Esta tarde vienen a pasar un par de días en casa Maripuchi y familia. Así que Ifo y yo estamos haciendo los últimos preparativos para cuando lleguen: preparar la habitación de los niños, comprobar que la cama inflable de matrimonio no esté pinchada, hacer la compra para 6 (dos de ellos un par de mocosos de 2 y 3 años), esconder los vibradores… en fin, esas cosas que hay que hacer cuando esperas visita y quieres tenerlo todo a punto.
La verdad es que es la primera vez que unos amigos se quedan en _nuestra casa_ unos días, aunque en casa de mis padres el tráfico de familiares y amigos que vienen de visita es contínuo, es la primera vez que Ifo y yo ejercemos de anfitriones a tiempo completo.
Me hace mogollón de ilusión la visita de Maripuchi, de Fer, y de conocer a Tomás y a Lara. Volvernos a ver, ponernos al día, explicarnos anécdotas y tener esas conversaciones intensas sobre el sentido de la vida. Aunque, por otro lado, no sé si estaré a la altura. Lo que sí sé es que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que estos días que pasen aquí se sientan como en casa, se lo pasen fenomenal y desconecten todo lo que puedan.
Un besote, wapa! Nos vemos mañana esta tarde. Conducid con cuidado, que aquí os esperamos y lo importante es llegar.
Después de las duras jornadas pintando, y de una mudanza bien organizada, una vez bien instalados, organizamos una pequeña fiesta de inauguración con unos amigos en nuestro nuevo piso.
Y lo organizamos como la panda de frikys que somos: con una sesión maratoniana de consola: acabé de X-Box 360 y de Wii hasta las mismísimas narices. Halo3, Gears of Wars y los muñequitos de Mario Bros jugando al fútbol. Lo mejor, sin duda, la compañía y el cachondeo.
¡Por fin, ya estamos instalados en el nuevo piso! Ha sido un sábado, y en general una semana, de auténtica locura, de no parar con cajas arriba y abajo, con medio piso desmontado y el otro medio montado en otra cosa distinta, de nervios, de tiendas de muebles que fallan al traernos las cosas o las traen defectuosas, de tener las cosas a medias, de carreras, de no llego, no me da tiempo, no voy a poder, de ganas de estar ya instalados en el nuevo piso y olvidarnos de todos estos nervios de estos días…
Nuestros respectivos padres, mi hermano y mi primo vinieron a echarnos una mano con la mudanza. Ya teníamos la mayor parte de los muebles desmontados porque mi suegro se pasó la tarde del viernes desmontando y numerando armarios, y ayudándonos a tapar con masilla los agujeros. Mi madre, mi suegra y mi abuela se dedicaron a colocar cosas en armarios y muebles de cocina, con la consecuencia de que ahora no encuentro nada, y esta mañana me he tenido que vestir con lo primero que he encontrado: un pantalón pirata y una camiseta, porque no encontraba los tejanos pero, curiosamente, la ropa de verano sí la tengo localizada. Por la noche estaba ya prácticamente todo montado y colocado.
Y hoy, por fin, ya hemos pasado la noche aquí, ya estamos instalados, Ifo está jugando a la consola en el comedor (ahora ya sí tiene espacio suficiente para jugar a la wii ), y yo estoy escribiendo desde el patio, al solete, gracias a la solidaridad de los del Espai Tolrà, una especie de centro de actividades y feria de convenciones o algo así que tenemos enfrente de casa y tiene unas cuantas conexiones wifi abiertas. Creo que este sitio me va a gustar.
Como me habíais pedido unas cuantas fotos de como nos ha quedado el piso, ya pintado y amueblado, ahora que estamos ya más o menos instalados aunque aún nos quedan cosas por colocar y tenemos todavía cajas por en medio, y aunque aún hay cosas que no encuentro y otras que no sé dónde me han guardado, aprovecho para invitaros a conocer nuestro nuevo piso. Espero que os guste. Bienvenidos a Can Ifo&Pimkie.
Chicas, recordad que en realidad es una mudanza de mi apartamento de soltera a ¡nuestro primer piso en pareja! Yo estaba completamente independizada desde hace un año y medio, y él se vino a vivir conmigo a principios de año, así que no es que nos mudemos desde casa nuestros padres, sino un traslado a un piso más grande.
Ya he pasado por una mudanza, aunque fue bastante en familia pues la hicimos con amigos (mi madre consiguió liar a unas 12 personas más o menos, más padre y hermano, para que echaran una mano), y en el camión de mi padre (un tráiler de 15 metros para meter las cosas que cabrían en 40 metros cuadrados) prestado por la empresa. Y sí, es un follón considerable, así que esta vez lo encargaremos a una empresa que se encargue de todo y nos deje los muebles montados.
Nos faltarán algunas cosillas, obviamente, porque nuestro piso ahora tiene menos de 40 metros2 y una sola habitación, y nos mudamos a uno de 90 metros y tres habitaciones, así que está claro que algunas cosas habrá que comprar, pero afortunadamente tenemos ya más de medio piso montado y equipado. Seguramente compraremos un sofá más grande para el salón y el que tenemos irá a parar a la salita; compraremos también una cama de estas altas y pondremos el sofá debajo, por si se queda alguien a dormir; y en la habitación que hará de despacho tendremos que ver si nos cabe nuestro escritorio actual, si se nos queda corto y necesitamos una mesa auxiliar, o como nos organizamos. Para la mesa del comedor hemos pensado poner una mesa de billar de segunda mano, y la mesa que tenemos ahora en el comedor irá a parar a la cocina (¡sí! ¡tenemos sitio en la cocina para poner una mesa y sillas y desayunar allí!). Y a lo mejor para los muebles del comedor también necesitamos alguna cosa más, ya se verá cuando vayamos a tomar medidas.
La negociación sobre la pintura de las paredes se nos presenta dura: Ifo quiere las paredes blancas, y yo prefiero tonos pastel, claritos, pero que me den alegría: amarillo, violeta, verde, azul… Lo dicho: me temo que la negociación va a ser más complicada que los acuerdos de Camp David. Veremos.
Sobre las fotos que pedía Palito, pondremos más en cuanto nos den las llaves. Sin amueblar, mientras pintamos, durante la mudanza, con los muebles a medio montar, con los muebles montados… Os vais a aburrir de fotos del piso, os lo aseguro, pero así podréis ver la evolución.
Esta tarde vamos a firmar el contrato, ¡y tengo unas ganasssss!
La clase, de un par de horas en principio, era en Viladecans a las 9 y media de la mañana. Yo vivo en Terrassa, por lo que tuve que ponerme el despertador a las 5 y media de la mañana, apagar el despertador dos veces, levantarme a las 6 menos diez, meterme en la ducha, salir de la ducha, vestirme con la luz apagada para no despertar a mi bello durmiente, arreglarme más o menos como pude, darle un besito de despedida, un tequiero matutino, y a las 6 y veinte salir pitando para la estación de ferrocarriles. Media hora de caminata hasta la estación con los zapatos de tacón, sin haber desayunado, con las panaderías todavía cerradas a esas horas… En fin, un drama ya de buena mañana. Pero eso no es todo.
Había quedado con mi compañera de charla y con el coordinador del curso de verano a las 7 en la estación de Sant Cugat. De Sant Cugat vamos a Barcelona, parada Plaza Catalunya. En Plaza Catalunya cogemos el metro hasta Hospitalet, parada Hospital de Bellvitge. En Bellvitge cogemos el autobús hasta Viladecans. Y en Viladecans caminamos otro cuarto de hora con los malditos tacones que en mala hora se me ocurrió ponerme para estar divina de la muerte. Sobre todo de la muerte, porque a mediodía ya me estaban matando de dolor.
Unas zapatillas de peluche
Un té con sabor a fresa
Unos calcetines de colores
Unas sábadas limpias
Un edredón calentito
Unas toallas suaves
Un pijama divertido
Unas galletas en el sofá
El mando de la tele para mi sola
La reina de mi casa
No sé si existe la felicidad, o sólo el placer. Pero si la felicidad existe, desde luego está hecha de pequeñas cosas.
Hace unas semanas mi amiga Zorri me preguntaba si existe la felicidad o el placer. Mi teoría hasta ahora venía a decir que no existe la felicidad, sólo el placer: porque el placer se siente pero la felicidad se recuerda. Sin embargo, últimamente ya no lo tengo tan claro.
¿Es posible sentir la felicidad, más allá de recordarla?
¿Y qué cosas tan tontas nos pueden hacer felices?
¿Es la felicidad realmente algo tan trascendente como dicen, o se resume simplemente en un estado de ánimo?
No lo sé, no tengo respuestas, pero tampoco tengo demasiadas ganas de buscarlas. Seguro que si le doy muchas vueltas, esta sensación de flotar en calcetines sobre el parket se evapora. Y no quiero.
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