Me rondaba en la mente que os debía un post sobre el curro nuevo, al que me fui cuando dejé el nido de culebras (víboras, concretamente) en el que se había convertido la oficina en la que trabajaba.
Sin embargo, aparte de decir que les agradezco mucho que me dieran la oportunidad de largarme de aquel antro, poco más, porque ya no trabajo allí. Apenas una semana y media he durado en “el curro nuevo”. ¿Y éso como ha sido? Os estaréis preguntando. Pues fácil: tengo un “nuevo curro nuevo”.
En realidad, no es “un trabajo”, como cualquier otro, sino que es “EL Trabajo”, con mayúsculas. Lo que siempre había deseado, un sueño. Trabajar para la empresa que siempre soñé, desde adolescente, y en el departamento que siempre quise. El cargo, no obstante, es el conocido como “the last monkey“, pero ahí estamos, lo principal ya está hecho. Ahora ya todo depende de mí, de las ganas que le ponga (que son muchas) y de hacer un trabajo bien hecho.
Empecé ayer y, a pesar de que fue un día un poco caótico (como todos los primeros días de algo, supongo), estoy encantada.
¡Ah, por cierto! De regalo una foto que nos hizo César (c.c.) el fin de semana pasado y que me encanta.
En esta entrada hablo de: ilusión, política, trabajo



