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Y tú, ¿por qué te casaste, si ahora ya no hace falta?
Empiezo a estar hasta los cojones de que la gente que me conoce, y sabe lo que opino (o lo que opinaba hace taaaantos años) sobre el matrimonio, me pregunte contínuamente que por qué me casé, y añada esa coletilla de “¡si ahora no hace falta!“. “Puedes registrarte como pareja de hecho”, me dicen. Y me parece una broma de mal gusto, me dan ganas de escupirles un inmenso ¡JA! en plena cara. No tienen ni puta idea de lo que están diciendo, hablan de oídas, y no hay cosa que me rebiente más que la gente que da consejos o te dice lo que tienes que hacer con tu vida sin tener ni puta idea de lo que hablan, que hablen de oídas y se crean con derecho a decirte que haces bien o haces mal. Si no tienes ni zorra de lo que hablas, métete tus consejos en el culo, no los necesito para nada.
¿Que por qué me casé? Porque soy de la opinión de que me la jugarán una vez, pero no dos. De los errores se aprende y yo he aprendido de los míos. A palos, pero vaya si he aprendido.
Ha aprendido que para registrarse como pareja de hecho hacen falta dos personas, pero para des-registrarse solo hace falta una. He aprendido que los funcionarios del ayuntamiento se fían de la palabra y la buena fé de una persona que acaba de dejar tirada a otra a la que una vez amó, y corre al ayuntamiento a desregistrarse para que no quede ni rastro. Llamadme desconfiada, pero a mí me parecería al menos sospechoso.
En mi caso, la cosa fue más o menos así (yo no estaba, la funcionara me lo contó):
- Hola, que vengo a anular una pareja de hecho
- ¿Y la otra persona ya lo sabe?
- Sí, sí
- Vale, pues firma aquí (para dejar a tu ex-pareja con el culo al aire, desprotegida y sin los derechos que la amparaban cuando se registró).
La otra persona era yo, y me enteré tres meses después, porque me dio por preguntar en el ayuntamiento (él me lo negaba, y yo era gilipollas perdida). Intuición femenina, lo llaman. Intuición femenina por la parte de los cojones, diría yo.
Y una vez firmado ese papel por UNA sola de las DOS personas que componen la unión, resulta que pierdes todos los derechos que te amparaban cuando te registraste, te quedas con el culo al aire, la que era la vivienda familiar ya no lo es y te pueden dar una patada en el trasero y decirte: “Ala, bonita, ¡con dios!” Y digo yo, si es tan sencillo que te quiten los derechos que adquiriste al registrarte como pareja de hecho, y encima sin que tú te enteres, ¿para qué coño sirve? ¿Para qué coño nos registramos como pareja de hecho, si después se demostró que no sirve para NADA, que no te protege de nada, que puedes perder tus derechos en un momento, sin tu consentimiento y sin que tú te enteres? Sirve para engañar a niñatas ingenuas como yo, y hacerlas creer que tienen una cierta seguridad que es FALSA.
¿Sabes una cosa? No sé si mi matrimonio será para siempre o no lo será (espero que sí, con esa intención me casé), pero si en algún momento se rompe, al menos ME ENTERARÉ. Por mi marido o por su abogado, no lo sé, pero si quiere divorciarse no me enteraré cuando ya lleve tres meses de soltería living la vida loca. Es un salto cualitativo importante, no te creas. Llámame cínica si quieres, pero me la jugaron una vez, y no me la volverán a jugar.
Lorz, supongo que ahoras entiendes por qué no te felicito por tu nuevo “status”, pero te deseo mucha suerte. Como dice Zarajota, más vale eso que nada. Y tiene razón. Mientras dura. Cierto que nadie piensa que se va a separar algún día de la persona a la que justo se acaba de unir en pareja de hecho ante un funcionario del ayuntamiento, por supuesto, pero ¿y si pasa? Por desgracia, en una relación entran en juego aspectos mucho menos etéros que los sentimientos. Y cuando una persona te abandona, ya es capaz de hacer cualquier cosa. Ha dejado de quererte, quizá incluso quiere a otra. Una vez que te han dejado, pensar que esa persona se comportará de forma leal es como creer en las hadas y los duendes: una mera cuestión de fé. Y si no hay ninguna ley que proteja tus derechos, date por vendida porque nada le impide comportarse como un cerdo.
Así que tú, sí, tú, que me conoces y te metes donde no te llaman, tú que das consejos sin saber de la misa la media, la próxima vez que me preguntes que por qué me casé si me podía haber registrado como pareja de hecho, no me culpes si te meto un zapato en la boca para que te calles de una puta vez.
Nota a pie de página: No estoy diciendo que para casarse sea necesario tampoco organizar un bodorrio como el que montamos nosotros. No. Es perfectamente posible hacerlo de forma sencilla, en el ayuntamiento también o en el juzgado, y no montar toda la parafernalia. O incluso casarse por lo civil de forma sencilla con la familia más cercana, y organizar un bodorrio por la Iglesia un tiempo después, cuando a la pareja le vaya mejor o cuando le dé la gana. Pero mientras no mejoren la ley, lo de registrarse como pareja de hecho no se lo recomiendo a nadie.
P.D. Mi ex aún me debe 11.000 leuros más intereses de demora, y el día que se me gire la pinza me presento en el juzgado de guardia con el papelito que tengo firmado y se lo reclamo vía judicial. Y entonces se le van a quitar las putas ganas de irse de vacaciones a un spá _Y_ a hacer descenso de barrancos con el dinero que todavía me debe.
En esta entrada hablo de: boda, cabreo, decepción, dinero, divorcio, idiotas, matrimonio, mi ex-novio, odio, Sociedad
En capítulos anteriores...- Febrero 4, 2008 -- Pues todavía podía empeorar…
- Enero 31, 2007 -- Se te cayó la careta
- Junio 26, 2008 -- Hacienda
- Abril 7, 2008 -- Os propongo una apuesta
- Diciembre 31, 2007 -- No puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser, no puede ser…
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¿No dije yo que si la Esteban se casaba tan rápido, es porque estaba preñá, porque a ver dónde vas tú a que te hagan el vestido de novia en menos de tres meses? ¡Pues eso! Vamos, que estaba bastante claro…

¡No me miréis así! Ahora soy una mujer casada, tengo licencia para marujear y abandonarme al cotilleo de la prensa rosa, ¿qué pasa? 
En esta entrada hablo de: boda, cotilleos, famosillos, hijos, idiotas, marujeo, matrimonio, mujer, Sociedad
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Ayer por la noche fuimos a la temida charla del cursillo prematrimonial. Estábamos un pelín asustados, desconcertados porque no sabíamos qué nos íbamos a encontrar y porque el cura nos había dicho que duraban ¡¡un fin de semana!! (¿está loco este hombre? ¡Con la cantidad de cosas que tenemos que hacer, a un mes de la boda!). De hecho, cuando le recordé a Ifo que nos habían dicho que el curso prematrimonial duraba un fin de semana, puso cara de susto y me dijo que si no nos podíamos casar por lo civil… Os juro que en ese momento casi lo mato, ¡con el conflicto ético-moral que tengo yo al casarme por la Iglesia! Y es que no soy para nada creyente, de hecho me he planteado la posibilidad de apostatar, y si me caso _por la Iglesia_ es por él, porque a él le hace una ilusión tremenda, porque yo me imaginaba una boda civil en un jardín bonito, quizá bajo una carpa… En fin, que casi lo mato, cuando me dijo que simplemente se estaba cachondeado, y que lo de casarnos por la iglesia lo tiene clarísimo, pero lo que no le hacía ni puñetera gracia es lo del cursillo prematrimonial.
Total, que a las 9 de la noche allí estábamos, en la parroquia de nuestro pueblo, junto a otra pareja más, esperando a la pareja “de acogida” que nos iba a explicar de qué va esto del matrimonio… La actitud de Ifo al respecto no dejaba lugar a dudas:
A las 10 nos largamos, que yo mañana madrugo.
Y yo, nerviosa y algo asustada, porque si se les ocurre recomendarme que, como mujer, mi papel en el matrimonio consiste básicamente en servir a mi marido, y su receta se basa en la resignación cristiana, salgo de allí excomulgada por la vía directa.
En realidad no fue para tanto. Algo más de una hora de charla con un matrimonio bastante joven, muy pijos los dos (él, polo lacoste; ella, look a lo hippy-fashion con pendiente de Tous), que llevaban 16 años casados y tenían 2 hijas, la menor de 10 años. Aparte de pijos, no eran tan conservadores como yo me esperaba, y estaban más bien por la igualdad hombre-mujer, reparto equitativo de tareas en el hogar y en esa línea.
Incluso el cura, contra todo pronóstico, se pronunció a favor de la emancipación de la mujer, de la necesidad de llenar su vida con otras tareas que le resulten más satisfactorias para su autorealización personal que servir al hombre, y en contra de que el hombre sea completamente inútil en su quehacer diario que requiera de una mujer que le atienda hasta para lavarle la ropa o hacerle la comida. Y más sorprendente aún, a pesar de lo conservador que el párraco nos pareció cuando fuimos a verle la primera vez, en esta charla criticó el machismo de la Iglesia Católica, y el hecho de que la mujer en la Iglesia tenga un papel subordinado al hombre y tenga vetado el acceso al poder. Nos explicó que en los palacios cardenalicios, los obispos normalmente tienen monjas que les atienden, y dedican toda su vida a atender las necesidades rutinarias de esos hombres que no saben cuidarse solos: les lavan la ropa, les hacen la comida, les mantienen sus estancias limpias, etc. El cura de nuestro pueblo dijo no comprender cómo una existencia así puede llenar, ni a la mujer ni al hombre, y que el mero hecho de que se dé esta situación ya implica que algo no va bien. La verdad es que me sorprendió agradablemente su alegato.
Sin embargo, me dio la sensación de que todo era un discurso bastante precocinado “al gusto del consumidor”. Es decir, que no era auténtico sino más bien una pose, por cómo nos habían calado (sobre todo a mí) desde el primer momento. La mujer que nos dio el cursillo prematrimonial en algún momento se descantilló con que la culpa de que hoy en día se produzcan tantos divorcios la tiene la emancipación de la mujer, porque está muy envalentonada, ya no necesita al hombre para subsistir, puede valerse por sí misma, y en consecuencia aguanta mucho menos. Tuve que pararle los pies y decirle que cuando se rompe un matrimonio, la culpa generalmente es de los dos y no de una sola de las partes, y que no es sólo que la mujer sea hoy en día mucho más independiente, cosa que me parece positiva, sino que los hombres no han sabido encontrar su sitio y hacerse a la idea de que están teniendo que ceder cuotas de poder cada vez más grandes y cada vez más rápido. Mientras no se mentalicen de esa nueva situación y encuentren su lugar, cuanto más tiempo se empecinen en no querer renunciar a sus privilegios históricos, más les costará asumir que su pareja ya no es una persona dependiente sino que tiene que tratarla en plano de igualdad y más les costará hacerse a la idea de que hombres y mujeres somos iguales en dignidad, iguales en derechos e iguales en responsabilidades (la frase no es mía, es del cura… . Todos se mostraron de acuerdo conmigo (al menos, eso dijeron), y el cura admitió que no es fácil cambiar 20 siglos de dominación machista en una sola generación.
Por otro lado, ví removerse en su silla al cura cuando la mujer que nos estaba dando el cursillo se pronunció a favor del divorcio en casos de malos tratos, y también en aquéllas situaciones en las que la mujer viva tan completamente sometida a su marido que le resulte insufrible continuar viviendo así. Creo que no le hizo demasiada gracia, aunque tuvo el buen gusto de mantener la boca cerrada, porque se podía haber montado un buen cirio y si me toca mucho las narices igual pierde dos clientes hasta ahora cautivos. Hay cosas por las que no estoy dispuesta a pasar.
Por lo demás, la charla discurrió sobre un temario de tópicos de psicología de revista femenina.
- La base de toda pareja está en la comunicación
- Si tu pareja hace algo que te ha molestado, díselo y no te lo guardes para tí, que después la bola se hace cada vez más grande y es peor
- Compartid aficiones que os interesen a los dos
- No tengáis aficiones que puedan descomponer el ritmo de la pareja(*)
- Guardad un rato para vosotros, haced una escapada juntos de vez en cuando
- Cuidad de la pareja, que los hijos llega un momento que se van de casa
- Guardad cada uno vuestro propio espacio personal
- Compartid las tareas del hogar
¿Se os ocurren más tópicos? Seguro que me dejo alguno.
* Respecto al punto de no tener aficiones que descompongan el ritmo de la pareja, pusieron un ejemplo que me pareció de lo más curioso porque yo misma lo he vivido: irse _CADA_ domingo, desde las 7 de la mañana hasta las 3 de la tarde, a pasear en bici, lo que significa no salir ni-un-puñetero-sábado y no hacer planes juntos ni-un-puñetero-domingo… deja vu, ¿de qué me suena a mí esto?
Y, para finalizar, nos pasaron un cuento titulado “Amar sin ataduras” en la que una pareja de jóvenes indios (él, bravo guerrero; ella, HIJA DE el jefe de la tribu… le pedía al hechicero que les hiciera un conjuro para permanecer siempre unidos. El hechicero les pide que traigan un halcón y un águila, las aten por las patas y las dejen sueltas. Las aves intentan volar, pero al estar atadas no lo consiguen, y empiezan a darse picotazos la una a la otra. La moraleja del cuento es evidente: no te cases. ¡Pues a buenas horas me lo dicen!
P.D. : Más de una hora de cursillo prematrimonial, y ni una palabra sobre sexo.
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Tengo una duda importante: me caso por la Iglesia el 28 de junio de este año, es decir, dentro de poco más de 3 meses, y no sé si después de haber pasado por el altar me estará permitido apostatar o no.
Sí, ya sé lo que me váis a preguntar: si quieres apostatar, ¿por qué cxxo te casas por la iglesia? De hecho, Mireia fue la primera en decirme que eso es perpetuar una instituación en la que no crees y que además es altamente perjudicial para la independencia de la mujer, y lo tengo muy presente.
Pero casarse es cosa de dos, como todo en pareja, y en ocasiones cede una parte y en ocasiones cede la otra, y en otras ceden ambos para llegar a un punto intermedio. Sobre la boda, él no contemplaba otra alternativa que por la Iglesia (supongo que porque asociaba casarse por lo civil a hacerlo en un despacho gris del ayuntamiento o del registro civil, y en eso tiene razón, a mí tampoco me hace gracia, pero ¿y en el jardín del restaurante, al aire libre? eso ya es otra cosa…), y tengo que admitir que a mí toda la parafernalia del asunto me hace gracia, así que ¿por qué no? La verdad es que me lo estoy tomando con mucho humor, no consigo disociarlo de la preparación de un carnaval o una gran fiesta, y me lo estoy pasando bomba.
Pero las consecuencias que tendrá esto para los que viven del negocio de la fé me preocupan. Consolarme pensando que un grano no hace granero no oculta la profunda incoherencia de lo que voy a hacer, partiendo ya de la base de lo asimétrico de los planteamientos de ambas partes: para el cura que me casa, es una muestra de mi fe que le permitirá engordar el censo de cristianos católicos del que pervive la idea de que la religión católica es la más numerosa en España; para mí, es una especie de carnaval, una fiesta con una parafernalia curiosa, y también un convencionalismo social y una forma de darle una alegría a mi madre, que se emocionó al verme vestida de blanco por primera vez.
Me cabrea que se aprovechen de mí para obtener beneficios, que presupongan por qué hago algo (vale, sí, ya lo sé, no es excusa), así que estoy planteándome dejar claro que NO comulgo con la Iglesia católica y sus postulados reaccionarios, apostatando. Pero, eso sí, después de la boda, para poder darles el capricho a mi novio, a mi familia y a la suya. ¿Incoherente? En parte sí, para ser coherente conmigo misma no debería prestarme a ese juego y directamente decir que NO, que no me caso por la Iglesia porque me parece una institución retrógrada que discrimina y humilla a la mujer (y ya veremos cuando nos toque pasar por el cursillo prematrimonial…). Pero como dije más arriba, la pareja es cosa de dos, y en ocasiones toca que ceder, y ser razonablemente coherente. A ver cómo me las apaño para cuadrar ambas cosas.
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¿Alguna vez te has planteado qué les pasaría por la cabeza a las 5 Spice Girls el día que van a acompa ñar a una de ellas a probarse vestidos de novia? Yo tengo una idea más o menos aproximada:
Yo misma:
Diría que cuando he salido de casa esta mañana no tenía este cuerpazo…
Mi cuñi:
Yo también quiero probarme vestidos de novia para que me hagan un tipazo como ese…
Mi madre:
Al final me he salido con la mía. Si es que esta hija mía si me hiciera caso más a menudo…
Mi abuela:
Después de 50 años de matrimonio, yo, lo tengo claro: Si volviera a nacer ni me casaba, ni tenía hijos, ni ná de ná…
Mi suegra:
Anda que la pasta que me voy a tener que gastar en el vestido de madrina, total, para ponérmelo una sola vez, por el capricho de estos dos…
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¿Cómo se me ocurre ponerme el pantalón blanco nuevo el segundo día de la regla, con minitanga de hilo y un tampón de los sin falda? Sin comentarios… Solo a mí se me podía ocurrir, cawentó…
Llego a casa, me quito los pantalones, los pongo para lavar, saco del armario una falda fresquita aunque demasiado fashion y me la pongo (voy a estar en casa toda la tarde, me da igual), cojo las llaves, voy al lavadero, cojo la basura, salgo de casa, cierro la puerta, llamo al ascensor… ¡mierda! en lugar de coger las llaves de mi casa, he cogido las llaves de casa de mi madre. Divina de la muerte con mi falda fashion que te pasas, las bolsas de basura en una mano, las llaves de casa de mi madre que vive a 50 km en la otra, y sin móvil, sin cartera…
Le he dicho a Ifo por el gtalk que bajaba a tirar la basura y subía enseguida, y en cambio me encuentro más colgada que un caracol en la vela de un barco. A ver si la vecina me echa un cable y al menos puedo llamar a Ifo para avisarle. Por suerte la vecina se enrolla, le aviso y a esperar hasta las 7 que llegue a la estación… Como son las 5 y cuarto y no puedo hacer otra cosa, al menos me daré un paseíto hasta la parada de los ferrocatas.
De camino a la estación, y para aprovechar el tiempo, paro primero en una tienda de fotos y les pido presupuesto y detalles para la boda. ¿Son imaginaciones mías, o sus ojos se han transformado en el símbolo del leuro? Me da toda la información que necesito y más, algunos consejos útiles, me explica su experiencia, su forma de trabajar, se ofrece a satisfacer todos mis deseos (¿perdón?) para que ese día tan especial todo salga como nosotros queremos… En fin, una pasada, nunca me habían tratado así en una tienda, haciéndome sentir lo más importante. Qué subidón.
Sigo mi camino, aún me queda un buen rato hasta que Ifo llegue del trabajo. Paro en una floristería y pregunto por las flores, quiero saber todo lo que necesito y algunos truquis para no dejarme nada. Más de lo mismo: el dependiente me hace sentir que todos mis deseos pueden hacerse realidad sólo con chasquear los dedos, todo lo que yo quiera se materializará en mis manos con solo pedirlo, lo más importante soy yo y que ese día tan especial todo salga como yo quiero. Salgo de la tienda casi flotando.
Esto de organizar la boda me está gustando. Queda un año todavía, pero me da a mí que a esto se acostumbra una rápido. ¿Provocará síndrome de abstinencia?
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Hace un par de días leía en la contraportada del Qué! Barcelona (diario sensacionalista donde los haya) que había una auténtica fiebre de las parejas por casarse hoy, 7 del 7 del 07.
Decían que es debido a la “magia” y al “poder” del 7 (¿no era el poder de tres? no me hagáis caso), que si se casaban el día de San Fermín del 2007, la magia del 7 les dará suerte. Ya me gustaría a mí saber cuántos de esos matrimonios tan esotéricos acaban en divorcio.
Y es que si no hay magia en la pareja, no hay número, fecha o amuleto que pueda darles suerte.
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