Desde hace unas semanas nos han quitado el microondas que teníamos en una mini-cocina de nuestra planta, y se lo han llevado junto con dos micros más a la nueva sala de descanso, recién inaugurada, en la sala del fondo una planta más arriba.
La sala está bien, tenemos cuatro mesas y un montón de sillas, tres microondas para minimizar las colas a la hora de la comida, un sofá y una mini-tele para poder ver Los Simpsons y Sé Lo Que Hicísteis mientras comemos. Ahora no nos dejan comer en nuestras mesas, lo cual está bien porque por un lado socializamos con los compañeros (algo que a servidora le venía haciendo falta), porque con los atascos que se producen a la hora de la comida, no te queda otra; y por otro lado aprovechamos para descansar un poco, porque no nos engañemos, si comes en tu mesa junto al ordenador, ni descansas ni te alimentas.
Pero lo peor viene con el café mañanero. Ahora el Nescafé no ya solo está al alcance de las compis de departamento, sino de ¡toda la oficina! De momento, parece que lo respetan (¿será por la sutil etiqueta con mi nombre que le he puesto?), pero habrá que estar atentas. Sin embargo, esa no es la incomodidad peor. Al tener la sala de descanso, y el microondas asociado, en la planta de arriba, significa que ahora para hacernos el café tenemos que coger el ascensor, caminar unos 100 metros en línea recta, prepararnos el café en el microondas o en la cafetera, esperar a que termine de calentarse mientras nos tocamos los huevos las narices, aprovechamos para hacer la xerradeta si nos encontramos con alguna compi en el camino (con lo cual, el número veces y el tiempo que pasamos en cada escaqueada, aumenta exponencialmente y se retroalimentan las escaqueadas de unas con las de otras…), y bajamos por el ascensor o por las escaleras con la taza ardiendo, llena hasta arriba y haciendo equilibrios para no quemarnos y para no derramar el líquido cafeinoso por el camino y ponernos la ropa perdida… Y cuando llegas a la mesa, el café está ya medio frío. Aunque siempre puedes tomártelo tranquilmante en la sala de descanso, viendo la tele… mmmmm…. ahora que lo pienso, no suena del todo mal…
Total, me parece un atraso. La productividad general se va a resentir, al tiempo. Buenas somos nosotras como para que encima nos den una excusa para escaquearnos…
En esta entrada hablo de: cabreo, idiotas, trabajo
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