¿Cuantas veces tiende una a pensar:
“estoy harta, no aguanto más“, pero acaba cediendo
antes de explotar definitivamente?
¿Cual es el número límite de veces
que una piensa que está harta pero cede,
antes de explotar definitivamente?
¿Cual será la gota que colme el vaso?
¿Se puede predecir la llegada de ese momento? Y, ya puestos, ¿se puede evitar?
Supongo que es algo así como preguntar “Si los perros dan vueltas antes de dormir, ¿cuantas vueltas dan antes de quedarse dormidos?“. Más o menos.
¿Dónde está el límite? ¿Cuanto aguante tiene una mujer enamorada? ¿Cómo se mide eso? ¿En días, en años, en kilos, en desplantes? ¿Depende de la paciencia de cada una, o del nivel de, llamémosle, estress, al que se ve sometida?
Lo que sé es que hay veces que siento que estoy hasta las narices y no es la primera vez que me siento así. Inmediatamente después me acobardo de mí misma y de mi propia vehemencia, y me echo atrás. Retrocedo, negocio, pacto, lucho… y me dejo unos cuantos pelos en cada contienda.
Pero la diferencia esta ves es que hoy ni siquiera tengo ganas de hablar y resolverlo, me siento cansada y aburrida, y eso no puede deparar nada bueno.
Veremos qué pasa, porque no quiero que termine pero tampoco quiero vivir así.
En esta entrada hablo de: amor, convivencia, discusión, Ifoxe, tristeza
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