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- Cámara de vídeo: cargada y guardada en su funda
- Batería extra: cargada a tope, y guardada en la funda también
- Cámara de fotos: cargada, limpita y guardada en su funda
- Tiritas, plantillas transparentes, compeed ampollas: en el bolso
- Zapatos planos extras para cambiarme: preparados
- Anti-inflamatorio en crema: preparado
- Medias blancas de recambio para emergencias: preparadas
- Mis piernas: suaves como el culito de un bebé
- Votos matrimoniales: escritos y preparados
- Lecturas de los hermanos y del padrino: preparadas y enviadas hace días
- Los anillos: los trae mi hermano
- El coche: viene de camino
- Las flores: a punto, listas para ser colocadas mañana a primera hora
- El fotógrafo, el cámara, la peluquera, el disck-jockey, los camareros… todos saben lo que tienen que hacer en cada momento
- Los detalles para los invitados, los regalos para las abuelas… todo a punto
- Las maletas para la luna de miel: hechas
- Los pasaportes: guardados en la maleta, junto a los billetes
- El seguro de casa: contratado
- La casa: limpia como una patena
- Los amigos: todos tienen la dirección de casa, de la Iglesia, del restaurante…
- Mi vestido de novia: colgado en el armario, guardado en su funda, junto a los zapatos
- Mis padres: se quedan a dormir esta noche en mi casa
- El novio: de los nervios, esta noche duerme en casa de sus padres
Creo que no falta nada. Estamos listos para casarnos.
En esta entrada hablo de: boda, hermanos, Ifoxe, luna de miel
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Se me ocurren unos cuantos. Veamos:
Es domingo, estás tumbada en la cama y tienes los ojos abiertos como platos. Miras el despertador y son las 9:30 de la mañana. A pesar de que te acostaste a las 3 de la madrugada, y de que es muy temprano para levantarse un domingo, no puedes pegar ojo.
Tan temprano y ya estás completamente empapada de sudor en la cama porque no has conseguido convencer todavía a tu futuro marido de quitar las mantas y las sábanas de franela (tendrás que hacerlo en un momento de descuido) y poner ropa de cama de verano. Total, solo estáis a veintitantos de junio…
Se acerca el mediodía. El termómetro en la calle marca 35 grados. La piscina es una tentación a la que no te has podido acercar en los últimos dos meses de lluvia casi ininterrumpida, y estás deseando darte un baño. Por algo llevas desde septiembre viviendo en una urbanización pija con piscina en la que estás deseando remojar tu cuerpo serrano y ponerte morena. Pero tú tienes que fastidiarte, asfixiarte de calor y llevar pantalones largos porque el jueves tienes cita en el centro de estética para una depilación integral, por lo que el domingo tus piernas y tus ingles están lejos de ofrecer el aspecto ideal para ir a la piscina. Al menos, fuera de las fronteras de Suecia… Intentas convencerte a tí misma de que podría pasar por una rebelión en contra de la concepción femenina de la belleza impuesta por los cánones machistas, pero lamentablemente no funciona.
Con la intención de que se te haga menos duro el suplicio, te acercas a la piscina con pantalón largo y todo, y piensas que si al menos el agua está helada, eso te consolará. Pero el agua está a la temperatura ideal para darse un chapuzón, y a tí te espera un laaaaargo puente de cuatro días, en el que verás la piscina pero no la catarás. 4 interminables días durante los que tendrás que conformarte con el ventilador de pie, tumbarte quietecita a la sombra en el balancín del patio y ponerte ciega a horchatas y limonada casera para pasar el calor. Ni siquiera te queda el consuelo de la manguera del patio para remojarte, porque se estropeó hace meses y aún no la habéis arreglado.
10 meses esperando para disfrutar de la piscina: cuando hace sol, el agua está helada y no hay quien se bañe sin arriesgarse a exponerse a la hipotermia; cuando se acerca el verano, llueve sin parar. Y cuando por fin llega el momento, estamos en verano, hace sol, no llueve y la temperatura del agua es la ideal… ¡no me puedo depilar y mis piernas parecen las de un futbolista de la selección! Y no puedo depilarme a lo tonto en casa porque cuando llegue la boda y la luna de miel posterior no quiero tener que preocuparme de unos incómodos pelitos, quiero estar perfecta y tener las piernas suaves. La vida es muy injusta.
¿Es o no es como para despertarse de mal humor un domingo?
Por cierto, el Sant Joan lo pasamos cenando en casa de mis suegros, y después haciendo explotar petardos en la calle: en mi tiempos, los petardos llevaban mayor carga de pólvora y duraban más rato, pero es que ayer era realmente frustrante ver las pequeñas fuentes de colores de pirotecnia y que no duraran ni 15 segundos.
 
 
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Está claro. No puedes reírte de las desgracias de otra persona porque, tarde o temprano, el mal karma siempre vuelve.
Todavía me estaba descojando a pata suelta ayer del post de Neblina, en el que comentaba sus aventuras en la peluquería, intentando hacerse entender a las peluqueras con más bien poco éxito, cuando Ifo me mandó un SMS al salir _él_ de la peluquería:
Vida, uf, fatal, ya lo verás…
Me asusté, claro, y le llamé por teléfono:
¿Qué te han hecho, carinyu?
Ifo estaba al borde de las lágrimas, yo creo que reía de puros nervios.
¡¡¡Mi melenaaaaa!!! ¡¡No tengo pelooooo!! Parezco un militar
¡Mierda! Si es que no le tenía que haber dejado ir solo…
Yo no sabía si reir o llorar, me daba la sensación de que se estaba quedando conmigo… Pero cuando le ví me convencí de que no, no se trataba de una broma. Él, que siempre ha llevado el pelo más o menos largo, le dijo a la peluquera que quería simplemente que le arreglara un poco el corte que llevaba, que lo quería igual de largo pero más arreglado. Parece fácil de entender, ¿no?
 
 
 
Pero en algún momento de la conversación, Ifo cometió el error de comentar que se casaba en 10 días, y por alguna extraña razón, la peluquera consideró que lo mejor es que apareciera en las fotos de la boda prácticamente irreconocible, y su preciosa melenita rubia acabó en el suelo de Llongueras.
Me explicó que mientras veía su pelo caer al suelo, cual Sansón sin su melena, le iban entrando sudores fríos y se iba poniendo cada vez más pálido. Normalmente va a la peluquería a disfrutar, le encanta que le toquen el pelo (para él es casi una seña de identidad, y es que tiene un cabello precioso, rubio, liso, suave… a veces me meto con él y le digo que hasta lavándoselo con fairy le quedaría bien), le gusta que le den masajes en el lavacabezas, que le mimen y que le atiendan como un rey, que le digan lo guapo que está… Pero ayer lo pasó realmente mal en la peluquería, viendo caer mechones de pelo a derecha e izquierda y sin poder hacer nada para evitarlo.
Superado el shock inicial, la verdad es que yo le veo muy sexy. Ayer me daba la sensación de que le habían quitado por lo menos 10 años de encima, con lo que tenía la inquietante sensación de estar liada con su hermano adolescente. Pero cada vez que lo miro le veo más guapo.
Así que me ha pedido que haga una encuesta entre mis compis blogueras y que seais vosotras las que determinéis si está realmente guapo. ¿A vosotras qué os parece? ¿Mejor antes o mejor ahora? Ya sé que la calidad de la foto no es muy buena, porque la he hecho esta mañana con el móvil, pero para que os hagáis una idea del nuevo look de mi chico a falta de una foto mejor, de momento nos apañaremos con lo que tenemos.

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Tengo una duda. Bueno, tengo varias, pero todas vienen a cuento de lo mismo:
¿Qué se le puede decir a una persona, cuando sus “amigos” le fallan en uno de los días más importantes de su vida?
¿Cómo se consuela a una persona a la que sus “amigos” han dejado tirado como una colilla en una ocasión importante?
¿Qué palabras de ánimo puedes pronunciar, cuando sabes que le han dejado colgado y solo, precisamente cuando más deseaba tenerles a su lado?
Soy consciente de que no hay palabras de consuelo que puedan aliviar su dolor, y que probablemente nunca les perdonará que le hagan esto.
Ahora está deprimido, reafirmado en su creencia de que todas las personas del mundo son egoístas, mentirosas y traicioneras por definición hasta que no se demuestre lo contrario. ¿Y cómo le sacas de ahí, cuando se la acaban de jugar bien jugada? Imposible.
¿Alguien conoce las palabras mágicas, las palabras de aliento que puedan sacarle de esa desilusión y tristeza en la que se haya sumido? Porque a mí solo se me ocurren unas pocas palabras, y son más de rabia que de aliento:
¡VAYA PANDA DE CABRONES!
Venir a casa a jugar a la consola, sí que pueden; irse de despedida con su amigo, no les viene bien. Eso deja muy claro qué clase de personas son.
A su lado, Zorri hasta parece buena gente. Al menos a ella se la veía venir desde lejos.
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Pocas veces he tenido que moderar comentarios en este blog, y cuando lo he hecho es porque la persona que lo dejó sabía que su comentario era deliberada y pretendidamente insultante, así que no tenía derecho a reclamar su permanencia. Si vienen a mi casa a insultarme, estoy en mi derecho a cerrarles la puerta en las narices. En los casos más recalcitrantes, en los que la persona insultadora pretendía continuar erre que erre en su actitud, he llegado a banearles la posibilidad de comentar mediante su IP. Una de las cosas que me encantan de wordpress, es tener la oportunidad de cortarles el paso a los insultadores para que no me llenen el blog de mierda mientras yo no estoy de guardia.
Otro tema es la actitud, excesivamente vehemente para mi gusto, de algunas personas al exponer su opinión. Será que soy muy sensible, pero tiendo a sentirme acosada fácilmente ante una actitud vehemente en exceso, y en esos casos me retiro fácilmente de la lucha cuerpo a cuerpo; como mucho, replico un par de veces para que quede constancia de mi posición, pero no tengo ni energía ni ganas para mantener un rifi-rafe que, por otro lado, no llevará a ninguna parte. Hay ocasiones en que, probalemente sin que la otra persona lo pretenda (o quizá sí, vete a saber), me siento insultada y menospreciada con la actitud de la persona con la que se supone que estoy dialogando, aunque la otra persona no haya escrito un solo insulto.
Esto último es lo que me ocurre desde hace algunos días con Caótica. Su vehemencia me abruma, me hace sentir mal, y no me siento con fuerzas para entrarle al trapo. Tiene unas posiciones maximalistas en algunos temas, y su forma de expresarse da a entender que ella tiene la razón y el resto del mundo, o comparte su posición, o está totalmente equivocado, o al menos esa es la sensación que a mí me queda después de leer sus comentarios. Un par de ejemplos:
Cuando hablamos del tema del boy, dije que me daba mucho asco sobarle. Y ella me respondió en los comentarios (las negritas son mías):
Pues yo, mujer sin pareja estable y con necesidades sexuales como cualquier ser humano sano que se precie, no voy pidiendo un informe de historial sexual a todo tio que me guste. Para eso siempre llevo un buen surtido de condones en el bolso.
No lo dice, pero da la sensación de que su respuesta me deja a mí como una pámfila reprimida y puritana que en nada se corresponde con mi manera de ser. Es simplemente que me da mucho asco tocarle la polla (menos aún chupársela) a un tío que no conozco y con un trabajo de alto riesgo. ¿Tan raro es? ¿Debería llevar condones en el bolso para que no me dé asco tocarle la espalda sudada a un tío? Lo siento, querida Caótica, pero no van por ahí los tiros. Sinceramente, creo que te pasas de lista, cariño.
Otro comentario que me ha dejado mal cuerpo es en el que ella decía que no entendía cómo nos podían gustar las despedidas de soltera, yo le contestaba que al menos la propia es una experiencia para vivirla, y ella me ha respondido lo siguiente:
Yo no se si algún dia me casaré, pero lo que si tengo claro es que de despedida de soltera nada, me da urticaria solo de pensarlo. Así que en mi caso, la propia, no la voy a vivir.
Primero, por que mis amigos son personas, independientemente de su sexo. Y no me imagino a mis amigos hombres con orejitas de coneja, y comiendo pan en forma de polla. Segundo por que no voy a mandar a mis amigos hombres a la despedida de mi chico, por que mis amigos son “mios”. Tercero por que nunca me ha hecho falta excusa alguna para hacer la loca, lo he hecho cada vez que me apetece. No necesito hacer ostentación de simbolos fálicos, los disfruto cuando cuadra, pero no necesito endiosarlos. Hablo de sexo, de pollas, de orgasmos y de lo que sea cuando me apetece, por lo tanto, no necesito excusas para poner meterme una polla de plástico en la boca.
Y por último, si algún dia me caso, no necesitaré despedirme de nada, por que seguiré sintiendome tan libre como siempre, o esa es la única manera en la que yo, podré ser feliz.
Esto ya ha conseguido cabrearme de verdad. Para empezar, posturas maximalistas a mí, las justitas. Y todo lo dicho anteriormente queda muy bien a nivel retórico, incluso puedo compartirlo, pero cuando sales ahí fuera, al mundo real, ¡sorpresa!, no todo es blanco o negro. Muchas veces, una posición preconcebida, una convicción muy sólida, puede acabar pulverizada por la realidad cuando te encuentras en situación de ponerla en práctica. Quizá un poco más de humildad para con las personas cuando se encuentran en posición de HACER y no de OPINAR pueda ahorrarte algún que otro mal trago si te ves en un futuro próximo ante la misma situación.
O quizá soy yo, que no soporto los radicalismos (me curé de esa enfermedad con la edad), me considero una persona flexible, que no comulga con criterios absolutos y que intenta contemplar las circunstancias y los matices antes de emitir un veredicto que no admite apelación posible. Por eso no admito veredictos inapelables tampoco sobre mí, porque creo que nadie tiene derecho a juzgarme desde una posición meramente contemplativa de la situación. ¿Has pasado por una situación parecida? Admito tu opinión, y tu punto de vista. ¿Hablas de oídas, sin haberte visto en una situación parecida? Pues entonces, maximalismos los justos, los o todo o nada no me sirven, no ayudan, no aportan nada.
Claro que en un país con 45 millones de seleccionadores nacionales, y donde el contemplar los toros desde la barrera es un deporte nacional, no me extraña en absoluto que haya personas que se permitan el lujo de juzgar a los demás a partir de criterios absolutos en los que el mundo es solo blanco o negro. Me pregunto cómo reaccionarían esas personas de tan sólidas convicciones, cuando se vieran en la tesitura de ponerlas a prueba… Llámalo relativismo si quieres.
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Como os expliqué ayer, no pudimos celebrar la despedida de soltera en la playa por el riesgo de que lloviera y se chafara la fiesta; además, éramos menos de las previstas y faltaban algunas personas importantes debido a que mi cuñada no había confirmado y algunas personas ni siquiera llegaron a enterarse, pero no importó, porque nos lo pasamos divinamente.
Nos encontramos en el Maremagnum a las 9, delante del MacDonald’s. Al grupito de amigas que nos esperaban se las veían desde lejos, porque llevaban unas orejas de conejitas en la cabeza y estaban armando jaleo con los pitos en forma de polla. Muy típico todo. Me colocaron las orejitas de coneja, me colgaron un pito-polla al cuello, y me colocaron una banda rosa con las letras “Sexy Girls” en plateado. No me disfrazaron de nada porque en la discoteca a la que íbamos después de cenar no dejaban entrar con disfraz (de hecho, los muy bordes incluso nos pidieron que nos quitáramos las orejas).
Cenamos en un salón enorme del Maremágnum, con cerca de 500 personas, varias despedidas a la vez, y casi el doble de chicas que de chicos. Nos dio la bienvenida el tío del 11811 (y si no lo era, lo parecía) y una drag queen espectacular, con un pelucón rosa y unas botas blancas increíbles. Hablaba con la gente un rato, y luego daba la bienvenida a cada grupo al grito de:
¡Viva la novia!
VIVAAAAAA
¡Viva EL CHOCHAZO de la novia!
¡¡¡VIIIIIVAAAAAAAAAA!!!
Y si eran un grupo de chicos, pues parecido.
A cada grupo de chicas que iba entrando en el salón (nosotras fuimos las primera), Mirian iba pasando revista, por si representaban algún tipo de competencia:
Esas son muy feas
Esas son muy viejas
Esas son muy gordas
Esas son muy pijas
Y es que le había echado el ojo “al apuntador” como ella dijo, el chico que pasaba preguntando por los grupos y nos iba colocando en las mesas.
Pudimos comprobar que los chicos le echaban mucha más imaginación al tema disfraces que las chicas, en general. Pudimos ver desde un Spiderman hasta un “marido en prácticas” con chaleco reflectante, pasando por un grupo que iba de entierro por el miembro del futuro casado, una Barbie Travestorro (en palabras de la Drag Queen, que por cierto respondía por el nombre Sara), y el mejor de todos, en mi opinión: un policía con minifalda y peluca rubia con trenzas a lo Pipi Calzaslargas. Brutal. El grupo de Spiderman resultaron ser los más cachondos de la fiesta, llevaban un megáfono y le iban añadiendo “su toque” a la despedida con frases ingeniosas de vez en cuando. Las chicas, en cambio, iban disfrazadas de ángel, de hawaiana, y similares. Nosotras, de conejitas Play Boy. Lo dicho, más originales ellos, sin duda.
La cena, un montón de cosas raras de picotear, chocos con unas bolas sospechosas de primero, y dos trocitos de salchicha de segundo. Casi ni comimos, pero el pan sí que tuvo éxito. Con forma fálica, claro, no podía ser de otra manera. Las muy petardas se guardaron en el bolso varios panecillos, “de recuerdo”. Sí, ya. Que eso mañana ya no necesita ni pilas ni nada… En fin.
La sangría, obviamente, hizo sus efectos, y antes del primer plato ya íbamos la mayoría bastante perjudicadas. Sobre todo Rosi y Mari Carmen, que se zumbaron ellas solas dos jarras, mano a mano, antes de terminar el primer plato. Rosi tiró la primera copa de sangría, mojó la silla, se manchó el vestido… Un drama, aunque es cierto que aunque fue la primera copa que se cayó, no fue la última. En una de esas que fuimos al lavabo, acabó tirando a otra chica de su silla y su copa de sangría también fue a parar al suelo… No se las puede dejar beber.
De postre, claro, un pollón enorme de pastel con un piercing en la punta, ¿qué otra cosa esperabas? Estaba buenísimo, por cierto.
Nos pusieron en una mesa que estaba en un lado de la sala, desde donde casi no se veía el escenario. Pero no éramos las únicas, porque cuando empezó el espectáculo un grupo de personas se levantó y se puso en los laterales para poder ver. Mi madre, que no puede estar mucho rato de pie, sobornó a los amigos de Spiderman con una jarra de sangría, y la dejaron sentarse en su mesa a ver la actuación en primera fila. No es nadie mi señora madre.
El espectáculo consistió en varias actuaciones de la drag queen cantando canciones festivaleras, remix de los éxitos de Raffaella Carrá incluido, que bailamos pegando brincos y cantando a pleno pulmón; la drag queen, otra chica y el pelocho de la entrada haciendo una parodia rara las bandas sonoras de las series de los 80 y canciones populares de la época como leit-motiv; y de guinda final, tres strep-tease: uno masculino, otro femenino, y el último masculino también.
Para ellos, una streaper con unas tetas de silicona horribles que más bien parecía que le hubieran implantado dos globos. Ya lo veréis en el vídeo si consigo subirlo. Hubo un momentazo en el que la chica le restregó las tetas en la cara a uno de los novios, y por poco acaba haciéndole sangrar la nariz, de lo duras que las tenía. Y para nosotras, dos boys bien armados. El primero tenía más bien poca gracia, iba de Curro Jiménez y bailaba al ritmo de Bon Jovi y similares (???). El segundo, el que me tocó a mí, iba de policía del SWAT, rollo Los Hombres de Harrelson, y bailaba ritmos funky, con mucha más gracia que el primero, y además mucho más guapo, desde mi punto de vista.
Llamaron a las novias a subir al escenario en dos grupos de 12 y nos colocaron en fila, 12 para el Curro Jiménez, 12 para el policía cañón, aproximadamente. Y durante la actuación, el boy iba cogiendo una a una a las chicas que estaban en fila contemplando el espectáculo, por orden de izquierda a derecha, por lo que a la primera chica que cogía el boy todavía estaba vestido, pero cuando bailaba con las últimas estaba ya en pelotas. Fue todo bastante inocente, un bailecito sin apenas roce (para mi tranquilidad), aunque con las últimas la cosa era ya bastante morbosa, con el tío en pelotas y las chicas agarrándose al culo como si les fuera la vida en ello; y con la última chica, el streaper que llevaba ya un rato en pelotas y jugando a enseñar pero poco con un pañuelo, la hacía sentarse en la silla, le tapaba la cabeza con el pañuelo y se ponía frente a ella en plan mamada, y a la chica se la veía retirando la cabeza, con la sensación de no saber dónde meterse, la pobre. A mí tampoco me hubiera hecho ni pizca de gracia.
Viendo el panorama, cuando me tocó subir a mí en el segundo grupo, me puse al principio de la fila, la segunda, aunque mis amigas me gritaban desde el lado del escenario que me pusiera al final, que ahí no iba a pillar anda. Cabronas… En cambio, la chica de mi derecha, la que estaba la primera, me dijo que cuando acabara con ella se volvía a poner a la cola, al final… ¡Qué panda!
En primera fila, contemplando el strep-tease, había un grupo de señoras mayores que no se perdían detalle. Y por poco les da un chungo cuando vieron el trasto que tenían los boys entre las piernas. No me extraña, la verdad es que los chicos estaban más que bien dotados. Me pregunto si todo eso que les colgaba sería natural, porque me pareció una cosa desproporcionada.
Al acabar la cena y el espectáculo, nos fuimos a la discoteca, en el propio Maremágnum. La verdad es que el ambiente del Maremagnum para ir de discotecas a mí no me gusta demasiado, pero como íbamos ya bastante contentillas, como que nos dio igual. Y allí nos encontramos con lo peorcito de la noche. Coincidimos varias despedidas, y claro, había tantos buitres babosos deseando ligarse a alguna tía aprovechando la borrachera que casi no se cabía, y por supuesto bailar con un poco de libertad era algo prácticamente imposible. Mirian, Marta (mi ex-cuñi) y Soraya se tenían que quitar a los tíos de encima a manotazos. Bueno, Marta no, Marta estaba encantada. Era algo extraño ver a mi ex-cuñi allí, ligando sin inhibiciones, cuando un mes antes todavía era la novia de mi hermano. Por cierto, al final probablemente sí que venga a la boda, o al menos eso es lo que dijo. Mi hermano, preguntado antes claro, dijo que no le importaba que ella viniera. Lo que ya no sé es qué haré con el ramo, pero ya veremos.
De la discoteca nos fuimos pronto, porque estábamos cansadas (los zapatos nos estaban destrozando los pies y llegó un momento en que yo ya casi no me tenía en pie), la música era horrorosa y el ambiente bastante descorazonador, con tanto buitre pululando y sin sitio para poder escapar. Nos pasamos más de la mitad de la noche en la terraza, donde hacía fresquito, no había tanta gente y se podía bailar a gusto. La única que parecía estar pasándoselo bomba era mi ex-cuñi, que se largó por su cuenta con un tal Roberto Carlos que acababa de conocer, y cuando todas quisimos irnos, ella quería quedarse con Mirian, a la que tampoco le apetecía demasiado estar de aguanta-velas. Como no había coches suficientes, y encima ellas habían venido con el coche de mi hermano y mi madre no estaba dispuesta a prestárselo, no le quedó más remedio que volverse con el resto del grupo. Aún no he hablado con ella, así que no sé cómo le sentó, aunque imagino que no demasiado bien.
El domingo amanecí con unas agujetas hasta los sobacos, literal, no me lo explico. Casi no podía abrir los ojos, de lo que me picaban. Y el lunes, arrastrando todavía las agujetas, tuve que llevar las gafas todo el día, porque el escozor de ojos no se iba. Me hago mayor, ya no estoy para estos trotes.
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Para resumir: Fue genial, me lo pasé bomba, y lo único que siento es que este tipo de juergas difícilmente se puedan repetir. Os cuento:
Desde bien temprano, ya preveía que el día iba a ser largo. A las 6:30h de la mañana estaba despierta en la cama y sin poder dormir, de los mismos nervios.
A las 8 menos cuarto nos sonó el despertado, y necesitamos casi tres cuartos de hora para sacarnos las sábanas encima y meternos juntos en la ducha (encima, el día anterior nos habíamos ido a dormir tarde, así, para acabar de rematar nuestro desastroso estado físico de ese día).
No obstante, a las 9 de la mañana ya estábamos listos para salir hacia Barcelona. Paramos en el Fnac de Plaza Catalunya y, con el dinero que nos han ido ingresando en la cuenta de la boda, compramos la cámara de vídeo que hacía semanas que habíamos dicho que queríamos de cara al gran día, y también para tener un recuerdo en condiciones del viaje de novios, que el vídeo que graba nuestra pequeña cámara de fotos sin zoom no da mucho de sí.
Así que nos hicimos con una JVC con disco duro de 30 Gigas (unas 7 horas de grabación a máxima calidad) y una tarjeta SD de 8 Gigas (2 horitas extras). Aunque la videocámara no es Full HDMI (porque esas se disparaban de precio, casi 3 veces más que la que hemos comprado), en el plasma de 42 pulgadas se ve de coña (osea, ¿no?). Lo único que le encuentro es que el zoom falla un poco, para alejar el objetivo hay que hacer presión sobre el botón además de moverlo, cosa que no ocurre para acercarlo, y a quien coge la cámara por primera vez le cuesta un poco. De hecho, nosotros mismos estuvimos a punto de devolverla porque no conseguíamos hacernos con el funcionamiento. Este es el motivo por el cual en el vídeo de la despedida, el momento en el que yo estoy bailando con el boy haya quedado cortado, porque quien estaba grabando se hizo un lío con el zoom. Una pena, pero no importa demasiado.
Con la videocámara en nuestro poder, y yo más feliz que una perdiz con mi juguete nuevo, nos fuimos a tomar un café al Starbucks. Todavía teníamos tiempo, puesto que no tenía hora en la pelu hasta las 12. Nos acabamos el café y buscamos la calle de la peluquería, en un barrio de Barcelona que apenas conozco. Después de dar unas cuantas vueltas y de preguntar, localizamos la pelu con 20 minutos de antelación. Llego pronto con la esperanza de que me puedan atender antes de la hora prevista, porque sé que cierran a las 2 y me tienen que hacer un tinte, lavar, peinar y maquillar, y que en dos horas no va a dar tiempo ni de coña, pero son ellas las que me han dado hora, así que… Ifo se va mientras tanto a visitar los centros comerciales de Barcelona a la caza y captura de un Asus EEE del que se ha encaprichado (búsqueda infructuosa, por cierto), y a las 2 de la tarde me espera delante de la puerta. Yo no salgo de la peluquería hasta las 3 y media, y para entonces él, pobrecito, está ya desesperado por el calor y por el agobio de la larga espera.
Como ya era tarde, pasamos por un MacAuto y pedimos hamburguesas para llevar y comemos en casa sucedáneo de comida de MacDonald’s. Como nos habíamos despertado pronto, y preveíamos que la noche iba a ser larga, mi intención inicial era echarme una siesta, aunque la cosa quedó más bien en una cabezada de poco más de una hora que me dejó el pelo chafado de un lado y la marca de un hilillo de baba en la base de maquillaje. Pues estamos bien. Al despertarme me tomo un café (¡cómo me gusta mi cafetera Nescafé Dolce Gusto!), me lavo los dientes con cuidado, y un hilillo de pasta de dientes y baba me recorre por la comisura de la boca por el otro lado. Genial, ahora parezco el conde Drácula.
A todo esto, Ifo y yo habíamos tenido una bronca antes a cuenta de los celos. Y es que empezaba a estar ya un poco harta de que me tomara por una especie de fresca capaz de liarse con el primero que se me pusiera a tiro. Bueno, en realidad no era esto lo que él quería transmitir, pero sí es la impresión que a mí me quedó, y sinceramente, no me hacía ni puñetera gracia. Entiendo que se sienta intimidado por el boy, a pesar del ascazo que me daba tocarle siquiera. A mí tampoco me hace maldita la gracia pensar que una tía buenorra le va a restregar las tetas en la cara a mi futuro marido, pero ¿qué le vamos a hacer? Me lo tomo con resignación, y lo que no se me ocurre pensar es que él vaya a tomar parte activa hasta el punto de poder considerarlo cuernos. En fin, que tuvimos una charla interesante, y al final lo aclaramos, aunque me pidió que llevara una cosa que él había elegido para estar más tranquilo. Más monoooooo!!
Así que a las 8 menos cuarto, pintarrajeada como una mona, con vestidito negro, medias negras, chaqueta negra, zapatos negros, bolso negro y bragas rosas (!!), fuimos a recoger a la hermana de Ifo y nos dirigimos al punto de encuentro. Al final no pudimos tener la despedida de soltera en la playa, porque amenzaba lluvia y nos cambiaron el sitio, y tuvimos que celebrarla en el Maremágnum, pero no importó porque lo pasamos la mar de bien, y la indeseable no se presentó. Claro que Zorri tampoco vino (no estaba invitada, y yo ya sabía que incluso antes, cuando aún no la había enviado a hacer gárgaras, tampoco iba a venir) y ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta que eché de menos la amiga que fue cuando éramos adolescentes, habría sido genial que estuviera allí compartiendo ese momento, pero hace ya mucho que dejó de ser la amiga que un día fue.
Mi ex-cuñi, que era la organizadora, también estuvo allí. Sinceramente, estuvo muy bien montado, aunque durante estos últimos días he tenido la sensación de que lo ha hecho un poco con desgana: hubo gente que no recibió el SMS convocándolas; no confirmó asistencia con nadie, y tuve que hacerlo yo; no llamó a nadie para decirles donde sería el punto de encuentro y la hora, y también tuve que hacerlo yo… Así que al final fuimos menos de las previstas, pero tampoco me importó porque me lo pasé la mar de bien.
Y ahora, para no hacer el relato demasiado largo, lo dejo aquí y mañana os sigo contando cómo fue la despedida de soltera en sí misma. Para ir abriendo boca, aquí os dejo con unas fotos de la cena. Si puedo, mañana incluiré vídeo también.
 
 
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¡QUÉ FUERTE-quéfuerte-quéfuerte!
¡Me caso en tres semanas!
Los nervios se me están empezando a instalar de forma permanente en el estómago, aún no me lo acabo de creer, estoy en una nube.
Y esta noche, me voy de despedida de soltera. Deseadme suerte, y que no me obliguen a meterle mano al boy.
Ifo ha pasado por varias fases en relación con mi despedida:
- La fase no quiero ni que tengas despedida, no me hace ni puñetera gracia y no pienso acompañarte a comprar el vestido
- La fase no me importa que vayas, pero yo no quiero saber nada, no quiero ni me enseñes el vestido que te compres
- La fase te llamaré durante la noche para comprobar que va todo bien
- Y por último (de momento), la fase quiero saberlo todo, quiero que lo grabéis en vídeo y quiero verlo
Es normal, a mí tampoco me hace ni puñetera gracia su despedida de soltero, y probablemente ese día (la semana que viene) me quede en casa aprovechando para ver Pretty Woman en DVD. Lo que ya no puedo prometer es que le espere despierta. Y él no sé qué hará esta noche, si me esperará despierto, si se quedará en casa o si saldrá con sus amigos a tomar algo. Pobrecito mío, no quiero que lo pase mal por los celos. Antes de salir de casa, le haré un regalito para que se quede más tranquilo 
En esta entrada hablo de: boda, despedida de soltera, fotos, Ifoxe, ilusión
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No sé qué clase de maldición nos habrán echado entre murcianos, valencianos y aragoneses, pero el caso es que llevamos mes y medio, y estamos ya en pleno junio, y no para de llover. Parece que nos la han querido jugar pero bien, en plan
¿No queríais agua? ¡Pues toma agua!
Mamones… El caso es que este sábado tengo la despedida de soltera en la playa, y si lo del boy ya me ponía mal cuerpo, que se pase toda la noche lloviendo como en los últimos 5 ó 6 fines de semana, todavía me fastidia más. Y que llueva el día de mi boda, algo que a estas alturas ya no descarto a pesar de que me caso el 28 de junio, no me hace ni puñetera gracia. Por no hablar de lo que me molesta tener que poner para lavar un pantalón diario, porque llevo los bajos de los pantalones siempre mojados y llenos de barro; o el no haber podido estrenar todavía el balancín que compramos para el patio, y que necesitamos 4 personas y dos tardes para montarlo… pero eso es otro tema.
   
   
   
Así que he leído por ahí, entre las muchas supersticiones relacionadas con el matrimonio y la boda, que si le llevas un cesto de huevos a las monjas Clarisas, no lloverá el día de tu boda. No me preguntéis qué relación tienen los huevos con la lluvia, ni si la culpa de lo del trasvase del Ebro la tienen las monjas Clarisas (yo creo que están en el ajo, va a ser que la culpa de la sequía la tienen los matrimonios católicos y el que a estas señoras les sobren huevos, con perdón).
El caso es que le he dicho a Ifo que, ya que estamos puestos, ¿por qué no hacemos el folclore completo, y aprovechando la racha lluviosa no les llevamos una docena de huevos a estas simpáticas monjitas, que parece que son aficionadas a la repostería? Y se ha descojonado de la risa, claro. No se podía creer que yo le estuviera diciendo eso.
No se trata de superstición, por supuesto no creo que los huevos de unas monjas tengan poder para generar una sequía de tal magnitud que haya que montar una tubería tan grande que nos ponga a media España en contra. Ni siquiera que tengan poder para que el día de mi boda no llueva. Pero ya que nos casamos por la Iglesia, vamos a hacer la gracia completa, que hay que respetar las tradiciones, ¿no? Ya no nos va de ahí, y encima nos parece un motivo simpático, a los dos nos hace gracia, así que ¿por qué no?
Ahora la duda es ¿dónde hay un convento de monjas Clarisas cerca de Barcelona? ¿Alguien tiene idea?
En esta entrada hablo de: boda, despedida de soltera, dudas, fotos, Ifoxe, mala suerte
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