Campanilla hablaba hace unos días sobre la eficacia terapéutica de echar un buen polvo… No seré yo quien se lo discuta, ni mucho menos.
Pero YO esta tarde he descubierto la eficacia terapéutica de las palabras malsonantes: sueltas media docena de tacos, y te quedas como nueva, oyes! Y es que era o eso, o matar a la jefa, directamente. Y como no sé de nadie a quien le hayan empurado 20 años por decir palabrotas…
Encerrada con mi compañera en el despacho de la jefa (con la jefa comiendo fuera de la oficina, claro), me he dejado llevar, ha salido la pequeña ordinaria que habita en mí y que en ocasiones toma el control, y por un momento me he sentido poseída…
Vamos, que hoy no me quedo a hacer horas extras por la cara porque no me sale del cxxx.
¿Ha quedado claro, o lo repito?
Y lo a gusto que se queda una.
En esta entrada hablo de: cabreo, idiotas, trabajo
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