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Ayer estuve trasteando por primera vez con el Pinnacle Studio, y como todavía no había subido el vídeo de la despedida de soltera a nuestro canal de Youtube (fue el primer vídeo que grabé con la nueva vídeocámara, y todavía no controlaba el tema), aproveché para hacer algunas pruebecillas, y de paso subir el vídeo que tenía pendiente. Este es el resultado.
Y sí, lo que todas estáis esperando (que nos conocemos ) está a partir del el minuto 7:51 ¡Que lo disfrutéis!
Para las que pasáis por aquí desde hace poco poro queréis enteraros de más cositas relacionadas con mi despedida de soltera:
En esta entrada hablo de: Amigos, boda, despedida de soltera, ilusión, mi madre, sexo, videos
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Tengo una duda. Bueno, tengo varias, pero todas vienen a cuento de lo mismo:
¿Qué se le puede decir a una persona, cuando sus “amigos” le fallan en uno de los días más importantes de su vida?
¿Cómo se consuela a una persona a la que sus “amigos” han dejado tirado como una colilla en una ocasión importante?
¿Qué palabras de ánimo puedes pronunciar, cuando sabes que le han dejado colgado y solo, precisamente cuando más deseaba tenerles a su lado?
Soy consciente de que no hay palabras de consuelo que puedan aliviar su dolor, y que probablemente nunca les perdonará que le hagan esto.
Ahora está deprimido, reafirmado en su creencia de que todas las personas del mundo son egoístas, mentirosas y traicioneras por definición hasta que no se demuestre lo contrario. ¿Y cómo le sacas de ahí, cuando se la acaban de jugar bien jugada? Imposible.
¿Alguien conoce las palabras mágicas, las palabras de aliento que puedan sacarle de esa desilusión y tristeza en la que se haya sumido? Porque a mí solo se me ocurren unas pocas palabras, y son más de rabia que de aliento:
¡VAYA PANDA DE CABRONES!
Venir a casa a jugar a la consola, sí que pueden; irse de despedida con su amigo, no les viene bien. Eso deja muy claro qué clase de personas son.
A su lado, Zorri hasta parece buena gente. Al menos a ella se la veía venir desde lejos.
En esta entrada hablo de: Amigos, boda, cabreo, decepción, despedida de soltera, dudas, idiotas, Ifoxe, tristeza
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Pocas veces he tenido que moderar comentarios en este blog, y cuando lo he hecho es porque la persona que lo dejó sabía que su comentario era deliberada y pretendidamente insultante, así que no tenía derecho a reclamar su permanencia. Si vienen a mi casa a insultarme, estoy en mi derecho a cerrarles la puerta en las narices. En los casos más recalcitrantes, en los que la persona insultadora pretendía continuar erre que erre en su actitud, he llegado a banearles la posibilidad de comentar mediante su IP. Una de las cosas que me encantan de wordpress, es tener la oportunidad de cortarles el paso a los insultadores para que no me llenen el blog de mierda mientras yo no estoy de guardia.
Otro tema es la actitud, excesivamente vehemente para mi gusto, de algunas personas al exponer su opinión. Será que soy muy sensible, pero tiendo a sentirme acosada fácilmente ante una actitud vehemente en exceso, y en esos casos me retiro fácilmente de la lucha cuerpo a cuerpo; como mucho, replico un par de veces para que quede constancia de mi posición, pero no tengo ni energía ni ganas para mantener un rifi-rafe que, por otro lado, no llevará a ninguna parte. Hay ocasiones en que, probalemente sin que la otra persona lo pretenda (o quizá sí, vete a saber), me siento insultada y menospreciada con la actitud de la persona con la que se supone que estoy dialogando, aunque la otra persona no haya escrito un solo insulto.
Esto último es lo que me ocurre desde hace algunos días con Caótica. Su vehemencia me abruma, me hace sentir mal, y no me siento con fuerzas para entrarle al trapo. Tiene unas posiciones maximalistas en algunos temas, y su forma de expresarse da a entender que ella tiene la razón y el resto del mundo, o comparte su posición, o está totalmente equivocado, o al menos esa es la sensación que a mí me queda después de leer sus comentarios. Un par de ejemplos:
Cuando hablamos del tema del boy, dije que me daba mucho asco sobarle. Y ella me respondió en los comentarios (las negritas son mías):
Pues yo, mujer sin pareja estable y con necesidades sexuales como cualquier ser humano sano que se precie, no voy pidiendo un informe de historial sexual a todo tio que me guste. Para eso siempre llevo un buen surtido de condones en el bolso.
No lo dice, pero da la sensación de que su respuesta me deja a mí como una pámfila reprimida y puritana que en nada se corresponde con mi manera de ser. Es simplemente que me da mucho asco tocarle la polla (menos aún chupársela) a un tío que no conozco y con un trabajo de alto riesgo. ¿Tan raro es? ¿Debería llevar condones en el bolso para que no me dé asco tocarle la espalda sudada a un tío? Lo siento, querida Caótica, pero no van por ahí los tiros. Sinceramente, creo que te pasas de lista, cariño.
Otro comentario que me ha dejado mal cuerpo es en el que ella decía que no entendía cómo nos podían gustar las despedidas de soltera, yo le contestaba que al menos la propia es una experiencia para vivirla, y ella me ha respondido lo siguiente:
Yo no se si algún dia me casaré, pero lo que si tengo claro es que de despedida de soltera nada, me da urticaria solo de pensarlo. Así que en mi caso, la propia, no la voy a vivir.
Primero, por que mis amigos son personas, independientemente de su sexo. Y no me imagino a mis amigos hombres con orejitas de coneja, y comiendo pan en forma de polla. Segundo por que no voy a mandar a mis amigos hombres a la despedida de mi chico, por que mis amigos son “mios”. Tercero por que nunca me ha hecho falta excusa alguna para hacer la loca, lo he hecho cada vez que me apetece. No necesito hacer ostentación de simbolos fálicos, los disfruto cuando cuadra, pero no necesito endiosarlos. Hablo de sexo, de pollas, de orgasmos y de lo que sea cuando me apetece, por lo tanto, no necesito excusas para poner meterme una polla de plástico en la boca.
Y por último, si algún dia me caso, no necesitaré despedirme de nada, por que seguiré sintiendome tan libre como siempre, o esa es la única manera en la que yo, podré ser feliz.
Esto ya ha conseguido cabrearme de verdad. Para empezar, posturas maximalistas a mí, las justitas. Y todo lo dicho anteriormente queda muy bien a nivel retórico, incluso puedo compartirlo, pero cuando sales ahí fuera, al mundo real, ¡sorpresa!, no todo es blanco o negro. Muchas veces, una posición preconcebida, una convicción muy sólida, puede acabar pulverizada por la realidad cuando te encuentras en situación de ponerla en práctica. Quizá un poco más de humildad para con las personas cuando se encuentran en posición de HACER y no de OPINAR pueda ahorrarte algún que otro mal trago si te ves en un futuro próximo ante la misma situación.
O quizá soy yo, que no soporto los radicalismos (me curé de esa enfermedad con la edad), me considero una persona flexible, que no comulga con criterios absolutos y que intenta contemplar las circunstancias y los matices antes de emitir un veredicto que no admite apelación posible. Por eso no admito veredictos inapelables tampoco sobre mí, porque creo que nadie tiene derecho a juzgarme desde una posición meramente contemplativa de la situación. ¿Has pasado por una situación parecida? Admito tu opinión, y tu punto de vista. ¿Hablas de oídas, sin haberte visto en una situación parecida? Pues entonces, maximalismos los justos, los o todo o nada no me sirven, no ayudan, no aportan nada.
Claro que en un país con 45 millones de seleccionadores nacionales, y donde el contemplar los toros desde la barrera es un deporte nacional, no me extraña en absoluto que haya personas que se permitan el lujo de juzgar a los demás a partir de criterios absolutos en los que el mundo es solo blanco o negro. Me pregunto cómo reaccionarían esas personas de tan sólidas convicciones, cuando se vieran en la tesitura de ponerlas a prueba… Llámalo relativismo si quieres.
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Como os expliqué ayer, no pudimos celebrar la despedida de soltera en la playa por el riesgo de que lloviera y se chafara la fiesta; además, éramos menos de las previstas y faltaban algunas personas importantes debido a que mi cuñada no había confirmado y algunas personas ni siquiera llegaron a enterarse, pero no importó, porque nos lo pasamos divinamente.
Nos encontramos en el Maremagnum a las 9, delante del MacDonald’s. Al grupito de amigas que nos esperaban se las veían desde lejos, porque llevaban unas orejas de conejitas en la cabeza y estaban armando jaleo con los pitos en forma de polla. Muy típico todo. Me colocaron las orejitas de coneja, me colgaron un pito-polla al cuello, y me colocaron una banda rosa con las letras “Sexy Girls” en plateado. No me disfrazaron de nada porque en la discoteca a la que íbamos después de cenar no dejaban entrar con disfraz (de hecho, los muy bordes incluso nos pidieron que nos quitáramos las orejas).
Cenamos en un salón enorme del Maremágnum, con cerca de 500 personas, varias despedidas a la vez, y casi el doble de chicas que de chicos. Nos dio la bienvenida el tío del 11811 (y si no lo era, lo parecía) y una drag queen espectacular, con un pelucón rosa y unas botas blancas increíbles. Hablaba con la gente un rato, y luego daba la bienvenida a cada grupo al grito de:
¡Viva la novia!
VIVAAAAAA
¡Viva EL CHOCHAZO de la novia!
¡¡¡VIIIIIVAAAAAAAAAA!!!
Y si eran un grupo de chicos, pues parecido.
A cada grupo de chicas que iba entrando en el salón (nosotras fuimos las primera), Mirian iba pasando revista, por si representaban algún tipo de competencia:
Esas son muy feas
Esas son muy viejas
Esas son muy gordas
Esas son muy pijas
Y es que le había echado el ojo “al apuntador” como ella dijo, el chico que pasaba preguntando por los grupos y nos iba colocando en las mesas.
Pudimos comprobar que los chicos le echaban mucha más imaginación al tema disfraces que las chicas, en general. Pudimos ver desde un Spiderman hasta un “marido en prácticas” con chaleco reflectante, pasando por un grupo que iba de entierro por el miembro del futuro casado, una Barbie Travestorro (en palabras de la Drag Queen, que por cierto respondía por el nombre Sara), y el mejor de todos, en mi opinión: un policía con minifalda y peluca rubia con trenzas a lo Pipi Calzaslargas. Brutal. El grupo de Spiderman resultaron ser los más cachondos de la fiesta, llevaban un megáfono y le iban añadiendo “su toque” a la despedida con frases ingeniosas de vez en cuando. Las chicas, en cambio, iban disfrazadas de ángel, de hawaiana, y similares. Nosotras, de conejitas Play Boy. Lo dicho, más originales ellos, sin duda.
La cena, un montón de cosas raras de picotear, chocos con unas bolas sospechosas de primero, y dos trocitos de salchicha de segundo. Casi ni comimos, pero el pan sí que tuvo éxito. Con forma fálica, claro, no podía ser de otra manera. Las muy petardas se guardaron en el bolso varios panecillos, “de recuerdo”. Sí, ya. Que eso mañana ya no necesita ni pilas ni nada… En fin.
La sangría, obviamente, hizo sus efectos, y antes del primer plato ya íbamos la mayoría bastante perjudicadas. Sobre todo Rosi y Mari Carmen, que se zumbaron ellas solas dos jarras, mano a mano, antes de terminar el primer plato. Rosi tiró la primera copa de sangría, mojó la silla, se manchó el vestido… Un drama, aunque es cierto que aunque fue la primera copa que se cayó, no fue la última. En una de esas que fuimos al lavabo, acabó tirando a otra chica de su silla y su copa de sangría también fue a parar al suelo… No se las puede dejar beber.
De postre, claro, un pollón enorme de pastel con un piercing en la punta, ¿qué otra cosa esperabas? Estaba buenísimo, por cierto.
Nos pusieron en una mesa que estaba en un lado de la sala, desde donde casi no se veía el escenario. Pero no éramos las únicas, porque cuando empezó el espectáculo un grupo de personas se levantó y se puso en los laterales para poder ver. Mi madre, que no puede estar mucho rato de pie, sobornó a los amigos de Spiderman con una jarra de sangría, y la dejaron sentarse en su mesa a ver la actuación en primera fila. No es nadie mi señora madre.
El espectáculo consistió en varias actuaciones de la drag queen cantando canciones festivaleras, remix de los éxitos de Raffaella Carrá incluido, que bailamos pegando brincos y cantando a pleno pulmón; la drag queen, otra chica y el pelocho de la entrada haciendo una parodia rara las bandas sonoras de las series de los 80 y canciones populares de la época como leit-motiv; y de guinda final, tres strep-tease: uno masculino, otro femenino, y el último masculino también.
Para ellos, una streaper con unas tetas de silicona horribles que más bien parecía que le hubieran implantado dos globos. Ya lo veréis en el vídeo si consigo subirlo. Hubo un momentazo en el que la chica le restregó las tetas en la cara a uno de los novios, y por poco acaba haciéndole sangrar la nariz, de lo duras que las tenía. Y para nosotras, dos boys bien armados. El primero tenía más bien poca gracia, iba de Curro Jiménez y bailaba al ritmo de Bon Jovi y similares (???). El segundo, el que me tocó a mí, iba de policía del SWAT, rollo Los Hombres de Harrelson, y bailaba ritmos funky, con mucha más gracia que el primero, y además mucho más guapo, desde mi punto de vista.
Llamaron a las novias a subir al escenario en dos grupos de 12 y nos colocaron en fila, 12 para el Curro Jiménez, 12 para el policía cañón, aproximadamente. Y durante la actuación, el boy iba cogiendo una a una a las chicas que estaban en fila contemplando el espectáculo, por orden de izquierda a derecha, por lo que a la primera chica que cogía el boy todavía estaba vestido, pero cuando bailaba con las últimas estaba ya en pelotas. Fue todo bastante inocente, un bailecito sin apenas roce (para mi tranquilidad), aunque con las últimas la cosa era ya bastante morbosa, con el tío en pelotas y las chicas agarrándose al culo como si les fuera la vida en ello; y con la última chica, el streaper que llevaba ya un rato en pelotas y jugando a enseñar pero poco con un pañuelo, la hacía sentarse en la silla, le tapaba la cabeza con el pañuelo y se ponía frente a ella en plan mamada, y a la chica se la veía retirando la cabeza, con la sensación de no saber dónde meterse, la pobre. A mí tampoco me hubiera hecho ni pizca de gracia.
Viendo el panorama, cuando me tocó subir a mí en el segundo grupo, me puse al principio de la fila, la segunda, aunque mis amigas me gritaban desde el lado del escenario que me pusiera al final, que ahí no iba a pillar anda. Cabronas… En cambio, la chica de mi derecha, la que estaba la primera, me dijo que cuando acabara con ella se volvía a poner a la cola, al final… ¡Qué panda!
En primera fila, contemplando el strep-tease, había un grupo de señoras mayores que no se perdían detalle. Y por poco les da un chungo cuando vieron el trasto que tenían los boys entre las piernas. No me extraña, la verdad es que los chicos estaban más que bien dotados. Me pregunto si todo eso que les colgaba sería natural, porque me pareció una cosa desproporcionada.
Al acabar la cena y el espectáculo, nos fuimos a la discoteca, en el propio Maremágnum. La verdad es que el ambiente del Maremagnum para ir de discotecas a mí no me gusta demasiado, pero como íbamos ya bastante contentillas, como que nos dio igual. Y allí nos encontramos con lo peorcito de la noche. Coincidimos varias despedidas, y claro, había tantos buitres babosos deseando ligarse a alguna tía aprovechando la borrachera que casi no se cabía, y por supuesto bailar con un poco de libertad era algo prácticamente imposible. Mirian, Marta (mi ex-cuñi) y Soraya se tenían que quitar a los tíos de encima a manotazos. Bueno, Marta no, Marta estaba encantada. Era algo extraño ver a mi ex-cuñi allí, ligando sin inhibiciones, cuando un mes antes todavía era la novia de mi hermano. Por cierto, al final probablemente sí que venga a la boda, o al menos eso es lo que dijo. Mi hermano, preguntado antes claro, dijo que no le importaba que ella viniera. Lo que ya no sé es qué haré con el ramo, pero ya veremos.
De la discoteca nos fuimos pronto, porque estábamos cansadas (los zapatos nos estaban destrozando los pies y llegó un momento en que yo ya casi no me tenía en pie), la música era horrorosa y el ambiente bastante descorazonador, con tanto buitre pululando y sin sitio para poder escapar. Nos pasamos más de la mitad de la noche en la terraza, donde hacía fresquito, no había tanta gente y se podía bailar a gusto. La única que parecía estar pasándoselo bomba era mi ex-cuñi, que se largó por su cuenta con un tal Roberto Carlos que acababa de conocer, y cuando todas quisimos irnos, ella quería quedarse con Mirian, a la que tampoco le apetecía demasiado estar de aguanta-velas. Como no había coches suficientes, y encima ellas habían venido con el coche de mi hermano y mi madre no estaba dispuesta a prestárselo, no le quedó más remedio que volverse con el resto del grupo. Aún no he hablado con ella, así que no sé cómo le sentó, aunque imagino que no demasiado bien.
El domingo amanecí con unas agujetas hasta los sobacos, literal, no me lo explico. Casi no podía abrir los ojos, de lo que me picaban. Y el lunes, arrastrando todavía las agujetas, tuve que llevar las gafas todo el día, porque el escozor de ojos no se iba. Me hago mayor, ya no estoy para estos trotes.
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Para resumir: Fue genial, me lo pasé bomba, y lo único que siento es que este tipo de juergas difícilmente se puedan repetir. Os cuento:
Desde bien temprano, ya preveía que el día iba a ser largo. A las 6:30h de la mañana estaba despierta en la cama y sin poder dormir, de los mismos nervios.
A las 8 menos cuarto nos sonó el despertado, y necesitamos casi tres cuartos de hora para sacarnos las sábanas encima y meternos juntos en la ducha (encima, el día anterior nos habíamos ido a dormir tarde, así, para acabar de rematar nuestro desastroso estado físico de ese día).
No obstante, a las 9 de la mañana ya estábamos listos para salir hacia Barcelona. Paramos en el Fnac de Plaza Catalunya y, con el dinero que nos han ido ingresando en la cuenta de la boda, compramos la cámara de vídeo que hacía semanas que habíamos dicho que queríamos de cara al gran día, y también para tener un recuerdo en condiciones del viaje de novios, que el vídeo que graba nuestra pequeña cámara de fotos sin zoom no da mucho de sí.
Así que nos hicimos con una JVC con disco duro de 30 Gigas (unas 7 horas de grabación a máxima calidad) y una tarjeta SD de 8 Gigas (2 horitas extras). Aunque la videocámara no es Full HDMI (porque esas se disparaban de precio, casi 3 veces más que la que hemos comprado), en el plasma de 42 pulgadas se ve de coña (osea, ¿no?). Lo único que le encuentro es que el zoom falla un poco, para alejar el objetivo hay que hacer presión sobre el botón además de moverlo, cosa que no ocurre para acercarlo, y a quien coge la cámara por primera vez le cuesta un poco. De hecho, nosotros mismos estuvimos a punto de devolverla porque no conseguíamos hacernos con el funcionamiento. Este es el motivo por el cual en el vídeo de la despedida, el momento en el que yo estoy bailando con el boy haya quedado cortado, porque quien estaba grabando se hizo un lío con el zoom. Una pena, pero no importa demasiado.
Con la videocámara en nuestro poder, y yo más feliz que una perdiz con mi juguete nuevo, nos fuimos a tomar un café al Starbucks. Todavía teníamos tiempo, puesto que no tenía hora en la pelu hasta las 12. Nos acabamos el café y buscamos la calle de la peluquería, en un barrio de Barcelona que apenas conozco. Después de dar unas cuantas vueltas y de preguntar, localizamos la pelu con 20 minutos de antelación. Llego pronto con la esperanza de que me puedan atender antes de la hora prevista, porque sé que cierran a las 2 y me tienen que hacer un tinte, lavar, peinar y maquillar, y que en dos horas no va a dar tiempo ni de coña, pero son ellas las que me han dado hora, así que… Ifo se va mientras tanto a visitar los centros comerciales de Barcelona a la caza y captura de un Asus EEE del que se ha encaprichado (búsqueda infructuosa, por cierto), y a las 2 de la tarde me espera delante de la puerta. Yo no salgo de la peluquería hasta las 3 y media, y para entonces él, pobrecito, está ya desesperado por el calor y por el agobio de la larga espera.
Como ya era tarde, pasamos por un MacAuto y pedimos hamburguesas para llevar y comemos en casa sucedáneo de comida de MacDonald’s. Como nos habíamos despertado pronto, y preveíamos que la noche iba a ser larga, mi intención inicial era echarme una siesta, aunque la cosa quedó más bien en una cabezada de poco más de una hora que me dejó el pelo chafado de un lado y la marca de un hilillo de baba en la base de maquillaje. Pues estamos bien. Al despertarme me tomo un café (¡cómo me gusta mi cafetera Nescafé Dolce Gusto!), me lavo los dientes con cuidado, y un hilillo de pasta de dientes y baba me recorre por la comisura de la boca por el otro lado. Genial, ahora parezco el conde Drácula.
A todo esto, Ifo y yo habíamos tenido una bronca antes a cuenta de los celos. Y es que empezaba a estar ya un poco harta de que me tomara por una especie de fresca capaz de liarse con el primero que se me pusiera a tiro. Bueno, en realidad no era esto lo que él quería transmitir, pero sí es la impresión que a mí me quedó, y sinceramente, no me hacía ni puñetera gracia. Entiendo que se sienta intimidado por el boy, a pesar del ascazo que me daba tocarle siquiera. A mí tampoco me hace maldita la gracia pensar que una tía buenorra le va a restregar las tetas en la cara a mi futuro marido, pero ¿qué le vamos a hacer? Me lo tomo con resignación, y lo que no se me ocurre pensar es que él vaya a tomar parte activa hasta el punto de poder considerarlo cuernos. En fin, que tuvimos una charla interesante, y al final lo aclaramos, aunque me pidió que llevara una cosa que él había elegido para estar más tranquilo. Más monoooooo!!
Así que a las 8 menos cuarto, pintarrajeada como una mona, con vestidito negro, medias negras, chaqueta negra, zapatos negros, bolso negro y bragas rosas (!!), fuimos a recoger a la hermana de Ifo y nos dirigimos al punto de encuentro. Al final no pudimos tener la despedida de soltera en la playa, porque amenzaba lluvia y nos cambiaron el sitio, y tuvimos que celebrarla en el Maremágnum, pero no importó porque lo pasamos la mar de bien, y la indeseable no se presentó. Claro que Zorri tampoco vino (no estaba invitada, y yo ya sabía que incluso antes, cuando aún no la había enviado a hacer gárgaras, tampoco iba a venir) y ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta que eché de menos la amiga que fue cuando éramos adolescentes, habría sido genial que estuviera allí compartiendo ese momento, pero hace ya mucho que dejó de ser la amiga que un día fue.
Mi ex-cuñi, que era la organizadora, también estuvo allí. Sinceramente, estuvo muy bien montado, aunque durante estos últimos días he tenido la sensación de que lo ha hecho un poco con desgana: hubo gente que no recibió el SMS convocándolas; no confirmó asistencia con nadie, y tuve que hacerlo yo; no llamó a nadie para decirles donde sería el punto de encuentro y la hora, y también tuve que hacerlo yo… Así que al final fuimos menos de las previstas, pero tampoco me importó porque me lo pasé la mar de bien.
Y ahora, para no hacer el relato demasiado largo, lo dejo aquí y mañana os sigo contando cómo fue la despedida de soltera en sí misma. Para ir abriendo boca, aquí os dejo con unas fotos de la cena. Si puedo, mañana incluiré vídeo también.
 
 
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¡QUÉ FUERTE-quéfuerte-quéfuerte!
¡Me caso en tres semanas!
Los nervios se me están empezando a instalar de forma permanente en el estómago, aún no me lo acabo de creer, estoy en una nube.
Y esta noche, me voy de despedida de soltera. Deseadme suerte, y que no me obliguen a meterle mano al boy.
Ifo ha pasado por varias fases en relación con mi despedida:
- La fase no quiero ni que tengas despedida, no me hace ni puñetera gracia y no pienso acompañarte a comprar el vestido
- La fase no me importa que vayas, pero yo no quiero saber nada, no quiero ni me enseñes el vestido que te compres
- La fase te llamaré durante la noche para comprobar que va todo bien
- Y por último (de momento), la fase quiero saberlo todo, quiero que lo grabéis en vídeo y quiero verlo
Es normal, a mí tampoco me hace ni puñetera gracia su despedida de soltero, y probablemente ese día (la semana que viene) me quede en casa aprovechando para ver Pretty Woman en DVD. Lo que ya no puedo prometer es que le espere despierta. Y él no sé qué hará esta noche, si me esperará despierto, si se quedará en casa o si saldrá con sus amigos a tomar algo. Pobrecito mío, no quiero que lo pase mal por los celos. Antes de salir de casa, le haré un regalito para que se quede más tranquilo 
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No sé qué clase de maldición nos habrán echado entre murcianos, valencianos y aragoneses, pero el caso es que llevamos mes y medio, y estamos ya en pleno junio, y no para de llover. Parece que nos la han querido jugar pero bien, en plan
¿No queríais agua? ¡Pues toma agua!
Mamones… El caso es que este sábado tengo la despedida de soltera en la playa, y si lo del boy ya me ponía mal cuerpo, que se pase toda la noche lloviendo como en los últimos 5 ó 6 fines de semana, todavía me fastidia más. Y que llueva el día de mi boda, algo que a estas alturas ya no descarto a pesar de que me caso el 28 de junio, no me hace ni puñetera gracia. Por no hablar de lo que me molesta tener que poner para lavar un pantalón diario, porque llevo los bajos de los pantalones siempre mojados y llenos de barro; o el no haber podido estrenar todavía el balancín que compramos para el patio, y que necesitamos 4 personas y dos tardes para montarlo… pero eso es otro tema.
   
   
   
Así que he leído por ahí, entre las muchas supersticiones relacionadas con el matrimonio y la boda, que si le llevas un cesto de huevos a las monjas Clarisas, no lloverá el día de tu boda. No me preguntéis qué relación tienen los huevos con la lluvia, ni si la culpa de lo del trasvase del Ebro la tienen las monjas Clarisas (yo creo que están en el ajo, va a ser que la culpa de la sequía la tienen los matrimonios católicos y el que a estas señoras les sobren huevos, con perdón).
El caso es que le he dicho a Ifo que, ya que estamos puestos, ¿por qué no hacemos el folclore completo, y aprovechando la racha lluviosa no les llevamos una docena de huevos a estas simpáticas monjitas, que parece que son aficionadas a la repostería? Y se ha descojonado de la risa, claro. No se podía creer que yo le estuviera diciendo eso.
No se trata de superstición, por supuesto no creo que los huevos de unas monjas tengan poder para generar una sequía de tal magnitud que haya que montar una tubería tan grande que nos ponga a media España en contra. Ni siquiera que tengan poder para que el día de mi boda no llueva. Pero ya que nos casamos por la Iglesia, vamos a hacer la gracia completa, que hay que respetar las tradiciones, ¿no? Ya no nos va de ahí, y encima nos parece un motivo simpático, a los dos nos hace gracia, así que ¿por qué no?
Ahora la duda es ¿dónde hay un convento de monjas Clarisas cerca de Barcelona? ¿Alguien tiene idea?
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Este sábado es mi despedida de soltera, y claro, Ifo está de los nervios. No le hace ni pizca de gracia la idea, creo que porque ha visto demasiadas despedidas en webs porno, y teme que la mía degenere en algo parecido a una orgía en la que 9 tías se tiran al boy por turnos mientras otra lo graba en vídeo (supongo que con la intención de subirlo a una web de porno amateur y forrarse, mientras pone de los nervios a los maridos en ciernes de otras novias), o la novia le mete mano al tío mientras hace el streap-tease… Vamos, estoy segura de que sabéis de lo que hablo. Para colmo, puesto que la organizadora es mi ex-cuñi, Ifo no se fía un pelo de la que pueda liar. Si se fiaba poco mientras estaba saliendo con mi hermano, ahora confía todavía menos. Claro que mi hermano le organiza a él la suya, así que no sé quien de los dos debería tener más miedo, si Ifo o yo…
En fin, el caso es que la despedida es este sábado y no sé con qué me voy a encontrar. Lo único que sé es que será en la playa, y mi madre me ha dicho que no me compre ropa nueva, lo que me da que pensar que igual me van a vestir con algún vestido temático o vete a saber qué. Os confesaré que estoy nerviosa, ilusionada pero a la vez aterrada. Es mi primera despedida de soltera, no he ido a ninguna anterior y no sé cómo van estas cosas. Ya es mala pata que la primera despedida a la que voy tenga que ser precisamente la mía.
Así que ando algo preocupada. Ya he hablado con mi madre, que también se encarga de la organización de la despedida junto a mi ex-cuñi, para que tengan en cuenta que no pienso tocar al boy, y mucho menos sobetearlo. Me muero de asco solo de pensarlo. Vamos, es que si me ligo a un tío en una discoteca, y me dice que trabaja de streaper, creo que paso. En serio, si pensáis que es una vacilada, preguntaos por cuantas manos, por cuantas bocas, por cuantas bragas habrá pasado ese tío, y luego decidme, sinceramente, si no os da un repelús de muerte. ¿Que eso se lava y se estrena? Sí, ¡ja! Gracias, pero que pruebe otra, que yo paso. ¿Acaso ese tío puede garantizarme que ha practicado sexo seguro sin excepción durante los últimos 5 años, como mínimo? Pues eso. Ante la imposibilidad de pedirle un certificado médico que garantice su perfecto estado de potabilidad antes de ponerle una mano encima (y no digamos cualquier glándula de mi cuerpo), prefiero aplicarme eso que me decían de pequeña:
Se mira, pero no se toca.
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¿Cuantas cosas se pueden torcer a última hora cuando estás preparando una boda? Hagamos un breve recuento:
1. Mi cuñi, que era quien se encarga de organizar la despedida de soltera, ha cortado con mi hermano. Se sigue encargando de la organización, y sé que a la despedida vendrá, pero a la boda no lo sé. En cualquier caso, es una situación bastante rara. Y mi hermano, claro, está bastante jodido.
2. Mi madre ha invitado por su cuenta y riesgo a la despedida de soltera a una impresentable a la que no tengo ningunas ganas de verle la cara.
3. Ifo está histérico pensando en su despedida de soltero. No quiere tener despedida, dice que eso no va con él, y está acojonado perdido pensando en la que le pueden montar, y sobre todo en las putadas que le tendrán preparadas sus amigos.
4. La florista se niega a hacerme el ramo de novia como yo quiero, porque no le da la gana, simplemente. Se empeña en que no quedará bonito. Yo lo quiero de rosas blancas, y con las rosas abiertas, que no tengan forma de capullo cerrado sino que se las vea bien. Y la borde de la florista dice que parecerá que están pansidas y que no quedará bonito. ¿Acaso estas flores parece que estén pansidas? No, y a mí me gustan así. Pero a ella no, y dice que si no le gusta cómo queda, no me las va a poner. ¡Pues vaya! Puedo aceptar que me diga qué tipo de flor aguantará más o menos, en el coche, en el portal, o donde sea, pero críticas estéticas no acepto. Además, quería ponerle a Ifo en el ojal una rosa roja o una orquídea rosa (con todos mis respetos, el efecto quedaría demasiado gay para mi gusto) para diferenciarlo del resto de hombres de la familia. No me da la gana, mi novio no va a llevar una orquídea rosa en el ojal; y mi padre, mi hermano y mi abuelo tampoco. Bueno, pues a la florista no le hizo gracia. Ya veremos cómo sale la cosa, porque es amiga de mi suegra, y ya me ha estado enviado indirectas, como que tengo a la pobre florista preocupadísima por el tamaño de las rosas de mi ramo. En fin, ya veremos.
5. Además, está el tema de que yo quería partir el ramo y darle la mitad a cada cuñada. Ahora ya no puedo porque solo tengo una cuñada, y ya le he encargado a la florista que me lo monte en dos partes y cogido por un clip para poder separarlo. Si al final viene Mari Carmen, como le había prometido una rosa del ramo, igual le doy la sorpresa de darle la mitad, porque ahora me da palo dárselo a mi ex-cuñi, aunque ya se lo había prometido, y seguro que se lleva un chasco (eso, suponiendo que venga a la boda… . ¡Ay, qué mal rollo, no sé qué hacer!
6. La música del restaurante: tenía previsto enviar hoy por fax el documento con la música de cada momento especial, y la que queremos que suene durante el baile, pero ¡no lo encuentro! Suerte que aún tengo un par de días de margen, pero ese documento tiene que aparecer como sea.
7. La organización de las mesas es como hacer el cubo de Rubik, y mi suegra todavía no me ha confirmado a más de la mitad de los invitados. Lo peor es que voy a tener que pillarla por banda en un par de semanas máximo, porque la veo muy dispuesta a esperar hasta el último momento, y no tengo ganas de ir con nervios y con prisas a última hora.
8. El viaje de novios lo hemos contratado en la agencia de viajes para la que trabaja Ifo, pero aún no está pagado porque se encarga su madre de eso. Ya tenemos el pasaporte y el DNI electrónico (a pesar del policía borde), pero el viaje propiamente dicho está bastante en el aire. Digamos que hay bastante mal rollo en el trabajo, no está muy claro que no los mande a la mierda antes de la boda, y tal y como está el patio es probable que nos hagan LA PUTADA de anular el viaje, si se ponen en plan cabrón (cosa que no me extrañaría lo más mínimo). Así que, a un mes de la boda, estamos buscando otra agencia de viajes. Genial, como os podéis imaginar.
9. Nos llamaron para hacer el cursillo prematrimonial hace unas tres semanas, pero no pudimos concretar cita con la pareja de acogida que nos tocó, y aún no nos han vuelto a llamar nos ha llamado hoy para hacer el cursillo el miércoles. Menos mal, porque se nos echa el tiempo encima, y hasta que no hayamos pasado por este trámite el cura de nuestro pueblo se niega a darnos el expediente para que nos podamos casar en la iglesia que nosotros hemos elegido y donde ya tenemos fecha.
10. Mis uñas están hechas una pena. Estoy probando el método Maripuchi para dejar de morderme las uñas, que consiste en pintármelas de colores cantosos para que me dé cosa mordérmelas y las deje en paz durante un mes. Parece que funciona, al menos esta semana está funcionando, veremos si aguanto lo que me queda hasta la boda. Aún así, me parece que un mes es un plazo demasiado corto para que mis uñas se regeneren y mis dedos tengan un aspecto aceptable. En cualquier caso, tendré que hacerme la manicura unos días antes.
11. Mi peluquera es imbécil. Cuando tuve la última prueba del vestido, fui el día de antes a la peluquería, para hacer la prueba del peinado. Le recalqué que quería que el peinado me durara hasta el día siguiente, que ya me las ingeniaría yo para que se mantuviera por la noche, pero que tenía al día siguiente la prueba del vestido y quería verme con el peinado. Le llevé hasta el tocado para que pudiera hacerme la prueba con todos los complementos. ¿Y qué hizo la tipa? Me alisó el pelo, me hizo unas ondas con las tenacillas, no me puso ni laca ni nada, ¡y me cogió una coleta! Me dijo que más o menos así es como me vería. Pero, a ver, ¿no te he dicho que quiero que me hagas un peinado semi-recogido, que me dure hasta el día siguiente? ¿PUES-QUÉ-COÑO-ES-ESTO? Estoy planteándome seriamente cambiar de peluquera, necesito una que venga a casa bien temprano y que nos peine y maquille a mi madre y a mí. De momento he encontrado esta donde parece que son especialistas, pero a ver lo que cobran por el desplazamiento, porque están en Barcelona, y la sección de maquillaje no me convence lo más mínimo. Buscaré también en Sabadell y en Castellar, porque este viernes tengo la prueba con el vestido y se me echa el tiempo encima. Además, tengo que teñirme el pelo, y de esta tía no me fío.
12. Necesito unas bailarinas blancas como repuesto de emergencia por si los zapatos me matan el día de la boda porque tienen bastante tacón, pero no las encuentro por ningún lado.
13. Y, para colmo de males, no deja de llover. Se ha pasado todo el finde lloviendo, y me temo que el viernes, cuando tengo la prueba del vestido y del peinado, llueva también. Mi idea original era ponerme los zapatos durante todo el día, para ir haciéndome a ellos y que no me hicieran daño el día de la boda (o que me hicieran lo mínimo posible), pero si no deja de llover no va a poder ser (no sea que mis fantásticos zapatos de novia acaben en un charco), y ya veremos qué ocurre con el peinado, porque si también llueve ese día llegaré a Pronovias hecha una piltrafa.
14. Y, por si fuera poco, bola extra: me peleo con mi mejor amiga (???) apenas un mes antes de mi boda. Es cierto que ella se estaba portando como una auténtica imbécil, y ni siquiera tenía muy claro que viniera (no: tenía clarísimo que NO vendría), pero joder, empiezo a sentirme ligeramente desbordada por la situación.
No sé si queda algo más que pueda salir mal. Lo que sé es que quedan 33 días para la boda, y la lista de cosas que tengo bajo control es bastante más corta.
En esta entrada hablo de: Amigos, boda, despedida de soltera, hermanos, idiotas, Ifoxe, luna de miel, mala suerte, mi madre, suegra
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Mi cuñi lleva varios días reclamándome los teléfonos de la gente que va a venir a la despedida de soltera, dice que ha mirado varias cosas que son para un grupo de mínimo 15 personas y si somos menos no se puede hacer. Miedo me da la que puede estar liando.
Ayer le envié la lista y esta mañana he hablado con mi madre sobre el tema. Dice que vamos un poco justas de tiempo, que hemos esperado demasiado. Al final, lo de la despedida de soltera en Ibiza queda completamente descartado por motivos económicos: estamos todas tiesas, y si la montamos tan lejos y tan cara iban a venir cuatro gatas. De todas formas, por una parte confío en mi cuñi, pero por otra me da pánico. Ya veremos como acaba la cosa.
Pero lo que más me ha molestado de la conversación que he tenido con mi madre, es que me dijera que ha invitado, por su cuenta y riesgo, a una persona que yo no soporto, y ella sabe perfectamente que no la trago. Se lo dejé bien claro, que no pensaba invitarla a la boda porque no la aguanto, y ella va y la invita a la despedida de soltera. No lo entiendo, de verdad. No quiero que venga, no me da la gana. De adolescentes mi insultaba, me pegaba, me hacía la vida imposible en el patio del colegio. Es la típica que te mira, se descojona en tu cara, te insulta, te humilla, y todo el mundo se lo toma como una broma porque te lo ha dicho riéndose. Pues con una carcajada yo también me puedo cagar en su puta madre, y entonces nadie se lo toma a broma, y me dicen que qué mal genio tengo. Joder, con la ley del embudo.
No me ha hecho ni puta gracia que la invitara, y presiento que como venga nos va a dar la noche. Es la sobrina de una amiga de la familia, y esa amiga sí que viene. Pero, vamos, que me parece a mí que la despedida de soltera es un momento para celebrarlo con las amigas más íntimas, y no con la petarda a la que tienes que invitar por compromiso. Esa, si quiere, que venga a la boda, que una invitada por compromiso más, total, tampoco se va a notar entre tanta gente, pero ¿en la despedida de soltera? ¿en mi fiesta de cachondeo más íntimo con mis amigas? No, en esa fiesta no pinta nada.
Si me la encuentro antes de la despedida, se lo pienso decir bien clarito a la cara:
Te ha invitado mi madre, pero _yo_ no quiero que vengas a mi despedida de soltera porque no me caes bien.
Que le quede bien claro. Y si aún así tiene el morro de presentarse el gran día… es que no me puedo esperar nada bueno de ella y fijo que la lía.
¿En qué líos me metes, madre? A ver si, con un poco de suerte, lo arregla ella y le dice que ha sido una metedura de pata, un error suyo, y que no puede venir… En fin, ya os contaré.
En esta entrada hablo de: Amigos, boda, cabreo, despedida de soltera, familia, idiotas, ilusión, mi madre
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