Si hace un par de días os explicaba cómo fue la cena de Nochebuena en casa de mis suegros, hoy toca explicaros la comidad de Navidad, que celebramos en honor de mis abuelos por su 5o Aniversario de bodas, en el Restaurante l’Escut, un Buffet Libre de Vallirana.
En mi familia materna, es tradición que nos reunamos toda la familia el día de Sant Esteban (26 de diciembre), que en Catalunya es festivo, en casa de mi abuelos, y de esta forma celebramos de una tacada las navidades todos juntos, el cumpleaños de mi abuelo y su aniversario de bodas (lo que ya es de agradecer, con lo saturadas que están estas fiestas, como para añadirles más días de comilonas al calendario…
. Pero este año, al coincidir con las bodas de oro, decidimos organizarlo el día de Navidad en vez de en Sant Esteban, y organizar algo mucho más por todo lo alto que la típica comida familiar. La ocasión lo requería, así que nos juntamos todos y nos pegamos la comilona padre.
Os explicaré un poco por encima como son mis abuelos, ya que nunca os he hablado de ellos:
Mi abuela es una mujer de armas tomar, Doña Mari Mandona reencarnada. Todo debe hacerse como ella dice, y si no se agarra unos cabreos de cuidado. Para que os hagáis una idea, cuando mi madre se casó, entraba en su casa y le cambiaba las cosas de sitio en los armarios porque le parecía que no las tenía colocadas como debían de estar. Pero no os penséis que con los años ha cambiado, ¡no, qué va! Al contrario, se ha vuelto más gobernanta si cabe: Ha venido de visita a mi casa, me ha pegado la bronca porque decía un par de cojines que tenía estaban ya muy viejos y tenía que tirarlos (unos cojines que tenía desde que me fui a vivir a mi apartamento de soltera, y que tenían unas fundas que hacían juego con el estampado de las cortinas). Bueno, pues como le dije que no pensaba cambiarlos, que me gustaban así, ¿cual fue su decisión? ¿Callarse y dejar el tema? ¿Aguantarse, porque a fin de cuentas es mi casa y ella viene de visita un par de veces al año? ¿Seguir dándome la matraca? No, queridas amigas, no: me robó los cojines, los tiró a la basura, y le dio otros a mi madre (después de ponerle la cabeza como un bombo sobre lo desastre que soy) para que me los trajera, dos cojines nuevos que se parecían a los míos como un huevo a una castaña. Y se quedó tan ancha, la tía, pensando que me había hecho un favor y que menos mal que está ella para enseñarnos cómo se tienen que hacer las cosas, que si no… Esa es mi abuela.
En cambio, mi abuelo es todo lo contrario. Es un hombre que no se mete en la vida de los demás, no critica a los demás, pasa de todo… Y es un cachondo mental, le encanta la broma, siempre le está tomando el pelo a todo el mundo. Por poner un ejemplo, una vez se presentó en el Aeropuerto, en la caseta del parking de la oficina de alquiler de coches donde trabaja mi madre, y les hizo a sus compañeros darle todo tipo de información sobre precios y capacidad de los camiones más grandes que alquila la compañía, pero no para una mudanza, no, ¡para un mes o más! Cuando mi madre lo pilló, les dijo a sus compañeras quien era y que hacía más de 5 años que ni siquiera se renovaba el carnet de conducir, a mi abuelo no se le ocurrió otra cosa que decir que no sabía que necesitara carnet para alquilar un camión y que él lo hacía para que no se aburrieran, porque las veía allí sin trabajo, tan solas, y así se entretenían… Todo un personaje. Pero es que otra vez se presentó en la misma oficina, donde nunca hay jefas porque están en la de dentro, y se puso a explicarles una historia lacrimógena en plan:
Hasta aquí me tengo que venir caminando (de su casa al aeropuerto habrán unos 5km aproximadamente) para poder ver a mis hijos (mi madre y mi tío trabajan en la misma empresa) porque ellos no vienen a verme, no me visitan nunca, y si no vengo yo a verles aquí al trabajo, ellos no vienen a verme a mí…
Las compañeras de mi madre, cuando ésta llegó, como mi abuelo aún estaba allí esperándola, se pusieron a abroncarla:
Pobrecito, tu padre, ¿no te da pena, pobre hombre, que no vas nunca a visitarle?
Mi madre lo flipaba con el drama que les había explicado mi abuelo:
¿Que no nos vemos nunca? ¡Pero si me trae el pan a mi casa todos los días a las 8 de la mañana! ¡Si cuando salgo de trabajar está en la ventana de su casa y lo saludo cada día! ¿Pero no veis que se está quedando con vosotras?
Y mi abuelo, a todo esto, muerto de risa. Las compañeras ya no se fían de nada de lo que les diga mi abuelo, claro. Ese es mi abuelo.
Bueno, pues el día de Navidad lo celebramos en un buffet libre toda la familia, nos separaron en dos mesas: a los mayores los pusieron en una, y a los jóvenes nos pusieron en otra. Les regalamos la placa conmemorativa del 50 aniversario y la tuvimos liada porque el texto no cumplía la ley de paridad. Para ser correcta, debería decir: con cariño, tus hijos e hija, tus nueras y yerno, y tus nietas y nieto.
En cualquier caso, nos lo pasamos la mar de bien en familia, reímos, comimos, bebimos, charlamos, ni siquiera hizo falta que nos pusiéramos demasiado al día de nuestros particulares avatares porque nos llamamos a menudo y estamos al tanto de lo que le ocurre a cada cual y de cómo les va la vida a los demás… En fin, como una cena navideña en cualquier familia más o menos bien avenida. Como todas, ¿no?
Más fotos de la comida de Navidad aquí.
En esta entrada hablo de: familia, fotos, mi madre, Navidad
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