender las niñas en el colegio. Aún así, pese a que yo ya sabía esto y me parecía aberrante, como me puso esa carita suya de cachorrito que ha hecho una trastada, y él no sabía esto, sino que era una fórmula que había visto y le hacía gracia, accedí sin darle mayor importancia y puse mi nombre, mi primer apellido, la partícula de, y su primer apellido. Le dí el capricho, sabiendo que no iba a consentir que ese detalle tuviera mayores consecuencias. Y al volver, le expliqué a mi madre toda la historia. Su consejo fue de los que no dejan lugar a dudas:
Ni un paso atrás, ni para tomar impulso.
Probablemente, si mi marido fuese este chico, habría buscado en internet esa misma noche: “mi suegra es demasiado feminista y resulta una mala influencia para mi mujer“. En cuanto al chaval que buscó en google “mi novia es demasiado feminista“, solo se me ocurre darle un consejo: háztelo mirar. No estoy segura de si lo tuyo se cura o es de por vida, pero al menos tu novia vivirá más tranquila. Eso, si no te deja antes por capullo machista.
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Esta es mi moto, mi niña, mi pequeña. Esta tarde, al ir a buscarla, no estaba donde la había aparcado.

He buscado, desesperada, las pegatinas triangulares que deja la grúa pegadas en el suelo si se lleva algún vehículo, aunque estaba bien aparcada en la zona de motos de la estación de Sabadell Norte, pero no había ni rastro de ninguna pegatina ni nada parecido.
He llamado al 091, pero nadie cogía el teléfono. ¿No funciona en Catalunya? No tengo ni idea, pruebo suerte con el 092. Allí sí me atienden, les explico la situación y me pasan con el depósito municipal, por si acaso. Allí me dicen que en el ordenador no les consta, pero que me pase de todas formas, también por si acaso.
Nos acercamos primero a la comisaría de la Policía Nacional para denunciar el robo. Nos dicen:
Aquí no, tenéis que a la de los Mossos d’Esquadra.
Pues vale. Más de una hora y unos cuantos rifi-rafes con un mosso bastante borde después, salimos de can mossos con la denuncia en la mano, aunque sé que para lo que me va a servir… No obstante, el agente me ha hecho firmar un folio donde se me informa de mis derechos. Uno de esos derechos me resulta curioso. Dice así:
Tiene derecho a reclamar la restitución de la cosa, la reparación de los daños o la indemnización por los perjuicios que el delito le haya causado.
Lo que no dice es _a quien_ tengo derecho a reclamarle, claro. Pues mira qué bien.
Siguiente parada, depósito municipal de Sabadell, más que nada a ver si suena la flauta. Aquéllo es para echarse a llorar y no parar: motos apelotonadas, unas encima de otras, tiradas de cualquier manera, al aire libre en una especie de descampado, en un suelo de tierra ideal para hacer motocross. ¡Qué ironía! Pero ni rastro de mi moto allí tampoco.
Cunde el desamparo. La última opción es preguntar a la funcionaria del mostrador, en el interior de la comisaría de la urbana, a ver si hay suerte… Pero tampoco. Le pregunto a la funcionaria, aferrándome a un hilo de esperanza, si quizá la grúa se ha llevado mi moto y todavía no ha llegado al depósito… Pero no: solo hay una grúa municipal en Sabadell, y está estropeada. Cojonudo, gracias por la información: ahora ya sé que en los próximos días podré aparcar en los vados sin miramientos, ¡qué guay! Hay que joderse.
En fin, que me vuelvo a casa cabreada como una mona. Siento una profunda tristeza, porque no es solo una moto, es el símbolo de mi independencia personal, es lo que me permitía no depender de nadie para ir a donde me diera la gana cuando quisiera. La compré hace 10 años, al poco de cumplir los 18 y casi a escondidas porque mi madre no quería. Tuve que ahorrar mucho para pagar casi la mitad en efectivo, y el resto lo financié en La Caixa, fue mi primer crédito y sudé tinta el primer año para pagarla. Con ella iba cada día a trabajar, y después a la universidad. Volvía a casa a las 11 de la noche y salía a las 8 de la mañana. Me ha acompañado durante todo lo poco que llevo de vida adulta. Para una persona que no tiene carnet de conducir, mi moto era mucho más que una moto. Era mi niña, y ahora siento que me han arrancado una parte de mí. De hecho, me siento en carne viva, como si me hubieran arrancado la piel a tiras. Frustrada, impotente, con una rabia que me quema por dentro… y sin poder hacer nada. 
Me siento gilipollas, muy gilipollas. Porque llevaba un mes aparcada en Sabadell, y no la había ido a recoger por pereza, porque la tuve que dejar al no conseguir arrancarla. Llamé al RACC para que me enviaran una grúa, pero como me dijeron que tardaban una hora, eran casi las 4 de la tarde y hacía un calor horroroso, decidí irme a casa, dejarla allí y pasar a recogerla otro día. Este martes la íbamos a ir a recoger, a ver si había suerte y esta vez podía arrancarla, o en su defecto esperar a la grúa, pero nos olvidamos los cascos en casa, y como teníamos que volver igualmente al día siguiente, pues tampoco le dimos mayor importancia. Hoy hemos vuelto, dos días después, y ya no estaba. Y me estoy tirando de los pelos por lo gilipollas y lo descuidada que he sido, porque estaba cantado que algo así sucedería, así que me siento la persona más idiota sobre la faz de la tierra.
Tengo la sensación de que Ifo no entiende cómo me siento. Cuando he visto que no estaba aparcada donde la había dejado, se me ha escapado un grito, y él me ha dicho que tampoco era para ponerse así… Si alguna vez sientes este dolor lacerante, esta desesperación, esta impotencia, me lo cuentas, y entonces veremos si yo te digo que tampoco es para tanto y que no hace falta ponerse así. He intentado que se ponga en mi piel, pensando en cómo se sentiría él si le robaran el coche. Pero me ha contestado que él el coche lo usa a diario para ir a trabajar y que lo usamos los dos, lo que me ha parecido un golpe bajo: por el mismo precio me podría haber dicho que para mí mi moto no es más que un capricho y que tampoco es para tanto; me habría dolido igual. Cualquiera diría que él tiene un Opel Trigra que deseaba desde que iba al instituto, y que cuando le digo que para mí el coche solo es una máquina que me lleva y me trae, y que no hace falta que sea un modelo determinado, que con que no me deje tirada tengo bastante, se pilla unos cabreos de no te menees. Una vez le cayó una especie de líquido corrosivo en una esquina del alerón que le estropeó un poco la pintura, y por poco se echa a llorar. Y ahora que me han robado la moto, que no es que se haya hecho un rallajo, es que me la han robado, él no entiende cómo me siento.
Ha estado muy frío y distante durante toda la tarde, cuando más necesitaba que estuviera junto a mí, sentirle más cerca que nunca, y he sido yo la que no ha entendido ese comportamiento, cuando normalmente es tan cariñoso. Hemos acabado peleándonos, no entiende que yo ya no tengo ganas de hablar y que quiera estar sola y llorar. Llorar por la pérdida de mi moto, de mi independencia y por lo gilipolllas que me siento. Se ha enfadado y hace horas que no entra en mi habitación ni me dice nada.
Pienso que a estas horas, mi moto debe estar ya desguazada y alguien se debe estar forrando vendiéndola a piezas a los quinquis del barrio. Tiene narices la cosa, que cuando estaba nueva en mi barrio, que era de lo peorcito de Barcelona, ni se la miraran, y ahora que vivo en Pijolandia, me la roben cuando la pobrecita tiene 10 años y está para el arrastre. Sé que no va a ocurrir, pero si me encuentro al hijoputa que me ha robado la moto, lo desguazo yo a él. 
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A cualquier cosa Ifo le llama situación de crisis… En fin, os cuento: Nos hemos comprado una nevera y un lavavajillas nuevos, la primera porque la vieja estaba a punto de cascar, hacía unas cantidades de hielo espectaculares y me congelaba la comida en vez de simplemente enfriarla, un desastre; y el segundo, porque no resistió la primera mudanza, del piso de mi ex que se quedó mi ex por toda la cara a mi pisito de soltera, lo último que lavó fue la batería de cocina y la cristalería que mi abuela me regaló con mi “ajuar” (lo que me plantea interesantes comparaciones que ahora no me voy a molestar en exponer). Ya tengo lavavajillas nuevo, Querida Enemiga ya no me da envidia.
Antes
 
Después
 
Aparte de que la nevera nueva es un palmo más baja que el hueco que tenemos en la cocina, lo cual me ha provocado el primer disgusto del día, obviamente hemos tenido que sacar toda la comida de la nevera y del congelador del frigorífico viejo. Además, hemos tenido que esperar tres horas antes de poderlo enchufar y poner en marcha, por aquéllo de no sé qué del gas al venir tumbada. El caso es que, entre una cosa y otra, hemos tenido la cocina empantanada todo el día, y mal que bien nos las hemos apañado para cocinar sopa de pera y pato a la naranja (que dirás, y con la cocina patas arriba, ¿no podías haber cocinado un huevo frito con patatas? ¡Pues no! Puesto a liarla, o se hace a lo grande o no se hace). Una vez puesta en marcha (a eso de las 3 y pico de la tarde), como es obvio, no se ha enfriado de repente sino que necesita unas cuantas horas para que el interior se ponga a la temperatura adecuada.
El resultado de todo lo anterior es que todo lo que teníamos en el congelador y que no cabía en el fregadero se ha descongelado a lo loco (con 30º a la sombra, tú me dirás) y ha empezado a soltar agua a chorro sobre la encimera de la cocina. El problema es que entre las patatas fritas, las varitas de merluza Capitán Pescanova y las pechugas de pollo congeladas habían también dos botes de helado de vainilla y nueces de macadamia, tipo Häagen Dazs pero del Mercadona. Y claro, después de tantas horas cociéndose por el calor, uno de los helados deshizo el cartón con el que está hecho el bote, y empezó a pringar de vainilla todo lo que encontró a su paso.
Para solucionar el desaguisado, le pedí a Ifo que me pasara un vaso lo más rápido que pudiera mientras con una mano mantenía en alto y boca abajo el bote para evitar que siguiera manchando, y con la otra intentaba limpiar el estropicio. Por el agujerito que el líquido hizo en el bote traspasé el helado derretido al vaso, se lo pasé Ifo y le pedí otro más para poner el resto del helado. Cuando me giro para ver por qué tardaba tanto en pasarme otro vaso, ¡lo pillo vaciando todo el helado por el fregadero! Para matarlo. Y encima me dice, todo ofendido:
- ¡¿Y qué querías que hiciera?!
- ¡Pues comértelo, hijo mío! O, en su defecto, dejarlo para que me lo coma yo…
- ¡Ay! ¿Qué quieres que haga? He reaccionado como he podido: estábamos en una situación de crisis…
lol Pa mear y no echar gota…
Lo que yo te diga: a cualquier cosa Ifo le llama situación de crisis… Luego se mosquea si le digo que se ahoga en un vaso de agua. La buena noticia es que al menos he podido salvar la mitad del helado 
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O eso me temo, al menos. Y es que mi suegra, supongo que como todas las suegras, es una mujer bastante especial… Todas las suegras tienen lo suyo, y la mía es que habla como las cotorras, cuando se arranca no hay forma de hacerla callar y no deja meter baza en la conversación a nadie más, y además tiene una fijación con el dinero que me resulta insoportable, concretamente con cómo gastamos nuestro dinero, que me pone enferma. Estoy hasta las narices de que me haga una ruta turística completa por tres pueblos diferentes para hacer la compra, que si los huevos están más baratos en el D.I.A., la leche en el Consum, los yogures en el Mercadona y la fruta en el Lidl. Vale, sí, muy bien, pero ¿se te ha ocurrido pensar en la de kilómetros que tendría que recorrer, y la de horas que tendría que invertir, en hacer la compra cada semana en cuatro o cinco sitios diferentes? Por no hablar de que lo que me ahorraría al hacer la compra me lo dejaría, y con creces, en gasolina… Y todo esto, aderezado con un parloteo incansable. No hay quien le lleve la contraria, en serio, es agotador, imposible. Acabas dándole la razón, solo para que pare, para que lo deje ya. Porque encima es incansable: o le das la razón, o no para, es un dale que te pego constante que puede durar hoooooras.
La última movida que protagonizó mi suegra fue hace una semana. Ifo había quedado con los amigos para salir a cenar el sábado por la noche; yo no me encontraba bien y decidí quedarme en casa. Por lo visto, se había dejado las luces del coche encendidas y cuando quiso salir no tenía batería. ¿Mi solución? Llamar al RACC, que para algo pagamos la cuota de socios, que nos envíen un mecánico sin que tengamos que poner un duro extra (de eso se trata), que mire si realmente el motivo de que el coche no arranque está en que tiene la batería descargada y, si se trata de eso, que nos dé carga de batería con las pinzas. Lógico, ¿no? Pues no, porque según mi suegra, (versión abreviada) los mecánicos del RACC se dedican a secuestrar coches, llevarlos a talleres a escondidas, y después pedir rescate por ellos.
O, en la versión extendida: mi marido llamó a su padre para preguntarle si había alguna forma de arrancar un coche que no tuviera batería (me lo podía haber preguntado a mí: empujándolo), y su padre le dijo que sin pinzas no. A los 5 minutos me llama mi suegra: que a qué hora estaremos despiertos al día siguiente, domingo. ¿Perdón? ¡Yo qué sé a qué hora nos despertaremos un domingo! ¿Para qué lo quieres saber? Para venir a arreglarnos el coche, porque entre las muchas habilidades de mi suegro, parece ser que también está la de mecánico. Le expliqué como pude entre su parloteo que no hacía falta que vinieran, que ya llamábamos nosotros al RACC, pero mi suegra empezó a explicarme que a lo mejor no es que se hayan quedado las luces encendidas sino que igual es que falla la batería (intento explicarle sin éxito que por eso nos envían un mecánico, para que lo compruebe), pero ella insiste en que si llamamos al RACC se llevarán el coche a un taller (no, si nosotros no queremos, pero intentar explicarle algo a mi suegra cuando se lanza es gastar energías inútilmente), y es tontería que nos gastemos el dinero en un taller cuando mi suegro puede cambiarnos la batería (pienso, porque ya no me atrevo a abrir la boca: vale, muy bien, si el mecánico del RACC nos dice que la batería está cascada llamaremos a mi suegro, gracias por el ofrecimiento… . Pero es imposible convencer a mi suegra, le da igual lo que diga y la decisión que NOSOTROS hayamos tomado: la suya es la única válida, y no se callará hasta que no le demos la razón. ¿Resultado? Al día siguiente, domingo, a las 11 de la mañana nos estaba llamando por teléfono para saber si estábamos despiertos y podían venir a mirar la batería del coche.
Pagamos un seguro para nada. ¡Anda que si lo llego a saber! 
Reconozco que su intención es buena, que solo quiere ayudar, pero lo que me encabrona de verdad es que la decisión que ya habíamos tomado, de avisar al RACC, no sirve de nada cuando a mi suegra se le mete entre ceja y ceja. Y no es la única vez que nos contradice para acabar saliéndose con la suya, es sólo la última. Empiezo a estar ya un poquito hasta las narices de que nos trate como a críos, incapaces incluso de comparar dos precios, que se dejan timar por un mecánico diabólico para que nos robe el coche y nos pida un rescate después… Y así suma y sigue.
A esto hay que añadirle otra cosa, y es que yo no tolero bien los consejos. Lo admito. Es algo que llevo francamente mal. Admito que me cuenten su experiencia propia, lo que te pasó a tí en una situación semejante y lo que hiciste para resolverlo, y yo con eso tomaré nota mental y después haré lo que me plazca. Pero imposiciones del estilo lo que TIENES QUE HACER es… lo siento, pero no, por ahí no paso, eso lo llevo fatal. Y, como habéis podido ver, mi suegra es aficionada a llevarme la contraria y a obligarme por el método del acoso y derribo a hacer su santa voluntad. Y me jode. Me jode mucho.
Así que cuando me quede embarazada y ella quiera meter baza sobre el embarazo, o respecto al bebé, o cualquier otra cuestión en la que me imponga su criterio (más aún teniendo en cuenta que mi madre está lejos, y me temo que cuando nazca el bebé vamos a tener a mi suegra encima mucho más de lo que a mí me gustaría) la vamos a tener. Y la vamos a tener gorda.
Al tiempo.
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Tengo una duda. Bueno, tengo varias, pero todas vienen a cuento de lo mismo:
¿Qué se le puede decir a una persona, cuando sus “amigos” le fallan en uno de los días más importantes de su vida?
¿Cómo se consuela a una persona a la que sus “amigos” han dejado tirado como una colilla en una ocasión importante?
¿Qué palabras de ánimo puedes pronunciar, cuando sabes que le han dejado colgado y solo, precisamente cuando más deseaba tenerles a su lado?
Soy consciente de que no hay palabras de consuelo que puedan aliviar su dolor, y que probablemente nunca les perdonará que le hagan esto.
Ahora está deprimido, reafirmado en su creencia de que todas las personas del mundo son egoístas, mentirosas y traicioneras por definición hasta que no se demuestre lo contrario. ¿Y cómo le sacas de ahí, cuando se la acaban de jugar bien jugada? Imposible.
¿Alguien conoce las palabras mágicas, las palabras de aliento que puedan sacarle de esa desilusión y tristeza en la que se haya sumido? Porque a mí solo se me ocurren unas pocas palabras, y son más de rabia que de aliento:
¡VAYA PANDA DE CABRONES!
Venir a casa a jugar a la consola, sí que pueden; irse de despedida con su amigo, no les viene bien. Eso deja muy claro qué clase de personas son.
A su lado, Zorri hasta parece buena gente. Al menos a ella se la veía venir desde lejos.
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Ayer lo adelantaba en mi twitter:
Ikea: no es ciudad para niños (¿qué clase de degeneraos llevan a sus hijos pequeños a Ikea un sábado por la tarde? Mala gente, sin duda)
Y hoy retomo la idea para explicarlo más detalladamente. El sábado por la tarde (el sábado fue un día duro en general, os iré explicando la historia en diferentes posts), fuimos a Ikea a comprar mi escritorio nuevo, después de que Ifo ocupara vilmente y a traición _mi_ habitación de estudiar, con sabadosidad y alevosía, aprovechando que estaba en Madrid sacándole la lengua al Presidente del Gobierno, y en justo castigo por intentar ligar con Juanra, de Caiga Quien Caiga (supongo).
El caso es que necesitaba un escritorio para poder estudiar, y ya que el sábado estábamos liados con mil historias, se nos ocurrió hacer la penúltima parada en Ikea. Mala idea. Ir a Ikea un sábado por la tarde _siempre_ es mala idea. A menos, claro, que te encanten las grandes aglomeraciones de gente en espacios reducidos, caminar durante horas por el camino marcado cual manada de borregos, y no tener salida a tu alcance en caso de una crisis de ansiedad más que probable. Y, a pesar de todo, allí nos metimos, dispuestos a hacernos con mi escritorio nuevo, sorteando toda clase de peligros, y meter los paquetes en el Ifo-coche como fuera.
Lo que no podía imaginar ni por un momento es que nos encontraríamos con montones de familias, matrimonios jóvenes (apenas treinteañeros) con niños pequeños, incluso en cochecito. Si para un adulto ya es duro pasar por la experiencia de recorrerse Ikea a la caza y captura del escritorio deseado un sábado por la tarde entre millones de personas que hacen la misma peregrinación hacia el almacén, armados con lápiz y papel, por un camino tan estrecho… no me quiero ni imaginar cómo lo deben pasar las pobres criaturas, atadas durante horas al carrito, sin poder moverse, con peluches y cosas chulas a su alrededor que desean tocar, y gente que pasa a su alrededor como puede, estresada y de mala leche. No lo entiendo. Hace falta ser degerano y mala gente para hacer pasar a tus propios hijos pequeños por una ginkana claramente poco adecuada para su edad y sin premio final, y para más inri una experiencia que no deseas ni para tí misma.
Me pregunto si esos padres que llevan carritos con niños en Ikea un sábado por la tarde estarán poniendo en práctica algún tipo de castigo promovido por un método pedagógico que desconozco. No es normal tanto padre con tanto crío en un día y lugar tan poco adeacuado para ellos. Pero me fijo un poco mejor y ¡veo que los padres incluso están disfrutando! Los veo parados en corrillos, provocando atascos entre la marea de gente que no puede avanzar, parados en determinadas zonas del recorrido (¿o debería decir laberinto para hamsters?) comentando en grupitos lo ideal que es esa cocina o qué combinación tan divina para una habitación, mientras los pobres críos berrean aburridos y agobiados de cochecito y de gente. ¡Serán sádicos! No deberían haberles permitido tener hijos, ¿para cuando un test psicotécnico para poder ser padre?
Finalmente, y no sin esfuerzo, llegamos al almacén con todas las referencias anotadas: mi escritorio Galant, una cajonera y un sillón-director para Ifo y su espalda. Mientras Ifo se lleva la grúa de a leuro que hemos cogido en la entrada del almacén y la hoja con las referencias apuntadas, yo me pongo a hacer cola pacientemente para el punto de información, donde _creía_ que me iban a dar un papelito para recoger los tableros en una puerta grande. Craso error. Llego allí, le doy la referencia de mi escritorio, y el chico primero no la encuentra en el ordenador y después me manda devuelta arriba, a la sección de escritorios, a hablar con el encargado de esa sección, que me tiene que hacer el pedido. Cawenikea, ¿y eso no me lo podían haber dicho antes? El chico, todo encanto y buen hacer, me da dos opciones: o dar la vuelta y enfrentarnos a la marea de gente, alcanzando nuestro objetivo nadando contra corriente como un kilómetro más o menos, o volver a entrar y realizar de nuevo todo el recorrido infernal. Logro controlar mis instintos asesinos porque estoy demasiado cansada y el chaval tiene pinta de que opondrá resistencia, y yo no estoy para esos trotes.
Optamos por volver a hacer el recorrido. Gracias a la orientación fuera de serie de Ifo, podemos atajar más de 3/4 partes del recorrido, colándonos por los recovecos de la exposición y esquivando a esas familias de padres sádicos e hijos que en la adolescencia probablemente emularán al asesino de la katana o algo parecido (luego, los medios de comunicación llorarán la desgracia y culparán a los juegos de rol, sin darse cuenta de que la tragedia familiar se mascaba desde la más tierna infancia). Llegamos, conseguimos encontrar una empleada libre en la sección que nos interesa que Ifo pilla por banda y no la soltamos aunque la cola de gente que quiere preguntar tras nosotros crece. Parece que no tenemos muy claro (sobre todo yo) las piezas que componen la mesa que necesito, y la chica con sus prisas por quitarnos de enmedio rápidamente tampoco ayuda. Al final logramos aclararnos y nos hace el pedido.
Volvemos por donde nos hemos colado y en un santiamén nos plantamos de nuevo en el punto de información del almacén, otra vez a hacer cola (por suerte ahora no hay apenas gente esperando), y nos mandan a la línea de cajas con unas instrucciones bien sencillas: primero haz cola en caja para pagar, después vuelve a hacer cola para que te preparen el pedido, después haz otra cola para que te entreguen el pedido, y luego, si eso, ya te daremos la mesa, suponiendo que hayas conseguido llegar hasta el final de la ginkana infernal y no hayas fallecido en el intento. Genial. Me encanta este sistema sueco pensado para hacernos la vida más fácil. ¿Se imaginan todo esto con niños menores de tres años?
Inasequibles al desaliento a pesar de todos los contratiempos, de los recorridos maratonianos por la tienda, de la avalancha de gente, de las largas colas y de las insufribles esperas, finalmente nos llevamos nuestro escritorio a piezas. Y la pieza grande no nos cabe en el coche. Mi hermano no puede echarnos una mano porque va camino de una despedida de soltero, mi padre no puede ayudarnos porque el todoterreno no tiene pasada la ITV y se han llevado a Canet el coche pequeño, llamamos un taxi monovolumen (unas 15 veces a la central hasta que nos cogen el teléfono) y el taxista no se digna a presentarse…
Mira, casi que mejor subimos de nuevo por donde podamos (que es por ningún sitio, tenemos que hacer como si volviéramos a entrar en la tienda pero cargados con la pieza que no nos cabe en el coche), volvemos a hacer la enésima cola del día, y pedimos que nos lo envíen a casa. Hasta este viernes no tendré mi mesa nueva completa en casa y podré empezar a montarla. ¡Con las ganas que tenía y me tendré que esperar una semana!
Yo acabé el día destrozada, pero Ifo aún más debido al esfuerzo físico “extra” que tuvo que hacer y del que yo me libré Desde luego, me debe querer mucho para aguantar una tortura así.
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Cuando comenté que la entrada de año me estaba iendo de pxxa pena, algunas comentáteis que lo bueno que tiene empezar el año de una forma tan desastrosa es que a partir de ahora solo podía mejorar…
Bueno, pues lamento deciros que estábais equivocadas. Y es que, como en aquella célebre máxima del cabxxn de Murphy, si algo puede salir mal, seguro que saldrá mal.
Ya no solo por los navagazos que he recibido últimamente y que me han dejado para el arrastre física, anímica y mentalmente… Quizá, como decía Toxcatl, era incluso previsible, no lo sé, lo que sí sé es que _yo_ no me lo esperaba ni muchísimo menos…
No, ya no me apetece seguir doliéndome de heridas recientes, ya habrá tiempo de seguir con esa guerra, porque me consta que todavía dará mucho de sí.
Hoy es una herida nueva, en un costado diferente, la que me hace sangrar, y es que cuando pensabas que ya estabas al límite, un nuevo disgusto te hace darte cuenta de que las cosas todavía pueden ir a peor. El viernes por la tarde le robaron la cartera a Ifo y nos sacaron, en cuestión de menos de 10 minutos, 1.200 leuros de nuestra cuenta común. Nuestro viaje de bodas. Enseguida anulamos las tarjetas, pero ya era demasiado tarde, ya nos habían pegado el gran sablazo.
Llamamos a Caixa Protect el mismo viernes por la tarde, y nos tranquilizaron diciéndonos que el seguro de la tarjeta nos devolvería todo el dinero de las operaciones no autorizadas realizadas en las 48 horas anteriores a la anulación de la tarjeta… Y después de poner la denuncia en comisaría, pasamos el fin de semana más o menos tranquilos. Hasta que esta mañana, Ifo va a la oficina de La Caixa a tratar de arreglar el asunto, y nos dicen que ni Caixa Protect ni poxxas en vinagre, que como han sacado el dinero desde el cajero, y que para eso necesitan el código pin de la tarjeta, no nos devuelven ni un duro.
Gritos después, el tío de La Caixa nos dice de muy malos modos que no ha sido él quien ha PERDIDO los 1.200 euros. No, perdona, ni yo tampoco los he perdido, nos los han ROBADO, que es muy diferente. Gritos, lloros, amenazas y varios ¡Quiero hablar con el director de la oficina! después (no recuerdo si exactamente en ese orden), conseguimos que se tome un poquito de interés en el asunto, pero no conseguimos que nos dé por escrito las cláusulas de Caixa Protect con el argumento de que le estamos poniendo nervioso y que mejor volvamos en otro momento, que él ya lo buscará con más calma. Alucinante. Yo es que no me puedo creer que en una entidad como La Caixa no sean capaces de darme por escrito las condiciones de un contrato. Que por teléfono me digan una cosa y en persona otra, después de mi experiencia en distintos Call Centers, me cuesta menos de creer, pero aún así no me lo esperaba de una entidad con la solera y el renombre de La Caixa. Aún así, cojo el móvil y delante del chico de la oficina llamo a Caixa Protect para que me confirmen delante de él lo que me habían dicho por teléfono, y el tipo se hace el sueco y me dice que él no se va a poner, que si quiero hable_yo_ con ellos y él va haciendo su trabajo, que tiene cosas que hacer… Tremendo.
En fin, parece que el chico se lo toma con algo más de interés, busca, rebusca, llama, nos marea un poco, que si tenéis que ir a Terrassa, que si ya no tenéis que ir, que si esperaros a ver si mañana os lo puedo arreglar desde aquí y no hace falta que vayáis… Nos explica que no nos puede devolver el dinero porque si así fuera habría mucho fraude, dándonos a entender que podríamos estar compinchados con el ladrón, porque utilizó nuestro código pin para acceder a la tarjeta. Le pregunto que si hubiera sido comprando en un comercio si nos lo devolverían, y me dice que en ese caso sí. ¡Genial! Le voy a dar mi tarjeta a mi cuñi, que le funda el límite en el Mediamarket, y después denuncio que me han robado la tarjeta y han hecho operaciones fraudulentas. Y los 1200 leuros los recupero por una vía o por otra, por la madre que me parió. El chico palidece, tiembla ligeramente, me parece que ha empezado a sudar, creo que me ve perfectamente capaz de hacerlo. Hace bien. Y eso que no me conoce aún.
Total, que al final nos dice que esto de Caixa Protect es relativamente nuevo, que solo tiene 6 meses (acoxonante), que antes no se hacía así, que en La Caixa son pioneros, bla, bla bla (¿encima el tío está intentando venderme las excelencias de La Caixa, después del disgusto que nos acaba de dar, de decirme que si estoy compinchada con el ladrón, y que es mi problema si pierdo las cosas? Flipo en 32 bits). Resumiendo, que es posible, y solo posible, que sí que nos reembolsen la pasta que nos han robado. Veremos a ver. Yo hasta que no lo vea ingresado en mi cuenta, no me fío un pelo.
Pero es que aún hay más. Es solo un mal presentimiento, no lo voy a decir claramente porque no tengo pruebas pero… un comentario que hizo el chico de La Caixa y un presentimiento cruzó por mi cabeza como un rallo. Sacaron el dinero de la oficina de la calle Comte d’Urgell, Nº 240, Urgell - París, donde está la gasolinera… Y algo en mi cerebro ardió. ¡¡AY, DIOX, NO!! ¡¡Justo enfrente de donde trabaja mi ex!! nopuedeser-nopuedeser-nopuedeser-nopuedeser… ¿O sí? Cuando vea, si me dejan, la grabación de la cámara del cajero del que nos robaron nuestro dinero, probablemente me quede tranquila. Espero.
En esta entrada hablo de: boda, cabreo, decepción, dinero, idiotas, Ifoxe, luna de miel, mala suerte, mi ex-novio, trabajo
En capítulos anteriores...- Septiembre 10, 2008 -- ¿Que por qué me casé?
- Junio 26, 2008 -- Hacienda
- Junio 24, 2008 -- Motivos para despertarte de mal humor un domingo
- Diciembre 31, 2007 -- No puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser…
- Junio 13, 2008 -- ¿Qué decir cuando los amigos te fallan?
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Llevo una semana de perros, estoy tan cansada que casi no puedo con mi alma.
Desde el domingo que volví de Madrid, todavía convaleciente de los navajazos recibidos pero con la satisfacción de haber dejado claro finalmente quien tiene aquí la sartén por el mango, no he podido descansar y mi cuerpo me está pidiendo a gritos que me tome un respiro.
Llevo toda la semana moviéndome más por inercia que por energía y voluntad propia. Llegaba a casa y me quedaba dormida en el sofá a los 5 minutos. Ayer tuve que salir de la bañera a punto de dormirme dentro, y creo que a eso de las 11, cuando Ifo intentó llevarme a la cama, me puse a gritar que me dejara en paz, que quería dormir. Necesito una siesta con carácter de urgencia.
Han seguido los insultos, ha seguido la lapidación tanto interna como externa, pero la interna además aderezada con palmaditas en la espalda, y ya no sé qué es lo que me jode más, si las puñaladas o que pretendan arreglarlo de la manera más estúpida que han podido encontrar. Vale que yo también me he cubierto de gloria y he metido la pata bien metida en un error de primero de manual, en una tontería que me podía haber ahorrado si hubiera sido un poquito más inteligente. Le he dado munición al enemigo de forma totalmente gratuita, y ya hay que ser taruga para ponérselo tan fácil. 3 puntos también para mí.
Ya no solo circulan por públicamente ahí mails privados escritos por mí utilizados para ponerme a parir, sino además también mi número de teléfono, aderezado con una curiosa notita animando a llamarme por teléfono, pero sin decir mi nombre. ¡Será desgraciado! ¡El muy cabxxn! Por suerte me cambié de número hace como un año, así que quien decida gastarse la pasta en porculear, se va a encontrar un contestador automático contínuamente, pero aún así me toca las narices un rato.
Por otro lado, ifo al final se ha salido con la suya, se encaprichó de un ordenador nuevo, y no ha pasado ni una semana hasta que se lo ha comprado. Con sabadillez y alevosía, aprovechando que yo estaba en Madrid y no le podía retenera base de ponerme pesada o hacer morritos. No hay quien pueda con este hombre cuando se le mete algo en la cabeza.
Me voy a casa. Toca limpieza general y encima me vienen a arreglar la caldera. Estoy hasta los coxones de todo. Igual me meto en la cama, me tapo con la funda nórdica y no salgo de ahí hasta el lunes.
En esta entrada hablo de: cabreo, idiotas, Ifoxe, navajazos, Pierre Nodoyuna, política, trabajo
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Hoy en teoría tocaría hablar de lo bien que se han portado los Reyes conmigo porque durante todo el 2007 he sido una niña muy buena… Pero como me ha tocado venir a trabajar con dolor de muelas y no he dormido nada en toda la noche, prefiero quejarme, que es más entretenido.
Sinceramente, espero que todo lo que ha sucedido esta última semana no sea un anticipo de lo que me depara el año entero, porque entonces me platearía seriamente ponerme a hivernar hasta las uvas… Y es que llevo una semanita de pxxa pena. Os resumo:
El mismo día 31:
- Empiezo la mañanita del último día del año enterándome de que he tirado a la basura dos décimos de la Lotería de Navidad premiados con 100 leuros cada uno.
- Volviendo a casa, se me parte el cable del embrague de la moto subiendo por la carretera de montaña, y llego a casa como buenamente puedo.
- Me cargo el móvil de la manera más imbécil posible: por no acordarme del código pin, y reincidir en el intento. Y encima encuentro todos los papeles del móvil, incluida la factura, menos la tarjeta con el código PUK. Cawentó lo que se menea, si es que no se puede ser más tonta.
- Me agarro un cabreo de mil pares cuando mi madre me cuenta que le han dicho que tendré que tirar el plasma de 42 pulgadas que le regalé a Ifo en unos 7 u 8 años (si no antes), porque pierde no-sé-qué y hay que recargarlo con un líquido que ya ha dejado de fabricarse, y por eso todas las teles que se venden ahora son LCD. Cawenlamadre que parió al vendedor que me dijo que el plasma era mejor que el LCD, y todos sus parientes cercanos. Me pasa por confiada y por no informarme bien antes de comprar. Y encima el día anterior tiré todo el relleno de la caja de la tele y no la voy a poder cambiar… ¡Quien me mandaría a mí ponerme a hacer limpieza a fondo justo el 30 de diciembre, por diox! Al día siguiente todo queda en un susto, pero hasta que no me aseguro, me lo paso intranquila por el tema.
- Me pego más de 4 horas en la cocina preparando la cena de Nochevieja. Mis invitados se hinchan con el picoteo previo, parece que la sopa no va a tener mucho éxito (los galets han absorvido casi todo el caldo, ¡mxxrda!), y cuando voy a servir los solomillos tengo la sensación de que se los van a comer más por compromiso que por otra cosa. Me he dejado un pastón en unos filetones enormes, y me sobran la mitad porque se los reparten a mitades porque están todos que van a explotar de tanto comer. Pues vaya.
En días sucesivos:
- Se me hincha la boca por un flemón que hace que morder sea un suplicio y vea las estrellas al bostezar. Llevo tres días comiendo sopitas, papillas y purés.
- Traía yo esta mañana un puré de patatas más rico que hice anoche, y se debe haber cortado la leche porque al ir a abrirlo echaba un pestazo que tiraba de espaldas. Y a ver qué como yo hoy con la boca hecha una pena.
- Ifo pilla una gripe de mil pares que me tiene toda la noche sin dormir. Y yo ya empiezo a notar los síntomas, por lo que deduzco que estaré al caer.
- Mi suegra tendrá que pasar por quirófano la semana que viene por un achaque que hace un mes ni sabíamos que tenía.
- Tenemos una bronca muy muy muy gorda. Nos decimos cosas muy desagradables el uno al otro. Yo me comporto como una niña que necesita ser protegida y rescatada de un peligro inexistente. Durante unas horas, la boda pende de un hilo, y para ser sincera aún hoy la incertidumbre me ahoga y me paraliza. Veremos.
- Estoy sin un duro, y solo estamos a día 7, y cabreada como una mona por haber descontrolado tanto estas fiestas y no haber sabido frenar a tiempo.
- Y encima, este puñetero corte de pelo, por el que la peluquera se merece 5 años de inhabilitación profesional como mínimo.
Vamos, que estoy hasta el último pelo del moño del año nuevo y todas las mandangas que trae consigo.
Pero en fin, y aquí seguimos, al pie del cañón, ¿qué se le va a hacer?
En esta entrada hablo de: amor, boda, cabreo, convivencia, discusión, familia, hermanos, idiotas, Ifoxe, mala suerte, suegra, tristeza
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