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Para resumir: Fue genial, me lo pasé bomba, y lo único que siento es que este tipo de juergas difícilmente se puedan repetir. Os cuento:
Desde bien temprano, ya preveía que el día iba a ser largo. A las 6:30h de la mañana estaba despierta en la cama y sin poder dormir, de los mismos nervios.
A las 8 menos cuarto nos sonó el despertado, y necesitamos casi tres cuartos de hora para sacarnos las sábanas encima y meternos juntos en la ducha (encima, el día anterior nos habíamos ido a dormir tarde, así, para acabar de rematar nuestro desastroso estado físico de ese día).
No obstante, a las 9 de la mañana ya estábamos listos para salir hacia Barcelona. Paramos en el Fnac de Plaza Catalunya y, con el dinero que nos han ido ingresando en la cuenta de la boda, compramos la cámara de vídeo que hacía semanas que habíamos dicho que queríamos de cara al gran día, y también para tener un recuerdo en condiciones del viaje de novios, que el vídeo que graba nuestra pequeña cámara de fotos sin zoom no da mucho de sí.
Así que nos hicimos con una JVC con disco duro de 30 Gigas (unas 7 horas de grabación a máxima calidad) y una tarjeta SD de 8 Gigas (2 horitas extras). Aunque la videocámara no es Full HDMI (porque esas se disparaban de precio, casi 3 veces más que la que hemos comprado), en el plasma de 42 pulgadas se ve de coña (osea, ¿no?). Lo único que le encuentro es que el zoom falla un poco, para alejar el objetivo hay que hacer presión sobre el botón además de moverlo, cosa que no ocurre para acercarlo, y a quien coge la cámara por primera vez le cuesta un poco. De hecho, nosotros mismos estuvimos a punto de devolverla porque no conseguíamos hacernos con el funcionamiento. Este es el motivo por el cual en el vídeo de la despedida, el momento en el que yo estoy bailando con el boy haya quedado cortado, porque quien estaba grabando se hizo un lío con el zoom. Una pena, pero no importa demasiado.
Con la videocámara en nuestro poder, y yo más feliz que una perdiz con mi juguete nuevo, nos fuimos a tomar un café al Starbucks. Todavía teníamos tiempo, puesto que no tenía hora en la pelu hasta las 12. Nos acabamos el café y buscamos la calle de la peluquería, en un barrio de Barcelona que apenas conozco. Después de dar unas cuantas vueltas y de preguntar, localizamos la pelu con 20 minutos de antelación. Llego pronto con la esperanza de que me puedan atender antes de la hora prevista, porque sé que cierran a las 2 y me tienen que hacer un tinte, lavar, peinar y maquillar, y que en dos horas no va a dar tiempo ni de coña, pero son ellas las que me han dado hora, así que… Ifo se va mientras tanto a visitar los centros comerciales de Barcelona a la caza y captura de un Asus EEE del que se ha encaprichado (búsqueda infructuosa, por cierto), y a las 2 de la tarde me espera delante de la puerta. Yo no salgo de la peluquería hasta las 3 y media, y para entonces él, pobrecito, está ya desesperado por el calor y por el agobio de la larga espera.
Como ya era tarde, pasamos por un MacAuto y pedimos hamburguesas para llevar y comemos en casa sucedáneo de comida de MacDonald’s. Como nos habíamos despertado pronto, y preveíamos que la noche iba a ser larga, mi intención inicial era echarme una siesta, aunque la cosa quedó más bien en una cabezada de poco más de una hora que me dejó el pelo chafado de un lado y la marca de un hilillo de baba en la base de maquillaje. Pues estamos bien. Al despertarme me tomo un café (¡cómo me gusta mi cafetera Nescafé Dolce Gusto!), me lavo los dientes con cuidado, y un hilillo de pasta de dientes y baba me recorre por la comisura de la boca por el otro lado. Genial, ahora parezco el conde Drácula.
A todo esto, Ifo y yo habíamos tenido una bronca antes a cuenta de los celos. Y es que empezaba a estar ya un poco harta de que me tomara por una especie de fresca capaz de liarse con el primero que se me pusiera a tiro. Bueno, en realidad no era esto lo que él quería transmitir, pero sí es la impresión que a mí me quedó, y sinceramente, no me hacía ni puñetera gracia. Entiendo que se sienta intimidado por el boy, a pesar del ascazo que me daba tocarle siquiera. A mí tampoco me hace maldita la gracia pensar que una tía buenorra le va a restregar las tetas en la cara a mi futuro marido, pero ¿qué le vamos a hacer? Me lo tomo con resignación, y lo que no se me ocurre pensar es que él vaya a tomar parte activa hasta el punto de poder considerarlo cuernos. En fin, que tuvimos una charla interesante, y al final lo aclaramos, aunque me pidió que llevara una cosa que él había elegido para estar más tranquilo. Más monoooooo!!
Así que a las 8 menos cuarto, pintarrajeada como una mona, con vestidito negro, medias negras, chaqueta negra, zapatos negros, bolso negro y bragas rosas (!!), fuimos a recoger a la hermana de Ifo y nos dirigimos al punto de encuentro. Al final no pudimos tener la despedida de soltera en la playa, porque amenzaba lluvia y nos cambiaron el sitio, y tuvimos que celebrarla en el Maremágnum, pero no importó porque lo pasamos la mar de bien, y la indeseable no se presentó. Claro que Zorri tampoco vino (no estaba invitada, y yo ya sabía que incluso antes, cuando aún no la había enviado a hacer gárgaras, tampoco iba a venir) y ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta que eché de menos la amiga que fue cuando éramos adolescentes, habría sido genial que estuviera allí compartiendo ese momento, pero hace ya mucho que dejó de ser la amiga que un día fue.
Mi ex-cuñi, que era la organizadora, también estuvo allí. Sinceramente, estuvo muy bien montado, aunque durante estos últimos días he tenido la sensación de que lo ha hecho un poco con desgana: hubo gente que no recibió el SMS convocándolas; no confirmó asistencia con nadie, y tuve que hacerlo yo; no llamó a nadie para decirles donde sería el punto de encuentro y la hora, y también tuve que hacerlo yo… Así que al final fuimos menos de las previstas, pero tampoco me importó porque me lo pasé la mar de bien.
Y ahora, para no hacer el relato demasiado largo, lo dejo aquí y mañana os sigo contando cómo fue la despedida de soltera en sí misma. Para ir abriendo boca, aquí os dejo con unas fotos de la cena. Si puedo, mañana incluiré vídeo también.
 
 
En esta entrada hablo de: Amigos, boda, celos, despedida de soltera, fotos, Ifoxe, luna de miel, Zorri
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Es un momento por el que casi todas pasamos la semana pasada, el momento de reunirnos con los compañeros de trabajo en un entorno mucho más distendido y sin el estress diario al que ya nos hemos ido acostumbrando, ¿qué remedio?
Ifo estaba un poco mosca con el tema, porque de la cena de Navidad de la empresa el año pasado salimos prácticamente liados, y claro, no le hacía ni pizca de gracia la posibilidad de que repitiera este año la historia pero con otro protagonista… En fin, mi niño y sus celillos.
En fin, este año me hacía especial ilusión celebrar la cena de empresa, mi primera cena de empresa en The Monkey Island. Hasta ahora nunca había sentido un especial interés, y creo que a pesar de todos los curros que he tenido en mi vida (aproximadamente, salgo a uno al año de media, desde los 18 años, y voy a cumplir 27), habré ido a un par de cenas de empresa como mucho. No es algo que hasta ahora me llamara especialmente la atención, fuera del curro no me relaciono prácticamente nada con los compañeros, y en la propia oficina lo justo e imprescindible para desarrollar mi trabajo con eficacia y nada más. No es de extrañar, claro, que la jefa me pegue la bronca por antisocial y me aconseje que curre menos y hable más con mis compañeros… Pero este año era especial, este año sí me apetecía ir a la cena de empresa, y es que por primera vez estoy donde siempre he querido estar.
En lugar de organizarlo en un restaurante, lo montamos en la sala donde los mandamases salvan el país del cataclismo un par de veces al año o así, con cuatro mesas laaargas y camareros empajaritados que nos iban trayendo el tapeo.
 

Nada más entrar, nos encontramos a las chicas de organización ataviadas con unas antenas en forma de corazón en la cabeza, que iban pasando lista para el amigo invisible (en lugar de elegir papelitos con el destinatario, optamos por meter todos los regalitos en un saco y que cada cual cogiera uno al azar) y nos iban repartiendo antifaz, serpentinas y matasuegras (y el caxondeíto que se trajeron las cuarentonas y cincuentonas del lugar a cuento de si el matasuegras salía disparado hacia arriba, hacia abajo, o daba gatillazo… En fin, ¿para qué os voy a contar? Ya os imagináis la clase de obviedades que se pueden decir a la segunda copa de vino con un matasuegras en la boca, ¿no? Pues eso.
No solo NO me sentí tan descolocada como de costumbre, sino que me lo pasé divinamente. Fui mucho más divertido de lo que me esperaba, estuvimos toda la noche entre Montse, Inma, María, Cristina y yo muertas de la risa, mientras Montse le tiraba los trastos a todo camarero que pasara por allí para que no dejaran de traernos bebidas y nos pusieran las mejores raciones de tapas (¡si es que no se las puede sacar de casa, jodxr!), y nos explicaba las desgracias de su noche de bodas en plan picante junto con anécdotas de cuando ella empezaba en la casa y les había explicado la misma historia erótico-festiva a los capos que hoy dirigen el país en la sombra… Solo de imaginar sus caras me meaba.

Después de las tapas, el segundo plato era una fideuá que tuvimos que levantarnos para servirnos, a pesar de los morritos que Montse le ponía al camarero (me temo que no coló, y esa noche los dos se fueron a la cama por separado y sin mojar), y mientras hacíamos cola, pillé a Inma hablando de mí con María, diciéndole que le caía muy bien y más cositas que no voy a repetir porque mi humildad (juas!) me lo impide. Parece que los consejillos de la jefa en el sentido de que salga de mi cascarón y me relacione con los compañeros empiezan a dar sus frutos. Tímida que es una.
Después de la cena llegó el momento del amigo invisible. Olvidé deciros que a la cena también asistieron el Presi Monti, LaTura (capo di capi de Justicia), dipu-Lou, PZ (el gran jefe de la casa) y Miquel (portavoz, ideólogo y viceprimero, que digo yo que si eso no querrá decir segundo, de a bordo), entre otros mafias. No sé a quien le tocó mi marco de fotos de 4 leuros, y tampoco sé quien tuvo el mal gusto de comprar el jarrón de flores hortera que me tocó a mí, pero tuvo su gracia cuando nos llamaron por orden alfabético inverso de nombre y pasábamos a rebuscar en el saco papanoelense un regalo con un envoltorio que nos diera buena espina. Ni que decir tiene que yo la cagué al coger una bolsita de papel azul a rallas moníííííísima que contenía la cosa más hortera que he visto en mi vida, y es que no se puede juzgar por el envoltorio, que luego pasa lo que pasa… Al menos la bolsita me hará servicio. Por cierto, ver al jefe de informática y a la gerente vestidos de pastorcillos repartiendo regalos ¡¡no tiene precio!! Y es que aquí la peña gasta un cachondeo que es demasiado…

 
Por cierto, las fotos las tomé con el móvil porque todavía no tenía una cámara de fotos digital decente, pero ahora sí la tengo porque me la ha traído Papá Noël (así que a partir de ahora empezaréis a notar la mejora de calidad de las fotos… un poco), pero ese es tema de otro post…
Después del amigo invisible, sorteo de los regalitos de los proveedores: La Vanguardia nos envió tres vajillas completas (una de ellas se quedó en el comedor de la casa); El País, una colección de 35 DVD’s (que ya hemos pedido a la afortunada que rule para que nos las podamos copiar, que como pagamos el canon por los DVD’s vírgenes en compensación a los autores, pues ahora ya estamos en nuestro derecho de copiar lo que nos dé la gana, ¿no?); y La Caixa, una Wii con el Wii Sports, que también se quedará en el comedor de la casa. Estamos que lo tiramos.
Y como guinda final… tatatachán… karaoke. Las muy mamonas de organización nos sacaron a mí y a tres pringuis más (dos de ellos de mi departamento) que nos hemos incorporado este año, a dar la nota, por novatos. Nos hicieron cantar una de Chenoa, Cuando tú vas yo vuelvo o algo así. Nos colocaron unas pelucas azules y lilas, nos dieron dos micros, enchufaron el trasto infernal a toda leche y a hacer el ridículo ante toda la tropa. Qué cabronas. Esta pinta teníamos, fashion total como podéis ver.

¿Es o no es como para matarlas? A pesar de todo, me lo pasé en grande. Y sí, yo soy la petarda del chaleco de camuflaje y el pelucón lila, ¿qué pasa? 
Tenéis más fotos de la fiesta de Navidad de la empresa aquí.
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Ahora que ya me estaba acostumbrando a sus celos, va y se retuerce sobre sí mismo y se pone en plan pasota. Me desconcierta y me deja para el arrastre.
Ayer le necesitaba más que nunca, estaba de bajón y le necesitaba cerca, pendiente de mí, mimándome, abrazándome, besándome… Como había sido hasta hace poco. Pero no estuvo tan cerca como yo necesitaba, y eso me puso todavía más triste. Con ese panorama, el día no podía acabar bien, y acabamos durmiendo cada uno a un lado de la cama.
Creo que mi petición es bastante razonable, que no nos quedemos TODOS los fines de semana encerrados en casa, que de vez en cuando salgamos por ahí, a cenar, al cine, a tomar algo… lo que sea. Pero me dijo que será difícil y se puso a la defensiva. No pido tanto, solo un fin de semana al mes, o así.
Ya me habían advertido tanto él como sus amigos que convivir con un jugador de juegos on-line es complicado, que se crean auténticas comunidades virtuales, que la competitividad es máxima, las pruebas son complicadas, las misiones son auténticos retos y llegan a enganchar, pasándose horas y horas frente al ordenador, conectado con sus amigos, luchando contra las hordas enemigas… Bueno, en fin, un mundo.
Lo que no me esperaba es que ese hobby conlleve pasarnos TODOS los fines de semana encerrados en casa, él frente al ordenador y yo espachurrada en el sofá zapeando… No es plan. Este ha sido el primer fin de semana que nos lo pasamos así, y el domingo por la noche quise poner las cartas boca arriba.
Esto no va a ser así siempre, ¿verdad? Saldremos de vez en cuando, ¿no? Yo no me voy a oponer, ni te voy a apartar de tus amigos, ni te voy a prohibir que tengas tu hobby, pero esto de quedarnos TODOS los fines de semana encerrados en casa, como que va a ser que no…
Y su respuesta me puso los pelos de punta: va a ser difícil… Y toda una serie de rodeos casi incomprensibles para mí. Y nos fuimos a la cama sin conseguir llegar a un acuerdo, aunque creo que se lo estaba poniendo bastante fácil: no pido tanto, solo de vez en cuando, pongamos un fin de semana al mes… Nada, no quiso llegar ni siquiera a un acuerdo de mínimos. Esto pinta peor que las negociaciones sobre Constitución Europea… Seguir leyendo… »
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Jose me conoce tan bien que en dos minutos me hizo una radiografía completa. Sabe cómo me siento con sólo mirarme y es capaz de percibir detalles que a cualquier otro (a mí misma, sin ir más lejos) se le pasarían por alto. En realidad, Jose tiene una facilidad innata para conocer a las personas más allá de lo que dicen.
Mi niño tiene razón en una cosa: la inteligencia de Jose me tiene embobada, y entiendo que eso le haga sentirse un poquitín inseguro (y más teniendo en cuenta que no está pasando precisamente por su mejor momento personal, en parte por mi culpa… . Sin embargo, yo no puedo ver a Jose de otra manera que no sea como mi hermano mayor, una persona de quien aprender mucho y a quien apreciar aún más, por lo que es y por lo que me aporta.
Y es que a Jose le aprecio un montón. Pero a Ifoxe le quiero con todo mi ser.
Nora a pie de página: ver a Jose y a Raquel, un sábado por la noche ¡antes de haber bebido!, peleándose por mí a grito pelado, a ver quien me hacía la mejor oferta, produce un subidón de ego que me dura todavía. Sois los mejores. Pero esto es como preguntarme si quiero más a papá o a mamá. Un abrazote gordo para los dos, leáis estas líneas o no.
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