Decía esta mañana en los comentarios que estaba preparando un post para explicar mis impresiones del mitin de ayer, en el que me lo pasé genial. Sin embargo, el asesinato de un compañero en Mondragón hace unas horas me ha quitado la alegría de golpe.
Otro día os cuento qué tal fue en el Sant Jordi. Hoy, como comprenderéis, no me apetece demasido.
Han ido a por el más débil, un ex-concejal, una persona que tenía que llevar escolta a diario para ir a trabajar, por defender aquello en lo que creía, y ahora ya no llevaba guardaespaldas. Dedicarse a la política en Euskadi es muy duro, hay compañeros, de todos los partidos políticos menos uno, que saben que se juegan la vida a diario, que ponen en peligro su piel por defender unas ideas y una forma de vivir, por la libertad de todos, y no tienen reparos en dar un paso al frente, en jugarse el tipo por todos. Día a día. Hay que estar hecho de una pasta especial.
El Capitán Achab lo resume a la perfección en su post de hoy, que titula muy acertadamente Deudas morales:
Los que gustamos de discutir de política frente al ordenador o de solucionar los problemas del mundo delante de un café con soconuscos nos olvidamos a veces de la gente que, por intentarlo de veras en una concejalía de pueblo, se arriesga a que le paguen su esfuerzo con cincuenta gramos de plomo y dos metros cuadrados de buena tierra española.
Espero que nadie vuelva a hablarme de los políticos, en general y sin matizar, en plan despectivo, porque no respondo. Los hay que están en esto para forrarse, y también los hay que tienen madera de héroes. Hay políticos que se juegan la vida por defender aquéllo en lo que creen, por construir un mundo mejor para todos. Allí donde tú y yo estaríamos calladas, probablemente escondidas como conejos en sus madrigueras y muertas de miedo, sin atrevernos a expresar nuestras ideas en voz alta, hay personas que dan la cara por nosotras aún exponiéndose a que se la partan. O a que les metan tres tiros delante de su mujer y su hija, como ha sido el caso.
Una duda me queda: ¿Qué representaría este hombre en la mente perturbada de su asesino para creer que quitarle la vida tiene algún sentido? ¿Tiene algún sentido una reivindicación que no puede sostenerse con argumentos, y debe reclamarse con la fuerza de las armas? En mi opinión, ninguna, y eso es lo que lo hace todavía más triste: el sufrimiento inútil que provoca una reinvidicación sin sentido, por carecer de argumentos que convenzan a la mayoría.
ASESINOS. No pueden disfrazarse tras ninguna ideología. La muerte no es ideología, es la derrota de la razón.
En esta entrada hablo de: Amigos, decepción, idiotas, política, trabajo, tristeza
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