Ayer tuvimos la enganchada más gorda de las (pocas) que hemos tenido hasta ahora. Todo acabó bien, aunque como en cada bronca, las dos partes se dejan unos cuantos pelos en la gatera (y, en esta ocasión además una de las partes acabó con una resaca monumental después de zascarse casi una botella entera de Malibú a palo seco en menos de dos horas…![]()
A veces parece increíble como una serie de malentendidos y de coincidencias pueden llevar a una situación tan absurda por un lado y tan desagradable por otro…
Después de creer que estaba a punto de perderme, tengo la sensación de que ahora sus “Te Quiero” tienen una intensidad desconocida hasta ahora. Creyó haber metido la pata hasta el fondo (y no negaré que de verdad me cabreé mucho), y casi se vuelve loco de celos al pensar que me había refugiado en los brazos de otro por su estupidez. Cuando llegué a casa, se me partió el corazón al verle destrozado emocionalmente. Yo estaba cabreada, pero él estaba deshecho. Diox, solo quería abrazarle, calmarle, mimarle, quererle…
No obstante, el hecho simplemente de que podamos llegar a situaciones tan peligrosas para nuestra relación deben llevarnos a reflexionar sobre los motivos últimos que nos ponen al límite, más allá de los que nos han llevado a esta situación en concreto. No quiero que vuelva a suceder, no quiero perderle, no quiero que sufra, no quiero sufrir. No si puedo evitarlo.
Sé que todo es inseguridad, aún no le entra en la cabeza que pueda quererle, y cuando duda, se tambalea. Y hace que todo se tambalee a su alrededor.
Pues se te va a tener que meter en la cabeza, Carinyu: TE QUIERO,
estoy contigo porque te quiero y en mi vida no hay otro hombre que no seas tú.
En esta entrada hablo de: amor, celos, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
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