Es un momento por el que casi todas pasamos la semana pasada, el momento de reunirnos con los compañeros de trabajo en un entorno mucho más distendido y sin el estress diario al que ya nos hemos ido acostumbrando, ¿qué remedio?
Ifo estaba un poco mosca con el tema, porque de la cena de Navidad de la empresa el año pasado salimos prácticamente liados, y claro, no le hacía ni pizca de gracia la posibilidad de que repitiera este año la historia pero con otro protagonista… En fin, mi niño y sus celillos.
En fin, este año me hacía especial ilusión celebrar la cena de empresa, mi primera cena de empresa en The Monkey Island. Hasta ahora nunca había sentido un especial interés, y creo que a pesar de todos los curros que he tenido en mi vida (aproximadamente, salgo a uno al año de media, desde los 18 años, y voy a cumplir 27), habré ido a un par de cenas de empresa como mucho. No es algo que hasta ahora me llamara especialmente la atención, fuera del curro no me relaciono prácticamente nada con los compañeros, y en la propia oficina lo justo e imprescindible para desarrollar mi trabajo con eficacia y nada más. No es de extrañar, claro, que la jefa me pegue la bronca por antisocial y me aconseje que curre menos y hable más con mis compañeros… Pero este año era especial, este año sí me apetecía ir a la cena de empresa, y es que por primera vez estoy donde siempre he querido estar.
En lugar de organizarlo en un restaurante, lo montamos en la sala donde los mandamases salvan el país del cataclismo un par de veces al año o así, con cuatro mesas laaargas y camareros empajaritados que nos iban trayendo el tapeo.
Nada más entrar, nos encontramos a las chicas de organización ataviadas con unas antenas en forma de corazón en la cabeza, que iban pasando lista para el amigo invisible (en lugar de elegir papelitos con el destinatario, optamos por meter todos los regalitos en un saco y que cada cual cogiera uno al azar) y nos iban repartiendo antifaz, serpentinas y matasuegras (y el caxondeíto que se trajeron las cuarentonas y cincuentonas del lugar a cuento de si el matasuegras salía disparado hacia arriba, hacia abajo, o daba gatillazo… En fin, ¿para qué os voy a contar? Ya os imagináis la clase de obviedades que se pueden decir a la segunda copa de vino con un matasuegras en la boca, ¿no? Pues eso.
No solo NO me sentí tan descolocada como de costumbre, sino que me lo pasé divinamente. Fui mucho más divertido de lo que me esperaba, estuvimos toda la noche entre Montse, Inma, María, Cristina y yo muertas de la risa, mientras Montse le tiraba los trastos a todo camarero que pasara por allí para que no dejaran de traernos bebidas y nos pusieran las mejores raciones de tapas (¡si es que no se las puede sacar de casa, jodxr!), y nos explicaba las desgracias de su noche de bodas en plan picante junto con anécdotas de cuando ella empezaba en la casa y les había explicado la misma historia erótico-festiva a los capos que hoy dirigen el país en la sombra… Solo de imaginar sus caras me meaba.
Después de las tapas, el segundo plato era una fideuá que tuvimos que levantarnos para servirnos, a pesar de los morritos que Montse le ponía al camarero (me temo que no coló, y esa noche los dos se fueron a la cama por separado y sin mojar), y mientras hacíamos cola, pillé a Inma hablando de mí con María, diciéndole que le caía muy bien y más cositas que no voy a repetir porque mi humildad (juas!) me lo impide. Parece que los consejillos de la jefa en el sentido de que salga de mi cascarón y me relacione con los compañeros empiezan a dar sus frutos. Tímida que es una.
Después de la cena llegó el momento del amigo invisible. Olvidé deciros que a la cena también asistieron el Presi Monti, LaTura (capo di capi de Justicia), dipu-Lou, PZ (el gran jefe de la casa) y Miquel (portavoz, ideólogo y viceprimero, que digo yo que si eso no querrá decir segundo, de a bordo), entre otros mafias. No sé a quien le tocó mi marco de fotos de 4 leuros, y tampoco sé quien tuvo el mal gusto de comprar el jarrón de flores hortera que me tocó a mí, pero tuvo su gracia cuando nos llamaron por orden alfabético inverso de nombre y pasábamos a rebuscar en el saco papanoelense un regalo con un envoltorio que nos diera buena espina. Ni que decir tiene que yo la cagué al coger una bolsita de papel azul a rallas moníííííísima que contenía la cosa más hortera que he visto en mi vida, y es que no se puede juzgar por el envoltorio, que luego pasa lo que pasa… Al menos la bolsita me hará servicio. Por cierto, ver al jefe de informática y a la gerente vestidos de pastorcillos repartiendo regalos ¡¡no tiene precio!! Y es que aquí la peña gasta un cachondeo que es demasiado…
Por cierto, las fotos las tomé con el móvil porque todavía no tenía una cámara de fotos digital decente, pero ahora sí la tengo porque me la ha traído Papá Noël (así que a partir de ahora empezaréis a notar la mejora de calidad de las fotos… un poco), pero ese es tema de otro post…
Después del amigo invisible, sorteo de los regalitos de los proveedores: La Vanguardia nos envió tres vajillas completas (una de ellas se quedó en el comedor de la casa); El País, una colección de 35 DVD’s (que ya hemos pedido a la afortunada que rule para que nos las podamos copiar, que como pagamos el canon por los DVD’s vírgenes en compensación a los autores, pues ahora ya estamos en nuestro derecho de copiar lo que nos dé la gana, ¿no?); y La Caixa, una Wii con el Wii Sports, que también se quedará en el comedor de la casa. Estamos que lo tiramos.
Y como guinda final… tatatachán… karaoke. Las muy mamonas de organización nos sacaron a mí y a tres pringuis más (dos de ellos de mi departamento) que nos hemos incorporado este año, a dar la nota, por novatos. Nos hicieron cantar una de Chenoa, Cuando tú vas yo vuelvo o algo así. Nos colocaron unas pelucas azules y lilas, nos dieron dos micros, enchufaron el trasto infernal a toda leche y a hacer el ridículo ante toda la tropa. Qué cabronas. Esta pinta teníamos, fashion total como podéis ver.
¿Es o no es como para matarlas? A pesar de todo, me lo pasé en grande. Y sí, yo soy la petarda del chaleco de camuflaje y el pelucón lila, ¿qué pasa?
Tenéis más fotos de la fiesta de Navidad de la empresa aquí.
En esta entrada hablo de: Amigos, celos, fotos, Ifoxe, Navidad, trabajo
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