Como, por ejemplo, hoy.
Supongo que todas tenemos algunas pesadillas recurrentes que tememos que se hagan realidad, como pueden ser: ir a trabajar o a clase con las zapatillas de estar por casa, a lo Carmen Sevilla; ir a hacer la compra y darnos cuenta de que todavía llevamos el pijama puesto, llamar “mamá” a la profesora de la facultad, o presentarnos en la oficina en un día de puente sin saberlo.
Antes o después tenía que pasar, y a mí me ha pasado hoy. Lo de presentarme en la oficina en festivo, quiero decir. Pero mejor empiezo por el principio y os cuento mi día (lo que va de día, que esto todavía puede empeorar…):
Para empezar, esta mañana hacía frío. Mucho frío. Y en la cama se estaba muy calentita y a gusto. Después de dos semanas de vacaciones, no me apetecía lo más mínimo ir a trabajar.
Ifo me ha llevado en coche a la estación y se ha vuelto a casa, porque él sí tiene claro que no vuelve al trabajo hasta después de Reyes. He sacado la tarjeta T-10, previo pago de la criminal subida de tarifas (cabrooooneeeeesssss!!!), y justo en el momento en que iba a recoger la tarjeta de la máquina ha entrado un tren en la estación. La estación de Sabadell Norte está diseñada por un puto cafre que no tiene en cuenta las corrientes de aire cuando los trenes entran y salen, y en el vestíbulo se montan auténticos huracanes cada 5 minutos, que si te descuidas te tumban de culo (no es exageración, comprobadlo vosotras mismas). Imaginaos dónde ha ido a parar la tarjeta que acababa de comprar, con tal ventolera: Calculo que ha debido llegar hasta Tarragona, del impulso que llevaba. A tomar por saco más de 20 leuros, en plena cuesta de enero. Cawentó lo que se menea.
Aunque la taquillera y el vigilante de seguridad han visto lo que me ha pasado, se han negado a ayudarme. Hijos de puta. Encima, el gilipollas del vigilante se ha puesto borde y me ha dicho que es culpa mía, que yo tengo que saber cuándo entran y salen los trenes aunque haya una pared y unas escaleras que separan el andén del vestíbulo, y tener más cuidado. ¡Será imbécil el tío!
Disculpe por no haber activado esta mañana mi visión de rayos X y mi sentido arácnido, es que es lunes y voy un poco dormida, ¿sabe usté?
Así que he tenido que aguantar la bronca de un niñato borde e imbécil al que se la ha subido el uniforme a la cabeza (¿los contratan así de subnormales, o se vuelven gilipollas al cabo de unos pocos días?), el pasotismo de una taquillera de Renfe (¿por qué será que ya no me sorprende nada los empleados de Renfe?), volver a pagar más de 20 leuros por otra tarjeta, y perder el tren.
Para colmo, cuando bajo al andén, lo primero que oigo por megafonía es el aviso de retrasos. Una vez más. ¿Pero es que hay alguna vez que funcione bien la Renfe? Y parece ser que todavía nos queda por lo menos un año de sufrir retrasos y averías. Un poco hasta las pelotillas sí que estoy del tema, la verdad.
Por si todo esto no fuera suficiente, la batería del nuevo Ipod está en las últimas, no me he acordado de cargarlo en casa. Jooooodeeeeeeerrrrr… Vaya mierda de día que me espera.
Llego a la oficina convencida de que hoy era uno de esos días en los que, como en Nochebuena, trabajamos media jornada y a casa a seguir de vacaciones, pero no, cuando he llegado me lo he encontrado todo casi a oscuras; en la zona de prensa no había ni diox, y eso sí que es raro porque son los más madrugadores de la oficina, me ha dejado mosqueada. Y cuando han llegado las chicas de la limpieza han flipado al verme, me han preguntado que qué hacía yo allí… y entonces sí que me he mosqueado de verdad.
Si en un primer momento he pensado que me esperaba hasta las 11 a ver si llegaba alguien, y si seguía sola me largaba, después de hablar con las de la limpieza lo he visto claro: he sido la única empanada que no sabía que hoy hacíamos puente toda la casa. Bueno, miento, en realidad sí que lo sabía, pero no me acordaba, en una de las últimas asambleas de personal, acordamos los dos puentes del año que pillamos todos los trabajadores por real decreto, y recuerdo que uno de ellos habíamos comentado que sería el 5 de enero y el otro ya no lo tendríamos hasta diciembre, porque los festivos este año caen fatal para hacer puente… pero no me acordaba. Estaba convencida de que hoy trabajaríamos media jornada, así que me he presentado en la ofi, con mi mal humor característico de los lunes por la mañana, y al ver el panorama (y llamar a seguridad para confirmar mi apollardamiento), pensé que casi mejor me vuelvo a casa…
Al menos puedo decir que el trayecto de vuelta ha sido sin incidentes, porque en días como hoy, en los que además tengo la regla, si algún imbécil más me llega a tocar los webos, no respondo. Mal despertar que tiene una los lunes, ¿qué queréis? Lo que yo os decía: si es que hay días en que es mejor no levantarse de la cama, con lo a gustito que se está…
A todo esto, ¿os habéis portado bien, niños? ¿Le habéis escrito ya la carta a los Reyes Magos? A mí me han dicho que este año he sido mala, que ya hubo que sobornar a Papá Noël para que soltara mis regalos (se quería quedar mi chachi-mini-portátil, el cabrón, que lo sé yo), y los Reyes Magos opinan lo mismo: he sido una niña malísima. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que este año también me voy a librar del carbón. Este año pienso portarme aún peor.
En esta entrada hablo de: familia, idiotas, Navidad, trabajo, vacaciones
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