Si os acordáis, el año pasado, por Navidad, mi hermano y mi cuñi me regalaron una coneja a la que llamé Pitufa. Ahora Pitufa tiene ya más de 7 meses, y está hecha una auténtica petarda, se ha hecho la reina de la casa y no hay quien la aguante:
- Cuando no le hacemos caso, patea el suelo de la jaula con las patas traseras y me pone el comedor perdido de biruta comprimida;
- Cuando la dejamos suelta por el piso, se mete por los rincones donde no podemos verla y muerde los rodapiés, que son de madera; en cuanto me despisto se pone a roer las estanterías del comedor o clava los dientes en las columnas para almacenar los DVD.
- ¡Hasta los libros me ha mordido! Y aunque la regañe, a la señora le da lo mismo: espera a que me despiste, y lo vuelve a hacer.
- Le gusta especialmente subirse al sofá cuando no hay nadie sentado y hacérselo suyo. ¡Pues no es nadie, la señora!
- Pero una de las cosas que más le gusta a Doña Pitufa es subirse a las piernas de Ifoxe para que él la acaricie, y una vez allí ya no hay quien la baje. Si la pone en el suelo para levantarse, ella es más rápida y le vuelve a saltar encima. ¡No le consiente que la deje! Con lo a gustito que se está…
Hace cosa de un par de meses, mi hermano y mi cuñada vinieron a cenar y a jugar a la Wii, y se trajeron a sus dos conejos para que conocieran a nuestra pequeñita. Pusimos a los tres en la misma jaula, y la verdad es que hicieron muy buenas migas enseguida.
Desde entonces, como Pitufa pasaba muchas horas sola, y la notábamos últimamente algo depre, pensamos que sería bueno que tuviera compañía, aunque la verdad es que yo no lo acababa de ver demasiado claro: el doble de guerra, el doble de pasta que nos tendríamos que gastar en comida, el doble de espacio ocupado por la jaula en un piso tan pequeño… Pero al final Ifo me convenció, y lo cierto es que me enamoré de Princesa en cuanto la ví, toda peluda y pequeñita (en la foto, es la de la izquierda).
Pero parece que a Pitufa no le ha hecho tanta gracia como pensábamos tener una compañera de juegos. Le marca el territorio, la saca de sus escondrijos y la hace correr por todo el piso, se le pone borde… La pequeña Princesa le planta cara (sobre todo cuando están en jaulas separadas, porque ha descubierto que así está protegida y su hermana mayor no puede hacerle nada), pero aún es un bebé de mes y medio, y Pitufa en cambio está a punto de tener su primer celo si no lo tiene ya: vamos que está en plena adolescencia, y está celosa de que venga una cosita pequeñaja a ocupar su casa.
Aún no las hemos puesto a compartir jaula, aunque se la intercambian parece ser que sin problemas (en realidad, sería más adecuado decir que Pitufa le ha ocupado la jaula por el morro a Princesa, a la que no le ha quedado más remedio que quedarse en la otra. Miedo me da, porque una vez se metieron las dos en la misma jaula y el jaleo que montaron fue de escándalo.
Ya veremos si al final acaban tragándose, o se hacen putadas la una a la otra como buenas hermanas…
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