Desde que me marché de casa de mis padres, he aumentado algunos kilillos de peso. Nada especialmente grabe, pero teniendo en cuenta que hace un par de años pesaba entre 50 y 52 kilos, y que los que he ganado se sitúan en una zona en concreto, pues digamos que la cosa se nota bastante.
Es normal que haya ganado peso, ahora hago una vida más sedentaria que entonces cuando no paraba un minuto quieta, estudiaba, trabajaba (trabajaba muchísimo, he llegado a trabajar 15 horas diarias durante casi 6 meses, y también he trabajado incluso en dos sitios a la vez durante bastante tiempo), iba al gimnasio cuando podía, intentaba arreglar un piso como buenamente podía… Además, era mi madre quien se encargaba de prepararme los tupper de la comida casi siempre, y comía menos porquerías.
Desde que vivo sola, en cambio, el consumo de chuches y porquerías variadas se ha disparado increíblemente, y además hago vida mucho más sendentaria (y lo que mola eso de llegar a tu casa, espachurrarte en tu sofá y ponerte a hacer zapping en tu tele… En casa de mis padres, el comedor siempre estaba ocupado, y estos pequeños vicios no me los podía dar). También he dejado de ir al gimnasio, básicamente porque el precio de la matrícula y el hecho de que te obliguen a pagar las 3-4 primeras cuotas hacía que el precio se me antojara disparatado (125€ de matrícula + 100€ de las primeras cuotas = me quedo en el sofá de mi casa, que es más barato).
El resultado, evidentemente, es que prácticamente he perdido la cintura, me ha salido tripita, he ganado volumen justo debajo del culo… Vamos, un desastre. Y he decidido que ha llegado el momento de ponerse las pilas: comienza la operación bikini. El lunes empiezo a quitarme: reducción drástica de azúcares, grasas y demás; chocolate, el justo (que bastante me va a costar dejar ese vicio); las patatas bravas, a partir de ahora, totalmente prohibidas; la coca-cola y las fantas serán vilmente sustituidas por bebidas light, o mejor, por agua natural; más comiditas a la plancha y menos fritos; y algo más de ejercicio del que hago ahora (que, salvo ese deporte maravilloso, por lo demás el deporte que practico es prácticamente nulo). Pero todo con moderación, sin pasarnos, que el estress es malísimo para la salud.
Para empezar, me pondré las pilas con la bici que nos hemos comprado: los viernes me tocará llevarla a mí al trabajo, e ir a buscarle a él a la oficina a la hora de la comida. Esto es empezar con calma, don’t stressss. Además, en 15 días empezamos la jornada intensiva en el trabajo, y tendré las tardes libres para ponerme las pilas por mi cuenta, ir a la piscina y darle algo más de vidilla a la operación bikini.
Lo que más me va a costar, lo sé, será pasar del chocolate (puto vicio), de las horchatas y de los helados en las terrazas de verano. Pero toca hacer el esfuerzo, que el verano está a la vuelta de la esquina, y cada vez que me veo la tripita me pongo enferma.
¿Y por qué no empiezo hoy mismo con la mini-dieta (más que dieta lo llamaría no pasarme tanto), si lo tengo tan claro? Me preguntaréis. Pues por un motivo básicamente hormonal: mañana me viene la regla, y no me veo capaz de pasar estos días de descontrol a palo seco: necesito mi dosis de chocolate y de azúcar por un tubo, aún no estoy preparada para dejarlo de golpe. Pero a partir del lunes, ya con las hormonas de resaca, espero tener la fuerza de voluntad suficiente como para llevar a cabo mi propósito. Sé positivamente que no estaré tan estupenda como me gustaría para este verano, que mi cintura de talla 36 no va a volver en un mes (en realidad, ni siquiera pretendo que vuelva, para qué nos vamos a engañar: si no fuera por la tripita, yo me veo fantástica, mucho más que antes), pero si consigo no descontrolar como hasta ahora, mantendré la moderación y con paciencia, es posible que pueda quitarme los michelines, aunque con la celulitis incrustada soy bastante más pesimista. Lo cierto es que ni tengo el sentido del humor de Ada, ni la fuerza de voluntad de Querida E., así que ya veremos en qué quedan todas estas buenas intenciones.
El lunes empiezo. ¡Deseadme suerte!
En esta entrada hablo de: fotos, Ifoxe, mujer, Sociedad, vacaciones
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